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lunes, 30 de agosto de 2010

SER O NO SER... UN PINGÜINO

"LLEGAR EL ÚLTIMO ES INFINITAMENTE MEJOR QUE HABER ABANDONADO, LO CUAL A SU VEZ ES MUCHO MEJOR QUE NO HABERLO INTENTADO"

Hay una segunda generación de corredores. Son aquellos que incorporan la rutina de correr en su estilo de vida activo y saludable, que compiten por compartir el gusto por correr con sus semejantes. Son seres sociales por naturaleza que se juntan para celebrar la alegría de vivir, buscando casi a la vez sudores y buena conversación.

En las carreras compiten generalmente contra la distancia, más que contra el reloj. Terminar suele ser el objetivo, a veces haciéndolo tan bien como sea posible pero sin dejar en ningún momento de disfrutar del camino. Eso en ocasiones les obliga a repetir (por tercera vez) a los chicos de la ambulancia que NO desean ser recogidos, y a responder a las preguntas de los voluntarios que puede que sólo sean 4 o 5 los que queden por detrás (si siguen aún en carrera).

También son los que más sonríen a los objetivos del fotógrafo de la organización, preguntan al público si hace mucho que pasó el primero o toman tres sorbos de cerveza entre las risas de esos chicos sentados en la terraza del bar.

Si la gente en las aceras parece estar en el teatro son ellos los que se arrancan a aplaudir con alegría al grito de "vamos, vamos" y contagian las ganas de animar al más soso de los espectadores. Los pingüinos son los únicos con resuello suficiente como para pegar berridos en plena carrera. Para eso su ritmo es el que es. Que se ahoguen los del podium.

Los pingüinos corren cualquier tipo de carrera. También maratones, cuidando especialmente el desayuno porque saben que no van a estar disponibles todavía a la hora de comer (merendarán en el mejor de los casos). Se paran en todos los avituallamientos y casi siempre se toman el suficiente tiempo como para agradecer a los voluntarios su trabajo (y jurar que están bien, todo el mundo tranquilo).

Llegan a meta disfrutando de esos mágicos 195 últimos metros como el que más. Suelen entrar de uno en uno, sin apreturas ni agobios y por ello le exigen a la voluntaria los dos besos de rigor al recibir la medalla, igual que los del podium (si es un voluntario con barba de tres días suele bastar un apretón de manos, siempre que el pingüino no sea pingüina, en cuyo caso ya depende del gusto de la consumidora).

A los pingüinos se les distingue por su extraño modo de correr y porque sonríen cuando corren. Difícilmente adelantaréis a un pingüino porque siempre salen atrás, algunos para no molestar, los más para no ser atropellados. Si dobláis a un pingüino, pensad que al fin y al cabo no es tan malo compartir asfalto con alguien distinto. Si todos fuéramos iguales la vida sería aburridísima.

PS. En el avituallamiento del km 30 del maratón del Ironman me ofrecieron bebida de cola. ¿Soy un pingüino si la pedí, por favor, con hielo y una rodajita de limón? Espero que sí...



Dedico esta entrada a mi amigo Eduardo. Pocos como él han entendido lo que hay detrás de ser o no ser un pingüino. Su blog, una auténtica delicia, AQUÍ

jueves, 28 de enero de 2010

LENTO

No quisiera cansar a nadie con mucha filosofía. Me llevé la bronca de mi querido Ricardo tras el "pobre" papel realizado en el campeonato de Baleares de Cross. Su argumento era irrefutable: un tío que puede correrse esos 8 kilómetros a 5'20" o 5'30" no debe permitirse terminar invirtiendo algo más de 6 minutos cada 1000. Ir acompañando a Julio no es excusa: era el gran campeonato para veteranos (sic), individual y por clubes, y se trataba de darlo todo. Y Julio que espabile...

Soy lento, muy lento. Hay dos razones para que las leyes de la física me maltraten de ese modo. La primera razón por la que no corro rápido es porque no puedo. La segunda es porque no quiero. Posiblemente hice de la necesidad virtud, me adapté a mis posibilidades y descubrí un nuevo mundo fuera de la ley en el que las cosas me iban más o menos bien, donde había espacio para todos, independientemente de sus capacidades.

Además la velocidad es técnicamente un concepto relativo: yo hasta puedo parecer rápido si se me compara con los 10 últimos de cualquier gran maratón del mundo, y mi amigo Ricardo es una auténtica tortuga comparado con conocidos míos que se zampan un maratón en 2h 40' (y estos a su vez son lentísimos si corren con Gebresselassie, claro).

Respeto a los rápidos, hasta les envidio en cierto modo por ello, pero no me molesta en absoluto ser lento. Hago sus mismos kilómetros pero paso más tiempo sobre el asfalto. Lo más importante es que adoro lo que hago, no podría vivir sin ello y disfruto de cada minuto que paso ahí afuera. Tan sólo pido que me dejen hacerlo a mi manera. Además pienso que si alguno de los que se queda en casa se lo llegase a plantear de este modo cambiaríamos el sofá por el pelotón de cola en muchos casos. Y no me digan que no es mejor correr despacito por el campo que vivir encerrado frente al televisor.

El tema se me pasó por la cabeza al coincidir en el tiempo la "bronca" de mi compañero con el hallazgo de esta foto. Es el medio maratón de Pollensa del año pasado, en uno de los avituallamientos. Ya se sabe, la chica simpática, el fotógrafo apuntando,... tuve que parame a posar. La marca fue una ruína, claro, pero lo bien que me lo pasé no me lo quita nadie (y corrí los 21km una vez más, y ya van unas cuantas...)

Salud y buenos rodajes (rápidos o lenos ¿qué más da?)

PS. Ricardo es casi un hermano para mí. Acepto su crítica como lo que fue: una opinión emitida desde el buen rollo que tenemos no sólo él y yo sino entre todos los compañeros de club.

domingo, 24 de mayo de 2009

MI CUERPO


"La verdad es que, como adultos, muchos de nosotros estamos convencidos de que hubieramos hecho todo lo que se nos hubiera antojado si nuestro cuerpo fuese el adecuado para ello. Gastamos nuestra vida en las tinieblas de lo que podíamos haber sido. Por desgracia, el único modo de tener el cuerpo que queremos es escoger adecuadamente a nuestros padres. La genética puede no ser la única explicación, pero sí se trata de algo que como adultos nos condiciona de modo casi definitivo.

Determinado día, en determinada carrera, coincidí calentando con Bill Rodgers, cuatro veces ganador tanto del maratón de Boston como el de Nueva York. Ante tanta evidencia no pude evitar una sonrisa mientras lo miraba. Parecía una gacela. Todo en su cuerpo era perfecto. El modo en que sus pies estaban pegados a sus tobillos, sus tobillos a sus piernas y sus piernas a sus caderas respondía con exactitud al modo en que uno hubiera diseñado el cuerpo de un maratoniano. Apuesto a que no había tenido grasa corporal desde los 6 meses de edad.

En cuanto empecé a comparar su cuerpo con el mío se me ocurrió que todas esas partes de ambos tenían el mismo nombre pero, definitivamente no tenían el mismo aspecto. Sin embargo en pocos minutos ibamos a competir el uno contra el otro (y algunos miles de corredores más).

Para nosotros los adultos es difícil aceptar que alguien con, esencialmente, el mismo cuerpo que nosotros, ha conseguido logros que nosotros sólo podemos soñar. Los atletas olímpicos no disponen de un pulmón adicional con el que respirar en mejores condiciones. Puede que fueran bendecidos con un don, puede que tengan talento y, seguro, tienen lo que les da el entrenamiento, pero no tienen nada "extra". Eso sí, debemos empezar por entender que los cuerpos de esos seres tan especialmente dotados no son, en lo esencial, diferentes de los nuestros. Sólo así entenderemos que los cuerpos de unos y de otros reaccionan de un modo básicamente similar al entrenamiento.

Este punto me quedó especialmente claro la noche que tuve la oportunidad de cenar con Khalid Khannouchi, el mismo que rompió en mil pedazos el récord del mundo de maratón en Chicago, en 1999. Ambos corrimos ese mismo maratón, el mismo día. Él terminó en 2:05'42", y yo ligeramente por encima de 5:30'. De hecho escuché lo de su récord cuando yo iba a alcanzar la milla 11 de esa misma carrera.

Tal como íbamos charlando sobre nuestro entrenamiento y la preparación de ese tipo de carreras (las series, los rodajes largos, las carreras de ritmos vivos,...) me quedó claro que hablábamos de las mismas cosas. La diferencia no estaba en el contenido o calidad de los entrenamientos. La única diferencia estaba en la velocidad a la que corríamos en esas sesiones. El esfuerzo era la constante, la velocidad era la variable. Nuestros cuerpos reaccionaban del mismo modo a la carga y a la recuperación. Lo que significaba un esfuerzo extenuante para el recórdman mundial se sentía prácticamente igual en el pelotón de cola.

Aceptar esta verdad sobre mi cuerpo fue el punto de partida de mi progresión como corredor. Para mí fue una auténtica revelación aceptar la gran verdad sobre el hecho de que ningún cuerpo puede dar más del 100%. Mi tope era sólo el mío. Podía entrenar duro, inteligentemente, con intensidad y el propósito de mejorar, pero lo único que cambiaría sería en punto en el que estaba mi 100%, pero el mío. Mi tope siempre sería el mío, no el de Khannouchi o cualquier otro.

De ese modo me convencí de que, estuviera como estuviera mi cuerpo, era el cuerpo que iba a tener que usar. No podía cambiarlo por otro que tuviera mejor aspecto. Debería llegar al lugar al que quería ir en ese cuerpo, sobre esos pies. Esa verdad es también la tuya. No se trata de tener el cuerpo que quieras, sino de hacer lo máximo que puedas con el cuerpo que tienes. No te preocupes por ser el mejor. Sé el mejor que tú puedas ser."


Traducción casera de uno de los párrafos que a mí me inspiraron más del libro "No Need For Speed", de John Bingham. Espero no haber infringido demasiadas leyes por colgar esto aquí.

Salud y buenos rodajes, con el cuerpo que tenéis ;-)

martes, 26 de agosto de 2008

SOY CORREDOR

(Traduzco libremente un artículo publicado por John Bingham en la edición americana de Runnersworld).



El Dr. George Sheehan, columnista de Runnersworld y posiblemente el primer filósofo que tuvo el boom del running, escribió una vez sobre la diferencia entre un "runner" y un "jogger", que para él era simplemente la inscripción en una carrera. Esa definición era tan suscinta como atinada. Si estabas lo suficientemente motivado como para participar en una carrera organizada, entonces eras un corredor. Cualquiera que arriesgase su fracaso público sólo para pertenecer a la comunidad de corredores, sin importar cuál era su ritmo por kilómetro, era un corredor. Difícil discutir esa lógica.


Sin embargo, hace algunos meses, un anuncio colgado en esta revista dibujó una línea muy marcada entre corredores y simples joggers. Inmediatamente palpé el descontento profundo de infinidad de lectores con esa distinción. Para mí esas definiciones no tienen demasiado sentido fundamentalmente porque todos aquellos que nos autodenominamos corredores ya sabemos porqué lo hacemos. Vuestras razones pueden ser diferentes a las mías, pero os cuento ahora porqué sé que soy un corredor:


SOY CORREDOR porque mis carreras tienen nombres. Hago carreras a ritmo, hago carreras fartlek, carreras lentas y largas y series en la pista. Mis carreras están definidas, aunque mis abdominales no lo estén.


SOY CORREDOR porque mis zapatillas son equipamiento técnico, no un producto de moda. Para mí, la mejor zapatilla es la que me hace mejor corredor. Escojo la zapatilla que le va a mi biomecánica y forma de correr, no la que le va a mi camiseta y pantalones.

SOY CORREDOR porque no tengo ropa con la que correr. Tengo camisetas técnicas, pantalones técnicos y calcetines técnicos. Mi equipamiento mejora mi experiencia en el correr porque me permite vivirla confortablemente protegido. Puedo decir Coolmax y Gore-tex en la misma frase y saber qué función cumplen cada uno.


SOY CORREDOR porque sé lo que se siente con el esfuerzo y persigo esa sensación. Sé cuándo estoy superando mis límites de confort y porqué lo hago. Sé que la respiración entrecortada y el corazón acelerado son necesarios si quiero ser un mejor corredor.


SOY CORREDOR porque valoro y respeto mi cuerpo. Él protestará en susurros cuando me haya machacado demasiado, y si escucho esos susurros evitaré tener que oír los gritos de dolor más adelante.


SOY CORREDOR porque estoy deseando presentarme en esa línea de salida. Porque sé que cada línea de llegada tiene el poder de levantarme el espíritu o machacarme el ánimo, y me presento en esa salida de todos modos.


SOY CORREDOR porque sé que, a pesar de todo mi esfuerzo, siempre querré más de mi mismo. Siempre querré conocer mis límites, fundamentalmente para traspasarlos y buscar otros nuevos.


SOY CORREDOR porque corro. No porque corra rápido. No porque corra muy lejos.


SOY CORREDOR porque digo que lo soy. Y nadie va a poder decirme que eso no es así.


Actualizo aprovechando el cable que me manda mi nueva amiga NUS para colgar la incendiaria campaña de Pearl Izumi sobre lo que mola ser runner y lo apestados que son los joggers. Coincido con que si pretendían llamar la atención lo consiguieron. Espero que leáis inglés, porque el servicio de traducción se me largó de vacaciones a la costa.





Salud y buenos rodajes.

sábado, 23 de agosto de 2008

SOY UN PINGÜINO

John Bingham andaba en uno de sus primeros trotes cuando pudo ver su figura reflejada en el cristal de una tienda. Más allá de examinar su curvilínea estampa se fijó en el aspecto que tenía su forma de correr. Inmediatamente comparó su trote con el modo de desplazarse que tienen los pingüinos, sin separar apenas las piernas del cuerpo. En inglés lo define como "waddling", palabreja sin traducción a nuestro idioma y a la que sólo se le da sentido viendo caminar a esos animalejos polares tan entrañables.

Nosotros tenemos una denominación, menos elegante pero más propia para ese modo de desplazarse: el trote cochinero, aunque desconozco el origen del término porque me da que los cochinos se pasan el día tumbados en el barrizal de sus pocilgas y trotan más bien poco. Imagino que esa costumbre tan nuestra de cachondearse del prójimo nos llevó del pingüino al cerdo con más o menos fortuna. A mí me sigue pareciendo más adecuado el símil de Bingham, al que he visto correr y verdaderamente se parece al de la foto. Yo también.

Correr como un pingüino me permite recorrer largas distancias sin padecer demasiado en el empeño. De este modo disfruto del paisaje, me empapo de todos esos colores y de todos esos olores, siento el sol y el viento en la cara, y termino cada rodaje casi tan fresco como lo comencé pero mucho más feliz.

He probado también de la otra medicina. Lo he hecho fundamentalmente por el goce de la compañía. Para ir con más gente lo normal ha sido siempre ir más rápido. Correr con los demás está muy bien, pero también tomarse unas cervezas o salir a cenar. Quiero decir que me gustó la compañía pero no disfruté del rodaje. Más deprisa, los kilómetros me parecen mucho más largos y enseguida aparece esa sensación de desear que el trote termine. Más despacio seguiría para siempre.

Puede que sea cierto que mi "waddling" sea hoy lo que antes me parecía un rodaje rápido, porque el cuerpo se va adaptando con el paso de los años a la actividad, pero demasiados cambios se tendrían que producir para mejorar mis modestas marcas significativamente y seguir corriendo con la misma alegría. Por eso me sumo a la corriente de los pingüinos, aceptando mis tiempos de carrera tal como vayan llegando, sin buscarlos, y situándome siempre con los de la cola del pelotón, que es mi lugar porque uno compite como entrena, y yo no estoy muy dispuesto a entrenarme más deprisa, entre otras cosas porque terminaría antes y por lo tanto disfrutaría del camino menos tiempo. Pingüinos al poder.

Salud y buenos rodajes a todos

viernes, 11 de enero de 2008

TOMAR ARRANCADA

Me está costando más de lo previsto cambiar el chip. Supongo que debo andar sumido en una crisis de estrés post-vacacional, seguramente por haber permitido que las vacaciones de navidad hayan sido todo menos unas vacaciones.

Siempre tuve un plan. Soy de los que rellenan folios y folios periodizando el entrenamiento, adaptándolo al tiempo disponible, cruzando trotes con pedaladas, metiendo largos de piscina con calzador y tratando tras múltiples refritos que la resultante quede bonita en un archivo del pc. Bueno, era.

Ahora no me apetece nada programarme las cosas. Tampoco sufro por apuntar los kilómetros del día, las pulsaciones y el desgaste de las zapatillas. Me van a cancelar la cuenta del Running-Ahead por desuso.

Ahora simplemente entreno un poquito todos los días, alternando entrenamientos más duros con días suaves, corriendo cómodo todas las sesiones menos dos, la de velocidad y el rodaje largo, sin que ni la primera sea agónica ni el segundo interminable. Procuro añadir dos días de bici a esa semanita y tres chapuzones de unos 2000 metros totales cada uno. De este modo pongo el piloto automático y no me preocupo por sumar los kilómetros de la semana (no sé si son 35 o 50) ni nada que se le parezca.

Me sorprende porque esto es algo nuevo para mí, ahora que por primera vez en mi vida tengo el reto de terminar una carrera en un tiempo concreto, que es para lo que se diseñan los planes de entrenamiento. El objetivo es ambicioso para un tortuga militante como yo, porque nunca he competido por debajo de 6 minutos el kilómetro, y en menos de 3 meses debo ser capaz de correr 21 kilómetros a 5'30". Sin dejar de pensar en el maratón de primavera (99% MAPOMA) y sin plan.

domingo, 5 de agosto de 2007

LESIONES



Vengo de una generación en la que los chicos aprendieron a tomarse las cosas como hombres, en la que nuestros héroes continuamente eran tiroteados (con balas o cortisona) y en la que jugar duro hasta hacerse daño constituía un ideal de actitud. También vengo de una generación que se creó la necesidad de encontrar recambios para rodillas y caderas por haberse cargado las que venían con el cuerpo original.


Por lo tanto, mi primera lesión fue una marca de honor para mí. En realidad me sentía hasta excitado el día que visite al médico deportivo por primera vez. Tenía una lesión deportiva e iba a ver a alguien especializado en tratar a atletas. ¿Podría haber algo mejor? Incluso en la camilla me sentía especialmente estimulado la primera vez. Después de todo un médico deportivo me iba a examinar tratando de encontrar el origen de mi lesión deportiva. Lo mejor del caso es que se trataba de una lesión que yo mismo me había provocado. No fue un accidente. Lo hice a propósito. Ello tenía que querer decir que yo, un antiguo gordito de sofá, era ahora un verdadero atleta.


Como si necesitara probar mi abyecta ignorancia, llevé conmigo una copia de mi diario de entrenamientos del último año. No sólo estaba lesionado sino que ¡tenía pruebas! Le mostré al doctor el punto exacto en el que aumenté mi kilometraje, y también dónde hice probablemente demasiado trabajo de velocidad. Incluso le subrayé los días en que corrí cuando debía haber descansado.


Pensé que el doctor quedaría impresionado al conocer todos esos detalles de mi entrenamiento. Me equivoqué. Aquel médico no veía en sus manos el diario de un atleta. En su lugar veía una letanía de errores de entrenamiento y de animaladas atléticas. Esperaba que me felicitara por mi dureza pero me llevé una reprimenda por mi inconsciencia. Me dejó pasmado.


Aún así, era uno de los afortunados en el sorteo para participar en la 100 edición del Maratón de Boston y tenía la sólida determinación de correr aquella carrera. Esa primera visita terminó con una infiltración de cortisona en mi rodilla. Me dolía horrores pero sentía la enferma satisfacción de padecer el dolor de un auténtico atleta.


La segunda visita empezó con un poco de tensión entre el bueno del doctor y yo. Decidí no mencionar que tuve que abandonar en un maratón 6 semanas atrás porque el dolor en la rodilla era insoportable. Tampoco le conté que había corrido dos maratones en dos fines de semana seguidos, y un medio maratón dos semanas después. Ni siquiera le dije que había corrido cojo durante mi carrera larga de 26 kilómetros esa misma semana. Lo único que decidí comentarle fue que ese dolor en mi rodilla había vuelto a aparecer, y en pocas semanas debía correr el Maratón de Londres.


El doctor fue claro y conciso conmigo. Me iba a dar otro pinchazo, pero eso sería todo. Le dije que le entendía, recibí la infiltración y corrí ese maratón.


La siguiente vez que nos vimos fue en la camilla de diagnósticos. Ni siquiera intentó escuchar mi siguiente colección de excusas. Fue duro y directo, más que nunca. Me dijo que entrenaba como si tuviera 25 años, aunque estuviera a punto de cumplir 50. Game Over. Se acabaron los pinchazos. Se acabaron las píldoras. Y si no me volvía más cauto pronto, sin duda, se acabaría el correr. Tuve que aprender la lección.

Traducción propia, extracto del libro "Marathoning For Mortals" de John Bingham y Jenny Hadfield. Texto de John Bingham. Si permiso del autor, espero que no me demande.

sábado, 5 de mayo de 2007

20 PATADAS EN EL CULO

Todo el mundo tiene por lo menos 100 excusas para no salir a correr. La edición americana de la revista Runnersworld ha publicado lo que ellos llaman 101 kicks in the butt (que podríamos traducir como patadas en el culo), recopilando 101 formas de superar esas crisis de motivación que nos dejan en casa tirados en el sofá. Estas son mis 20 favoritas:

1. Crea un blog donde apuntar tus entrenamientos; da la dirección a tu familia y amigos. No querrás que tía Carmen te pregunte porqué te saltaste el entrenamiento de ayer.

2. Cómprate un par de zapatillas nuevas. Correr con ellas siempre será diferente a hacerlo con las viejas, y vas a tener ganas de comprobarlo.

3. Corre por la montaña, y hazlo despacio, disfrutando del paisaje y el aire puro. Aprovecha tu buena forma física para recorrer distancias por lugares poco accesibles a personas sedentarias.

4. Deja el reloj en casa. Corre sin preocuparte de tu ritmo, de tus pulsaciones o de tu tiempo de entrenamiento. Corre lo que te pida el cuerpo.

5. Apúntate a esa carrera hoy mismo. Salir a correr pensando que te estás preparando para un determinado día fijo en el calendario te ayudará.

6. Busca otro circuito. Correr siempre por los mismos lugares puede ser causa de aburrimiento y desmotivación. Un nuevo camino es siempre excitante.

7. Ese nuevo reloj al que le tienes el ojo echado. Proponte registrar 10 entrenamientos de calidad en el viejo y cómpratelo.

8. Vete al videoclub y alquila Carros de Fuego.

9. Búscate un amigo, alguien con quien correr. Si es más rápido que tú, haz coincidir un entrenamiento de calidad tuyo con uno suave suyo o al revés. Si vuestro nivel es parecido, símplemente salid a charlar un rato mientras rodáis suavecito.

10. Adopta un perrito que necesite hacer mucho ejercicio. Es el compañero que nunca te va a fallar, y siempre estará dispuesto a correr contigo.

11. Corre bajo un manto de lluvia durante una tormenta primaveral. Es un placer indescriptible.

12. Piensa en tu aspecto con el bañador puesto, dentro de dos meses.

13. Recuerda que el ejercicio mejora la actividad sexual.

14. Págate el kilometraje, en metálico o en especie (una comilona) pero no lo cobres si no cumples con el objetivo semanal.

15. Consigue que alguien te acompañe en bicicleta. Casi cualquiera es capaz de pedalear con suavidad al ritmo que tú corres.

16. Busca un rodaje iniciático. Acompaña a un amigo o amiga que quiera empezar en esto del correr.

17. Recuerda que SIEMPRE te sientes mejor después de correr que antes de salir.

18. Lleva un diario de entrenamientos. Apunta tus progresos y escribe tus sensaciones. Reléelo al cabo del tiempo. Te va a gustar ver lo que eras como corredor.

19. Compra nueva ropa de correr. Vas a tener ganas de estrenarla.

20. Compra un espejo de cuerpo entero y alégrate de cómo mejora tu aspecto día tras día, mientras te dices que estás en el buen camino.

Siempre hay algo que nos va a llevar a superar cualquier crisis de motivación. Sólo hay que dar con ello. Os animo a que añadáis a la lista las cosas que os parece que se pueden hacer para no quedarse en casa en esos días en que resulta tan difícil salir a correr. Al final estamos todos en el mismo barco. Salud y buenos rodajes a todos.


miércoles, 25 de abril de 2007

DE CULO, LA PRÓRROGA Y EL JODIDO LOCUTOR


Dice un amiguete que vivo muy bien, porque mi trabajo me deja el suficiente tiempo libre para atender a mis aficiones, que no son pocas, y eso me convierte en un privilegiado. Bien, esta semana voy a mandar de vacaciones a ese amiguete, porque lo que es yo, voy de culo. Los de la foto de arriba y la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto tienen la culpa. Bueno, a decir verdad estoy disfrutando mucho de unos días de convivencia técnica con el equipo profesional de baloncesto que tenemos en la isla. Asistir a todos los entrenamientos, a las sesiones de vídeo y a las reuniones con el cuerpo técnico está resultando de lo más interesante para alguien que, como yo, es un loco de esto del baloncesto. Sólo hay un problema. Bueno, dos. El primero es que ando liadillo también en el trabajo, y no he podido tomarme más que un día libre. Por eso trato de sacar tiempo de donde no lo hay para atender tanto a la obligación como a la devoción. Eso me deja poco espacio para todo lo demás, por lo que mis carreritas de esta semana cumplen el expediente sin más, dejando sesiones largas y sesiones intensas para cuando se pueda, lamentablemente. El segundo problema es que el caos se adueñó de mi organización alimentaria: me escapo del curro para ir al pabellón, después reunión con los entrenadores, vuelta al trabajo para recuperar tiempo perdido, ingiero cualquier tipo de alimento y en cualquier momento, y regreso al baloncesto para otra reunión y el entrenamiento de la tarde. Tras la última sesión y el comentario correspondiente con el cuerpo técnico, de vuelta al trabajo para llegar a casa tarde de narices. Mi mujer me ha pedido una foto actual para verme de vez en cuando, y lo del reto de abril tendrá que ser con unos días de paréntesis porque sino voy a explotar. Me concedo por tanto una prórroga de una semana, sobretodo porque no tengo ganas de enfrentarme a la báscula con estos niveles de estrés, a los que dicho sea de paso, no estoy acostumbrado, ya que aquí todo pasa despacito, es lo que tiene la isla.



En otro orden de cosas, y volviendo al tema del blog, el otro día enganché en un canal digital de deportes los últimos coletazos del maratón de Londres. El tema me va a dar para un post completo porque quiero someterlo a un análisis más profundo, pero si no vomito lo que estoy pensando ahora, reviento. El locutor, no quisiera equivocarme, pero creo que era Esteban Gómez, de TVE. Contaba con cierto gracejo los entresijos tácticos de los últimos 10 kilómetros (lo que alcancé a ver) en el grupo de cabeza. En estas que el realizador ofrece un plano de la cola del pelotón, con los populares enfrentándose a la distancia, mientras el tema de conversación se centraba en el fuerte calor reinante. La ocasión la aprovecha el locuaz periodista para resaltar que esas altas temperaturas hacen épica la carrera de los pross, pero son incluso agradables para aquellos que salieron a trotar, sólo por terminar. Al poco rato, ante otro plano de los corredores más lentos, volvió a mencionar lo duro que era el maratón para los atletas de élite comparándolo con la jornada festiva que representaba para los populares. Amigo locutor: tú no te has calzado unas zapas en toda tu vida, y mucho menos sabes lo que es un maratón. Todos esos populares las pasaron canutas, porque cierto es que hizo un calor tan feroz como inesperado, y salir a terminar el maratón es de un heroico comparable a salir a correrlo a poco más de 3 minutos el kilómetro. Con esa idea de que una cosa es correr y otra pasearse nunca conseguiremos hacer cruzar a la gente esa barrera que separa a los espectadores de los practicantes. Ya hablaremos, ya.

sábado, 14 de abril de 2007

¿ESTAMOS TODOS ENFERMOS?


No es mío, lo encontré por ahí. Me pareció interesante. Es como un test sobre nuestra enfermedad. Cuantas más afirmaciones nos parezcan correctas, más enfermos estamos, no hay duda ninguna. Algunos ya lo habréis leído en algún otro sitio. Los que no, disfrutad (y acojonaros porque hay mucho de verdad).

SABES QUE YA ERES CORREDOR CUANDO:

Tratas de convencer a todo el mundo que corra 5 km, "porque eso no es nada."
Te sabes las distancias a todas partes con una precisión de 0.1 millas.
Te parece que la diferencia entre 5 mi/hr y 6 mi/hr es inmensa.
La enfermera se asusta porque tus pulsaciones están en cuarenta.
Tus héroes son todos africanos y ya tú te estás pareciendo a ellos.
Cambures, pasta, agua y granola son el 80% de tu dieta.
No corres para adelgazar, sino que adelgazas para correr.
Te levantas más temprano los fines de semana que los día de trabajo.
Los viernes te acuestas más temprano que el resto de la semana.
Sales escondido a correr porque te da pena decirle a la familia que vas por tu segunda carrera del día.
En un día "suave" corres seis millas.
En el lavandero hay un sitio especial para la ropa de correr.
Cuando viajas, los zapatos los cargas en el equipaje de mano.
Eres el único al que no le importa que el ascensor no funcione.
Ya nadie pelea contigo porque sales a correr un 25 de diciembre.
Corres 8 millas, te bañas, te vistes y te desayunas y cuando el resto de la gente se despierta te pregunta: "Qué pasa? hoy no corres?"
No puedes correr en el gimnasio porque la caminadora tiene un limite de 30 minutos (de todas maneras correr en caminadora te parece una mierda.)
Ves maratones por televisión.
Cuando los gels y los energy-bars te empiezan a saber bien.
Mezclas Gatorade con agua porque "la concentración comercial no es la correcta."
Desayunas a las 4 de la mañana.
Te molesta la gente que le llama a cualquier carrera "maratón."
Cuando la familia ya no te reclama que corres mucho o estás muy flaco.
Viajas 100 millas para una competencia de 10km.
Te fijas en los zapatos que usan otros.
Sabes más de rodillas que un médico.
Te puedes tomar 4 litros de agua seguidos.
Tienes un blog para escribir estupideces como éstas.

domingo, 8 de abril de 2007

¿Y A TI QUÉ COÑO TE IMPORTA?


Hace ya meses, trotando a mi ritmo que es de normal tirando a más que lento, pasé junto a lo que en el colegio me enseñaron era un "señor mayor", que estaba concentrado en sus quehaceres en el campo adyacente a lo que era mi camino. Los más de 20 kilómetros que llevaba en las piernas no evitaron el "buenos días" de rigor, que así lo aprendí en casa de pequeñito. El señor mayor acertó a levantar la cabeza, contestar con mayor o menor cortesía a mi saludo y añadir algo así como "tienes que hacer deporte para perder esos kiloooos", mientras yo pasaba de largo. Aguanté la respiración. Valoré la posibilidad de parar, girarme y cotejar con él las opciones que ambos teníamos de sufrir un accidente coronario por lo avanzado de su edad, y su evidente condición de fumador, pero seguí adelante.

El otro día trotaba por el paseo marítimo hacia Fornells. Rodaje de lo más apacible y yo a mis disfrutes, pensando en lo bien que me estaba saliendo el calentamiento. Por la parte de la carretera me adelanta un vecino en coche. Baja la ventanilla y, ni corto ni perezoso me grita: "Pepeeee, pero corre un poquito más, ¿nooooo?". Sonrío y me callo. A éste tengo que volver a verlo seguro.

Ayer tropiezo con un conocido. Puesto al corriente por alguien en su momento me interroga sobre mi nueva condición de maratoniano. Su cara de admiración se desvanece cuando le confieso que la aventura me llevó 5 horas de carrera. "Jolín, debiste llegar el último, ¿no?. Si en ese tiempo se puede hacer andandooo"

Pues sí, corro. Voy despacio pero me lo tomo en serio. Soy maratoniano y disfruto de lo que hago y, sobretodo, del modo como lo hago. Nunca ganaré una carrera. En las carreras no se trata sólo de ganarle a los demás. Corres contra ti mismo, contra la distancia, contra el relieve, contra el frío o el calor, contra todo esto o con todo esto. Tú no puedes entenderlo, pero además, ¿y a ti qué coño te importa? ¿Me meto yo en lo que tú haces?

jueves, 29 de marzo de 2007

DISFRUTANDO



En psicología deportiva se dice que cuando los objetivos marcados no son realísticamente alcanzables el atleta se ve abocado a la frustración, y aparece la amenaza del abandono flotando en el entorno. Al contrario, cuando lo que siempre había sido un sueño deportivo se vuelve realidad su protagonista acostumbra a alcanzar un estado de paz interior con respecto a la práctica de ese deporte que, correctamente canalizado, lleva al sujeto a otro nivel con respecto a esa actividad.

Dice mi señora madre que cuando una cosa se me pone entre ceja y ceja soy capaz de olvidarme del mundo entero para perseguir ese objetivo. Cuando empecé a correr ya sabía que tenía que terminar un maratón. Mis circunstancias personales no han sido sino barreras en ese camino. Una genética poco agradecida, un sobrepeso evidente, una jornada laboral demasiado larga y muchas otras actividades a las que atender dejaban poco espacio a grandes retos, pero empecé a correr, como diría el "Godot" de Samuel Beckett un día igual que otro día, seguí un plan de entrenamiento decente y conseguí no sin sufrimiento terminar mi maratón.

Hoy recojo los frutos de mi particular logro. Estoy viviendo el lado dulce de esto del correr. Sin la presión de las competiciones ni las marcas a corto plazo he vuelto a salir con regularidad, escuchando a mi cuerpo, y DISFRUTANDO de cada zancada, de cada camino, de cada paraje y de cada gota de sudor que mi organismo expulsa de un modo purificador. Llego a casa cansado y feliz, y con ganas de un poquito más. Añado a mi entrenamiento actividades complementarias como son la natación y la bici, a las que les meto la dosis de dureza suficiente como para que resulten divertidas, y me entrenen sin cansarme las piernas para poder correr al día siguiente. Supongo que es aquí donde quería llegar.

Los próximos retos me los planteo desde la tranquilidad. En unos días revisaré calendarios de carreras y trabajo, y sabré si puedo darme una vueltecita peninsular para hacerme con algún dorsal de recuerdo. Si eso no es posible, sin ningún problema seguiré disfrutando sin más de todo esto hasta el mes de junio. Entonces empezaré un plan serio para preparar, como mínimo el medio maratón de Menorca (finales de septiembre). El reto bueno, tengo que terminar de decidirme, es el 21 de octubre, en Palma de Mallorca: el Tui Marathon, una carrera prácticamente alemana en España, con 3000 corredores y una organización por todas partes alabada. Veremos...
Salud a todos, que para como está el patio es lo mejor que se puede desear.

martes, 27 de marzo de 2007

BACK IN THE SADDLE


Como cantaba allá por los años setenta el gran Steven Tyler en homenaje a los viejos cowboys que vuelven por sus fueros, así me siento yo después de mis casi-trece kilómetros de hoy. Podría afirmar que es lo primero serio para lo que me calzo las zapas desde la carrera de Barcelona, y las sensaciones han sido buenas. La verdad es que en su día me avisó Santi Palillo de que el estado de forma del maratón se prolongaría por espacio de algún tiempo, cosa que muchos aprovechan para batir su marca personal en distancias menores como los 10K. A mí, a falta de competiciones que echarme al gaznate, me va a servir para volver a correr sin sentirme un elefante otra vez, o por lo menos eso espero.
La primavera es época de carreras populares. Las hay casi en cualquier lugar y quien quiera puede correr casi cada domingo dorsal al pecho y chip a la zapatilla. Siempre y cuando uno no viva en este paraíso que es Menorca. Aquí si se quiere correr hay sólo dos opciones: la liga de carreras de verano, con muchas competiciones, eso sí, pero de 3 o 4 kilómetros, con pocos corredores y todos picaos. En esas carreras llego siempre el último, y no nos engañemos que eso cansa. La otra opción es esperar al medio maratón internacional de Menorca, una prueba muy bien organizada, con 130 o 140 corredores, y en la que espero quedar un poco mejor que el año pasado, pero que se disputa ¡a final de septiembre! Y mientras, en la maldita blogosfera, toquisqui corre carreritas, hace amigos, bate sus marcas y se lo pasa cañón. En esos momentos uno vuelve a sentirse espectador de lujo. La única alternativa es la gira por la península, pero mi patrocinador dice que los recursos son limitados. Habrá que estudiar el tema con más detenimiento.

LA PRUEBA DE ESFUERZO
Por otro lado, me ronda por la cabeza el hacerme una prueba de esfuerzo. En Menorca sólo hay un médico que la hace, un profesional de plenas garantías (no en vano es el médico del equipo de baloncesto de liga ACB), pero el problema es que no la hace en una cinta de correr sino en una bicicleta estática. Ahí me asaltan las dudas, porque nuestro deporte es tan específico (aquí se trata de correr y basta) que a lo mejor la bici no es lo más adecuado. Pido opiniones porque no conozco el tema en profundidad. ¿Alguien se ha hecho una prueba de esfuerzo sobre una bici, o mejor, con los dos métodos?. Agradezco consejo.
Mucha salud y buenos rodajes a todos.

martes, 16 de enero de 2007

EL CUERPO QUE TENEMOS


Los sobrinos de Abebe Bikila persiguiendo al de las zapas. Publicidad.

Cuando empecé con todo esto en serio, lo hice por varias razones. Me imaginaba a mí mismo tras 7 u 8 meses de duro entrenamiento y me veía atlético, estilizado, sin apenas grasa corporal, pura fibra, vamos. Con el tiempo he aprendido dos cosas. La primera es que las metas inalcanzables generan frustración, y que en todo proceso hay que hacerse propuestas a las que uno pueda llegar. La segunda enseñanza es que debemos aprender a vivir con el cuerpo que tenemos, y aceptar que, hagamos lo que hagamos, es con esas piernas, esos brazos y el resto de carne y huesos que los acompaña. El ejercicio, y en nuestro caso correr y todo lo que lo rodea, contribuye de forma decisiva en la mejora del bienestar físico y mental, endurece el cuerpo y lo perfila, pero no convierte en keniatas o etíopes a mozalbetes que en sus mejores tiempos de zampabollos superaban con orgullo los cien kilos de peso. Por tanto resulta decisivo aceptar cuáles son nuestros genes y cuál fue el camino que nos llevó hasta aquí, para poder entender que nuestro cuerpo es el que tenemos, y con eso nos hemos de apañar. A partir de esta aceptación podemos comprender mejor hasta dónde se le puede pedir al organismo en cada momento, sin renunciar a que el entrenamiento lo mejore de forma lenta y paulatina. Y, de acuerdo con todo esto, podemos fijar nuestros retos, y tener casi completa garantía de éxito y disfrute.
Yo sigo empeñado en correr el maratón de Barcelona. Acumulando kilómetros procuro adaptar la velocidad con que los pateo a mis posibilidades reales. Me gusta recorrer largas distancias si puedo hacerlo a mi ritmo. Quiero disfrutar de esto. Mucha salud a todos. Dejad vuestra opinión si os parece bien hacerlo.

martes, 9 de enero de 2007

Anexo a la última entrada: lo que digo al respecto de la chaladura de los de carreraspopulares.com es con el mayor de los cariños. Para mí que todos estamos un poco mal de la chaveta, pero ¡bendita locura!

¡QUÉ COSAS TIENE EL CORRER!


Dicen que algo se convierte en un hábito cuando se echa en falta a la mínima oportunidad. Es lo que me pasa a mí con esto del correr. No tengo aún la autoridad que confiere la experiencia para afirmar nada con excesiva rotundidad, pero aunque he empezado a sentir las incomodidades del ir más lejos en forma de ampollas, rozaduras y molestias musculares derivadas del cansancio, si un día toca salir y no salgo, poco menos que me subo por las paredes. Parte de la responsabilidad se la achaco al plan de entrenamiento, que no perdona y me obliga a hacer lo de hoy para poder afrontar lo de mañana, y así sucesivamente hasta el día 4 de marzo, en el que la anotación reza "MARATÓN, ¡DISFRUTA!". Pero no es sólo el entrenamiento. Cada día me encuentro mejor. Normalmente puedo correr mucho tiempo seguido si el ritmo es suficientemente lento, pero ahora me sorprendo con la cantidad de rato que aguanto yendo más deprisa (cuidado, aún bastante por encima de los 5'/km), cosa totalmente nueva para mí, mediomaratoniano de dos-horas-y-pico que pretende ser maratoniano de cuatro-horas-treinta-y-pico. Mañana tengo un test de 10k. El objetivo es bajar de la hora, cosa que no tengo conciencia de haber hecho nunca. Incluso estos pequeños retos me hacen una ilusión tremenda.
En otro orden de cosas, investigando el otro día averigüé que existen clubes virtuales para esto del correr, y decidí inscribirme en el de carreraspopularespuntocom comprando la equipación talla xxl en la que tengo esperanzas de caber (como ya dije, mi morfología no es precisamente la de un corredor del equipo de Kenia de maratón, a lo mejor dos keniatas uno encima del otro se acercarían más a la realidad). No sé muy bien qué ventajas tendré siendo miembro de ese club, pero vi unas cuantas fotos de quedadas y me pareció que el buen rollete era la tónica general, y, ¡qué carajo!, uno se siente mejor perteneciendo a un colectivo de chalados como ese que yendo por las carreras sin conocer a nadie.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

BOB HAYES Y MIS ENTRENAMIENTOS


El caballero de la derecha es Bob Hayes. No confundir con el laureado velocista americano. Este Bob decidió a los 60 años que nunca es tarde para comenzar a correr. Ahora a los 80 es uno de los ultramaratonianos más longevos del planeta, preparándose para su próxima carrera de 50 millas, que al cambio son unos 80 kilómetros, metro arriba, metro abajo. El principal problema que se plantea en los largos entrenamientos es lo que se preocupa su mujer si tarda en llegar a casa, además de lamentarse porque ha perdido un poco de velocidad los últimos años. Acojonante (con perdón). Luego nosotros buscamos excusas para no salir a correr, y un medio maratón nos parece el parto de la burra.
Hoy ya he nadado 1000 metrillos sin parar. Y eso no es todo, que la jornada también ha dado para rodar 7 kilómetros con cambios de ritmo, que con los 8 de ayer y los 5 o 6 suaves de mañana me llevarán sin mucho sufrimiento a la tirada larga de 24 que, por necesidades del guión, esta semana caerá en viernes. Hay que ver lo bien que me salen los rodajes suaves (y si son cortos, de película). Con las series sufro más. Esta semana no he podido hacer el trabajo de calidad porque no me ha venido bien ir a la pista (uno tiene también una vida de civil), por lo que he decidido meter la intensidad en el rodaje de hoy. Como tocaban 12x400 en 2', pues le he metido lo que para mí era la tralla (el ritmo de 5'/km) durante esos dos minutejos, recuperando pulsómetro en mano al trote cochinero. 12 cambios de 2' más el calentamiento y el enfriamiento han sido la sesión de calidad sin tartán. Menos es nada. La natación de momento perfecta: corriendo ni me entero de que he nadado. Altamente recomendable. Si queréis comentar algo no os cortéis, que para eso estamos. Saluditos a todos y ánimos a Cicli que ahora mismo debe estar pedalea que te pedalearás por los confines del antiguo imperio otomano, camino de oriente.

lunes, 11 de diciembre de 2006

ENTRENAMIENTO ALTERNATIVO


No sólo de correr vive el runner. Tras coquetear mucho tiempo con la piscina, he decidido añadir a mi entrenamiento 3 sesiones de natación a la semana. La idea es seguir con el trabajo de construcción de mi resistencia aeróbica no sólo sin fatigar los músculos propios de esto del correr, sino en una actividad sin impacto alguno, a prueba de lesiones y sobrecargas. Es cierto que el trabajo quizás no es tan exigente como otras actividades, ya que el peso del chapoteante individuo lo sujeta el agua en lugar de su estructura músculo-esquelética, pero me da la sensación que nadando voy a mejorar la parte superior de mi cuerpo, mi corazón y mis pulmones, estando siempre bien para salir a correr cuando me toque. 800 miserables metros hoy, pero tengo el firme convencimiento que terminaré por meterle al menos 1500 a cada una de las tres sesiones semanales. Entre la natación, los rodajes y abdominales, a lo mejor podré vivir otra treintena larga de años sin hacer las aburridas pesas que recomiendan los planes de entrenamiento para gacelas que corren por ahí.
Debo decir también, que el día empezó en seco, con una salida de 8km resuelta en una horita escasa. Mi recorrido pasó hoy por un caminito que cruza los acantilados desde la Torre de Fornells hasta la playa de Cala Tirant. Son unos 4km plagados de subidas y bajadas por las rocas, una manera diferente de correr, más lenta (ideal, por tanto para un tortuga como yo) pero mucho más divertida: saltando como una cabra de saliente en saliente, tomando decisiones rápidas, con mucha concentración, se me olvídó incluso lo cansado que era el constante sube y baja. Supongo que debo alguna foto del lugar. Todo se andará. Muchos saludos a todos.
PD. Muerto de envidia por haberlos visto en varios blogs, he conseguido (sólo Dios sabe cómo) instalar un contador de visitas muy chulo. Para un ciberinútil como yo es todo un éxito, aunque no sé si tenerlo es bueno o malo (ojos que no ven...)

sábado, 9 de diciembre de 2006

SEGUIMOS CORRIENDO


Esta mañana me he levantado con ganas de marcha. Supongo que influyó en ello el hecho de que ayer todo lo que hice fue ir al cine, y mis piernas han despertado frescas y recuperadas del entrenamiento del jueves. Además, los días de carrera larga como hoy me gustan especialmente porque tras cumplir con todo el ritual lo único que tengo que hacer es elegir un recorrido lo más llano posible y ponerme a trotar lento y cómodo, disfrutando del momento. Además en esta época la isla está preciosa. Todavía las temperaturas son suaves y cuando no hay viento basta con un pantalón corto (las mallas debajo para evitar rozaduras) y una camiseta para rodar sin problemas el tiempo que haga falta.
Hoy he corrido 20 kilómetros con magníficas sensaciones. Bueno, vale, los dos últimos me han costado un poco más, pero suele ocurrir. Ni siquiera he necesitado el gel de carbohidratos con el que cargo en todas mis salidas largas. El agua de la riñonera ha bastado como avituallamiento de la jornada. Tiempo total, 2h. 20 min.
Estos días son los que más disfruto en mi entrenamiento de maratón. Termino cansado, muy cansado, pero feliz.
A partir de ahora el plan de entrenamiento empieza a marcar kilometrajes que son una incógnita para mi. La semana que viene rodaré 24km, y los 21 de una media es todo lo lejos que he ido en mi vida. Simplemente entrenar sobre esas distancias es ya un reto para mi. Supongo que el día después de esos entrenamientos me dolerán hasta las pestañas, pero seguro que valdrá la pena.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

APRENDER A PROGRESAR


Mi "running streak" ha terminado. Fue un período breve pero educativo. Ayer desperté con muchas molestias en los gemelos y decidí descansar. A modo de experimento estuvo bien, once días corriendo sin descanso, y puede que algún día vuelva a probar, pero en otras condiciones.
Seguramente influye en mis molestias el hecho probado de que no poseo el cuerpo de un corredor del equipo de Kenia de maratón (a lo mejor 2 keniatas, uno encima del otro, se acercarían más a la realidad). En cualquier caso el descanso obró milagros en mis maltrechos gemelos, y hoy he corrido con total normalidad. Pienso seguir los sabios consejos de quienes recomiendan al menos 2 días de descanso (no consecutivos) a la semana, y tomarme mi progreso de un modo más paciente. Hasta San Silvestre (aunque la carrera local sea de 3800 mts.) no competiré, y ahora debo seguir mi entrenamiento alternando días duros (carreras largas y series) con días suaves y suficiente descanso.