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viernes, 4 de julio de 2014

IRONMAN AUSTRIA 2014.



Tratando de no hacer demasiado ruido el domingo pasado completé mi tercer IRONMAN en Klagenfurt, un lugar diseñado para vivir bien y correr triatlones en el sur de Austria. Va a ser difícil de olvidar, y posiblemente quede esta carrera en el lugar de mayor honor de entre las competiciones en las que he tomado parte por infinidad de factores.

Para empezar el Road Trip que armamos tres amigos, conduciendo una autocaravana de alquiler desde Barcelona, haciendo turismo de poca monta por Venecia hasta llegar a Klagenfurt, la capital del estado de Caríntia con sus casi 100.000 habitantes, su arquitectura típica, sus calles impolutas y su enorme lago Worthersee, de aguas tan limpias que pudiérase beber de ellas.

Si Austria me pareció Alemania en delicado, el Ironman Austria me pareció Frankfurt en más bonito si cabe, con algún lujo menos y mucho más encanto.

LA CARRERA

Siempre dije que había entrenado. Suelo decir también que  si yo puedo terminar el Ironman cualquiera puede, y lo pienso de verdad. De todos modos ese punto de vista hay que ampliarlo: cualquiera con salud y tiempo puede enfrentarse al reto, pero hay que entrenar, y en serio. Había hecho los deberes. En el fondo sabía dos cosas: podía mejorar mi marca personal de Frankfurt porque mi preparación era sensiblemente mejor (uno). En Ironman es casi imposible pensar en la marca porque casi todo puede ir mal (dos).

Nadé como un pardillo. Jamás había sufrido tanto en la salida de un triatlón. Éramos 3000, pero a pie de playa me pareció que estábamos bien distribuidos, y que la salida iba a ser limpia. Error. Con el cañonazo llegó (al menos para mí) el caos. Golpes, empujones, montoneras, imposible nadar por espacio de, al menos 3 o 400 metros. Con algo más de sitio me sentí agobiado como un novato, sin poder coger aire suficiente para seguir nadando. Me costó el primer largo (1400 metros) nadar parecido a los entrenamientos. Los últimos 1000 metros son en un canal. Ahí otra vez los golpes, los empujones y el malestar, deseando llegar de una vez. Al final salgo del agua habiendo nadado de verdad menos de la mitad del recorrido. El GPS dice que fueron 4000m para mí. Aún así el crono baja mi mejor marca en la natación del Ironman. Al menos eso.

Los 180 km en bici suelen dominarme. Siempre llego al km 150 muy cerquita de mi límite y los últimos 30 me parecen puestos para jorobar, simplemente. Esta vez no fue así. Me marqué un ritmillo que cumplía con mis posibilidades teóricas, lo respeté y llegué al final, si no con ganas de más (no exageremos) sí al menos satisfecho y razonablemente fresco. Lo de fresco también se refiere posiblemente a los 90 km últimos bajo una lluvia a ratos intensa que puso alguien ahí para recordarnos que lo de ser hombres (y mujeres) de hierro no puede ser nunca fácil. Pues eso, que me bajé de la bici muy satisfecho, habiendo dominado el recorrido, consciente de que lo había hecho como quería hacerlo y sintiendo que no había más secuelas que las justas y necesarias. El objetivo de guardar energías parecía conseguido.

Y empecé a correr los 42.2 km. A pesar de ser razonablemente mediocre en todo, tanto en el agua, como en la bici o también corriendo, debo decir que al acabar el sector ciclista del Ironman siempre siento un ligero alivio, pensando que lo que me queda, no diré que lo domine, pero sí me resulta mucho más familiar. Sé que con mi ritmillo tranquilo los kilómetros caen. Además en el Ironman no hay "muro". En realidad hay varios "muros", uno los va golpeando sucesivamente, con tanta asiduidad que ya no se nota el paso de uno a otro. Y lo dicho, empecé a correr. El objetivo era ese, al ritmo que fuese, correr todo el tiempo. Para los menos avezados en este tipo de carreras diré que, al menos en parte, mucha gente camina en el sector de maratón de un Ironman. Yo caminé algo en Frankfurt, conseguí correr todo el tiempo en Lanzarote y me propuse hacerlo así también en Klagenfurt. Hasta el km 17 perfecto: ese trotecillo tranquilo, hasta cómodo, esa sonrisa en la cara, feliz porque iba bien, de verdad, dentro de lo que cabe con lo que llevaba ya encima iba bien.

Entonces Pandora abrió la Caja de los Truenos. El revoltillo de plátanos, barritas, geles, isotónicos, cocacola y demás empezó a revelarse en mi bajovientre. Dolor, ligero al principio, difícil de soportar después. Me paro en la primera cabina-wc que veo y está impracticable (evito describirla porque se trata de un morbo innecesario, pero creedme que no se podía ni entrar). Más adelante el recorrido cruza una especie de club de campo, con sus socios sentados en mesas del bar animando la carrera. Salgo del circuito y pregunto por el servicio. Lo uso con tranquilidad hasta sentirme algo aliviado. Vuelvo a mi maratón pero los problemas no se han resuelto del todo. 8 km más adelante aparece otra cabina sanitaria, no tan sucia como la primera. Paro y la uso. Salgo como antes, algo aliviado pero lejos del 100%. Sigo cabreado porque voy bastante bien de piernas pero con un malestar gástrico brutal. Llego al casco urbano y me meto en una cervecería para jolgorio de la concurrencia. En su baño trato de vomitar, a ver si eso me alivia. No lo consigo. No es eso. Repito con las aguas mayores por tercera vez, lo que parece funcionar algo mejor pero me revela a su vez que estoy bastante deshidratado (observando el color de la orina). Como el estómago ha mejorado ya algo más, dedico mis esfuerzos a la rehidratación, empezando un ritual exagerado a simple vista pero eficientísimo al final: cada avituallamiento 2 vasos de agua, 3 de isotónico y 2 más de agua ("you are thirsty my friend" me dijo uno de los voluntarios). Lo repito dos veces en dos paradas sucesivas. En tres avituallamientos paro otra vez al baño. Un pipí clarísimo: todo ok. Como ya no me entra nada sólido, en el km 35 introduzco de nuevo la cocacola en las paradas, por el azúcar, y rezo porque no haga falta comer de ahí al final. El estómago está mucho mejor y corro aceptablemente ligero (insisto, para lo que llevaba encima y en comparación con el panorama de caminantes que me rodea en esos momentos).

En el 38 ya veo mi llegada mentalmente. La haré despacito y disfrutando. Y rompe a llover a lo bestia, pero me da igual. Corro entre charcos pero no me importa. Los kilómetros salen cada vez más rápidos porque la adrenalina le echa una mano a los músculos hasta la última curva. Ahí un desconocido me da un abrazo y me felicita ("congratulations, you did it"). Piso la alfombra azul y supero el pasillo de cheerleaders. Le señalo mi dorsal al speaker que enloquece (bueno, es lo que me pareció, pero lo hacía con todos y todas) y grita "from Spain, Josep Garriga, YOU-ARE-ANNN-... I-R-O-N-M-A-N!!!" y cruzo la meta.

14h43. Marca personal aunque sea por 2 minutos. 

Me cuelgan la medalla, me dan una manta térmica y un chubasquero porque llueve a mares aunque ahí están todos (speaker, cheerleaders y gradas abarrotadas). Paso a la carpa de recuperación. Me ofrecen un masaje pero declino el ofrecimiento. Me siento en una silla me tapo la cabeza con la manta térmica y rompo a llorar sin saber muy bien porqué. Dos voluntarios se acercan por si todo anda bien. "Emotion, just feeling a bit emotional" acierto a decirles. Sonríen y me felicitan. Se me pasa el bajón. Siento que he ganado. Pienso en  mi mujer y en mi hija, en todo lo que han sacrificado para que yo esté ahí y en lo mucho que las quiero a las dos. Soy muy feliz.

Al día siguiente salimos a dar una vueltecita en bici para soltar piernas. Pocas secuelas para lo que esperaba, tanto físicas como de coco. Pensando en el siguiente, como es lógico. Es que estamos enfermos, pero ¡bendita esta enfermedad!

Gracias por cada mensaje de ánimo de los recibidos por todos los canales. Al tomar cobertura el móvil empezó a echar humo.

Salud y buenos kilómetros a tod@s


miércoles, 27 de noviembre de 2013

PRIDE AND JOY


Stevie Ray Vaughan está arriba entre de mis músicos de cabecera, uno de los más grandes del blues 

Estoy esta tarde maratoniano y reflexivo. Anduve leyendo las aventuras de Rafa y su preparación para debutar en la distancia en Sevilla y me venían a la cabeza recuerdos, casi todos dulces pero alguno (reciente y) amargo sobre mi relación con la distancia, pasada y futura.

Tengo la sensación de que, a mi manera, llegué a dominar los 42km de asfalto con el tiempo. Lo primero que aprendí fue a respetar esa distancia, y a hacerlo a través de los entrenamientos. Correr en una prueba de este calibre puede ser una fantástica experiencia pero también algo muy doloroso, y casi todo lo que decanta la balanza hacia uno u otro lado se produce durante los cuatro meses que anteceden al día de autos: aunque existen casi tantos caminos como corredores para llegar a la línea de salida, hay que entrenar.

No siempre he ido igual de bien preparado a la cita con los 42km. Como mi preparación siempre se basó en el no-plan (no confundir con el no-entrenamiento), esa anarquía me llevó a 12 carreras completamente distintas, algunas disfrutadas, otras disfrutadas y sufridas y alguna solo sufrida. Hablo de entrenamiento, no de lesiones, por lo que la última experiencia no cuenta. 

Un botón de muestra: al Ironman de Lanzarote llegué preparado (insisto, desde mis modestos planteamientos). Saliendo del agua tuve un gilipercance que acabó con una fisura en el pie y 222 kilómetros por delante. En la bici sufrí mucho por el tipo de apoyo que me exigía el pedaleo de pie (Lanzarote es sol y viento pero también cuestas por un tubo en el circuito ciclista). Al llegar al maratón tuve serias dudas por la fisura en el dedo gordo del pie, pero al calentar la zona con los primeros kilómetros de trote salió el elefante maratoniano que hay en mí. No sé si alguno se ha parado a mirar los 42km a pie de un Ironman, pero si alguien lo ha hecho sabrá que de medio pelotón para atrás se camina bastante. Conocía el medio en el que me tocaba moverme, un maratón de asfalto y saber que había entrenado más que decentemente me dio la tranquilidad suficiente para, con paciencia, trotar de principio a fin la distancia de Filípides y entrar en meta feliz como una perdiz (y con el pie hinchado como un tomate). 

Llevo 12, ya lo he dicho, pero el reto es terminar 2014 con 16. Es un número redondo para mí, yo nací un día 16. Contaré de qué se trata y porqué más maratón, teniendo en cuenta que en junio corro en Klagenfurt el Ironman Austria: por primera vez, el mes pasado en el Tui de Palma maldecí haber tomado la salida, no por otra cosa que por lo que llegué a sufrir terminando lesionado, y esta distancia me ha dado demasiadas satisfacciones para pensar mucho tiempo en mi última cita con ella. Y como un clavo saca otro clavo, para olvidar el pasado me centré en el futuro. De 12 a 16 van 4, que quisera que fuesen por este orden Magaluf, Barcelona, Austria (cuento el IM puesto que son 42195m con dorsal y distancia homologada, aunque con un poco más calentamiento del normal) y alguna prueba en otoño, todavía por decidir (y el abanico es cada vez más amplio). 

Y hay un reto dentro del reto: de Magaluf a Barcelona hay 14 días, y eso no lo he hecho aún.

Quiero llegar a 16 bien, habiendo preparado cada carrera como corresponde, y terminando siempre en buenas condiciones, habiendo disfrutado del camino.

Es decir, con tanto orgullo como alegría.

Salud y kilómetros. 

lunes, 29 de julio de 2013

IN MY MIND, I'M A KENYAN




Buen momento como otro cualquiera para quitarle las telarañas a este rinconcito y colgar los proyectos de la temporada que ya debería haber empezado (aunque esto último sea harina de otro costal).


1. Meterme en el tritraje del club antes del 20 de septiempre. Cuando digo meterme me refiero a caber dentro de él. Como soy un fenómeno inscribiéndome, previo pago de un generoso canon el día que abrían las inscripciones, me comprometí a terminar el Medio Ironman local, una carrera que pasa por delante de la puerta de mi casa. Extreme Man Menorca 113, llaman a la criatura: 1.9km nadando, 90km en bicicleta y 21.1km corriendo (sumen y verán). Hay que terminar con dignidad.

2. Participar en el Campeonato de Baleares de Maratón a finales de octubre. El título está difícil, y me conformo con bajar mi marcón en la distancia, 4h31. In my mind, I'm a kenyan.

3. Completar en primavera otro maratón, muy posiblemente el de mi ciudad natal, Barcelona, donde terminé en 2007, 2009, 2010 y 2013, abandonando lesionado en 2011. Sería mi duodécimo aniversario como maratoniano. Me gustaría conseguir esa sensación de haber corrido bien y disfrutarlo.

4. Llegar a la meta del Ironman Austria en Klagenfurt. Estoy inscrito. Sería la tercera vez. Además, sin pensar en el reloj, también me gustaría hacerlo con solidez, sin épica. Veremos.

Siempre llevando con honor la pertenencia más que al club de los fondistas, al de los fondones, disfrutando del camino sin obsesiones, sin perderme el paisaje ni contar algún que otro chiste al voluntario o voluntaria de turno.

"Cada mañana al salir el sol en la sabana africana, la gacela sabe que debe correr más que el león más rápido si quiere seguir viviendo. Cada mañana al salir el sol en la sabana africana, el león sabe que debe correr más que la gacela más lenta si quiere comer y seguir viviendo. Por lo tanto, seas gacela o seas león, cada mañana al salir el sol vale más que estés preparado para correr si quieres seguir viviendo". Viejo refrán kalenjin.

Insisto, "In my mind, I'm a kenyan" (but in my legs I'm still a chubby slow white guy)

Salud y kilómetros!

sábado, 6 de agosto de 2011

DE VACACIONES (SUPONGO)

Estoy por pedir una prueba de paternidad. La de la foto es supuestamente hija mía. Se llama Carlota y nos parecemos en muchas cosas, pero después de ver cómo se toma esto de correr a sus 2 años y medio (lo sé, no lo parece pero estoy en disposición de aportar partida de nacimiento) pienso que me han dado gato por liebre o la escasez de talento no se hereda.

En fin, que estoy de vacaciones, que es esa época del año en la que no tengo tiempo para casi nada. Con familia y amigos por casa buena parte del tiempo, Carlota sin cole ni nada que se le parezca y mi santa currando como una campeona (cosas de vivir del turismo, en agosto), el día en sus 24 horas se me queda corto. Eso sí, estoy encontrando huecos suficientes para juntar entre 8 y 9 horas semanales de trientrenos, que está la mar de bien, aunque sea muchos días a costa de esperar el fin de la siesta de la pequeña y entre su merienda y un ratito de tele (benditos dibujos animados) meter una sesión en la bici de spinning o en la cinta de correr (artefactos con los que me hice para poder ser un papá-deportista-responsable). Como a Carlota le racionamos mucho lo de la tele, ahora es ella la que se despierta de la siesta y me suelta aquello de "papi, tú a entrenar", sabiendo que junto a la bici y la cinta está su sillón favortito y enfrente de todo ello se suceden las apasionantes aventuras de Pocoyó o Dora la Exploradora (y su amigo el mono Botas).
Lo de hacer el medio ironman en septiembre por equipos se desmorona. En realidad se me desmorona el equipo, y yo no tengo cuerpo aún para pegarme la paliza en solitario. No está todavía descartado pero poco le falta. De ese modo, y aunque la bici es por ahora protagonista de mi sinvivir por aquello de Lanzarote, el desnivel y el viento, los próximos proyectos son sobrevivir al medio maratón de Menorca (9 de octubre) y disfrutar de la Behobia-San Sebastián mediado noviembre, o sea, todo corriendo. No hay maratones en mi cabeza porque lo del Ironman se me hace una montaña ahora mismo, pero como Barcelona me debe una puede que... En fin, ya veremos.

Hasta entonces, salud y kilómetros disfrutados.

viernes, 15 de julio de 2011

ENTRENANDO...

El pasado lunes empecé a entrenar. Desde ese día cuento 45 semanas menos un día (la carrera es en sábado) y ese es el tiempo que tengo para pasar de fondón venido a menos a hombre de hierro otra vez. Ese es todo el plazo disponible para preparar el cuerpo, ni un día más.

A pesar de que pueda parecer otra cosa, el punto de partida es bastante malo. La tendinitis que me bajó del maratón de Barcelona en el kilómetro 13 la he superado (casi) a costa de no correr apenas y terminar dos ultras (Trail Serra de Tramontana y 101 de Ronda) con un par de... bastones y mucho cuidado. Nadar, nada serio desde Frankfurt, hace ya más de un año, y la bici con demasiado polvo como para decir que la he usado ni un poquito. Por tanto, viendo lo que he hecho ya desde el lunes pasado puedo afirmar felizmente que estoy entrenando otra vez.

La idea, durante las primeras 6 u 8 semanas es olvidarme del volumen y, por descontado, de la intensidad, y centrarme en lo que se llama frecuencia, algo tan sencillo como salir a entrenar un día tras otro, nadar y correr hoy, bici mañana, y así sucesivamente, sesiones cortitas que dejen el cuerpo hasta pidiendo un poquito más, no sufriendo ni un ápice y descansando por completo un día por semana. Eso es en lo que estoy ahora.

Otro tema que me ocupa, del que me cuesta hablar consciente de que por demasiado comentado y nunca bien resuelto carezco de toda credibilidad es el del peso. Estoy unos 9 kilos por encima de lo que pesé en Frankfurt hace un año. Para ese Ironman bajé 14 kilos, sin dieta, comiendo bien y entrenando. Para Lanzarote, con lo dura que es la bici parece que esas cifras no garantizan casi nada y el esfuerzo deberá ser mayor. En esta semana, quitando solo las calorías vacías de mi dieta y entrenando he bajado casi un kilo, pero posiblemente sea por lo fácil que me es siempre al principio. Trataré de hacer algún ajuste serio más en lo que como para espabilar. Ayer me probé el tri-traje nuevo del club y al cerrar la cremallera creía que lo iba a reventar. No es que me quedara justo, es que no podía respirar. O las tallas XXL de la marca que nos equipa no son lo que debieran o todos los triatletas son unos tirillas o yo soy un barrilete de tres pares de narices (que es lo más probable). Hace algunos años el sobrepeso amenazaba mi salud. Conseguí eliminar los kilos-riesgo pero nunca terminé el trabajo. No estoy en condiciones de afirmar que esta vez será diferente pero permítanme que lo intente.

Donde hay un deseo hay un camino.

Salud y kilómetros!!!

viernes, 8 de julio de 2011

IRONMAN LANZAROTE 2011

Este me lo guardo. Cuentan lo que pasó este año y me sirve para soñar con lo que pasará en la próxima edición.

miércoles, 6 de julio de 2011

IRONMAN LANZAROTE 2012


Para empezar asusta la natación en el océano, sobretodo si a los alisios les da por mecer las olas por encima de lo aceptable. Asustan los 2551 metros de subida en bici durante 180 kilómetros demasiado azotados por el viento con frecuencia. Y el postre se llama maratón.

Eso sí, me encanta que me reciba el jefe. Kenneth Gasque, el venerable danés que desde siempre está al frente de la organización recibe bajo el arco de meta desde al fuera de serie que gana la prueba hasta el último esforzado finisher que termina el duro circuito en las 16 horas y 45 minutos que puede llegar a durar la aventura.

También me llama la atención contar en el blog los pormenores de un viaje de 9 meses, o de 45 semanas que ahora viene a ser casi lo mismo, desde hoy hasta el 19 de mayo, fecha en que si no hay novedad de fuerza mayor trataré de convertirme en finisher en ese Ironman, tan bello como duro.

Mi forma actual es baja. Desde Ronda he salido a trotar de modo poco regular y sobretodo suave, tratando de superar una tendinitis que cada vez está más olvidada. Mañana le sacaré el polvo a la bici, pasaré por la báscula para conocer con exactitud el punto de partida y empezaré con mucha tranquilidad tratando de volver a entrenar con solidez, a bajar poco a poco de peso y seguir disfrutando del amor por el deporte, visto desde mi particular punto de vista pero vivido con la misma pasión que cualquier campeón de cualquier disciplina.

Salud y kilómetros, como siempre!

jueves, 14 de octubre de 2010

EL CORAJE DE VOLVER A EMPEZAR

Ya he contado en infinidad de ocasiones que convertirme en un hombre de hojalata me dejó chafado de éxito. Un mes para recuperar el cuerpo y algún tiempo más para volver a sentir la llamada de las zapas en condiciones.

Lo primero que se me quitó después de Frankfurt fueron las ganas de competir. A los 10 días corría una popular en Menorca, pero terminé con tan mal rollo por haber corrido tan cerca del límite que no volví a colgarme un dorsal hasta hace tres semanas, con motivo de la carrera de la "Illa del Rei", más por lo pintoresco del lugar y la amistad que me une a los organizadores que por otra cosa (la foto que ilustra este "retorno" es de esa carrera). Cabe resaltar que en mis vitrinas luce con orgullo el trofeo de segundo clasificado de mi categoría: no se rían, señores, éramos dos. Es lo que hay.

De lo poco bueno que hice en estos meses puedo contar lo bien que lo pasé acompañando a mi hermana (y a su marido) en su debut como corredora popular seria: los 10k de la Cursa de la Mercè en Barcelona, que completamos con inmejorables sensaciones sumando en la lista de esos 13000 que cruzaron el arco de meta en la Av. Maria Cristina.

Ni siquiera acudí a mi cita anual con el medio maratón de Menorca el primer domingo de octubre. Como estaban sin speaker los de la organización, insensatos, me animaron a colgar las zapatillas por un año y tomar el micro, a través del que anduve cascando desde las 9 hasta la 1. No fue sencillo, me quedé en blanco más de una vez, pero conocer personalmente a poco más de la mitad de los corredores fue como jugar en casa.

Eso es lo poco interesante que puedo contar, más allá del 4 de julio. Bueno, puede que interese quizás que para el Ironman bajé 14kg sólo entrenando (nada de dietas ni milongas). No sé si son 7 u 8 los que he recuperado a día de hoy, y sigo peleando por invertir la evolución de mi gráfica de peso porque de otro modo no sé cómo voy a subir montañas (bajarlas será rodando...) en la animalada esta de las carreras de montaña que quiero probar.

Como en la peli, tengo 9 semanas y media para preparar el medio maratón de Calvià al que ya estoy inscrito, eso es lo siguiente. Después habrá que pensar seriamente en los 62km de la Serra de Tramuntana y los 101 de Ronda.

Y de seguir contándolo por aquí, con algo más de frecuencia si puedo.

Salud y kilómetros!

viernes, 9 de julio de 2010

YES WE CAN. Crónica del día más largo.

Dani, Pedro y Pepe, en la oficina de la organización recién recogido dorsal y todo lo demás.

No quisiera aburrir, vaya eso por delante. El día fue muy largo, dio para mucho y las emociones se sucedieron una tras otra, pero trataré de resumir.

Todo empieza en el briefing del viernes. Entre muchos otros detalles nos cuentan algo que va a marcar esta edición del IRONMAN: se esperan temperaturas en la línea de los 40ºC el sábado y de 37ºC con suerte el domingo. Va a ser un largo paseo por el infierno. Primeras consecuencias: sube la temperatura del lago Langener Waldsee por encima de los 24.5ºC donde se encuentra la frontera que el reglamento marca para permitir el traje de neopreno. Por tanto nadaremos a pelo. Yo no traía ni bañador por lo que deberé usar las mallas de correr para el primer tramo del Ironman.

Llegamos al lago con uno de los buses de la organización. Ya hablaré más adelante de como se lo montaron los alemanes, pero adelanto que son para esto unos auténticos fenómenos. Tras preparar toda la logística nos vamos al agua.

A Dani hace rato que lo he perdido. Recojo a Pedro y nos vamos a probar el agua. Calentita (26ºC dicen). Cuatro brazadas y a esperar el cañonazo de salida. Hay mucha gente. Esto va a ser una guerra por lo que decidimos salir atrás, bien atrás (primer error del día). De hecho se da la salida en el agua con nuestros pies echando ya raíces en la arena. Empezamos a nadar a más de 100 metros de distancia de la línea que marca el inicio de la carrera. Salimos los dos nadando bastante juntos y permanecemos así por espacio de los 10 primeros minutos. Pensaba esperar a Pedro, un buen nadador, pero pronto queda atrás porque nada con molestias (recién recuperado de una fractura de clavícula tuvo el mérito de pasar como pudo la natación y terminar luego volando hacia la meta).

Nado relajado, pensando en la primera C del Ironman, la natación con Calma. Adelanto a muchos nadadores. La mayoría de ellos pertenecen a esa especie tan molesta (en estas circunstancias) que es EL BRACISTA. El bracista nada lento. Adelantar a un bracista no es fácil pues por su estilo ocupa mucho espacio en el agua. Adelantar a varios bracistas en apretado pelotón es muy complicado. Y lo peor de todo: el bracista te recibe a coces. Recibo un patadón en el hombro primero. Luego otro en la sien que me arranca las gafas de la cara. Las pillo al vuelo, recompongo el disfraz de nadador y paso como puedo. Me abro un poco y doy con algo de espacio para nadar más o menos bien. Me rejalo y sigo hasta el primer giro. Una vez ahí el pelotón vuelve a apretarse y el ritmo que se me permite es el que llevan los de delante y los de al lado, ni más ni menos. Tardo como 1500 metros en empezar a nadar a mi ritmo, pero finalmente lo encuentro. Relajado, pensando en la técnica sigo superando nadadores hasta terminar bastante descansado los 3800 metros y salir del agua.

Camino en la rampa de salida y troto suave por la zona de transición. Al llegar a la bici una voluntaria me espera. Se interesa por mí, me ayuda y me despide asegurándome que ella se encarga de ordenar mis cosas, que tire y que muchos ánimos. Le doy las gracias y empujo la bicicleta hasta la marca de "Bike Start". A pedalear.

Los primeros kilómetros son de un llano favorable que me lleva bastante por encima de las expectativas. Hacer los 185 a una media de entre 26 y 27 km/h era el objetivo, pero ruedo sin problemas bastante por encima de 30 km/h y aún así me pasan muchos ciclistas y yo apenas adelanto a nadie. Lo doy por bueno y sigo rodando rápido, puede que hasta contraveniendo la regla de la segunda C del Ironman: la bicicleta con Cabeza.

Las primeras cuestas me ponen en mi sitio: esto no es tan llano como decían. Empiezo a controlar pero aún voy fresco. En el km 25 me adelanta Dani con gritos de ánimo. Es muy buen ciclista y se nota sobretodo cuesta arriba.

Los primeros 100 km sobre la bici se me hacen llevaderos. A pesar de que el perfil de la prueba tiene tramos favorables, tramos de suaves subidas y algunas cuestas cortas y duras, no empiezo a sufrir de verdad hasta bien entrada la segunda vuelta. No lo paso bien los últimos 70 o 75 km. Se me hacen eternos y el ritmo baja considerablemente. Paro dos veces: la primera para orinar, y la segunda para ver qué demonios pasa en mi pie izquierdo que me duele tanto un dedo. No pasaba nada: masajeo un poco la zona y las sensaciones mejoran. Sobre la última cuesta, a 15 km del final me adelanta Pedro como una exhalación. Me cuenta que pasó 2h20 en el agua y se va con viento fresco. Desde ahí hasta el final, falso llano favorable que me ayuda a llegar a Frankfurt con algo más de alegría de la que esperaba. Alcanzo la segunda transición, me bajo de la bici (se la lleva un voluntario y otro me acompaña a por mi bolsa y a cambiarme) y enseguida veo que las cosas no van bien. De hecho busco con la mirada la puerta trasera del lugar, aquella por la que se sale de esto discretamente, porque no me veo capaz de ponerme a correr.

Me cambio con Pedro que ya se marcha. Lo animo. Me anima. Le digo que él sí, pero que yo no. Que creo que no voy a poder. Se marcha y ultimo mis preparativos para la maratón. Sigo sin dar con esa puerta por la que salir hacia el hotel sin ser visto. No existe y salgo por la única vía que aprecio: a correr.

Me incorporo a un río de gente que hace lo mismo que yo, aunque ellos algo más deprisa. Decido empezar a correr muy despacito, a ver qué pasa. No va mal. Si no acelero puedo seguir así un ratito. Pronto establezco un criterio de clasificación de la fauna circundante: los brazaletes. El circuíto es de 10.5km y hay que dar 4 vueltas (más los 195mts que llevan a la línea de meta). Un brazalete es una vuelta completada. Dos brazaletes son dos vueltas y así sucesivamente. Yo no tengo brazalete y me adelanta gente con el brazo lleno (esos deben ser los buenos).

Sigo corriendo despacito. Todos me pasan. Bueno, todos los que corren. Algunos caminan y les adelanto. Caminan porque pueden permitírselo. Yo no. Ya llevo 8 km corriendo sin parar. Empiezo con los números hasta que las conclusiones me asustan: si quiero llegar voy a tener que correr todo el maratón y no estoy seguro de poder hacerlo. Me borro de la cabeza los pensamientos negativos y me centro en la buena noticia de que aún me mantengo sobre mis pies avanzando de un modo algo parecido al trote. Como en el kilómetro 15 sigo con la estrategia inicial (caminar al llegar a cada avituallamiento, comer y beber y volver a correr hasta el siguiente) y el dolor presente es soportable decido intentar llegar a la media maratón a las 19.00h. Si lo consigo no se me escapa el finisher porque tendré 3 horas para completar la segunda media maratón y eso es algo que puedo hacer apretando los dientes sin duda.

A las 18.50h paso la media maratón. Cambio de estrategia porque estoy sufriendo demasiado. Empiezo a correr 9 minutos y caminar 1, más lo que necesite para avituallarme. Así sigo la tercera vuelta completa. Ya mucha gente camina y les adelanto, aunque casi todos llevan más brazaletes que yo. Caminan porque pueden permitírselo, yo no.

Consigo el tercer brazalete y empiezo la cuarta vuelta revisando el estado general de la mecánica. Voy mal, claro. Decido cambiar a 8 minutos corriendo y 2 caminando. Me duele el estómago más que las piernas (tanto gel y barrita me baila por los intestinos que creo que voy a tener que dejarlo por eso). Entonces se me ocurre que con tanta cabina sanitaria puedo parar a soltar lastre y paro a la primera oportunidad. Naturalmente no entraré en detalles. Bueno, sentado "ahí" pensaba que mis piernas no me iban a permitir seguir después de ese respiro. Termino con "la tarea" y me reincorporo al trote alucinando con la sensación de alivio. El estómago ya no es ningún problema y aún puedo trotar.

Llegando a recoger el último brazalete me cruzo con Dani que camina maldiciendo lo poco preparado que estaba para correr. Le animo y me anima. Me quedan 3 kilómetros a meta y tengo 40 minutos para hacerlos. Empiezo a ser dolorosamente feliz. Pronto atrapo a Dani. Caminamos juntos un momento y me anima a trotar hasta la meta. Hacemos muy despacito ese último par de kilómetros en los que termina de anochecer. Los voluntarios ya nos chocan las manos en el último avituallamiento (del que pasamos de largo) y nos felicitan. En el kilómetro 42 nos desvían a la derecha hacia la zona de meta.

Primero un pasillo algo estrecho, alfombra roja bajo nuestras zapatillas, con vallas a los lados. La gente grita. Todos quieren chocarnos las manos. Mucha luz al fondo y ruido, mucho más ruido. Pronto entramos en la plaza Römerberg. Piel de gallina y lágrimas en los ojos. Gradas a ambos lados con 15000 almas aplaudiendo y gritando. Levanto los brazos repartiendo besos al aire. El último beso mirando al cielo. Va por ti, Papá. Te dije que podría.

Agarro a Dani por el cuello y entramos juntos gritando. La felicidad completa debe ser algo muy parecido a lo que siento en estos momentos. El pingüino ya es de hierro.

A falta de conseguir las fotos de la organización, un voluntario me sacó así poco después de terminar



AHORA ME DEDICO A ESTO...

Que corran los buenos, y yo de acompañante...

lunes, 5 de julio de 2010

IRONMAN FRANKFURT 2010

Aún no he bajado de la nube. Estamos todavía en Frankfurt viviendo el día después pero aprovecho la pesca de un equipo informático al vuelo para subir una reseña de lo que ayer pasó.

Como dice un amigo, fue duro de cojones. Por ser la única prueba del circuito Ironman donde hay que ser sub 15h para ser finisher. Por prohibirnos el sábado el neopreno (los triatletas saben lo bien que se nada con el traje, sobretodo largas distancias) por culpa de la ola de calor que azotó la zona el fin de semana. Por lo poco llano que es el circuito de bici en contra de lo que creíamos y, sobretodo por el calor (37º dicen) que nos cayó encima durante la maratón.

Fue bien (ya se ve en la foto), muy bien. Hasta nos sobraron 15 minutos. Agradezco todos los ánimos y, públicamente bendigo la paciencia de mi mujer Mayte y mi hija Carlota, aguantando todos estos meses que el entrenamiento les robara al marido y padre respectivamente.

En cuanto llegue a casa lo cuento con algo más de detalle. De momento he salido de dudas:

EXISTEN LOS PINGÜINOS DE HIERRO

Salud!

miércoles, 30 de junio de 2010

¿EXISTEN LOS PINGÜINOS DE HIERRO?

Pensaba esta mañana mientras nadaba por última vez en la piscina municipal en cómo despedir la preparación de esta aventura. Rápidamente decidí que el título de esta entrada debía reflejar las dudas razonables que me genera todo lo que va a pasar el próximo fin de semana.

Mañana viajo a Frankfurt. El domingo corro el Ironman.

Hombre, claro que he entrenado. He hecho casi todo lo que supuestamente debía hacer. Incluso presumo de haber entrenado no todo lo posible sino todo lo que mi cuerpo era capaz de asimilar en cada momento. Me siento en ese puntito guay del que llega a la línea de salida un pelín falto de forma porque lo prefiere a llegar un pelín pasado. Siempre ha sido así cuando mejor me han ido las cosas y no lo iba a cambiar ahora por mucho Ironman que se me pusiera por delante. A pesar de mi consabida falta de talento para el deporte le he echado horas e ilusión a esto. Pero tengo miedo.

Tengo miedo de no soportar que demasiadas cosas salgan mal y se me chafe la fiesta que llevo un año preparando. Si debo ser sincero soy un mediocre nadador, un mediocre ciclista y un mediocre corredor, algo que nunca ha sido ningún problema y que no lo sería si corriera por ejemplo en Klagenfurt (180 de bici y 16 horas para llegar), pero me inscribí en la única prueba del circuito Ironman en la que hay que terminar en 15 horas justas y la bici es, por mor de unas oportunas obras, 5 kilómetros más larga. Por todo eso tengo dos opciones:

1. Echo cuentas, espero que todo salga rodado y me la juego a llegar en 14h59' (y sufro como un condenado). Debo añadir que no sé si de esto soy capaz, el domingo lo descubriré.

2. No echo cuenta alguna, mido el tiempo en ratos y ratitos, me pongo y cuando llegue habré acabado (a riesgo de entrar en 16 horas o incluso algo más tarde, y también sufro como un condenado).

Como decía mi abuela, al llegar al baile, bailaremos.

Hasta entonces, mil gracias por todo ese apoyo a todos. Ya contaré los detalles en cuanto pueda.

Mientras tanto, como siempre, mucha salud y buenos kilómetros.

domingo, 27 de junio de 2010

TAPERING

Gráfico sustraído del blog del Chuckie V, probablemente el mejor no-entrenador de triatlón del mundo
Llevo dos semanas tocándome las pelotas. Bueno, entreno lo que me toca pero esto ya no es lo mismo. Después de pelearme con sesiones de 7 horas (6 de bici y 1 de correr), o de nadar 4000 metros por la mañana y correr 3 horas por la tarde, lo que estoy haciendo ahora mismo es pasear, pero por lo visto es lo que corresponde.

Sin ir más lejos (quedándonos por aquí) esta mañana organizamos una travesía nadando. 7500 metros en el mar, con el neopreno y pudiendo pedirle a la lancha que nos acompañaba un tentempié parece más de lo que realmente es. Aún así, prudencia mediante, sólo nadé 4000. El domingo que viene es "el día más largo", y no es plan de cagarla ahora.

En bici y, especialmente corriendo me creo el puto amo. Debo controlar tanto volúmenes como intensidades, y constantemente le estoy diciendo al motor que no, que no toca darle más. Por tanto voy cómodo siempre, y eso a alguien como yo que vive todo esto desde el lado más pobre le produce grandes sensaciones. De todos modos basta con sacar pecho y quedar para rodar con alguien un poco normalito para bajar al puto amo a la tierra y ver que no es oro todo lo que reluce.

En fin, Serafín, que como me he pegado una panzada de entrenar soy tan paquete como antes pero ahora un paquete con buenas sensaciones... hasta que pienso en lo que se me viene encima. Sé que para el domingo estoy, pero no tengo nada claro que para estar menos de 15 horas en el envite. Aunque no seré yo quien ahora pierda demasiado tiempo echando cálculos: como dice el coach, esto es tan largo que un montón de cosas pueden ir mal. Tan sólo tengo en la cabeza para esos 231 km (226 + 5 de obras en el tramo de bici) el método de las tres C: nadar con Calma, en la bici con Cabeza y el maratón con Cojones (si queda algo aún, claro).

Si no pasa nada colgaré algo antes de volar el próximo jueves. Gracias por los ánimos a todos.

Salud y kilómetros!!!

miércoles, 9 de junio de 2010

VOLVER A CONTARLO

Debía ser el km 18 del medio maratón en el Half Challenge de Calella. Sufriendo, claro...

Dejé de escribir porque me quedé sin ganas y retomo el blog porque me vuelve a apetecer. Seguramente todo es así de sencillo, aunque llevase aletargado varias semanas antes de dejarlo y siguiese con la página por un mal entendido compromiso. Ahora he recuperado algo de tiempo y ganas y aquí estoy de nuevo por si queda aún alguien que me lea.

Como dice el contador que desde la esquina superior izquierda del blog desgrana día tras día una cuenta atrás que ya me acojona un poco, sigo liado con la locura del Ironman, en la semana de máximo volumen ahora mismo, sin ir más lejos, y capeando el temporal con ese valor que a todo pingüino se le supone.

En el camino quedó la experiencia del debut en lo que los que saben llaman LD (larga distancia para nosotros). El Half Challenge de Calella, en un ya lejano 16 de mayo, fue un rotundo éxito para alguien como yo. Me pareció una auténtica revelación descubrir que existen carreras a partir de cierta distancia (1.9 km nadando, 90 km en bici y 21 km corriendo) en las que basta con salir tranquilito, sin prisas ni agobios, sin ritmos de umbral ni mandangas por el estilo. La sensación de triunfo en Calella fue fantástica: seguramente por controlar con la modestia del novato el ritmo en el agua y con la bici me sentí buen corredor (!) en el medio maratón, adelantando a infinidad de tipos con mucho mejor aspecto que yo y entrando feliz en la meta una hora antes de lo previsto (vale, la previsión era de mínimos, claro), 6 horas y 27 minutos después de empezar con la aventura. Para muestra un par de botones convenientemente sustraídos de la web del fotógrafo oficial...


Como de observadores anda el mundo lleno y puede que hasta alguien desperdicie algo de tiempo en esta entrada admitiré que he perdido un poco de peso. Nada exagerado, pero me va a venir bien para Frankfurt sin duda. ¿Dieta? la del cucurucho: comer como siempre y entrenar mucho (era así, ¿no?...en fin...)

La próxima vez hablaremos de entrenamiento. Sigo sin saber demasiado al respecto pero ando todo el día cansado.

Salud y kilómetros a todos.

martes, 6 de abril de 2010

LA BICI DE MI VECINA

Se la he pedido para el Ironman, pero me gustaría tenerla algo antes para hacerme con las nuevas medidas. Los acoples le van a quedar la mar de chulos, aunque no tengo muy claro que mi espalda piense lo mismo, teniendo en cuenta que nos han pasado el tramo de bici a 185 kilómetros.

También he pensado en montarle el Aerodrink, que es ese bidón con pajita que se monta entre los acoples para beber sin perder la posición aerodinámica.

Dice mi amigo Ángel que lo mismo el desarrollo que monta de serie se me va a quedar un poco corto, sobretodo en las bajadas, así que he pensado en montarle un plato de 55 dientes. Lo que ocurre es que montando el plato no me queda mucho espacio para los piñones, por lo que sólo puedo montar atrás uno, y de 5 dientes. ¿Os parece difícil de mover tanto desarrollo o confiais en esas piernas que Dios me dio? Afortunadamente el circuito es bastante llano por lo que si me lanzo fuerte con todos mis kilos la inercia me ayudará a dar pedales, o eso espero. Si monto ese desarrollo tendré que ingeniármelas para alargar el manillar o lijarme un poco las rodillas, para que éstas no golpeen la empuñadura en cada ciclo de pedaleo. Como lo segundo no lo contemplo tendré que recurrir al ingenio para conseguir lo primero. El problema entonces está en la altura del sillín, que es algo limitada. Con el manillar alto y el sillín bajo la posición sobre los acoples será más benévola con mi espalda, aunque algo antiestética porque va a parecer que monto de pie sobre la bici. Quizás lo más importante sea que la distinguiré con facilidad de las otras bicis a la hora de hacer la transición desde el agua. Es que son todas tan iguales y hay tantas que si no es así no hay manera.

Anduve también tras la idea de montarle una rueda lenticular trasera, de tamaño normal, pero lo descarté porque me dijo el mecánico que entonces corría el riesgo de caerme hacia adelante a la menor oportunidad, y la seguridad es lo primero. Con las ruedas de serie, la ventaja es que puedo llevar las cámaras de repuesto como si fueran pulseritas de esas del equilibrio que tan de moda están ahora, y si debo cambiar alguna, se hinchan en dos empujones con la bomba.

Espero que los jueces de Frankfurt homologuen esas pequeñas modificaciones y pueda usar la bici de mi vecina en la carrera. Sobre la vecina me ahorro cualquier tipo de comentario machista para salvaguardar la impoluta imagen que tantos años me ha costado edificar. Soy un tipo decente.

Ale, salud y kilómetros.

jueves, 1 de abril de 2010

TIEMPOS DE CORTE

Lo normal en un Ironman siempre fue tener 17 horas para completar la distancia. Luego algunas carreras subieron algo el listón y fijaron en 16 horas su tiempo de corte, detallando tiempos intermedios que había que superar para poder seguir oficialmente en carrera. Sin dar la talla hasta ese punto lo más habitual es que le quiten a uno el dorsal y le inviten a abandonar advirtiéndole de que si continúa lo hace bajo su estricta responsabilidad. Una tocada de huevos, vamos, teniendo en cuenta los meses de sacrificio y la pasta que uno invierte en material, viaje, hotel, dorsal, ...

Tras inscribirme en Frankfurt, revisando cositas sin importancia en la web oficial topé con la mala noticia de que iba a tener no 17 ni 16 sino 15 horas para llegar a meta. Para alguien como yo este no es un dato baladí. Me siento capaz de preparar a mi organismo para recorrer los 226 kilómetros pero, no nos engañemos, lo que no puedo es hacerlo con demasiadas urgencias en el crono: nado más o menos bien pero no muy rápido, sumo kilómetros en bici pero mis medias de velocidad son aún muy modestas y corro siempre en el pelotón de cola. Además creo que puedo mejorar mi resistencia sin demasiados problemas, es cuestión de darle, pero para la velocidad no tengo lo que hay que tener y no creo que lo adquiera de hoy a julio, por lo que las dudas con las que empecé el viaje no se van a despejar con facilidad.

Bien, pues en estas, el bueno de Iván (http://www.grabuma.blogspot.com/) publica un post contando que lo de las 15 horas responde a presiones de los vecinos del lugar (gracias, señores), pero es que además se descuelga con la noticia (contrastada luego en la web oficial) de que el segmento de bici debe alargarse 5 kilómetros por culpa de unas obras. ¡Bien! Justo lo que necesitaba para asegurar mis opciones. No nos engañemos, 185 kilómetros es muy lejos hasta para ir en coche. Eso sí, alargan el tiempo de corte de la bici en 15 minutos (gracias, todo un detalle) ¡que no se suman al tiempo final de corte, quedando este en las 15 horas igual! Total, que empezaremos el maratón 5 kilómetros más cansados y tendremos 15 minutos menos para correrlo. Así me gusta, dando facilidades a los pingüinos.

En otro orden de cosas, y como no podía ser de otro modo, lento pero seguro sigo entrenando. Mis salidas en bici andan ya por las 3 horas 30 minutos. Esta mañana salí con Pedro y Raúl. Llaneando anduve a su nivel, pero tuvieron que esperarme después de cada cuesta. Para arriba sigo pasándolo bastante mal, pero al menos ya no tengo que declinar invitaciones de mis compañeros porque ya no hay tanta diferencia entre ellos y yo. Y entrenar en grupo es sin duda mucho más entretenido que salir solo tantas horas.

En el agua me siento cada vez más cómodo pero empiezo a andar algo corto de volumen teniendo en cuenta lo que queda de plan de entrenamiento. Tras el medio maratón del día 11 pasaré a nadar 4 días, a ver si le doy al tema el empujón definitivo. Lo de correr, como siempre, lentito y a disfrutar. Vamos a ver si todo sumado me da para llegar a la meta, y si puede ser sin ser descalificado por no dar la talla con los tiempos de corte.

Salud y kilómetros

lunes, 15 de marzo de 2010

VUELTA AL TAJO QUE ME PILLA EL TORO...

Después del buen rollete que me dejó el último maratón, con marca personal (que no estaba difícil, ya lo sé, pero es la falta de costumbre) debo recuperar el objetivo principal de la temporada (y de mi vida). Me bajaron de las nubes de golpe los colegas del club pidiéndome marca personal también en el medio maratón de Pollença (11 de abril): nunca he podido correr esa distancia en menos de 2 horas (de hecho mi mejor marca son 2:07) y me apuntaban a que el momento había llegado aprovechando la inercia del éxito en el maratón. Ni hablar.

Ni hablar porque correr en Barcelona tuvo un precio: prácticamente 3 semanas de reajuste de plan: tanto me preocupaba la recuperación tras el maratón que me dediqué a prepararlo dejando de lado la bici y la piscina, no del todo pero sí en parte. Quedan 4 semanas para ese medio maratón y he decidido no tocar ni una coma del plan de entrenamiento, correr la carrera como una sesión preparatoria más y meterme la marca que sea en el bolsillo más feliz que una perdiz. Ya vendran tiempos mejores en todos los sentidos.

Me recuperé fantásticamente del esfuerzo del maratón. El lunes ya nadaba, el martes nadé e hice media horita en la bici del gimnasio, el miércoles más bici y el jueves corrí 40 minutos suaves sin molestia alguna. El viernes combiné la bici y correr, aún sin apretar los dientes, descansando el sábado para salir en cuadrilla con la btt el domingo. Esa fue la semana que siguió al maratón.

Hoy, como digo en la cabecera, volví al tajo. Empecé el día con una hora de carrera contínua suave por la hierba del perímetro exterior de la pista de atletismo. Me quedé con ganas de más pero controlando. Luego 30 minutos soltando piernas en la bici estática y 30 minutos más nadando suave. A lo tonto, a lo tonto, descontando estiramientos y demás mandangas me salieron eso, dos horitas de tute.

Mañana me tocan metros de verdad en el agua y una salida algo más seria en ruta con la bici. Porque la bula del maratón se ha terminado y el contador de la izquierda sigue desgranando días a razón de 1 cada 24 horas, que pasan volando.

Salud y kilómetros a todos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

CARRERA DE LA BASE NAVAL. LOS ACOPLES.


(Foto cortesía de Rossi Kruger) Empezando por el final y con el retraso propio de la escasez de tiempo, derivada de mi dedicación este fin de semana al noble arte del anfitrionaje, el sábado corrimos una edición más (sobretodo para la mayoría, que para mí era la primera) de la carrera popular de la base naval.

Yo creía que la base era fundamentalmente el conjunto del muelle militar y edificios colindantes, pero no. Resulta que el monte que se eleva tras las últimas dependencias de la Armada tiene un camino con una cuesta interminable que formaba parte por dos veces (cosas de los circuitos con vueltas) del recorrido de la carrera. Fue como digo una mañana durilla, pero el buen ambiente, la bondad meteorológica, las ganas de colgarnos un dorsal y el aperitivo final ofrecido por nuestros anfitriones militares (sobretodo) dejan para el recuerdo muchas ganas de repetir el año que viene.

Deportivamente fue una ruína, como siempre. Bueno, mis sensaciones fueron más que aceptables, hasta podría decir que me divertí corriendo, pero se conoce que todos los demás están a años luz, porque no hay manera (ni mucha intención, la verdad) de abandonar la cola del pelotón ya sea cuesta arriba, cuesta abajo o llanito. Como muestra un botón: valientemente tomó la salida con nosotros un marchador (bueno, eso sí). Bien, terminé esprintándole en meta. Si no apretamos todos los de la foto nos pasa. En fin, es lo que hay.



En otro orden de cosas, el viernes estrené los acoples en la bici. Compré en Esportíssim, tienda especializada de Barcelona en la que el trato fue exquisito, los Profile Carbon Strike, como los de la foto. A falta de subir imágenes de mi propia bicicleta, debo decir que los míos están un poquito más cerrados y la cazoleta reposabrazos (seguro que ese no es su nombre pero...) tiene un muelle que la levanta cuando no la uso. De este modo dispongo de todo el espacio en el manillar para poner las manos cuando no voy acoplado. Para adaptar la geometría de la bicicleta al nuevo punto de agarre en los acoples, en lugar de adelantar el sillín cambié la potencia (que es la pieza que va del cuadro de la bicicleta al manillar) por otra 2 cm más corta. De este modo no cambia la relación entre mi centro de gravedad y el eje del pedalier (eso me dijeron) ni tampoco el modo en que mis piernas transfieren la fuerza a los pedales, pero sí estoy algo más adelantado en relación al manillar (de hecho es éste el que está ahora más retrasado) y la posición aunque sea muy nueva para mí no me resulta demasiado incómoda.

Eso, que el viernes los probé. Parecía un borrachín en bicicleta, incapaz de mantener la dirección recta, a riesgo de terminar fuera del arcén sobre la vegetación que acompaña a la carretera. Salí con Ángel, y por fortuna él es mucho más sensato que yo y en poco tiempo alcanzamos el desvío de la carretera que de Favàritx. Esa carretera termina en un faro y está muy poco transitada por estas fechas. Además hay un par de rectas muy largas y asfalto casi nuevo, por lo que era el terreno ideal para acoplarse y rodar probando el material. Según Ángel todo fue sorprendentemente bien. Hasta me dijo que tenía buena pinta y, como amigo, sé que dijo la verdad porque lo contrario no me ayudaría lo más mínimo. Su única observación hizo referencia a la pérdida de "redondez" de mi pedaleo. Según él, el pedaleo es redondo cuando se aprovecha no sólo la fuerza del pie que baja sino también la del pie que sube. Me ha costado bastante aprender a hacerlo sin acoples. Por lo visto ese aprendizaje poco consolidado se olvida cuando tengo que estar pendiente de agarrarme a dos palos que salen del centro del manillar. Imagino que la práctica terminará por resolver el problema.

Pensaba que al día siguiente mi espalda iba a recordarme que lo de los acoples no es para novatos pero me equivoqué: ninguna molestia. Incluso debo añadir que la salida en bici fue el viernes por la tarde y el sábado por la mañana corrí la carrera de la base, tan feliz. Eso sí, parece claro que hacer kilómetros con el nuevo material es imprescindible para poder usarlo con garantías ya no sólo en el IM de Frankfurt sino incluso en el Half de Calella que correremos en mayo.

Hasta entonces queda mucho entrenamiento.

Salud!

jueves, 10 de diciembre de 2009

CORRIENDO


Hoy cuelgo una foto del último medio maratón local, entrando con Carlota en meta. Una parecida (no ésta) subí hace un tiempo

Decir que correr se me da bien es faltar gravemente a la verdad. Con semejantes condiciones (por eso cuelgo una foto actual, a título ilustrativo) más podría defender un pasado en la Liga Nacional (de aquí) de Fútbol Americano, que lo hubo, que una vida dedicada a correr desde hace algunos (aunque no demasiados) años ya.

Hoy tocaba correr, 60 minutos en una zona aeróbica confortable según el sr. Polar. Quedé con Juanki en la pista municipal, que tiene un perímetro amplio de hierba bajita que se lleva muy bien con mis articulaciones. Las vueltas no son de más de 500 metros, pero cambiando de sentido cada 15 minutos, con el sol y la buena temperatura que teníamos hoy y la entretenida conversación, el rodaje fue fantástico. Juanki es de los pocos atletas de 4'30"/km capaces de adaptarse a mi ritmo y correr sin acelerarme. Normalmente es así, aunque hoy, sabiendo que íbamos a coincidir durante media horita, me exprimí un poquito más de la cuenta al punto de que mi colega me preguntó en más de una ocasión si iba bien (por lo poco hablador que me había vuelto). Al quedarme sólo, con 30 minutillos por delante he reducido el ritmo (necesitaba ese respiro) para luego ir aumentándolo poquito a poco hasta llegar a mis pulsaciones objetivo sin pasar para nada (145 ppm, para los aficionados a la ciencia). Entonces se ha producido el milagro de los panes y los peces pero en versión trotona: maravillosas sensaciones han aparecido como de la nada. Corría sin apenas esfuerzo, como flotando sobre la hierba, percibiendo cada pisada mientras disfrutaba del sol en mi cara y la suave brisa de la mañana menorquina. Sé que es una cursilada como un templo, pero sólo así puedo describir esa rara conexión con el correr que viví esta mañana, algo que pasa muy pocas veces (al menos a mí) y que me reconcilia con esto del sudar al aire libre.

Sigo siendo un corredor de pacotilla, pero en ocasiones hasta pienso que completar un entrenamiento puede ser lo mejor que me vaya a pasar en todo el día (hasta que llego a casa y mi hija me da uno de sus abrazos y el mejor beso de los que acaba de aprender a dar).

Mañana hablo de los acoples. Hasta entonces, mucha salud.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

TRANSICIÓN

Me cuentan que el triatlón no son sólo 3 segmentos (natación, ciclismo y carrera a pie) sino también algo llamado T1 y T2 que, lejos de referirse a terminales aeroportuarias son nombres que identifican al espacio de tiempo que transcurre desde que se sale del agua hasta que se empieza a pedalear (T1) o desde que uno se baja de la bici hasta que empieza a correr (T2). Incluso ambos lapsos temporales, en triatlón, se cronometran y llegan a aparecer referencias de la marca lograda en cada transición en los resúmenes numéricos que la organización ofrece a los triatletas al final de cada prueba en concreto.

Cuando mi Coach dijo que las transiciones se deben entrenar pensé inmediatamente que debía planificar sesiones en las que aprendiera a quitarme un neopreno que aún no tengo, secarme bien las partes nobles y vestirme de romano para montar en bici o empezar a correr lo más rápidamente posible. Pero no, el Coach se refería a entrenar la adaptación muscular y articular entre un tipo de trabajo y otro, fundamentalmente entre la bicicleta y la carrera a pie, que por lo visto se parecen menos de lo que uno podía pensar.

EL PLAN me obliga a realizar dos tipos de trabajo de transición. Uno los miércoles (entre semana los volúmenes de trabajo son casi de funcionario, de lo más llevadero) trabajando hasta una hora sobre la bici y unos 20 minutos corriendo inmediatamente después. La otra transición, que me da que no va a ser tan sencilla, supone salir a correr (no mucho, empezando por 20 minutos con un máximo de 1 hora) después de la tirada larga de bicicleta. Ahí sí se notará un poco más eso de que las piernas no van para empezar a trotar.

Hoy el tema quedó en un chapuzón de duración indeterminada en la piscina (el Coach lo llama "técnica"), 30 minutos de bici estática alegre (con resistencia) y 20 minutos largos de carrera inmediatamente después. Y sí, las piernas no iban demasiado al empezar la última parte de la sesión. Bueno, no es que de normal vayan demasiado, pero no suelo parecer un pato mareado hasta que no llevo unos kilómetros en las zapatillas. Eso sí, fue la mar de divertido: cuando estaba a punto de cansarme de la bici ya me tocaba correr. Esto del Tri es muy entrentenido.

Salud!

martes, 8 de diciembre de 2009

Preparados..., listos..., ¡ya! Camino a Frankfurt

Esto ha empezado ya. Llevo varias semanas, puede que incluso meses, preparándome para comenzar, y el lunes pasado (ayer para el que esto escribe)
inicié la cuenta de 30 semanas justas, la última de las cuales va a transcurrir en buena parte por tierras germanas. Esas 30 semanas es lo que dura mi plan de entrenamiento, que se inició con mal pie para no perder la costumbre.

De puente por Barcelona y si poder salir en bici, el lunes salí a correr sin que fuese lo que el plan decía. Fue poco más de una horita, a ritmos controlados y disfrutando del rodaje propio de las 10 primeras semanas de construcción de base aeróbica. Hoy martes tocaba correr pero tan pronto como aterricé por casa me vestí de romano, monté en la bici e hice una salidita de poquito más de 50km en dos horas peladas, lo que contando fácil da una media de 25km/h. Para entender lo de las medias que voy a sacar no sólo hay que saber un poquito de ciclismo, sino también ayuda conocer la isla en la que vivo, que para mí que era mucho más grande siglos atrás y alguien se ocupó de arrugarla para que cupiese en su sitio, dejando cuestas por todas partes y lo que ello significa para montar en bici.

Así pues, por necesidades del guión, en las primeras dos sesiones ya he hecho de mi capa un sayo colocando entrenamientos que no tocaban en lugar de los que sí tocaban pero no podía hacer. Al final supongo que, como dice un colega, lo importante es nadar mucho, pedalear mucho y correr mucho, llegando sano a la salida, por lo que espero que en este caso el orden de los factores no altere demasiado el producto.

Mañana me toca una cosa llamada transición. Es algo así como enseñar al cuerpo a correr después de una sesión de ciclismo. Poco volumen todavía, porque estoy empezando, pero ya se va pareciendo esto a lo que hacen los triatletas serios. Cuando lo haga ya contaré.

PS. He tenido el blog bastante abandonado estos últimos meses. He dejado sin contestar algún comentario, razón por la que me disculpo añadiendo que todos los he leído y por todos doy las gracias. En adelante trataré de encontrar más tiempo para la página y, sobretodo, para interactuar con aquellos que la visitan que, a fin de cuentas, es lo que más me enriquece en todos los aspectos (menos en el económico, claro, pero es que no se puede tener todo).

Salud a todos.