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domingo, 27 de octubre de 2013

DE MEDIA A 10

El año pasado terminé el Campeonato de Baleares de maratón la mar de feliz. Siete días después corrí la media de Menorca y me salió marca personal, la que todavía lo es ahora (1h52). Este año repetí el intento. Lo de Palma está explicado más abajo. Lo de esta mañana se explica rápido.

Salimos todos juntos, media, 10k y 4.5k. Salgo bien, 5'25"-5'30" y voy así sin sobresaltos hasta el km 3. Me he pasado la semana con el hielo a cuestas y tomando hasta el miércoles ibuprofeno. El tendón ya no está hinchado, y no duele andando antes de la salida. Corriendo tampoco...hasta el km 3. Ahí se despierta y empieza a molestar. Como lo conozco bien, puedo explicar que es un dolor de menos a más, correspondiendo su intensidad al lento pero imparable proceso de inflamación. Cuando da el primer pinchazo dice que está ahí para quedarse. Aflojo un poquito pero sigo corriendo. En ese momento ya sé que lo de completar los 21 es sencillamente poco sensato. El riesgo es volver a caminar ¿3?, ¿4?, ¿5 kilómetros? Ni hablar.

En el 8 otro pinchazo fuerte y corroboro sin dudar que me quedan 2 kilómetros. Los paso como puedo y cojo el desvío del 10000 desobedeciendo al juez que ve que mi dorsal es de la media. Cruzo meta en 56' y listo. No había más.

Ahora hielo (paso de pastillas), estiramientos, trabajo excéntrico, natación y ciclismo. En una semanitas vuelvo pero preparando San Silvestre de Barcelona, 10km. Hasta entonces.

Salud y kilómetros.

miércoles, 23 de octubre de 2013

12 MARATONES (TUI Marathon Palma 2013)


Aunque bien poco para celebrar. No, puede que no fuese un fracaso por lo imponderable de las cosas que me sucedieron, pero tampoco fue un éxito. Aún así, "no podemos decidir la dirección del viento pero sí mover las velas".

Me pegué de salida al globo sub 4h30. Con mi MP en 4h31 y un verano sin espartana dedicación al maratón era una buena medida. Sobre 6'20"-6'25" debían salir los parciales de cada kilómetro. Pero mis amigos del globo tenían otros planes, y algunos kilómetros nos salían incluso por debajo de 6'. Mal, muy mal y luego termino de peinar a esta tropa.

En el km 17 pierdo el globo. No parecen muy interesados en avituallarse y desaparecen por el horizonte. En ese momento la media que me marca el GPS es de 6'07"/km. Vaya liebres. Yo sigo. Voy bebiendo todo lo que puedo en los avituallamientos porque hace mucho calor y la humedad es elevada. En el 5 iba ya todo empapado, por lo que procuro reponer líquidos con seriedad. También como algo: en varios rodajes había probado los "geles" de fruta de Mercadona, que son básicamente fruta triturada. Saben genial y me sientan bien. Azúcares y un aceptable porcentaje de sales, y baratos. Total, los tomo en el 10 y en el 23. En el 34 (de infausto recuerdo) me aprieto dos geles de otra marca, más técnicos ya (de peor sabor y resultados dudosamente mejores). A pesar de todo paso el medio maratón en 2h10, más rápido de lo que esperaba. Seguir a unas liebres que no saben hacer de liebres tiene estas cosas. Además, poco después, el alemán que llevaba el globo aparece delante mío otra vez. El globo ya no está, su camiseta con la leyenda "4h30" está girada del revés y él camina. Me dan ganas de darle una colleja, pero me retengo y le paso. Ya me molesta bastante el tendón de aquiles de la pierna izquierda.

Convivo con esta lesión desde 2008. Nos llevamos bastante bien dentro de todo. Si cuido un poco la mecánica, no me paso con el asfalto y voy poniendo hielo de vez en cuando. El triatlón, con las sesiones de agua y bici ayuda lo suyo. En 2011 el tema se descontroló. En el maratón de Barcelona el tendón se inflamó más de la cuenta ya desde los primeros kilómetros. En el 10 cojeaba y bajé el ritmo. En el 13 hice algo que no había hecho nunca: me retiré. Cojo, y con casi 30 km por delante hice lo que debía.

En Palma vuelve la molestia primero y el dolor después. En el km 34 me pega un pinchazo por el que incluso grito alarmando a la vecindad. Camino un poco, tomo gel y bebo. Vuelvo a probar y el tendón vuelve a pinchar. Debo decidir: retirada o peregrinaje de 8 km como-se-pueda hasta la meta. Van más o menos 3h30 y poco de carrera y decido caminar. Pruebo el trote en alguna ocasión pero duele demasiado, y hasta que no me quedan 400 metros (la foto debía ser más o menos ahí) no arranco otra vez, posiblemente a 8'/km con apoyos muy suaves, solo por no entrar andando. Para los amantes de los números, todo termina 4h54 después de haber comenzado. Mis ánimos por los suelos y unas palabras retumbando en mi cabeza: "Así no vale la pena".

Es mi duodécimo finisher, en trece intentos, claro, puesto que no cuento Barcelona 2011 como es lógico. Sí entran en el cómputo (esa licencia me permito) las dos veces que corrí 42195 metros con dorsal, en circuito homologado, después de "calentar" haciendo 3800m de natación y 180km en bici (Ironman de Frankfurt 2010 y de Lanzarote 2012). Si alguien no quiere contar esos maratones, entonces son 10, a gusto el consumidor.

Ahora estoy con el hielo, ya he dejado el ibuprofeno. La inflamación ha remitido bastante. Caminando ya no duele, y aún no  he corrido. Nadé el lunes sin usar las piernas, salí 1h15 el martes en la bici solo con el plato pequeño y he descansado hoy miércoles. El domingo estoy inscrito en el medio maratón de Menorca, como cada año. Si soy capaz de trotar saldré, aunque solo sea a completar la carrera de 10km que se organiza a la vez y sobre el mismo circuito. Si molesta vacaciones.

Salud y kilómetros.

domingo, 24 de abril de 2011

CORRER DESCALZO

No tengo problemas de irrigación sanguínea cerebral ni me he vuelto majareta. Esto es muy serio. Acabo de terminar con el "Born to run" de Chris McDougall, una delicia que habla sobre esa tribu perdida que son los Tarahumaras y su extrema habilidad para correr enormes distancias descalzos (o más modernamente provistos de sus sandalias "huaraches", una suela de neumático y cuatro cordeles). Al hilo de todo esto, y aprovechando un consejo tomado al vuelo de un sensato amiguete de Ávila (gracias, Carlos), buceo por la red tratando de dar con alguna pista sobre mi lesión que vaya algo más allá del reposo e ibuprofenos. Y llego hasta aquí.

Hagan la prueba, yo la he hecho. Súbanse a una cinta de correr pertrechados con ese calzado de altísima tecnología que todos los frikis de esto tenemos. Empiecen a correr sin pensar demasiado. Ahora fíjense. Están ustedes aterrizando con el talón, aprovechando el "air", el "gel", el "wave", o cualquier otro material espacial inyectado en la suela de sus zapatillas para salvaguardar su integridad física cada vez que tienen la mala idea de ponerse a correr. Como cuentan en el vídeo (sorry, está en inglés pero es lo que hay), en cada apoyo se produce un frenazo brusco de kilos y kilos de fuerza (si son rápidos peor para ustedes). Cuenten el número de frenazos por minuto y multiplíquenlo por el tiempo en que entrenan y compiten. En fin, estamos sanos de milagro.

Ahora quítense las zapatillas y arranquen. Sí, descalzos, sin miedo. Empiecen a correr con suavidad. Pronto verán que su biomecánica ha cambiado. Sin toda esa amortiguación ya no aterrizan con el talón. Se protegen posando el antepié (un par de centímetros antes de llegar a la base de los dedos) y reduciendo el impacto con un suave balanceo hacia el talón. Todo ello muy sencillo, muy natural. Fantástico.

Ayer salí a caminar puesto que sobre el papel no puedo correr. Se me ocurrió probar, no descalzo, pero sí con ese nuevo patrón biomecánico. 2 horas después dejé de trotar con una expresión en mi cara parecida a la de cualquier científico de éxito tras su personal "eureka". No diré que no noté nada en el tendón, pero tardé 45 minutos en saber que éste existía y lo que sentí no merece llamarse siquiera molestia. No diré que fui cómodo. Corrí muy despacito, con zancadas muy cortas y fatigándome por partes de mi cuerpo que posiblemente no habían trabajado nunca. Y con agujetas al día siguiente, claro. Pero creo que he descubierto algo.

En franco contrapeso para dotar de algo más de ciencia mi razonamiento debo admitir que por un lado se alzan también en la red voces autorizadas en contra de esta tendencia del correr minimalista. Se habla del riesgo de cambiar las zapatillas por la piel desnuda de nuestros pies así, sin más, y de lo duro que puede ser para nuestro organismo un cambio tan brusco y repentino. Se habla de fracturas por estrés del metatarso. En fin.
Supongo que no se trata de eso. No va de tirar a la basura las zapas y empezar a emular al gran Abebe Bikila sin más, pero no me negarán que parte de razón lleva la teoría del atontamiento de pies y piernas con tanta amortiguación. Yo lo veo como una oportunidad de fortalecer la estructura músculo-esquelética propia de esto del correr, y como una ocasión de revisar los principios biomecánicos en que se asienta esta actividad que tanto nos gusta.

No voy a empezar hoy a correr descalzo. Estoy en capilla de esos 101 que haré en su mayoría caminando puesto que otra cosa sería un suicidio deportivo. Pero estoy seguro de que tanta zapatilla cibernética nos atonta pies y piernas, y en cuanto retome la actividad tras recuperarme de Ronda usaré eso del "barefoot running" para fortalecer el aparato locomotor y como medio de prevención de lesiones, aunque siga utilizando mis zapas de toda la vida con mucha frecuencia. Y luego, si todavía esto le interesa a alguien, ya lo contaré en este rinconcito...

...y me compro unas de estas

Salud y kilómetros a todos.

jueves, 21 de abril de 2011

Trail Serra de Tramuntana


Tras los malos augurios que mi maltrecho físico apuntaba, esto es la crónica de un éxito (en realidad dos) a pesar de los pesares.

Llevo meses lesionado. En otras condiciones hubiese parado, me hubiese curado descansando y listo. Lo que pasa es que la lesión llegó en el peor momento posible, en plena vorágine de objetivos de la temporada, y trampeando estoy aún aquí.

En Barcelona (maratón) abandoné. Duré 13 km. Terminé cojo y me despedí prácticamente de todo lo que seguía. Recuperé algo en 10 días, y me pasé a la bici, donde el tendón de aquiles sufría mucho menos y podía entrenar sin apenas molestias. De ahí pasé a pensar que si podía ir en bici y podía andar aceptablemente lo mismo llegaba a las competiciones ya comprometidas (Trail Serra de Tramuntana y 101 de Ronda). Como la montaña se podía hacer andando e incluso con la ayuda de los bastones había alguna opción más.

Pero antes acudí a Pollença con el club. Era el Campeonato de Baleares de Medio Maratón, y había que tomar la salida por imperativo legal. La estrategia estaba clara: salgo, me retiro, certificado médico y salvo los muebles. No iba a meterle al tendón 21 km de asfalto llevando 4 semanas de bici y poco más en las piernas. Salí con los más veteranos del club, despacito, despacito,... y terminamos llegando. El tendón protestó pero la molestia era soportable. Supongo que aprendí a convivir con ella y el dolor no fue esta vez suficiente como para no correr. Hice mi peor marca de siempre terminando más feliz que nunca. Y 6 días después, la montaña.


De esta guisa nos presentamos Raúl, Antonio y yo en la salida del TST. Sobre el papel, 62 km atravesando la Serra de Tramuntana de Mallorca, con casi 2500 metros de desnivel positivo (de subida) y un circuito durísimo por pedregoso pero de insuperable belleza natural.

El objetivo era terminar, tirando de cabeza y de bastones, esperando que saliera el dolor de Pollença y no el de Barcelona. Lógicamente sólo andando.

De Valldemossa a Deià ya tropecé con José Miguel, un amiguete al que había conocido en otra carrera mallorquina tiempo atrás. Él iba acompañado. Hicimos juntos un buen tramo pero antes de Deià le perdí la pista.
La salida de Valldemossa ya la conocía: casi una hora cuesta arriba hasta el Camí de s'Arxiduc. De ahí la bajada a Deià, donde entrenado me había caído y partido un bastón. Sin incidentes. De hecho incluso corrí un buen tramo de la parte final de la bajada hasta el avituallamiento. Saliendo de éste traté de volver a correr pero el tendón me dio un pinchazo. Paré y tomé un ibuprofeno aprovechando el estómago lleno. Seguí sin mucha novedad, esta vez andando hasta Sóller, en lo que era la parte suave de la carrera. Tras el avituallamiento de Sóller, donde repinté de vaselina ambos pies, ya algo perjudicados, empecé la durísima subida del barranco de Biniaraix, donde di alcance nuevamente a José Miguel. Su colega andaba fuerte ya algo más adelante, y decidimos seguir juntos (pero sin contrato) lo que durase la aventura, que fue hasta la línea de meta.

Charlando animosamente alcanzamos la zona de los lagos de Cúber, donde nos avituallamos nuevamente y salimos tan llenos de ánimo que nos perdimos. Hubo que volver sobre nuestros pasos, de nuevo al avituallamiento, para encontrar las marcas del recorrido y tomar el camino bueno. A buen ritmo llegamos hasta el pie del Coll de la Massanella y empezamos la subida. Personalmente se me hizo dura, muy dura. Llevaba muchos kilómetros con la molestia del tendón y la fatiga se iba ya acumulando de modo importante. Suerte que llevaba los bastones conmigo. Pienso que sin ellos, ahí hubiese terminado la aventura. Coronamos la Massanella y paramos para hacer alguna foto de recuerdo. La mía encabeza esta entrada. La de José Miguel es esta:


No se dejen engañar por la sonrisa de pose. También él iba tocado pero tuvo dos narices de seguir con buen humor hasta la meta.

La bajada de la Massanella nos llevó hasta Lluc. Dicen que quien llega a Lluc termina la prueba, porque de ahí al final hay un tramo de algo menos de 18 kilómetros que es un regalo comparado con lo que acabábamos de pasar. Lo que ocurre es que ya es mucho lo acumulado en las piernas, y a nuestro lado hubo gente que lo dejó en el control de Lluc. Nosotros no, nos avituallamos y salimos para Pollença, buscando la meta y pensando que el dolor es temporal pero la gloria es para siempre.

Bajando a Pollença se nos hizo de noche. Colocamos los frontales en posición operativa y seguimos un descenso que se me antojó largo, muy largo, gracias al tute que llevaba encima principalmente. En ese brete recogimos varios cadáveres. La gente, sobretodo los del Ultratrail (105km) llegaba muy mal al tramo final de carrera. El que no arrastraba una rodilla arrastraba un tobillo, el que no la espalda o un gemelo. Llegué a la conclusión de que en este tipo de carreras no se trata de saber si habrá dolores. Se trata de ver cuánto dolor está uno dispuesto a soportar. Mi tendón llevaba casi 50 kilómetros dando la lata y en los últimos 5 dolió algo más de la cuenta. No corrí nada ya. Tan sólo caminé. Y llegamos en un grupo de 4 al pueblo de Pollença, que debíamos cruzar. Ahí perdimos las marcas del circuito. Tuvimos que volver sobre nuestros pasos pero ni aún así dábamos con referencia alguna del camino. Entonces alguien dijo que la meta estaba en el refugio de puente romano, y decidimos seguir algunas señales que apuntaban a tal lugar, hasta que se me ocurrió usar el teléfono. Raúl y Antonio estaban esperándome en la línea de meta: llamé a Raúl, diciéndole que ahora íbamos para el refugio... "¿Qué refugio? La meta está en el Polideportivo municipal" ¡¡¡Pardillos!!! Volvemos sobre nuestros pasos, hartos ya de callejear a esas horas por el pueblo y conseguimos que unos lugareños nos orienten en nuestra salida hacia las instalaciones deportivas municipales. Al ponernos sobre la pista del lugar reaparecen las marcas del circuito y con el mayor decoro posible alcanzamos felices la línea de meta. Al final fueron casi 66 km (de GPS) con pérdidas y todo. Muy duro.

Nunca había estado tan mal al día siguiente, ni después del Ironman. Esto del monte es muy duro. Sin embargo el tendón, tras recibir sus merecidos mimos, respondió bien. Tras Barcelona cojeé 4 días. Tras el Trail podía andar bien por lo que respecta al tendón. Por lo que respecta a lo demás tardé 3 días en caminar como una persona normal, y todavía me acojono cuando veo unas escaleras.

En menos de 3 semanas voy a Ronda. Luego 1 mes sin correr, pero eso ya llegará.

Salud y kilómetros...

domingo, 13 de marzo de 2011

NO PUEDO CORRER

Después del abandono en Barcelona pasé la semana lamiéndome las heridas en el dique seco. Esta tendinitis con la que convivo tiene diferentes manifestaciones según trate al tendón en cada momento. En Barcelona me molestaba antes de empezar, me dolía mientras comenzaba a sumar kilómetros y me obligó a parar un dolor bastante más agudo de lo razonablemente soportable. A los 3 días ya no notaba la molestia al caminar. Seguí con el tratamiento hasta el sábado en que salí a caminar por el campo con cuidado y buenas sensaciones. Hoy le di una vuelta más a la tuerca y repetí circuito pero tratando de correr. Duré 20 minutos porque la molestia reapareció en una cuesta arriba. Terminé caminando hasta casa para ducharme y poner más hielo. De momento es lo que hay.

Cierto es que tanto el Trail Serra de Tramuntana como los 101 de Ronda se pueden terminar andando rápido (y parando poquito), pero ese no era el plan ni para eso he entrenado todo este tiempo.

CAMISETAS SOLIDARIAS

En otro orden de cosas, la semana pasada recibí las camisetas solidarias. Me las han quitado de las manos. La verdad es que resulta muy complicado sacar la bolsa entre un grupo de compañeros corredores y no atender a los que te dicen primero "a ver, a ver...", luego "pues no sabía nada pero es una buena idea" y terminar con lo de "dame dos, una para mí y otra para mi mujer". En fin, que me quedan sólo un par de las más pequeñas. Tengo que ponerme en contacto con los amigos de Mallorca a ver si hacemos una segunda remesa o si a alguien le sobran camisetas de la primera porque tengo algunos compromisos desatendidos, entre ellos más de uno concretado a través del blog. En cuanto sepa algo lo cuento.

Salud y kilómetros

lunes, 7 de marzo de 2011

MARATÓ DE BARCELONA 2011: DNF

DNF: Acrónimo que se utiliza al otro lado del charco: Did Not Finish, o mandó la carrera a tomar viento antes de tiempo.

Un Ironman, 6 maratones, más de 20 medias e incontables carreras más cortas después me he retirado por primera vez. Ahí van los motivos con la brevedad que marcan las pocas ganas que tengo de hablar de ello:

Desde 2008 tengo una relación especial con mi tendón de Aquiles izquierdo. Yo lo mimo y él me deja correr. De hecho uso unas taloneras de silicona que me elevan el talón y permiten al tendón trabajar algo acortado y sufrir bastante menos. El problema está en las cuestas: al subir, los apoyos provocan que el tendón trabaje muy estirado y sufra algo más, y como quería hacer carreras de montaña he estado entrenando en cuestas. Y el tendón lo ha notado. Además, para ser completamente sincero, seguramente no ayuda el hecho de que las camisetas que me regalan en cada carrera me queden algo justas siempre.

Llevaba un par de semanas con una ligera molestia, que iba y venía en función de la cantidad de trabajo que le pedía al tendón. De todos modos ese tendón tiene varios maratones en su currículum, razón por la cual pensé que al calentar las molestias desaparecerían. Me equivocaba.

Ya en el km 3 el dolor era notorio. Salí al ritmo que pensé podía mantener hasta el final, con la idea de correr sin agobios, terminar feliz y poder entrenar la semana siguiente. Pronto reduje ese ritmo a la mínima expresión tratando de que los apoyos fueran tan suaves como fuera posible y no castigaran de más el tendón, pero el dolor era mayor cada kilómetro que pasaba. Caminé algo en el avituallamiento del 10 para tomar el primer gel de los 3 previstos y darle tregua al pie, y me costó volver a arrancar. A partir de ahí el dolor se hizo más difícil de soportar y a la vista del km 13 decidí caminar hasta esa marca. Ya no pude volver a correr. Lo intenté pero estaba completamente cojo. Me senté en la acera, me quité la zapatilla y el calcetín y palpé el punto de dolor. No hizo falta analizar la situación, pensar en los 30 km que faltaban, en el Trail Serra de Tramuntana ni en los 101 de Ronda. No lo dejé por ningún motivo distinto del hecho de que no podía seguir corriendo. Jodido y cojo di media vuelta y me fui para la zona de meta.

domingo, 2 de enero de 2011

JINGLE BELLS O ALGO ASÍ...

Ya estoy de vuelta. Esta mañana me di de bruces con la realidad. Aterricé en casa tras ese período gastronavideño de descontrol consciente. Si algo saqué en claro de todo ello es que se puede pasar de cojo a finisher en pocos días, siempre que se tenga el cerebro tan seco y el gaznate tan hidratado como el que esto firma: llegué a Barcelona con poquitos días de apoyar el pie y el 31 despedí el año en plan torero, intentando bajar de 60 minutos en esos 10K sansilvestreros. Lo teníamos a falta de kilómetro y medio, pero a mi hermana le dio el bajón samaritano y terminamos esperando a los demás del autobús para entrar con orgullo colectivo en hora-tres y sonriendo. La espinita se la arrancaremos a la pequeña de la familia el 23, en la Cursa de Sant Antoni donde, anuncio, romperemos la barrera del sonido y volaremos a menos de 6 esos 10 kilómetros de barrio.

Si bien es cierto que he vuelto a correr, no lo es menos que he vuelto a comer. De hecho me he limitado a comerme todo lo que me han puesto delante. Literal. Ningún esfuerzo por salir a hombros de cada ágape, poco dulce, pero dando buena cuenta de cada ración navideña que me correspondía tras la justa división de vituallas entre todos los comensales.

Por tanto, mañana me peso, pero me da que la columna de la izquierda, esa que proclama un descenso en el tonelaje propio de algo más de 4 kilos va a ser revisada como el salario de los funcionarios, a la baja. Eso sí, no desfallezco. Esto no ha hecho más que empezar.

He dicho.

Mientras divago sobre ello, feliz 2011 a toda la tribu y salud, mucha salud para todos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

ARRIBA Y ABAJO

Ni ganas me quedan de subir foto alguna. Cuento:

El domingo estaba ARRIBA: pude completar el medio maratón de Calvià. Una carrera dura por las constantes cuestas del circuito, bonita por pasar en diferentes ocasiones junto al mar y algo desangelada por la escasa animación del recorrido, exceptuando ese final fantástico en las modélicas instalaciones de la pista de atletismo de Calvià.
La carrera me fue de menos a más (literalmente pulvericé en la segunda mitad el tiempo de la primera) pero es que empecé con la calma. No tenía muy claro lo que me iba a encontrar porque no había entrenado nada específico, más allá de largas y suaves tiradas de trail que me iban a ayudar muscularmente pero seguro que no harían nada por mejorar mis ritmos de carrera. Tal como predije, corrí lento porque no podía correr más rápido, pero me hinché a adelantar corredores los últimos 6 o 7 km, sobretodo los que caminaban cuesta arriba.
En los primeros 6 km tuve compañía. José Manuel López, ese fenómeno capaz de cruzar Baleares non stop, zamparse ironmans como quien corre un 5k o hacer el payaso con todos los honores en proyectos solidarios para el tercer mundo. Se presentó en bici y me abordó por la retaguardia (sin connotaciones sexuales) al grito de "¡Veo un pingüinooo!". Gracias amigo.
Terminé muy contento, haciendo "comentarios a 6" con Sixto, futuro repapá y admirado bloguero. Sigo pensando que se puede correr medio maratón den 2:17 y ser feliz con ello en meta. Es lo que hay.

El lunes estaba ABAJO: pasando por una calle en obras me puse a mi hija Carlota al cuello, para que no tropezase con todos esos obstáculos... con los que terminé de tropezar yo. Me torcí el tobillo y, para que no cayera la niña al suelo pisé con ganas. El resultado me llevó 4 horas en urgencias, un bonito esguince tamaño familiar y colgado de las muletas (al menos) hasta el próximo lunes, día en que mi médico de cabecera me quiere ver. De correr nada, claro. Porque no hay carreras de cojos, que si no...

viernes, 20 de febrero de 2009

YO DUDO, TÚ DUDAS...

El gemelo ya no me duele. Llevamos de buenas un par o tres de días. Y antes tampoco dolía, tan sólo se manifestaba para meterme miedo. Yo le he respetado los plazos, a costa de quedarme sin uñas y de subirme por las paredes día sí y día también. Si mi Santa no me ha puesto de patitas en la calle estos días ya no lo va a hacer nunca.

De todos modos, prometí no precipitar acontecimiento alguno, y hasta el domingo no vamos a ver qué tal nos llevamos el gastrocnemio (nombre finolis del gemelo, lo que aprende uno lesionano, oye) y un servidor. Hasta entonces pienso atender a mis íntimos en su propuesta de salir con la bici de montaña mañana, echar unas risas a ritmo de maruja paseante (si vienen todos los que han de venir, que si no lo mismo acabo echando el bofe), y cuidar la mecánica para el día siguiente.

Luego están las dudas. A pesar de que hasta el día en que me rompí estaba haciendo las cosas más o menos bien desde el punto de vista de mi preparación, llevo un mes prácticamente parado. Es verdad que le he dado a la bici estática en el gimnasio, y he corrido en el agua, pero sin demasiada fe en ambas actividades, y con irregular cumplimiento de las mismas. Si el domingo veo que puedo correr (objetivo número 1) entonces debo determinar si puedo hacerlo durante 5 horas (que siendo optimistas sería el tiempo que me llevaría completar el maratón). Y eso, a estas alturas, no hay modo de saberlo sin terminar de jorobarla, porque a una semanita del día "D", experimentos los justos. Total, que no creo que tenga más elementos de juicio que lo fresquito que termine el trotecito del domingo. Eso, nadando en un mar de dudas...

viernes, 6 de febrero de 2009

TORMENTA

Recapitulemos: no sé si soy corredor o no, pero de vez en cuando salgo por ahí a sudar un poquito moviendo mi voluminosa anatomía camino arriba y camino abajo. A veces incluso me inscribo en alguna carrera. Estoy inscrito en el maratón de Barcelona de el próximo 1 de marzo. Estoy lesionado.

Lo que según el fisio era una microrrotura sigue siendo una microrrotura o algo terriblemente parecido. Hoy salí a rodar un ratillo. Del minuto 1 al 10 troté como los ángeles, por la hierba y sin molestia alguna. Eran prácticamente 10 días de reposo, tratamiento y recuperación funcional más con la bici que con la elíptica. Eso, 10 minutos fantásticos y en el 11 un pinchazo. Paro de golpe y me voy para la ducha. Vuelvo a cojear. El rodaje ha terminado.

En términos eminentemente prácticos el tema, antes de esta mañana estaba en dos situaciones de las que debía elegir una: prepararme o cuidar la lesión. Intenté tomar el camino del medio, y esperé a no sentir molestia alguna y haber trabajado en esas condiciones un par de días más en el gimnasio para salir a rodar suaaaave, con las taloneras de silicona puestas, por la hierba, y aún así el gemelo pinchó.

Ahora sólo tengo una opción: recuperar el músculo, aunque no estoy muy seguro de para qué. Bien, supongo que si descanso 15 días podría resolver el tema. Entonces me quedarán 7 para el maratón, por cuya línea de salida debería aparecer después de estar 25 días sin correr (ya sabemos que la semana antes no es momento para grandes kilometradas ni duras series). Eso sí, estaría sano. Hasta aquí las suposiciones, ahora mi planteamiento.

Lo más importante, prácticamente lo único relevante (deportivamente hablando) es poder correr, ni lejos ni rápido, sólo correr. Para eso es necesario estar sano. Por tanto no arriesgaré el músculo y sí arriesgaré mis opciones de terminar la carrera. Es decir, recupero tratando de no perder demasiada resistencia aeróbica a través de la bicicleta y la natación (donde el gemelo no da señales de vida) y esperando que algo quede de estos 4 meses de entrenamiento después del parón, me presento en la línea de salida del maratón el 1 de marzo y corro tranquilito hasta que no pueda más. Entonces saco 20 euritos del bolsillo y me meto en un taxi hacia la zona de meta. Si la mecánica aguanta yel cuerpo me lleva corriendo hasta el final me ahorro el taxi, cruzo ese arco sin mirar al reloj, con la mejor de mis sonrisas y me apunto el cuarto maratón. Veremos.

Salud, mucha salud, y buenos rodajes a todos.

lunes, 2 de febrero de 2009

EL PUTO GEMELO

Acabé el cross con una sensación agridulce. Fue divertido pero sigo considerándome un poco intruso en este mundillo. Corrí todo lo que pude y quedé claramente descolgado. De hecho entré a 8 minutos del penúltimo de mi categoría, en sólo 7 kilómetros. La convivencia estuvo bien, pero la carrera pudo dejar secuelas.

Digo esto porque hasta el miércoles no pude correr en condiciones, pero ese día me encontré especialmente bien, con esas sensaciones que se tienen cuando se empieza a coger la forma. Quedé con Ángel para rodar una horita sin pulsómetro, por sensaciones. Empezamos a ritmo de talk test, o sea de charloteo sin ahogarnos, pero pronto empezamos a animarnos y a correr más deprisa. Notaba mis cuádriceps aún un poquito cargados, pero al estar caliente (que no es lo mismo que ir caliente) me sentía bien rodando a ritmo. Pero claro, poco dura la alegría en la casa del pobre, y una ligera molestia en el gemelo derecho fue aumentando progresivamente de intensidad hasta convertirse en un dolor agudo que me obligó a parar poco antes del final previsto para el rodaje.

El resto del miércoles cojo, el jueves con molestias y el viernes en el fisio, masaje de descarga y diagnóstico: microrrotura de fibras en el gemelo (donde yo creía que había una sobrecarga del sóleo, olé mi ojo clínico), reposo, hielo y antiinflamatorios.

Me he portado muy bien el fin de semana. Hoy empezaré con la bici estática sin resistencia un ratito. Mañana lo mismo. El miércoles y el jueves pasaré a la elíptica, y el viernes ya me dejan trotar por la hierba a ver cómo se porta el gemelo. Hay cierta prisa porque en menos de 4 semanas ya debería correr el maratón de Barcelona, y me encuentro en una fase crítica de entrenamiento. Obvio que no voy a poder con ese último rodaje largo de las 3 semanas antes (planeaba 3 horitas y me debían salir 27 o 28km). Lo mismo hago uno algo más corto un poco más adelante, siempre que el músculo se porte bien y se recupere a tiempo. Si no es así, siempre nos quedará Madrid.

Salud y buenos rodajes a todos.

PD. No, el de la foto no soy yo, seguro.

miércoles, 14 de mayo de 2008

MALA HIERBA...

No lo he pasado bien estos días. Es verdad que siempre pensé en positivo, pero a veces uno no puede hacer abstracción de determinadas ideas fatalistas que se cruzan por la cabeza, aunque salgan con la misma rapidez con que entraron. Hasta que un médico especialista no dice esta boca es mía la duda está ahí.

El martes consigo que me vea un cardiólogo en condiciones, en el servicio de cardiología de la Clínica Corachán de Barcelona. Me atiende la enfermera. Me mide, me pesa y me hace un electrocardiograma en reposo. También me toma la tensión. Todo (menos el peso, claro), sale de libro. Estoy hecho un toro. Me pasa al despacho y espero al cardiólogo, que aparece enseguida. Hablamos un ratito. Le empiezo a contar todo el problema desde sus orígenes en mis antecedentes familiares. Antes de que se duerma decido ir al grano y le suelto lo de la prueba de esfuerzo, las prohibiciones de la médico de cabecera y el viaje a Barcelona.


Me tranquiliza de entrada porque afirma que la arritmia sin otros síntomas como mareos, palpitaciones o desmayos no es fácil que sea por culpa de una cardiopatía. De todos modos, como deportista (él dijo "maratoniano", pero me sigue sonando algo presuntuoso, ¡qué le vamos a hacer!) era una decisión interesante hacer la ecocardiografía doppler, observar con detenimiento paredes, cavidades, válvulas y flujos sanguíneos y determinar el grado de salud de ese corazón.

Pasamos, pues, a la sala de torturas. Me tumba en la camilla, me enchufa algunos electrodos en la espalda y me coloca de lado. Embadurna con un gel frío una pistola parecida a la que usa la cajera de mi supermercado para cobrarme por el código de barras y me la empieza a restregar por el pecho. En 15 interminables minutos está todo listo. Me ventila con un "bueno, esto tiene muy buen aspecto, vas a tener que seguir con lo de los maratones". No le doy un abrazo porque en la camilla y a pecho descubierto mi masculinidad hubiera quedado claramente en entredicho. Le manifiesto mi alegría y sincero agradecimiento de palabra, paso al despacho y se lo cuento a Mayte (mi Santa). Ya estoy pensando en los 12 o 13 kilómetros que me voy a meter en las piernas al día siguiente. Esto hay que celebrarlo.

No voy a cerrar esta entrada sin agradecer todos y cada uno de los comentarios de ánimo que dejasteis en la entrada anterior. También a aquellos que por circunstancias no llegaron a enterarse (no se puede estar en todas partes cada día) pero sé que se hubieran manifestado con palabras de apoyo. Debo repetir esta confesión: no han sido buenas estas dos últimas semanas. He estado un poquito acongojao (por no decir otra cosa). De todos modos, ya lo decía mi abuela, mala hierba...

sábado, 10 de mayo de 2008

REAJUSTANDO EL MOTOR

Desde que aterricé en casa y colgué la crónica del Maratón de Madrid me he sentado frente al PC tres o cuatro veces, y otras tantas me he levantado sin escribir una sola línea con sentido. No he dado hasta ahora con el modo de poner negro sobre blanco todo lo de estas últimas semanas. Finalmente, como me apetecía contarlo, decidí soltarlo tal y como vino, sin rodeos ni artificios, y sobretodo sin dramas.

Dos días antes de salir para Madrid conseguí que me viera el único médico que aquí hace pruebas de esfuerzo. Tenía pedida la cita desde octubre, y como me encontró hueco decidí aprovecharlo. Salió todo bien menos una cosa: en la monitorización de la recuperación, tras el esfuerzo máximo, mi corazón hizo una arritmia por extrasístoles ventriculares monomorfos, un trigeminismo (tres latidos fuera de lugar) que llamó poderosamente la atención del médico.

Me mandó inmediatamente al médico de cabecera, para que éste (bueno, es ésta) me derivara al cardiólogo para un estudio completo de músculo y función cardiaca. La prueba de esfuerzo fue el jueves, la visita a mi médico el martes siguiente y en medio de ambas, el maratón. El primer médico me dio permiso para correrlo, pero pidiéndome mucho control sobre la frecuencia cardiaca. Me dijo que me fatigase de piernas pero no de corazón. La carrera salió perfecta en ese y en todos los sentidos.

De vuelta a la realidad, tras la experiencia del fin de semana, acudí a la visita de la médico de cabecera. Bien, me echó un broncazo de aúpa, me prohibió TODO lo que se pareciese al deporte (“puedes caminar, y despacito”) y me dio cita para el cardiólogo (sólo hay uno en la isla) ¡¡¡el 31 de julio!!!

Toda la semana siguiente transcurrió entre los ecos del Mapoma y mi cara de cartón, con los ánimos por el suelo, y saliendo a caminar cada día. El lunes no pude más y me fui a ver al primer médico, el que me hizo la prueba de esfuerzo. Me contó que mi arritmia puede responder a una cardiopatía, pero también que puede significar una reacción espontánea del corazón que no se vaya a repetir más. Subrayó, la importancia de las pruebas con el cardiólogo, sugiriendo acelerar por cualquier modo el trámite, porque tres meses hasta la cita es demasiado tiempo. Me dijo que su opinión al respecto del abandono del deporte no era la misma que la de mi médico de cabecera. Me dijo que mi corazón estaba acostumbrado a la marcha, y no era cuestión de cambiarle esas sanas costumbres. Eso sí, debía calzarme el pulsómetro y moverme con mucho control, sin subir mucho más allá de 140 pulsaciones por minuto, al menos hasta saber algo del cardiólogo.

Luego intervienen en la historia mi hermana y su pareja, que mueven determinados hilos en el sector médico barcelonés. A partir de ahí, el lunes viajamos (mi santa dice que ella no se queda sin ver si es verdad que tengo corazón) y el martes ya me visita un equipo de cardiólogos en condiciones. Lógicamente espero que me vean, charlemos de lo loco que está el tiempo, miren como ando por dentro, me cuenten que lo que me pasó a mí no tiene ninguna importancia, y me pregunten por el próximo maratón. Esa es la idea.

Por todo esto he tenido, entre otras cosas, un poco parado esto del blog. Siento no haber contestado todos los comentarios de la entrada anterior. Los vi y los agradezco, pero anduve flojo de ganas de muchas cosas. Mañana marchamos para Barcelona, vemos a los médicos y salimos de dudas. De todos modos, estoy todo lo tranquilo que se puede estar. No os vais a librar de mí tan fácilmente.

Salud.

miércoles, 22 de agosto de 2007

LUCES Y SOMBRAS

Está siendo este agosto un mes de poco sol y mucho guiri colapsando cualquier espacio medio comercial en cada pueblo de la isla. Es lo que pasa aquí, que si se vacían las playas se llenan los pueblos, por aquel fenómeno de que la materia ni se crea ni se destruye, sino que se transforma en aglomeraciones a las que, francamente, no termino de acostumbrarme.


Como nunca llueve a gusto de todos, cuando lo pasan mal los turistas de sol y playa empezamos a disfrutar los demás, y el tiempo está estos días estupendo para hacer ejercicio al aire libre: temperaturas suavecitas, ratitos de lluvia de esa que lejos de molestar incluso se agradece y poca gente por esos bosques de los que me estoy convirtiendo en un auténtico fan, con eso de evitar el asfalto.


El pie anda ahí. La verdad es que me empieza a dar verdaderamente por saco cansar al personal con los lloros propios de aquel cuya lesión no termina de curarse del todo. No me duele, pero no puedo pasarme con las correrías porque el tendón se encarga de recordármelo a las pocas horas. Experimentando he llegado a algunas conclusiones interesantes:


- No puedo correr más de 1 hora y cuarto en una misma sesión

- No puedo correr por debajo de 6 minutillos 20 el kilómetro (eso no es problema)

- No puedo abusar de la carrera cuando hay cuestas

- No puedo correr largo dos días seguidos. Sí puedo trotar corto y suave días consecutivos.


Si me ajusto a estas cuatro premisas condicionantes puedo considerarme un corredor sano, porque no padezco ni el más mínimo síntoma de lesión. Pero como se me vaya la olla con el volumen de un entrenamiento o con la intensidad el aquiles me molesta a las dos horas de haber terminado, aunque para la mañana siguiente, que es cuando la lesión suele manifestarse con más virulencia, no hay rastro de dolor alguno.


A la vista del estado de la cuestión me he hecho un plan, que todavía tengo que contrastar con el coach, para determinar si estoy en condiciones de afrontar en 6 semanas (a contar desde el lunes próximo) la media de Menorca y en 8 el Tui Maratón de Palma. Para las sesiones largas he recuperado esas divinas lecturas del método Galloway(*), porque pienso que introducir esos "walk breaks" se puede convertir en un elemento clave en mi estado actual. Sin intensidad soy un tipo sano, y creo que puedo afrontar el calendario de esas dos carreras "a terminar", por sensaciones y olvidando un poquito el reloj. Para entonces, si la madre naturaleza se lo curra un poco, espero que el tendón esté en perfecto estado de revista. Si no es así, a otra cosa mariposa y ya vendrán maratones dentro del tiempo que haga falta.


(*) Jeff Galloway es un reputado entrenador de maratonianos populares americanos, defensor de un método de entrenamiento cuya sesión clave es la carrera larga del fin de semana y su elemento básico es combinar el trote con los descansos para caminar, defendiendo que el uso de otros músculos y el descanso que suponen esos "walk breaks" aumentan exponencialmente las posibilidades de terminar la carrera y reducen en proporción las opciones de chocar contra el muro o, incluso, padecer alguna lesión.

viernes, 17 de agosto de 2007

DESPACITO (¿CÓMO NO?)

Después de sumarme al parón veraniego generalizado que padece este país año tras año en lo que a las actividades creativas se refiere, puedo anunciar a los cuatro vientos, no que he vuelto pero sí que estoy volviendo, que no es poco.

Esta semana la he invertido en cambiar el airtal por las zapas, sin perder mucho de vista al hielo por si las moscas. Ese re-empezar decidí tomarlo con mucha calma, auto-imponiéndome una serie de reglas básicas, estrictas e ineludibles (hasta nueva orden, claro): fundamentalmente se refieren a combinar al principio el trote con la marcha, a olvidar el asfalto, a evitar los desniveles y a no correr dos días seguidos. Todo esto va a seguir así, ya vengan maratones o lo que tenga que venir, hasta que mi aquiles izquierdo le diga al derecho que ambos pueden empezar de nuevo una vida en común sin quejas ni reproches.

La bici y la piscina (en cuanto la abran en septiembre) tendrán que ser fieles compañeras de las zapas, porque he llegado a la conclusión de que los elefantes tenemos que entrenar un poco más y castigar nuestras articulaciones un poco menos. Además, de este modo el disfrute se triplica, que al final es lo que cuenta.

No puedo cerrar esta entrada sin agradecer todos esos comentarios vertidos a propósito de entradas anteriores. Resulta especialmente agradable contar con el apoyo y los ánimos de tantos compañeros de batallas, reales o virtuales. Trataré de llevar todo esto un poco más al día y prometo cultivar todos y cada uno de los contactos con tanta buena gente que se pasa por aquí.

Y ahora os dejo que las zapas me llaman a gritos ("¡Voooooooy!"). Salud a todos.

jueves, 9 de agosto de 2007

LA VIDA SIGUE IGUAL

Detenido. Así me siento ahora mismo


No hay ningún cambio significativo en mi vida de corredor mediocre. Sigo parado. Esta semana empecé a volver, saliendo domingo y martes a caminar-trotar. Con las zapas en los pies todo va a pedir de boca, sin dolor ni molestia. Sigo con el tratamiento con un rigor espartano, tragándome píldora tras píldora y aplicando hielo constantemente, pero por la mañana al levantarme el aquiles me recuerda que no todo va tan bien. No es que me duela, pero siento el puntito molesto, que desaparece a los 10 minutos, pero que se encarga de recordarme mi condición de lesionado. Supongo que si no escucho esa señal y empiezo lo voy a pagar.


Ni siquiera la bici alivia mi desazón deportiva, porque sólo puedo salir con ella con la calma. Si le meto mucha caña también lo noto a la mañana siguiente, no con dolor, pero sí con una molestia perceptiblemente más intensa que la del día anterior.


Por todo esto me dejo mensajes por todas partes recordándome que la prudencia debe ser mi mejor compañera. Trato de ser consciente de que un regreso prematuro al entrenamiento puede tener dos consecuencias, una mala y otra malísima: olvidarme definitivamente del calendario de otoño (que de todos modos tampoco pasaría nada) y sufrir una recaída seria con riesgos de convertir la tendinitis en crónica (eso sí que no me lo puedo permitir mientras no vendan tendones en el Corteinglés).


El mesecito que llevo prácticamente parado me ha jorobado cualquier atisbo de buena forma, y empiezo a marcarme determinados plazos para tomar decisiones con respecto a lo que sigue de competiciones: el 7 de octubre es el medio maratón de Menorca y el 21 el maratón de Palma, para el que estoy inscrito.


Empezando por el maratón, desde el lunes próximo tengo 10 semanas para entrenar. Mi plan es empezar muuuuuy despacio y ver cómo va el pie. Si la molestia se hace sólo un poquito mayor me quito de la cabeza el ir a Palma. Habrá más maratones.


Para el medio maratón me voy a dar un plazo un poquito más corto, puesto que prepararlo "a terminar" puedo hacerlo en 4 semanitas. Todo ello si el dolor ha desaparecido por completo y puedo considerar la lesión como superada. Si no es así, también tengo decidido hablar con los de la organización y ofrecerme a echarles una mano como voluntario, aunque sea a cargar cajas de agua, para devolverles un poquito de lo que ellos nos dan cada año.


Ni que decir tiene que lo de bajar de dos horas en los 21 tendrá que dormir el sueño de los justos, por lo menos de momento.


Eso es todo lo que puedo decir por ahora. El ánimo no está por los suelos porque al final uno hace de tripas corazón y piensa en todo lo que queda por correr, pero está claro que me hubiera gustado andar contando tiradas largas y entrenamientos de subidón endorfínico. Por ahora lo único que puedo decir es que la vida sigue igual.

domingo, 5 de agosto de 2007

LESIONES



Vengo de una generación en la que los chicos aprendieron a tomarse las cosas como hombres, en la que nuestros héroes continuamente eran tiroteados (con balas o cortisona) y en la que jugar duro hasta hacerse daño constituía un ideal de actitud. También vengo de una generación que se creó la necesidad de encontrar recambios para rodillas y caderas por haberse cargado las que venían con el cuerpo original.


Por lo tanto, mi primera lesión fue una marca de honor para mí. En realidad me sentía hasta excitado el día que visite al médico deportivo por primera vez. Tenía una lesión deportiva e iba a ver a alguien especializado en tratar a atletas. ¿Podría haber algo mejor? Incluso en la camilla me sentía especialmente estimulado la primera vez. Después de todo un médico deportivo me iba a examinar tratando de encontrar el origen de mi lesión deportiva. Lo mejor del caso es que se trataba de una lesión que yo mismo me había provocado. No fue un accidente. Lo hice a propósito. Ello tenía que querer decir que yo, un antiguo gordito de sofá, era ahora un verdadero atleta.


Como si necesitara probar mi abyecta ignorancia, llevé conmigo una copia de mi diario de entrenamientos del último año. No sólo estaba lesionado sino que ¡tenía pruebas! Le mostré al doctor el punto exacto en el que aumenté mi kilometraje, y también dónde hice probablemente demasiado trabajo de velocidad. Incluso le subrayé los días en que corrí cuando debía haber descansado.


Pensé que el doctor quedaría impresionado al conocer todos esos detalles de mi entrenamiento. Me equivoqué. Aquel médico no veía en sus manos el diario de un atleta. En su lugar veía una letanía de errores de entrenamiento y de animaladas atléticas. Esperaba que me felicitara por mi dureza pero me llevé una reprimenda por mi inconsciencia. Me dejó pasmado.


Aún así, era uno de los afortunados en el sorteo para participar en la 100 edición del Maratón de Boston y tenía la sólida determinación de correr aquella carrera. Esa primera visita terminó con una infiltración de cortisona en mi rodilla. Me dolía horrores pero sentía la enferma satisfacción de padecer el dolor de un auténtico atleta.


La segunda visita empezó con un poco de tensión entre el bueno del doctor y yo. Decidí no mencionar que tuve que abandonar en un maratón 6 semanas atrás porque el dolor en la rodilla era insoportable. Tampoco le conté que había corrido dos maratones en dos fines de semana seguidos, y un medio maratón dos semanas después. Ni siquiera le dije que había corrido cojo durante mi carrera larga de 26 kilómetros esa misma semana. Lo único que decidí comentarle fue que ese dolor en mi rodilla había vuelto a aparecer, y en pocas semanas debía correr el Maratón de Londres.


El doctor fue claro y conciso conmigo. Me iba a dar otro pinchazo, pero eso sería todo. Le dije que le entendía, recibí la infiltración y corrí ese maratón.


La siguiente vez que nos vimos fue en la camilla de diagnósticos. Ni siquiera intentó escuchar mi siguiente colección de excusas. Fue duro y directo, más que nunca. Me dijo que entrenaba como si tuviera 25 años, aunque estuviera a punto de cumplir 50. Game Over. Se acabaron los pinchazos. Se acabaron las píldoras. Y si no me volvía más cauto pronto, sin duda, se acabaría el correr. Tuve que aprender la lección.

Traducción propia, extracto del libro "Marathoning For Mortals" de John Bingham y Jenny Hadfield. Texto de John Bingham. Si permiso del autor, espero que no me demande.

viernes, 27 de julio de 2007

UN POCO DE INFO


Corto y pego lo más interesante que, sobre la tendinitis aquílea, aparece en la web http://www.achillestendon.com/. Está en inglés, y siento no verme con coraje de plantar una traducción decente. Me lo dejo ahí de recordatorio, para evitar tentaciones, porque tengo unas ganas locas de calzarme mis nuevas asics y el tendoncito de las narices dice que cuidadín con tocarle las ídems.



The Achilles tendon is fibrous tissue that connects the heel to the muscles of the lower leg: the calf muscles. Leg muscles are the most powerful muscle group in the body and the Achilles tendon is the thickest and strongest tendon in the body. Contracting the calf muscles pulls the Achilles tendon, which pushes the foot downward. This contraction enables: standing on the toes, walking, running, and jumping. Each Achilles tendon is subject to a person’s entire body weight with each step. Depending upon speed, stride, terrain and additional weight being carried or pushed, each Achilles tendon may be subject to up to 3-12 times a person’s body weight during a sprint or push off. For more information on Achilles tendon anatomy see: Physiology.


Larger version of Achilles Tendon IllustrationsCauses of Injury Overuse, misalignment, improper footwear, medication side effects, and/or accidents can all result in Achilles tendon injuries. Multiple causes often contribute to the same Achilles tendon injury. For information on each of these Achilles tendon injury causes, see Causes of Injury
Preventing Injuries
The best way to prevent an Achilles tendon injury is to a) stay in overall good shape, and b) warm-up, stretch, and strengthen the Achilles tendons. The best way to prevent an Achilles tendon injury from getting worse is to address the injury immediately: it will get worse if not addressed. For more information on preventing Achilles tendon injuries see: Preventing Injuries.

Injuries
Undue strain results in over 230,000 Achilles tendon injuries per year in the U.S. alone. The undue strain could be caused by a variety of factors, including: tightness or weakness of the leg, knee, hip, or back; high or low arches; uneven leg lengths; alternating between high (2”) heels and exercise shoes; and/or sudden (rather than gradual) increases in training, such as running faster, further, or up steeper hills. The most common Achilles tendon injuries are Achilles tendinosis (formerly called Achilles tendonitis) and Achilles tendon rupture. Achilles tendinosis is a soreness and stiffness that comes on gradually and continues to worsen until treated. It often starts with stiffness and creaking when first getting out of bed in the morning. Lightly pinching the Achilles tendon with the forefinger and thumb will indicate soreness. Achilles tendinosis is a common injury among middle and long distance runners.



Treating Injuries
Treatment for Achilles tendinosis includes: relative rest, muscle strengthening, physical therapies (i.e. ultrasound, laser photostimulation, electrical stimulation), and ice.



Footwear
Correct footwear can be one of the keys to preventing, recovering from, and preventing the reoccurrence of, Achilles tendon injuries. Incorrect footwear can cause or exacerbate Achilles tendon injuries. Selecting the right shoe or sneaker in terms of cushioning, arch height, and pronation is always beneficial. Some people experience a tremendous temporary benefit from a little extra padding or cushioning under the heel. The temporary heel padding reduces the length of Achilles tendon stretching made with each step or stride.



Treatment includes five simultaneous steps. In cases of tendonitis an anti-inflammatory may also be used.


Relative rest. Stop doing the activity that caused the injury for between a week and a few months, depending upon the degree of degeneration. Relative rest should last at least 1 week for a grade 1 or 2 injury, at least 3 weeks for a grade 3 injury, and at least 1 month for a grade 4 injury. For an understanding of injury grades see: injuries. During the relative rest period also stop performing activities and sports that are similar to the one that caused the injury, i.e. soccer is similar to running, handball is similar to tennis, etc.
Achilles tendinosis is not an excuse to get out of shape: relative rest is the treatment, not total rest. During the relative rest period do alternate sports that are easy on the Achilles tendon, such as swimming, moderate cycling, upper body weight lifting, etc. After the relative rest period, resume gradually. For example, if you are a runner with a grade 3 injury resume with jogging until you are sure that you are down to at least a level 2 injury, then resume running moderate distance with no speed work or hills until you are down to at least a grade 1 injury, then resume running at the same intensity as prior to the injury.

Stretch the calf muscles
for 20 or more minutes per day. If the other leg muscles, the hip muscles, and the back muscles are tight, they may be causing tightness of the calf muscles, so stretch these other muscles as well. In addition to standard stretching, muscles can also be stretched by strengthening their opposing muscle group. For example, strengthening the anterior tibialis, the small muscle group on the front of the lower leg, stretches the calf muscles. As part of stretching, consider massage.


Eccentric strengthening of the leg muscles, particularly the calf muscles. Do daily or every other day calf raises on a stair or using a calf raise machine in a gym. Start slowly using just your body weight doing three sets of 10 or 15. When this can be done without pain, gradually increase the speed, number of repetitions per set, amount of weight, and number of sets. Concentrate on the eccentric rather than the concentric portion of the exercise (the calf lowering rather than the calf raising portion of calf raises). On each repitition, be sure to go all the way down for a full stretch of the Achilles tendon. Do the calf raises after, rather than before, any other exercises that you are doing.


Physical therapy. Therapies applied by professional physical therapists to repair tendon degeneration include: ultra sound, electric
stimulation, and laser photostimulation.


Ice therapy. Apply ice to reduce the degeneration. Ice should not be applied directly to the skin, use an ice pack instead. Apply the ice pack to the Achilles tendons after exercise or physical therapy. Apply as often and as for as long as possible.


Avoid anti-inflammatory and pain killing drugs. The anti-inflammatory drugs will not help because Achilles tendinosis is a degenerative injury rather than an inflammation (see injuries). The pain killing drugs will mask the problem, which is likely to cause the degeneration to get worse. In addition to being ineffective, anti-inflammatory and pain killing drugs are also expensive.
In the very worst cases of Achilles tendinosis, surgery may be required, but only as a very last resort. Consider surgery if all the above steps have been taken completely and repeatedly, and the Achilles tendinosis has not improved for at least six months.

miércoles, 25 de julio de 2007

IGUAL, TODAVÍA

Pues así es. Sin demasiadas ganas de escribir y con muy poquito que contar cuelgo esta entrada. Lo más relevante es que sigo paradísimo. El dolor es ya sólo molestia, pero está ahí para recordarme que como se me ocurra reaparecer sin su correspondiente autorización expresa podría el parón ser mucho peor.

Para decir la verdad sigo siendo escrupulosamente ordenado con el tratamiento prescrito: Tomo a sus horas el Airtal, aplico hielo en la zona maltrecha por la mañana, al mediodía y antes de dormir y me doy frecuentes friegas de Voltarén gel. Por las mañanas el tendón no da los alaridos de días atrás, que ya es mucho, pero molesta al tacto y en según qué posiciones del pie.

Eso del aqua-running, que tanta gracia hace a algunos contertulios se está convirtiendo en mi único consuelo, triste modo de plantearse que me quedan 12 semanas para un medio maratón en el que tenía un poco de "marquitis" puesta (iluso), y 14 domingos para un segundo maratón en el que ya estoy inscrito y para el que no me puedo preparar, al menos de momento. Bastante tengo con controlar esas ganas de salir a trotar 20 minutillos a ver qué tal responde el aquiles, haciendo como que ya no me duele para engañarme con una recuperación que aún no es tal.

No renuncio a nada, pero la verdad es que cada día que pasa se me pone el calendario un poquito más cuesta arriba. Dentro de nada mi mejor opción serán esos planes que combinan correr y caminar y que todos los libros y revistas anuncian como "PARA TERMINAR". Tampoco me importaría, oye...

jueves, 19 de julio de 2007

PACIENCIA

Hoy tuve la que ha sido una tercera opinión sobre mi lesión. Supongo que el diagnóstico ya es definitivo, básicamente porque los tres galenos consultados coinciden en que está todo muy clarito. Para aquellos que más empollados anden al respecto del tema, puedo decir que tengo algo llamado ENTESIS, que no es más que una inflamación del tendón de Aquiles o tendinitis, cuando ésta se produce en el punto de inserción del tendón en el hueso. Existe un puntito de dolor inhabilitante y las molestias son persistentes. Por esa razón tengo terminantemente prohibido todo lo que se haga en posición vertical (al menos mi santa no sale demasiado perjudicada en este punto).

De correr ya ni me acuerdo, y todo lo que se me permite con la bici es limpiarla y engrasarla. Puedo nadar sin abusar de los impulsos de salida después de cada viraje en la pared, y también se me permite (y se me aconseja) eso del aqua-running, que dicho así parece algo galáctico pero no es más que ponerse un churro (un flotador con forma de patata frita gigante) bajo las axilas y hacer como que se corre en aguas profundas. Lo he hecho por espacio de 40 minutos, siendo observado por decenas de usuarios de la piscina con cara de "mira lo que hace ese chalado". Mi cara era la de "yo a lo mío, yo a lo mío", ¡qué remedio!. Tras recuperarme de mi novedosa sesión de ejercicios he nadado un poquito por aquello de aprovechar el remojón, pero las sensaciones no han sido las mejores, yendo con miedo en cada viraje porque el pie me duele.

El tratamiento que me ha sido recetado es el llamado técnicamente como "conservador", que no es el que hacen los señores del principal partido de la oposición en España, sino que consiste en ser bueno haciendo mucho reposo, hielo 3 veces al día, Airtal cada 12 horas, Voltarén pomada con frecuencia y estiramientos. En principio, en un par de semanitas tengo que estar bien ya. Lo jodido del tema es que tanto tiempo parado me va a suponer, por un lado tener que volver atrás en el entrenamiento y ver si soy capaz de mantener los retos que para otoño me había marcado. Por el otro lado, no hago más que pensar en las causas de la lesión. Sé que uno se hace daño cuando se hace daño, y no siempre hay que echar la culpa al entrenamiento, pero es que me pasé 6 meses preparando un maratón y corrí esa carrera sin la más mínima molestia, con un entrenamiento de esos que llaman en los planes "para acabar". Ahora, mucha calidad, mejoras visibles pero 3 lesiones en poco tiempo. No sé si compensa.

La paciencia, que para Santa Teresa de Jesús era un don divino, va a ser ahora el eje de mi actitud frente a esta lesión. Si vuelvo demasiado pronto y recaigo no llego a Palma, eso seguro. De todos modos, Lance Armstrong (en la foto) volvió después de un cáncer para ganar 6 Tours de Francia. Con eso yo creo que está todo dicho. Mucha salud y buenos rodajes a todos.