viernes, 29 de febrero de 2008

ALEX VERO: DE LA CERVEZA Y EL ASMA AL MARATÓN OLÍMPICO


A veces uno tropieza con historias que inspiran. Es el caso de la de Alex Vero, un documentalista inglés de más de 100 kilos, cervecero y asmático, que estaba en abril de 2006 sentado en su sillón viendo por televisión cómo Paula Radcliffe pulverizaba en Londres el récord del mundo de maratón, dejándolo en unos galácticos 2:15'25". Era la mejor marca del año en Gran Bretaña. En general, contando hombres y mujeres. De hecho, en 2006 ningún maratoniano de las islas fue capaz de mejorar el registro de Paula. Alex dijo que en dos años lo conseguiría, y le tomaron por loco.


Empezó a cuidarse, a comer bien y a entrenar duro, con los métodos de los mejores. Su reto de bajar esas 2 horas 15 pronto se convirtió en un intento olímpico: esa es la marca que se pide como mínima para formar parte del equipo británico de maratón para Pekín. Además se propuso hacer con su historia un documental, y a tal efecto visitó Etiopía, se entrevistó con el más grande, Haile Gebresselassie, e incluso compartieron algunas zancadas.
En definitiva, lo consiga o no (ya se mueve en los ritmos necesarios para la gesta en distancias inferiores al maratón), su historia va a quedar entre las primeras en las listas de proezas atléticas inspiradoras.





domingo, 24 de febrero de 2008

SEMANITA DE CLAROSCUROS


Ando un poco vaguete con el blog. Podría poner unas cuantas excusas que justificasen lo poco que actualizo la página últimamente, pero no lo haré. Si uno busca el tiempo para hacerlo lo encuentra de un modo u otro. Más que un problema de pocas cosas que contar es un asunto de pocas ganas de escribir. Va como va.

Dice el título de esta entrada que ando cerrando una semanita de claroscuros. Seguramente fui generoso, porque todo ha sido más oscuro que otra cosa. Hice el jueves (o por lo menos me lo propuse) un test para ver cómo andaba de cara a la media de Denia del 30 de marzo. Pretendía hacer 10 kilómetros a 5'30" cada mil. No series, así seguidito. La cosa quedó de este modo:

km 1: 5'26"
km 2: 5'31"
km 3: 5'29"
km 4: 5'33"
km 5: 5'27"
km 6: Reventón y a caminar...

Pues eso: rotundo fracaso. No estoy para esos ritmos ni corriendo delante de un toro. Después de recuperar, y más por rabia de paquete que por completar la sesión, aproveché la pista de atletismo para hacer 4x400 por debajo de 1'50" recuperando 1'. Ya sé, era correr por correr, pero mi esperanza estaba ya en no haber tirado el día.

Junto con más rodajes intrascendentes, la semana terminó ayer sustituyendo el progresivo largo por un triatlón sprint que organizaban mis amigos (los triatletas, claro). Ahí tuve buenas sensaciones en todos los segmentos excepto en la bici, porque el pelotón que me tocó (cosas de salir del agua en ese momento) me llevó a 30 de media y no estoy yo para esas alegrías. Luego en la carrera me estiré un poco más allá de los 5 kilómetros del reglamento para acompañar a los últimos mientras enfriaba. De todos modos, como siempre, lo pasé en grande. Esto del triatlón es muy divertido, y lo recomiendo a todos.

Esta semana que empieza voy a trabajar al límite de lo que mi maltrecha anatomía sea capaz de asimiliar. Si no cumplo en Denia con los objetivos quiero que sea porque no haya más cera que la que arde, y no por no haberlo intentado. Siempre me quedará haber disfrutado del camino.

Mucha salud a todos.

domingo, 17 de febrero de 2008

ME HAN ENTREVISTADO


Algún irresponsable en el foro de carreras populares.com ha decidido publicar una entrevista al que esto escribe. Yo pensaba que para ser entrevistado había que ser una personalidad. Se ve que no.

Me ha hecho mucha ilusión. Gracias a este irresponsable y a la gente del foro.

Podéis leer la entrevista AQUÍ

sábado, 9 de febrero de 2008

EN EL FILO DE LA NAVAJA

Hace algún tiempo me comprometí con Santi Palillo a correr un medio maratón por debajo de las dos horas. Las marcas nunca han significado demasiado para mí, más allá de resultar un valor algo fiable para medir mi estado de forma. De todos modos me ilusioné con ese compromiso, que tenía por fecha inicial el pasado mes de octubre, aquí en Menorca. Por cosas de la vida lo de Menorca no pudo ser, y nos citamos para más adelante. Finalmente pusimos Denia y el 30 de marzo como el día D. Medio maratón a 5:38 por kilómetro de media, con una compañía inmejorable (hay ya un largo listado de pasajeros de ese autobús de 1:59) y corriendo por un lugar tan bonito como llano... ¡me apetece tanto!

Pero esa marca no la tengo ahora mismo en las piernas. Empecé el plan de Rodri Gavela para maratón (si el de arriba no dispone lo contrario estaré en Mapoma a final de abril) y la verdad es que fue muy bien... mientras lo seguí. Hace dos semanas que ando ocupadísimo. Dice un amiguete que "quien tiene el culo alquilado no se sienta cuando quiere" (en catalán suena mejor), algo así como que al no nacer ricos tenemos que trabajar. Además están las obras, albañiles, arquitecto, aparejador, fontaneros, y firmar la nueva hipoteca, con su papeleo correspondiente, citas con bancos, el notario,... ¡uf!

Total, que estos días mi entrenamiento se ha basado en juntar rodajes a salto de mata, sin ninguna organización coherente. Correr he corrido, pero seguramente poco y posiblemente mal. Eso me lleva a sentirme como caminando por el filo de la navaja: estoy en un momento crucial de la preparación del reto: dos o tres días más y no voy a llegar a tiempo. Y empezando ya, creo que llego por los pelos.

Por eso hice hoy el rodaje que correspondía, 100 minutos progresivos, terminando un poco más lento que el último progresivo hace dos semanas pero notando la sangre hervir por mis piernas, que es en definitiva lo que se supone a estos entrenamientos. Me hace mucha ilusión la carrera de Denia. Tengo algo más de mes y medio para conseguir que mis piernas valgan 1:59:59. Por ahora eso no es así, de momento...

domingo, 27 de enero de 2008

95 PROGRESIVOS

Mientras algunos se batían el cobre en la media de Getafe, carrera que estuvo en mi mente en su día, y que fue descartada más por temprana que por otra cosa, el que con estas líneas castiga al personal completaba un entrenamiento que resultó más duro de lo que antes de calzar las zapas podía pensar: 95 minutos de rodaje progresivo, empezando suave y terminando a todo trapo, a 5'20" el kilómetro.

Esos últimos minutos de la sesión se me hicieron especialmente duros. Supongo que será la falta de costumbre. Sigo siendo un fenómeno en materia de trote cochinero, pero cuando se trata de apretar los dientes sale ese talento que en mí tanto brilla (por su ausencia, claro), el corazón lucha por abrirse paso a través de cualquier conducto que conecte con el exterior y las piernas se empeñan en protestar cada zancada un poquito más.

Resumiendo y por no cansar: sufrí mucho pero terminé con los deberes según lo previsto. Ahora vamos a ver qué secuelas me deja el entrenamiento, porque las sensaciones son las mismas que recién terminado un medio maratón. Empiezo a pensar que tal vez sería una buena inversión visitar algún fisio para uno de esos masajitos de descarga que tan bien dicen que van.

Por otro lado no consigo averiguar la fecha del medio maratón de Denia. El año pasado fue a finales de marzo, por lo que no sería raro que esa fuese una buena referencia. Mis miedos están en que no se retrase el tema ni un poquito, porque el 5 de abril tengo en la isla un compromiso ineludible (bodorrio por todo lo alto) y con ello los planes se irían de cabeza al garete. Si alguien tiene más capacidad de investigación de la que yo ando demostrando (algo no muy difícil, por otro lado) y se entera del asunto que me deje algo en el blog, en el correo electrónico, en el móvil, o haciendo señales de humo si es preciso. Lo agradeceré toda la vida.


martes, 22 de enero de 2008

A VUELTAS CON LA PISTA

Hasta ahora todo era muy bonito. Correr suponía descubrir nuevos caminos, atravesar bosques frondosos y tratar con fauna y flora autóctona, vacas incluídas, disfrutando tanto de cada zancada com del entorno natural escenario de todo este gozo. Correr me reconciliaba con lo mejor de la vida, con todo aquello que poseemos por el mero hecho de habitar el planeta, con todo aquello que no valoramos en su justa medida casi nunca. Era mi momento, el mejor tiempo que me podía dedicar a mí mismo, esos ratos en los que echaba la mente a volar y arreglaba el mundo entero, mientras perdía conciencia de estar encadenando zancada tras zancada sin el menor de los esfuerzos. Entonces apareció la tiranía del tartán.

Estoy siguiendo el plan de mi amigo Rodri con escrupulosa precisión. Bueno, mi condición de tortuga no me permite cumplir con los ritmos más fuertes de los rodajes progresivos. Cuando llevo una hora y media corriendo no soy capaz de hacerlo más rápido de 5'45" el kilómetro, aunque el plan diga misa. Supongo que el tiempo y la sabia naturaleza obrarán el milagro y adaptarán mi maltrecha anatomía a esas velocidades que ahora son de vértigo. Por ahora me conformo con acercarme.

La mayor parte del trabajo de calidad lo hago en la pista de atletismo municipal. Alrededor de la misma tenemos un caminito de tierra y hierba que solemos usar para calentar. Ahí traslado todo el trabajo que puedo, contando que el perímetro son casi 500 metros, para cuidar un poquito mis articulaciones. Pero ello no impide que el tartán sea mi nuevo compañero de fatigas cuando hay que medir bien medido lo que se corre. Siempre me quedará el rodaje largo (bueno, progresivo, como dice el Rodri). Ahí los caminos, el bosque, los prados y las vacas pastando volverán a ser mi mejor compañía.

miércoles, 16 de enero de 2008

DONDE DIJE DIGO, DIGO...PLAN


Pues este es el pájaro que me puso el otro día la mosca detrás de la oreja. Bien, este y el bueno del Neke (visitadlo en http://www.nekerun.es/, una verdadera delicia), que recibe a las visitas con ladrillazos sacados del runnersworld en lugar de con café y pastas.

Pues eso, el gran Neke propuso un debate-trampa en su página, al respecto de la necesidad de preparar un maratón con tiradas de más de 30 kilómetros. Para no cansaros resumo: los cánones clásicos defienden esos rodajes largos y la nueva escuela (sí, Rodrigo Gavela es el tipo enjuto del polo amarillo y la fabada, ex recordman español de maratón y coach de éxito) que defiende los rodajes de un máximo de 110 minutos porque a partir de ahí hay más destrucción muscular que beneficios físicos.

Yo preparé el primer maratón de 30 en 30 y al segundo fui muy cortito de kilómetros por circunstancias. El tiempo fue muy parecido, y el hostión contra el muro de la primera carrera no existió en la segunda. Por ello, y porque las razones aducidas por Rodri (es que ya es como un amiguete más de tanto leerle) y el hilo argumental colgado por el Neke en su blog resultaron de lo más convincentes, decidí hacerme con un plan de esos. Una vez imprimido (en http://www.runners.es/ no me pusieron traba alguna) toca seguirlo, y en eso estamos. Ya tiemblo con los 95 minutos progresivos del domingo, terminando a 5 pelaos (volarrrr...).

Ahora falta cerrar el calendario, que me lleva a mal traer. Por un lado los de Denia no dan señales de vida, se esconden o no sé yo dónde pescarles. Nadie sabe nada y todos piensan que para finales de marzo. Mapoma lo cierro esta semana seguro. El no haber nacido rico y tener que trabajar me obligaba casi seguro a descartar la machada de Ronda. Lo tenía clarito y hoy me leí los últimos post del foro CP.com al respecto. Claro, dientes largos y muchas ganas de ir...(aunque ahí, para 101 kilómetros por la serranía de Ronda no nos den los rodajitos de hora-veinte de nuestro amigo Gavela) ¡Siempre esta maldita incertidumbre!

viernes, 11 de enero de 2008

TOMAR ARRANCADA

Me está costando más de lo previsto cambiar el chip. Supongo que debo andar sumido en una crisis de estrés post-vacacional, seguramente por haber permitido que las vacaciones de navidad hayan sido todo menos unas vacaciones.

Siempre tuve un plan. Soy de los que rellenan folios y folios periodizando el entrenamiento, adaptándolo al tiempo disponible, cruzando trotes con pedaladas, metiendo largos de piscina con calzador y tratando tras múltiples refritos que la resultante quede bonita en un archivo del pc. Bueno, era.

Ahora no me apetece nada programarme las cosas. Tampoco sufro por apuntar los kilómetros del día, las pulsaciones y el desgaste de las zapatillas. Me van a cancelar la cuenta del Running-Ahead por desuso.

Ahora simplemente entreno un poquito todos los días, alternando entrenamientos más duros con días suaves, corriendo cómodo todas las sesiones menos dos, la de velocidad y el rodaje largo, sin que ni la primera sea agónica ni el segundo interminable. Procuro añadir dos días de bici a esa semanita y tres chapuzones de unos 2000 metros totales cada uno. De este modo pongo el piloto automático y no me preocupo por sumar los kilómetros de la semana (no sé si son 35 o 50) ni nada que se le parezca.

Me sorprende porque esto es algo nuevo para mí, ahora que por primera vez en mi vida tengo el reto de terminar una carrera en un tiempo concreto, que es para lo que se diseñan los planes de entrenamiento. El objetivo es ambicioso para un tortuga militante como yo, porque nunca he competido por debajo de 6 minutos el kilómetro, y en menos de 3 meses debo ser capaz de correr 21 kilómetros a 5'30". Sin dejar de pensar en el maratón de primavera (99% MAPOMA) y sin plan.

martes, 8 de enero de 2008

REAPARICIÓN


Tras varias semanas en precario, ayer recuperé la conexión a internet. Supongo que las fiestas ralentizaron las tareas en telefónica, y el técnico no pudo aparecer antes. Es lo que pasa.

No han sido unas grandes navidades porque no hemos salido de la isla y encima ha tocado currar de lo lindo, en el trabajo y en casa, cargando muebles y cajas todos los días (es lo que tiene cuando quieres ahorrarte lo de la empresa de mudanzas). Ahora sólo queda esperar a que el arquitecto y el constructor se pongan de acuerdo y empiecen con todo el tinglado.

En medio de todo esto, unos pocos entrenamientos de relleno, la decepcionante San Silvestre y esa batalla librada contra los pantagruélicos ágapes navideños a los que todos nos enfrentamos año tras año. Al menos he conseguido controlar el dulce, y la pérdida de peso ha podido quedar en una "no ganancia" con la que me doy por más que satisfecho.

Ahora me queda encontrar un rato para pasarme por todos los chiringuitos de mis amiguetes y ponerme un poco al día, que ando desconectado de casi todo. Después tengo que reorganizar mis entrenamientos y terminar de sentar las bases del calendario de carreras de 2008, donde lo único seguro es que (si los dioses son propicios) correré en Denia a finales de marzo y el Titán en octubre. Al menos un maratón (posiblemente Madrid) y los 101 deberían entrar en esa lista de retos, siempre a por el finisher, siempre despacito y disfrutando del camino.

miércoles, 2 de enero de 2008

SIGO VIVO: SANT SILVESTRE DE MENORCA 2007


Lo primero es lo primero. Feliz dosmilocho a todos. Ando aún sin puerta propia a este ciberespacio y con poco tiempo para buscarme las habichuelas por ahí. En cuanto recupere la normalidad me pongo al día de todo lo que se cuece por esta blogosfera nuestra que empiezo ya a echar de menos.

En estas que nos presentamos el 31 en la línea de salida de la San Silvestre local. Por razones familiares que si vinieran al caso vendrían, Barcelona no estuvo entre nuestros destinos vacacionales estas navidades. Obras obligan, y tuvimos que quedarnos en casita (o lo que queda de ella) para precisamente terminarla de vaciar y completar el traslado temporal, esa diáspora que nos ha llevado finalmente de okupas a casa de los suegros, y eso que no venía al caso.

Bien, en la San Silvestre estaba. Acudí con unos amiguetes debutantes, a los que llevaba convenientemente engañados. No, al que engañaron en realidad fue a mí, porque íbamos a montar un gran autobús en cola del pelotón y se descuelga la organización (en contra de lo que me habían jurado y perjurado) con que nada, que primero las chicas como en los naufragios, y que mis mozas, debutantes ellas, o solas ante el peligro o nada. Total, para 8 chicas que eran (4 de ellas tenían billete en nuestro autobús), montan una carrera y claro, salida en estampida y mis muchachas casi revientan en la primera cuesta.

Indignado corro la carrera masculina. El autobús queda gripado de salida. Ya nadie atiende a razones ni yo las pienso dar. Al final me queda Nando como siempre. Es poco menos que un hermano para mí, y era su primera carrera. También estaba molesto porque le había prometido un viajecito de placer y andaba echando el bofe. Corrí con él toda la carrera. Llegamos cogidos por los hombros, él penúltimo y yo, como el año pasado, sin nadie por detrás. No hubo autobús, pero me dí el gustazo de correr la primera carrera de la vida de Nando. Y eso vale todas las marcas del mundo.


Nada, tú, que feliz año a todos, decía. Hasta que pueda volverme a conectar.

jueves, 20 de diciembre de 2007

APAGÓN DIGITAL: FELIZ NAVIDAD

No le recomiendo a nadie el tema de las obras en casa. Andamos de traslado. Nos echan de nuestro nidito porque tienen que entrar a pico y pala. Encima el servicio de Internet, que religiosamente nos es cobrado con puntualidad, ha decidido unilateralmente ponerse en huelga de conexiones caídas. O sea, que debo mendigar de wifis ajenas (como en este preciso instante) o considerarme excluído de este cibermundo.

Como ando loco empaquetando del primer libro a la última camiseta técnica pasando por toda clase de artilugios inútiles que amontonamos en casa, tampoco voy a estar mucho por este garito caótico en que se ha convertido el blog. Espero que los de telefónica (con minúscula) tengan a bien rearmarnos la conexión en breve, para seguir dando la paliza desde aquí.


No soy demasiado de fiestas de esas de Felicidad obligatoria, pero sí que deseo a todo el mundo mucha salud, mucha paz y mucho de todo lo bueno en estos días tan familiares, para que dure todo el año (al menos hasta que toque volvérnoslo a desear).

jueves, 13 de diciembre de 2007

VA DE RETOS



Ya tengo sobre la mesa el calendario de animaladas de 2008. Un par de decisiones están aún por tomar, sobretodo en lo referente a las carreras que van a acompañar a ese medio maratón sub 2:00 que queremos hacer en Dénia para finales de marzo. Posiblemente salte a Barcelona para el medio maratón el 10 de febrero, estoy planteándome muy seriamente hacer el MAPOMA el 27 de abril y quiero llegar a los 101 de Ronda en esta edición de 2008.

Entonces, todo eso habrá que prepararlo, supongo, y para ello tengo un plan:

Lance Armstrong corrió en 3 horas el maratón de New York el año pasado. Este año bajó su tiempo hasta las 2:46. En la rueda de prensa posterior a la carrera (podéis verla entre los vídeos que se abren dándole al enlace http://www.runnersworld.com/video/?cm_re=HP-_-Homepage%20Video-_-Video ) le preguntaron por su entrenamiento para mejorar. Dijo que podía hablar de haber hecho alguna tirada larga más, tener más experiencia en el maratón o haber llegado sin lesiones, pero que lo más significativo fue bajar de peso, que eso marcó la diferencia no sólo para mejorar la marca sino para haber disfrutado más que el año anterior.

A mi plan lo he llamado el reto -12. Tengo que dejar en el camino al menos 12 kilazos de hoy al final de marzo. He instalado un contador en la columna de la izquierda. Está todavía a cero. La razón es evidente: no puedo correr a 5'30" durante casi dos horas con la mochila llena de piedras. 12 kilos menos deberían ser suficientes para ese medio maratón, Mapoma si cae y la bestialidad de Ronda. Sin ese alivio no veo posibilidades de éxito.

Ale, ahora sólo queda comer bien y entrenar mucho. He decidido sumar las pesas a todo lo que corro, nado, pedaleo y estiro. A lo mejor me convierto en el primo de Schwarzenegger (siempre que se escriba así, que es algo que nunca he sabido). Seguiremos informando. Salud.


domingo, 9 de diciembre de 2007

Mitja Marató de Dénia 2007

He dado con este magnífico vídeo del medio maratón de Dénia. En el minuto 2:04 creo que se ve el autobús palillero.

viernes, 7 de diciembre de 2007

MY BLOG, RELOADED

¡Uf! Necesitaba cambiar algo de la bitácora para tomar un poco de aire. Mañana hará 13 meses, en que un buen día 13 colgaba mi primera entrada. Muchos altibajos acompañaron el trayecto del blog. Lo mejor, las visitas, más por su calidez y calidad que por su cantidad. Hoy quiero darle a esto un nuevo impulso.

No me paso a Wordpress o a dominios personalizados porque ya me va justito conocer los recursos de blogger. Apuesto por la austeridad, negro sobre blanco. Lo demás, lo que es la esencia del garito, sigue intacto. Todavía presumo de ser un pingüino. Todavía salgo en el pelotón de cola de todas las carreras a las que me presento. Aún defiendo que no merece la pena salir si no se va a disfrutar del camino, y pienso que disfrutar de todo esto es la única motivación que se puede defender en puridad. Seguiré colgando pensamientos, por si interesan a alguien. Salud a todos.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Y SI SOY EL ÚLTIMO, ¿QUÉ? (REVISTA CORRICOLARI, Diciembre de 2007)


En la revista CORRICOLARI de este mes de diciembre, mi buen amigo, corredor, bloguero y visitante habitual de este garito, Darío Vico escribe un delicioso artículo sobre el pelotón de cola de las carreras. En su día me pidió permiso para citar unas reflexiones que colgué en el blog tiempo atrás. Con el mismo cariño con que tomó mis palabras le agradezco desde aquí su publicación. Es un poco largo pero merece muy mucho la pena, y casa a la perfección con la filosofía que inspira esta bitácora que tenéis en la pantalla de vuestro ordenador. (Espero que citando la revista y al autor no me empapelen por problemas de copyright...)

Y si soy el último, ¿qué? (por Darío Vico)

A veces, el recorrido más duro para un corredor principiante no es el que marca la hoja de ruta, sino el que hay entre el miedo al ridículo y el orgullo de acabar la carrera aunque sea con una marca muy modesta en los últimos puestos del pelotón. El miedo al fracaso hace que muchos atletas populares tiren la toalla incluso antes de calzarse las zapatillas. Es hora de acabar con algunos prejuicios. Para empezar, dejar claro que para ganar una prueba hay que ser el mejor, pero para llegar el último hay que ser un corredor con un coraje muy especial. ¿Crees que lo tienes?


Hace algunos años, Eric Moussambani, un desconocido nadador guineano, se convirtió en uno de los deportistas más populares de todos los que participaron en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Nadó la final de 100 metros libres en algo más del doble del tiempo empleado por el ganador, llegando el último y prácticamente asfixiado a la meta. Lo más singular de su pequeña historia es que el deportista africano no tenía conciencia de la expectación que iba a despertar; simplemente hizo suyo aquel viejo lema de “Lo importante es participar”. Aunque muchos se lo tomaron como una mera anécdota, para otros fue una inspiración. Moussambani se convirtió en un símbolo tan importante como lo fue Nadia Comaneci con su serie de dieces y su reivindicación de la perfección en Montreal 76, o la suiza Gabriela Scheiss, que terminó el primer maratón olímpico femenino de Los Ángeles 84 tambaleándose, en una hermosa y dolorosa demostración del hermanamiento entre deporte y sufrimiento. En la era de la sacralización del triunfo, Moussambani volvió a recordarnos a todos que ser el último también tiene un valor, y que para lograrlo quizás seas incapaz de vencer a otro competidor, pero sí tendrás que hacerlo con la vergüenza, los prejuicios y muchos otros enemigos.
Hoy, con el atletismo popular en pleno ascenso y ganando adeptos cada semana, cada nueva carrera que se estrena en el calendario –y muchos de ellos veteranos con mermadas condiciones físicas-, cada vez somos más quienes al ponemos un dorsal tenemos que enfrentarnos al ‘síndrome Moussambani’ y vencerlo parta evitar la tentación de dejarnos derrotar por el miedo al fracaso. Son muchos los que, además, comienzan a entrenar en solitario y sin apenas referencias de lo que van a encontrarse en una carrera, por lo que la de debut siempre es la más difícil; la sensación de liberación que muchas veces se consigue al correr se desvanece cuando alguien te pregunta el tiempo o el puesto que has realizado y éste es bastante modesto. Tampoco es fácil explicar a los que te rodean por qué dedicas tanto tiempo y esfuerzo a una actividad en la que obtienes resultados tan poco brillantes, o al menos eso es lo que reflejan las tablas clasificatorias. Cada corredor tiene que saber cómo liberarse de la presión de los resultados y descubrir ‘por qué’ sigue corriendo. Un lema. El mío, lo conseguí en una terrible cuesta, que apenas podía subir trotando mientras más arriba veía como otros lo hacían sin aparente esfuerzo. No miré hacia atrás por miedo a no encontrar a nadie. Un chaval me miró y me dijo “Venga, que eres el primero empezando por ti”. Sí, lo era. Tenía algo de lo que sentirme orgulloso; estaba demostrándome que era mejor de lo que pensaba. Eso me valía. Sabía lo qué pensaba Moussambani cuando cruzaba aquella inacabable piscina, con los ojos de medio planeta fijos en él. No le gané a nadie, pero la cuesta no me ganó a mí.

Mi ‘fracaso’ personal
A finales del pasado noviembre, poco después de inscribirme a la San Silvestre con apenas un mes para prepararla y tras varios años sin hacer apenas ejercicio, decidí hacer el recorrido en coche. Era una tarde de sábado invernal y apenas había tráfico, pero el trayecto entre el Santiago Bernabeu, en el norte de Madrid, y los altos de Vallecas, en el sur, se me hizo un mundo. ¿Cómo iba a cruzarme mi ciudad de punta a punta? Pero había algo que me despertaba aún más dudas; al fin y al cabo, aquello era una carrera, y en una carrera hay un vencedor... y un último clasificado. ¿Y si era yo? Casi veinte mil personas corriendo aquella noche y yo detrás de ellas, echando el bofe. Me imaginaba a algún gracioso grabándolo en video y luego colgándolo en internet, para mi eterno escarnio.
He de confesarlo; lo primero que hice al llegar a casa fue conectar el ordenador y buscar en la web de la carrera las clasificaciones de los últimos años. Las normas decían que el control se cerraba a la hora y media, y creía poder hacer el recorrido en ese tiempo. Vi a corredores que lo habían rozado, y decidí que no pasaba nada por intentarlo. Un año después de aquello, he corrido 25 carreras populares, cerca de un día de competición en total, y la mayor parte la he pasado en el furgón de cola del pelotón. Hace poco viví una de mis mejores experiencias cuando un corredor, novato, pero veterano como yo (tengo 42 años) planteó en un foro de internet las mismas dudas que yo tenía meses atrás, y aceptó mi ofrecimiento de acompañarle en su primera carrera. Le tranquilicé; si cerrábamos la clasificación, no habría problema. Los dos llegaríamos el último.
No fue necesario. Cierto que nuestra clasificación fue muy modesta, pero en una carrera popular se tienen que dar circunstancias muy especiales para ser el último. El ganador suele ser un buen corredor, pero el ‘farolillo rojo’ lo suelen detentar personas muy especiales, con mucho coraje, capaces de soportar enormes dosis de sufrimiento, gente que tiene un concepto muy personal de lo que debe sustentar la autoestima. Recuerdo a ese veteranísimo del madrileño Club Paris, con su camiseta del Che Guevara, habitual del furgón de cola pero siempre con una dignidad propia de aquel lema revolucionario, “Mejor morir de pie que vivir de rodillas”. O a una corredora que un día, en plena carrera, me confesó que el primer día que salió a entrenar alguien le gastó una broma sobre el volumen de su trasero. “Me paré a los pocos metros, y pensé que aquello no tenía sentido. Pero luego me dije que para mover un culo tan grande se necesitaba un corazón aún mayor, y que eso también lo tenía”. Siguió adelante, aunque en las carreras acaba generalmente atrás.

Esclavos del chip
Ayer, tras varios días sin entrenar, corrí una carrerita de pueblo. Suelo empezar atrás, y luego trato de ir remontando posiciones según me veo de fuerzas. Al pasar a una corredora, pegamos la hebra y me dijo “Quédate y vamos charlando”. Y así lo hicimos. Quizás perdí un par de minutos, pero al fin y al cabo, que más da. Fue un bonito recorrido, recordando otras en las que tampoco hicimos un gran papel, pero aprendimos algo. No estoy dispuesto a convertirme en un esclavo del chip, por mucho que le echemos de menos en las carreras en las que no nos encadenan a él. Lo curioso es que muchos corredores que suelen finalizar en tiempos modestos suelen mostrarse críticos con la organización cuando una prueba no está cronometrada con este sistema. Claro, que más polémicas se dan cuando existe y los tiempos no cuadran al segundo con los que nos ofrece el cronómetro propio. ¿No le estaremos dando demasiada importancia a la competitividad en el atletismo popular? ¿No deberíamos recordar por qué empezamos a correr?
Pepe lleva más de un año contando en su blog, “El coraje de empezar” ( HYPERLINK "http://slowpepe.blogspot.com/" http://slowpepe.blogspot.com/) su experiencia como atleta popular. La frase con la que abre su web es de John ‘The Penguin’ Bingham, profeta de los ‘lentos’ del pelotón: “No me importa llegar de los últimos en todas las carreras. Ni siquiera me preocupa el aspecto torpe que tiene mi modo de correr. Tendrías que haber visto la pinta que tenía antes, cuando estaba siempre borracho". Pepe, un ‘Bingham’ a la menorquina, que se estrenó este año como maratoniano en Barcelona y desde un principio se rebautizó ‘Slowpepe’, reivindicando el orgullo de ‘los últimos de la fila’, es un buen ejemplo de que algo está cambiando. Pero no es el único; en el foro de la web del siempre activo Club Paris madrileño ( HYPERLINK "http://www.elatleta.com" www.elatleta.com), siempre se muestran muy activos los ‘paquetes’, un conglomerado de atletas de todos los niveles que incluso organizan una especie de competición particular en la que incluso se gana puntos por llegar en compañía de otros compañeros de correrías más lentos. En las carreras cada vez es más común ver en los últimos puestos a corredores que lucen orgullosos la camiseta de un club, y viceversa, cada vez son más los clubs que animan a inscribirse y organizan planes de entrenamiento para atletas de todos los niveles, incluso de los más lentos (yo pertenezco al Edward Athletic y aunque mis marcas son las más modestas con diferencia siempre me han tratado como al mejor de sus atletas). Es la hora de proclamarlo: “Soy lento y estoy orgulloso”.
Sin embargo, no siempre es fácil decidirse a empezar. ‘Slowpepe’ hizo recientemente en su blog un precioso alegato en el que dejaba claro que estaba dispuesto a seguir adelante, aunque fuera a costa de llegar siempre atrás, pero también mostraba la realidad que se encuentra cada fin de semana; “En Menorca (y en esto el Estado español es un buen espejo) sólo corren los buenos, lo he comprobado empíricamente: soy un tipo sano y en una forma aceptable, ya que corro, nado y monto en bicicleta con mucha regularidad, y cuando me presento en una carrera popular en la isla quedo indefectiblemente entre los cinco últimos (cuando no soy yo el farolillo rojo). A los malos (dejémonos de eufemismos, yo también soy malo) les produce un reparo terrible juntarse con los buenos y ni lo intentan. Parece como si se entendiera que para practicar un deporte (tan sano) como correr o andar en bici de un modo serio fuera indispensable tener un talento especial o un nivel de entrenamiento muy elevado, y para hacerlo mal pues mejor quedarse en casa. No, señores ¡no! Defiendo un acercamiento distinto a la actividad física. Defiendo otra forma de entender todo esto que conviva con la tendencia "oficial": Se puede salir a trotar o a pedalear con tranquilidad un par o tres de veces por semana, con la salud en la cabeza, y aún así presentarse en la línea de salida de una carrera verdaderamente popular con la idea de correr la distancia sin preocuparse demasiado de llegar un minuto antes o uno después, y mirando de disfrutar del ambiente, de la gente, del recorrido, del día soleado y de lo que sea.”

Iniciarse con garantías
Siento haberle ‘robado’ a Pepe sus reflexiones pero es que tiene más razón que un santo. En las grandes ciudades hay carreras para todos los niveles, con una participación a veces muy alta y en las que se convive con muchos principiantes que simplemente corren para probar y divertirse; ya no solo es el caso de las San Silvestres, carreras de iniciación por excelencia, sino de muchas otras pruebas como las organizadas recientemente por una entidad bancaria, el BBVA, donde se ofrecía la posibilidad de correr una distancia poco común ya en las populares, 5 km, y con un perfil bastante amable en su recorrido, lo que animó a muchos. O el circuito de ‘Carreras de la Mujer’ que ha animado a iniciarse en el atletismo popular a miles de corredoras. Pero en muchas localidades la participación en la mayoría de las pruebas sigue siendo reducida y para un ‘paquete’ confeso es todo un trago pensar que va a sufrir incluso para cerrar el pelotón, y no solo físicamente sino que a veces va a tener que enfrentarse con la incomprensión de los espectadores, para los que una carrera, por muy popular que sea, es una competición, y en ocasiones hasta con la de la organización.
Porque esa es otra; es sorprendente que aún se sigan organizando pruebas de carácter eminentemente popular con una filosofía netamente competitiva. Relajar los cierres de control, cuidar a los que cierran el pelotón tanto como a los primeros y animar a participar a corredores de todos los niveles es algo que cualquier organizador debería plantearse. Ya hay ejemplos de carreras con pruebas paralelas en las que se ‘camina’ el recorrido, pero solo hace falta ver los (escuetos y a veces casi amenazantes) reglamentos que se publican en la mayoría de las carreras para ver que apenas se da información al corredor sin experiencia sobre qué puede esperar si se queda rezagado. Preguntas como “¿Me esperarán en la meta?” no son a veces tan ociosas. Tan desagradable es correr con el coche escoba pisándote los talones como quedarse completamente aislado del grupo y sin apenas referencias de por donde continúa el trazado, que no es algo tan fuera de lo común en algunas pruebas organizadas con mucha voluntad pero pocos medios y consideración. Y así solo se fomenta que uno se ‘baje en marcha’.

Perder el miedo al fracaso
Pero al fin y al cabo la decisión de correr es totalmente personal y uno tiene que atreverse a asumir ciertos riesgos. Y uno de ellos es perderle el miedo a ser el último. Vamos a lo práctico; es realmente difícil. Los últimos, ya lo comenté, suelen ser corredores excepcionales, por su temple y sus circunstancias. ‘Conseguir’ ese puesto ‘cuesta’ normalmente una media por encima de siete minutos y medio por kilómetro, bastante asequible para cualquiera que haya entrenado mínimamente durante un mes. El cierre de control suele estar, en una prueba de diez kilómetros, que son las más comunes, en una hora y media, por lo que hay margen suficiente. No suele ser taxativo, y, sí, salvo en ocasiones en que por motivos de cortes de tráfico sea necesario ajustar al máximo estos tiempos, la organización te suele ‘esperar’.
Cuando la participación es nutrida y con participantes de niveles muy distintos es más sencillo ‘camuflarse’al fondo del pelotón y es normal que la organización sea consciente de ello y facilite la atención a todos. Empezar en una carrera de este tipo es lo mejor para quitarse de encima muchos prejuicios, pero no siempre es posible. Más complicado resulta iniciarse en una carrera ‘pequeña’ pero con un nivel medio más alto; uno tiene tiempo de estudiar a sus rivales y todos le parecen preparadísimos, afiladísimos y muy superiores. No pasa nada, incluso cuando aciertes al cien por cien. Lo mejor, para quitarse presión desde el principio, es asumir tu rol y empezar en tu posición natural, y muy atento a que no te saquen de tu ritmo. Cuando se corre solo, el pulsómetro es una buena herramienta para comprobar si vas forzado; es mejor regular que acabar tirando la toalla por intentar seguir a corredores que están fuera de tu nivel. No te obsesiones con el crono, que siempre te va a dar la sensación de que vas más despacio, vigila el pulso que es una medida mucho más eficaz para calibrar si estás infravalorando o no tus fuerzas. Si corres con un compañero de ruta, perfecto, pero el consejo es el mismo; por muy buenas que sean sus intenciones, cada uno tiene que hacer su carrera. Y si alguien debe adaptarse a la del otro, tendrá que ser el ‘tutor’ quien lo haga. Su labor es animarte, arroparte y sacar lo mejor de ti, no buscar lo que no tienes y tampoco necesitas. Lo mejor de una carrera es acabarla con ganas de empezar la siguiente.
Volvemos al título de este artículo... ¿Y sí vas el último? Pues no pasa nada; es normal incluso que tengas ganas de abandonar, ya que a la presión psicológica se une que no vas a andar muy sobrado de fuerzas. Tienes que sobreponerte. Y admitir que, aunque la mayoría de la gente te anime, haya alguien que haga algún comentario jocoso que no te haga ninguna gracia. No se trata de que te conviertas en un autista, de que corras y te aísles de lo que te rodea, al contrario, tienes que aislar al experiencia. Disfrutar de lo que significa para ti, de lo que te rodea, del esfuerzo y de la sensación de que estás haciendo algo de lo que poco antes no te creías capaz; y no me refiero solo a recorrer una distancia, sino lo que es más complicado, al camino que hay entre la vergüenza y el orgullo.

RECUADRO DE APOYO
Seis consejos para perderle el miedo al fracaso
Elige, si puedes, una carrera de la que vayas a disfrutar. Que sea algo más que una mera prueba atlética, por el recorrido, por que el lugar donde se realiza signifique algo para ti, porque sabes que va a haber gente que te va a arropar. Y no te olvides de tu objetivo principal, acabarla, pero no solo a base de sufrimiento. Es mejor que pares a caminar que tires la toalla por agotarte.
Ten claro tu ritmo desde el principio. Si entrenando sueles hacer una media de seis minutos –o siete, o los que sean- el kilómetro, no te la juegues al principio por seguir la marcha del grupo. Hay quien dice que un dorsal te da fuerzas extras, pero aprovéchalas al final; te animará mucho llegar al último medio kilómetro con energías de sobra, aunque lo hagas en los últimos puestos.
No te creas peor de lo que eres por una simple referencia de tiempo. De acuerdo que hay quien es capaz de hacer diez minutos menos que tú y sin entrenar, y no perderá ocasión de decírtelo. Piensa el esfuerzo que has necesitado para lograr una marca y te parecerá mucho mejor que si la comparas con la de otros corredores. Aprende a respetarte a ti mismo.
Tampoco te creas mejor que nadie. Sobra eso de “un tío de setenta años no puede ganarme” porque sí, puede hacerlo. No entres en piques absurdos y, si puedes, busca apoyo en otros corredores y, en la medida de lo posible, ayudaros. Charlar te puede servir para hacer más llevadero el camino y regular las fuerzas. Y al final, si tienes fuerzas esprinta, pero no dejes tirado a quien te ha ayudado.
No pienses en lo que te queda. Los dos primeros kilómetros son los más duros, los que te hacen sentir que no podrás terminar, que estas haciendo algo que realmente no te gusta. Le pasa a todo el mundo. Poco a poco te irás sintiendo mejor, correrás con menos esfuerzo, pese a la merma física, y psicológicamente irás ganando fortaleza. Piensa en zancadas, no en kilómetros.
No mires atrás. Ya lo has superado, así que no hay motivo para hacerlo. Puede que te vayan adelantando corredores, y no te obsesiones con que estás perdiendo fuerzas; hay muchos que prefieren correr ‘en positivo’ y van subiendo el ritmo a medida que pasan los kilómetros. Ya aprenderás a hacerlo. De momento, no te interesa si van cien, diez o ningún corredor detrás. Haz tu carrera.

RECUADRO 2:
Mi ‘mejor’ peor carrera
Luzaga, Guadalajara, a mediados de agosto de este año. Apenas cien corredores en la línea de salida; a muchos los conozco de correr en populares, aunque son bastante más rápidos que yo. Uno me reconoce de las páginas de Corricolari. “Sí”, le digo medio en broma, medio en serio, “soy el colaborador más lento que ha tenido la revista”. Como pensaba, salen todos como tiros y me quedo atrás, haciendo mi carrera. Cuando salimos del pueblo, sólo veo a los últimos de la fila india. Cierro la carrera, pero voy tranquilo, el paisaje es realmente precioso, no hace demasiado calor y voy disfrutando de cada paso; no voy, además, a mal ritmo para mis posibilidades, aunque ni con mi mejor tiempo conseguiría ir mucho más delante. En el kilómetro cuatro y pico adelanto a otro corredor, que ha medido mal sus fuerzas y se ha rezagado. Le animo. Poco después vuelve a adelantarme... ¡En bicicleta!. “Me he retirado”, me aclara. Vaya. No es el único que abandona; yo sigo detrás, el último, pero sigo. En el siete veo a un par de corredores. Poco a poco les recorto ventaja, les alcanzo, charlamos, se van. Voy haciendo la goma un buen trecho. Corro junto a la ribera del río, un paraje precioso, me siento absolutamente feliz de estar haciendo lo que hago, aunque la vida sería más bella si los gemelos no me j... tanto. Poco antes de entrar en el pueblo de nuevo, ya cerca de la meta, les vuelvo a alcanzar. Uno de ellos se queda, no puede más. Su compañero y otros dos amigos le esperan. Por pundonor, pego un arreón, y les paso poco antes de la meta. No llego el último por muy poco, pero me siento como Perico Delgado pegando un hachazo en Alpe D´Huez. Dios, 42 tacos y sigo soñando como cuando era un crío.