miércoles, 27 de marzo de 2013

DISFRUTAR

Con Javi Velasco. En los 90 compartimos fútbol americano y ahora él le da al triatlón y yo a lo que puedo

Hace algunos días que me apetecía lanzar un par de reflexiones. Ha llegado el momento, disculpas a los dos esforzados lectores que me quedan. Todo es culpa del tarado de Filípides y de esa extraña manía que tenemos algunos de correr todo el rato y colgarnos dorsales.

Como se desprende de la entrada anterior, estoy en plena depresión post-maratón. A Barcelona me presenté habiendo entrenado más que  nunca pero sin preparar la carrera en absoluto. Por lo inespecífico de mi preparación (trail, bastones, cuestas y muchos kilómetros) sabía que mi marca iba a ser flojita, lo cual no supone una novedad, pero iba a sufrir relativamente (con perdón) poco. Además no quería sufrir. Sin embargo salí con dos amigos, algo más rápido de lo previsto, hasta que en el km 26 cambié el chip (entendido como el planteamiento de carrera, que el artilugio amarillo ese que pita en las alfombras no se movió de mi pie izquierdo en ningún momento), aflojé las piernas y también el gesto terminando más feliz que una perdiz. Y tuve tiempo para pensar...

Una carrera se afronta de muchas formas posibles, a saber:

A DARLO TODO: Has entrenado lo suficiente y tienes unas expectativas exigentes con respecto a tu rendimiento el día D. Hasta has hecho ese famoso test de 2x6000 con óptimos resultados. Sabes a qué ritmo saldrás (tu GPS te va a mantener informado puntualmente) pero además tienes grabado a fuego lo que debe decir el crono en los kilómetros 5, 10, 15, medio maratón, 25, 30, 35 y 40, y hasta cuentas con algo de fuelle para apretar al final. El muro ni lo vas a oler, puesto que tienes tus geles favoritos listos para ser consumidos y vas a hidratarte correctamente, no sea que un error evitable dé al traste con tus aspiraciones. Obviamente tienes alguna duda y alguna molestia, posiblemente por esa hipersensibilidad del maratoniano en capilla. Se trata de acercarse todo lo posible a tu línea de máximo rendimiento (eso sí, por debajo, que pasarse aunque sea muy poquito sería catastrófico), apretar los dientes, sufrir todo lo posible y un poquito más y cruzar esa línea mágica de meta pulverizando el mejor de tus registros. Muy satisfecho. Por cierto, recuerdas bien pocas cosas de la carrera más allá de tu reloj, tus zapas, y los geles que tomaste. Tu primo te animó en el 24 pero ni lo viste. Te dolió, pero "el dolor es pasajero y la gloria es para siempre". Estás satisfecho porque salió la marca, pero, ¿y si no sale?

CONTROLANDO: Calculas tu línea de máximo rendimiento ("a 5'00 hice la media bien, debería salir a 5'15 o 5'20") pero respetas la distancia y entiendes prudencial dejar un margen entre tus supuestas posibilidades y el nivel de tu esfuerzo (sales a 5'45). Eso, en condiciones normales te va a permitir terminar bien, e incluso correr en negativo, haciendo mejor la segunda mitad de la carrera, en teoría. Claro que igual no llevas demasiados kilómetros en las piernas (sino saldrías a 5'10 y a liarla), temes el muro y acabas sufriendo más de lo previsto, aunque tu marca final está bastante cerca de lo esperado y terminas suficientemente contento con tu carrera.

A DISFRUTAR:  Para salir así hay que haber entrenado. 42 kilómetros son muchos hasta para hacerlos lento si no te has puesto las pilas por lo menos en los últimos 4 meses (si tienes ya cierta experiencia). Supongamos que has entrenado y decides estirar el margen entre tu ritmo máximo y tu ritmo real el día D, más allá de lo que lo harías si hubieses salido controlando. El resultado: corres tan fresco como cuando sales a entrenar esperando gozar con la brisa de la mañana acariciando tu rostro. No vas ahogado, ya que tus pulsaciones están bastante por debajo de las de casi todos los que corren ese día contigo. Empiezas a "ver" y también a "oír" todo lo que sucede a tu alrededor. Te sobra fuelle para animar al tipo al que acabas de adelantar, y hasta para bromear con esas chicas que pasan por tu derecha, todas con la misma camiseta resueltas a terminar como un equipo lo que empezaron tiempo atrás tan juntas. Das las gracias a los voluntarios cuando te acercan el agua o el isotónico. Incluso éste último, te permites pedirlo "con hielo y limón" para sonrisa de la chica que ofreciéndotelo lleva ahí ya 5 horas a cambio de una camiseta de algodón y un bocadillo. Pasas junto a la terraza de un bar y gritas "cambio las zapatillas por una caña", y el camarero te ofrece una ("no te la voy a pagar-invito yo"), tres tragos (no es plan de liarse a cervezas en ese momento) y unos cuantos aplausos arrancados a la concurrencia y continúas feliz hacia la meta. Tu marca va a ser una ruina de todos modos, razón por la cual te permites la satisfacción de pensar en la carrera de los demás, y de echar una mano a quien ves en más dificultades. Y después de todo esto, tu hija pequeña te espera en el km 42 para correr contigo la recta de la gloria y cruzar el arco de meta agradeciendo al sentido común que las marcas te importen un pimiento (las tienes malas y malísimas) y pensando que un día como ese no tiene precio.

Respeto profundamente cualquier enfoque con el que uno pretenda afrontar su carrera personal. Además entiendo el valor de esfuerzo y superación que representa el reto de batirse a uno mismo, con el añadido que que uno suele batir a su yo más joven (por eso de que el tiempo corre hacia delante). Mi admiración para aquellos que trabajan duro, entrenamiento tras entrenamiento, persiguiendo mejorar lo suficiente como para batir esa o aquella marca. Tan solo defiendo que hay algo más, y algunos se lo están perdiendo.

Salud y kilómetros

sábado, 23 de marzo de 2013

MARATÓ DE BARCELONA 2013. LECCIONES APRENDIDAS



No fue una carrera más. Fue una de las mejores, por muchas razones. El viaje con la familia, la jornada menorquina del sábado y los más de 42 kilómetros con Eduardo y Ricard del domingo. Todo salió perfecto.

La recogida de dorsales la viví dos veces, primero con los madrugadores Eduardo y Ricard, y luego con la tropa menorquina, con la que a su vez me reuní a manteles para asegurarnos de que los depósitos de glucógeno muscular y hepático estaban repletos esperando al gran día. Hasta Tere se metió entre pecho y espalda unos huevos fritos con patatas y jamón después de su preceptivo plato de pasta. La marató bien lo valía.

Por no cansar vamos directos al domingo. Mañana gris y a ratos lluviosa. Trámites en la salida, junto al ejército de fondistas que nos trajimos de la isla y convocatoria postrera del trío la-la-la. Vaya tres: Eduardo, Ricard y el tarado que esto escribe. 

A Eduardo lo conozco desde 2008. Compartí con él 100 metros en el maratón de la capital. Nos seguíamos por la red y vino a animar. No sé cómo pero dio con nosotros (ese día éramos otro trío, los Rolling Slow) y eso me sorprendió muchísimo. Luego hemos mantenido un contacto electrónico pero sostenido en el tiempo, basado imagino en lo mucho que tenemos en común y buenas dosis de simpatía mútua. Hace un tiempo recibo un correo. Viene "de comparsa" a acompañar a su amigo Ricard, re-debutante en la distancia, que a ver si nos vemos (vaya si nos vimos...). Me hizo una ilusión bárbara su compañía.

Ricard es un barcelonés como yo, padre amantísimo (lo pude comprobar) y corredor aficionado de los que coquetean con las diferentes distancias del fondo patrio. Contaba una mala experiencia el año pasado en esta misma carrera y pretendía el domingo arrancarse de cuajo ese abandono forzoso. Se trataba de acabar (¡mi especialidad!).

"Bueno, Ricard, ¿qué idea llevas?" "Pues había pensado en salir a 6' pelados, que voy cómodo..." "Ok, tíos, pues nos vemos en la salida y si tenéis tiempo me esperáis en la meta, pero abrigaos que tardo". "Bien, tú ¿cómo lo ves, Eduardo?" "Ricard, Pepe es la rueda a seguir" "Ricard, tienes más talento que yo un rato largo, pero conmigo terminarás, aunque debes saber que tu marca va a ser una ruina"

Y Ricard tuvo un ataque de sensatez.

Salimos tranquilos y juntos, pero claro, uno está descansado, ha entrenado y las piernas se van solas. El gps empieza a contarnos que eso de 6'30"/km no se cumple ni de coña. Vamos más rápido. Eduardo viene hasta el 4, se para y lo recogemos poco después. Ir de comparsa tiene esto: saliendo de una lesión seria y sin entrenar no se puede hacer más (aunque luego le salieran 30 kilómetros). Va sin chip para no engañar a nadie. 

Hasta el medio maratón vamos bastante juntos. Luego les pierdo un poco. Del 24 al 26 los llevo 70 metros por delante. Al llegar al 26 cambio de estrategia: de sufrir a disfrutar, aflojo y empiezo a vivir la carrera (¡qué diferencia!). Esta es la lección que aprendí el domingo: hay dos formas de vivirlo, y uno mismo decide.

Pero Ricard no había hecho todos los deberes y estaba sufriendo. En el 32 los vuelvo a ver y en el 34 los atrapo. De ahí al final el objetivo se convierte en conseguir el título de finisher para Ricard, tarea en la que empleamos todos nuestros mejores recursos. Debo decir que él puso de su parte mucho más de lo que yo esperaba que pusiera, y apretando los dientes nos plantamos en el 42 enfilando el paseo de la gloria. El hombretón rompió a llorar con todos los honores y entró por méritos propios en ese club tan especial: el de los maratonianos. Mi enhorabuena desde aquí.

No fue una carrera más. Fue una de las mejores. Llegué a Barcelona con mi familia y mis amigos. Compartí la carrera con dos tipos muy especiales y asistí desde primera fila a la emoción del debutante, que no tiene precio. Y 10 maratones después aprendí una valiosísima lección. Un fin de semana redondo.

Salud y kilómetros

martes, 11 de diciembre de 2012

MÁS RETOS


Me pregunto con frecuencia estos días sobre las razones para inscribirme en esta salvajada de la ultradistancia que es el Trail Menorca Camí de Cavalls el próximo mes de mayo. Siempre he sido un tipo al que le han motivado los retos. El reto de empezar fue, sin saberlo, el más ambicioso de todos. Luego vinieron las primeras carreras, esas en las que me aseguraba de que detrás de mí no quedara nadie más que la ambulancia. Entonces tenía una sensación de intruso que tiraba para atrás. Así me procuré una identidad al uso: la de lento oficial.

Y el lento oficial decidió subirse a la ola de buscar en más kilómetros lo que no era capaz de encontrar en esas carreras tan cortas que corría completamente solo al final del pelotón (cuando no era fuera de él). 10 kilómetros, medio maratón y el emocionante debut en maratón ese 2007 tan recordado. 

A las 9 maratones decidí mirar a los ojos al reto del Ironman, y cayeron dos, siempre a la cola de los llegados pero entre ellos al fin y al cabo. Luego la montaña, el trail, en la Serra de Tramuntana mallorquina y en esa maravilla de carrera que son los 101 de Ronda.

Y ahora 185 kilómetros.

Después de todo lo corrido y recorrido, esa distancia me sigue pareciendo inabarcable. Mi cabeza no alcanza a visualizar todo aquello por lo que se debe de pasar para estar, en el mejor de los casos, 40 horas en constante movimiento, con más de una noche sin dormir. Pero si no pasa nada raro prepararé cuerpo y mente lo mejor que sepa y tomaré la salida. Por más que tenga serias dudas sobre mis posibilidades de éxito, no me cabe duda alguna sobre mis ganas de intentarlo.

jueves, 23 de agosto de 2012

DECÍAMOS AYER...

Fray Luis de León, retomó sus clases tras 5 años injustamente encarcelado dirigiéndose a sus alumnos en esos términos. Salvando las distancias, para este blog hay un auténtico "Decíamos ayer" en la presente entrada.
No solo no soy un genio de la informática sino que resulto exageradamente torpe las más de las veces. Estaba contento con mi blog y un día me lo infectaron por alguna (imagino) oscura razón. Por tres veces traté de solucionar el problema sin conseguirlo, razón por la cual me pasé a la plataforma de wordpress donde no estuve demasiado cómodo. Del mismo modo que todo se fastidió, todo se solucionó solo, y el otro día abrí la página y me sorprendió que estuviese nuevamente operativa.

Decíamos ayer que pretendía correr mi segundo Ironman. Eso fue en mayo, en Lanzarote. Para no aburrir con batallitas que son ya del pasado puedo contar que terminé, por lo que para mí fue un exitazo dadas las circunstancias. ¿Qué pasó? Supongo que lo que a "casi todos", que al salir del agua tropecé con una arruga de la alfombra correspondiente autopisándome con fuerza dos dedos de un pie y produciéndome un esguince del metatarso con su correspondiente fisura (bueno, fisurita para ser más exacto) en el hueso. Con ese pie salí en la bici, pedaleando aceptablemente siempre que no tuviese que ponerme de pie. Lo que pasa es que ese Ironman tiene un circuito de bici jodido, son 5 subidas y 5 bajadas, y padecí más de la cuenta. Creí que no podría correr, pero la articulación se calentó pronto (digamos que me dolía la flexión de los dedos del pie, pero no tanto su extensión) y pude hacer todo el maratón trotando. Cuando estás más de 180 km sobre una bici pensando que vas a abandonar y terminas la carrera, tu sensación es de éxito.


 Lo del pie derecho es una simple ampolla. El "bonito" es mi pie izquierdo, el día después.

Tras Lanzarote vinieron los proyectos "locales", como la liga de carreras populares de Menorca, a la que corresponde la primera foto de esta entrada. Mis siguientes proyectos deportivos pasan por el Extreme Man Menorca 113, un medio ironman que se celebra a la puerta de mi casa, será la tercera edición y aún no lo he corrido. Eso va a ser el próximo 23 de septiembre, en un mes exactamente. Después vendrá el Campeonato de Balerares de Maratón (donde por mucho "Campeonato" que haya, voy a hacer bulto con los de mi club, y a pelear por terminar con dignidad) el 21 de octubre en Palma y, en una semana la media maratón de Menorca, cita clásica y obligada.

En primavera más maratón, Madrid o Barcelona, ya veremos.

Para mayo la droga dura: Trail Menorca Camí de Cavalls. Solo 185 kilómetros.

Salud para vosotros y caña para vuestras zapatillas!



miércoles, 5 de octubre de 2011

¿POR QUÉ EL IRONMAN?

El gran Chris McCormack cruzando la meta en Kona el año pasado. No defiende título el sábado.

Uno de mis amiguetes del gremio, Mattia, me dijo el otro día que se iba invitado por unos compañeros suyos a un bonito lugar unos días a entrenar. El juego era adivinar dónde. ¿Canarias? dije yo, un mito en Europa por sus parajes y buen clima, ideal para triatletas y familia. No, vas a flipar más. Venga (tiro a matar), Boulder, Colorado, donde vive y entrena la creme de la creme del triatlón mundial. No, dale más,... venga, te lo digo ya, Kona, Hawaii: una semanita entrenando, disfrutando del ambiente y viviendo in situ la fiesta del Campeonato del Mundo de triatlón de verdad, el original Ironman de Hawaii, la cuna del multideporte. Los hay suertudos, en fin...

Todo esto me llevó a pensar sobre mi relación con este deporte. Empecé corriendo por salud y ahora preparo por segunda vez el Ironman. ¿Por qué? Pues me vienen a la cabeza unas cuantas razones.

1. Porque soy un tipo aficionado a los retos y debido a mi incapacidad para asumir la velocidad como reto desarrollé una inclinación enfermiza por ir cada vez un poquito más lejos.
2. Porque el triatlón me parece sano: entreno más y me lesiono menos.
3. Porque el triatlón me parece extraordinariamente divertido.
4. Porque estoy aún más fuera de lugar si cabe: hay pocos paquetes y eso, lejos de amedrentarme, me "pone" un poquito más.
5. Porque me encanta amanecer en la piscina, con la sensación de pilas cargadas mientras la mayoría trata de dormir 5 minutos más.
6. Porque solo hay una cosa que disfrute más que participar en la carrera, y es entrenar para ello. Despacito y mucho rato, justo lo que a mí me gusta, es lo que dice siempre el plan.
7. Porque el ambiente de hierro es lo más, desde los más pross hasta aquellos que encuentran en la carrera su leyenda personal, siempre vivida con intensidad.
8. Porque pensaba que era imposible y ahora me parece imposible dejar de pensar que se puede.
9. Porque no hace falta ser un superhombre (o una supermujer) para ello. Si yo puedo cualquiera (sano y con ganas) puede.
10. Porque el reto está ahí, esperando que gente como nosotros recoja el guante (y no están los tiempos como para andar dejando guantes por el suelo...)

Seguro que dándole alguna vuelta más me saldrían por lo menos otras 10 razones para hacerlo. Sin embargo, por más que busco, no encuentro ninguna razón para no hacerlo. Sé de su gran dificultad, pero mentiría si dijese que no he soñado con cruzar exitoso esa línea de meta de la mano de mi hija y darle un abrazo a Kenneth Gasque, el alma mater del Ironman de Lanzarote que espera en el arco de llegada absolutamente a todos los valientes que osan presentarse ahí ese día. Lo de Kona ni se me pasa por la cabeza, pero Playa del Carmen...

Salud y kilómetros





domingo, 25 de septiembre de 2011

CAMINO A LANZAROTE (Y 4). LA NATACIÓN


Lo que se produce primero por su orden en el Ironman es para mí lo último en la escala de preocupaciones. Y como no es este un sitio en el que abunden las machadas me explico:

Aunque a simple vista la natación en el triatlón sea uno de los tres tercios del invento, en realidad su importancia cuantitativa es bastante menor... siempre que uno sepa nadar. Esta última afirmación no es baladí: muchos triatletas noveles sufren especialmente en el agua. Nadar es mucho más técnico que montar en bici o correr. En estos últimos sectores de la prueba, un poquito de técnica y mucho entrenamiento nos acercan considerablemente al éxito. En el agua hay que saber desenvolverse.

Yo nado aceptablemente desde pequeñito, que es cuando se aprenden las cosas que los adultos hacen aceptablemente. Tuve la inmensa fortuna de ir a un colegio con piscina (casi un lujo diría yo), y la natación era una asignatura curricular como otra cualquiera. Jamás nadé federado ni nada por el estilo. Simplemente me defiendo con corrección técnica, por lo que salpimentando mi base con algo de volumen y unas gotitas de intensidad el entrenamiento para superar los 3800 metros está servido.

Aclarada ésta, la única ventaja que el deporte me da con respecto a los de secano, y para que se entienda con claridad lo de la menor importancia de la natación en el Ironman diré que seguramente se esté por debajo del 10% del tiempo final de carrera en el agua. En Lanzarote puede que hasta menos aún, ya que la bici es especialmente parecida a la herramienta de trabajo de Nacho Vidal: larga y dura.

Pero una cosa es que la natación no me preocupe y otra es que no tenga su protagonismo en la preparación, porque 3800 no se nadan sin entrenar. En el agua haré tres entrenamientos semanales al principio, y hasta cuatro en la fase de mayor volumen total de trabajo. 60 minutos son una buena referencia de media, pero habrá algunos días más largos (no mucho más) que eso. Además pienso aprovechar los días en que nade para correr antes o después, por aquello de no mezclar nada más con la bicicleta que es lo más demandante desde el punto de vista de dedicación temporal.

La coletilla que acompaña al título de esta entrada (y4) demuestra que se acabó el hablar de futuro. Dice un conocido que los planes de entrenamiento son la segunda mejor manera de entrenar. La primera es demostrar el movimiento andando. Queda mucha miscelánea (material, suplementación alimentícia, estrategia de viaje, planteamiento de la carrera,...) pero ni se puede hablar de todo de golpe ni se debe agotar al sufrido lector. Trataré de seguir informando.

Hasta entonces, Salud y Kilómetros!

viernes, 23 de septiembre de 2011

CAMINO A LANZAROTE (3). CORRAMOS UN POQUITO

Pues el de la izquierda es el menda lerenda, que no una foto hurtada por la red. Correr (o algo bastante parecido) es lo que he hecho más de todo, por lo que el archivo de pruebas gráficas permite obviar el recurso de ilustrar con foto ajena el rollo de hoy.

6+1 maratones (no sé si la del Ironman me cuenta o no) después de haber empezado con esto sigo respetando mucho la distancia, pero el del mazo y yo ya nos conocemos. La paradoja está en que donde más se sufre durante el Ironman es corriendo, y todos seguimos pensando que lo básico es andar bien en bici. Es por el orden de las pruebas. Llegar fundido a la segunda transición es el peor de los augurios, por lo que cuanto mejor ciclista sea uno más opciones de empezar a correr vivo se tienen. Pero hay que correr.

En un Ironman se corre como a mí me gusta. Suele decirse que uno va a encontrarse muy muy lejos de su velocidad máxima y muy muy cerca (o más allá) de su resistencia máxima. Por lo tanto no se trata de ir rápido sino de aguantar dentro de las zapatillas todas las horas que dure el esfuerzo. Por tanto, para alguien que no es rápido pero sí algo masoquista con lo de tirar a ritmo tranquilo hay más opciones.

Debo decir también que en el maratón del Ironman no todo el mundo corre siempre. De hecho pienso que son una minoría los que se chupan los 42.2 sin caminar ni un segundo (quitando aspirantes a podios o a slots para Hawaii). Y caminan tanto los bien organizados como los mal organizados: los primeros porque usan los descansos caminando para comer y beber, y como recuperación programada, aflojando el ritmo en cada puesto de avituallamiento. Los segundos porque no calcularon bien ese ritmo alegre con que hicieron los primeros 150 kilómetros de la bici y se encuentran fundidos en medio de la nada que para ellos es ya ese maratón. Yo soy de los primeros.

En Frankfurt me organicé para caminar en cada avituallamiento, asegurándome de que la reposición calórica y de líquidos fuese óptima, y recuperando un poquito. Entre mi trote y el andar no es que haya demasiada diferencia, pero a mí me sirvió entonces. En honor a la verdad debo añadir que de media carrera en adelante necesité más pausas, pasando a pensar en bloques de 10 minutos de los que corría 9 y caminaba 1.

La preparación del segmento maratoniano no difiere mucho de la que se haría para completar Mapoma. Solo hay que tener en cuenta que no se puede ir más allá de 3 entrenamientos semanales, porque también hay que nadar y montar en bici. La cuarta carrera de la semana es un rodaje de transición después de la tirada larga de bici, que empieza por 15 minutos y termina por 1 hora, para acostumbrar al  cuerpo a correr con las piernas castigadas por el pedaleo.

Poco más puedo contar al respecto. Si acaso mencionar que preparo el segmento de carrera del Ironman  con las debidas cautelas: para un peso pesado como yo correr es muy lesivo, no nos engañemos, y hacerme daño es lo último que quiero durante esta preparación. Por tanto, calidad en el jamón, que yo no pienso pisar el tartán hasta que no pese 20 kilos menos. Circuitos de tierra y poco asfalto.

En fin, Serafín, que MUCHA SALUD Y SBR


lunes, 19 de septiembre de 2011

CAMINO A LANZAROTE (2) LA BICI


Si consigo ponerme en un peso aceptable, donde no estoy hoy, mi preparación del tramo ciclista del Ironman de Lanzarote será sin duda lo que definirá el éxito o fracaso final del reto. Sin duda, repito.

Aceptando mejor opinión de triatletas más expertos, para estar delante en un Ironman es necesario ser un gran corredor, pero para terminarlo vale más que seas un buen ciclista, y me explico. En un buen número de ocasiones, el ganador de la prueba corre el maratón más rápido que sus compañeros de podium. Ni el agua ni la bici provocan diferencias suficientes a estos niveles (estamos hablando de superprofesionales) que un maratón en 2:45 no pueda superar. 

Los finisher somos otro cuento. Puedes ser un magnífico corredor, pero como llegues al final del tramo ciclista fundido lo llevas claro. La clave de la bici no está en hacerla lo más rápido posible sino en terminar lo más fresco que puedas. Entonces sí puedes hacer algo parecido a correr. Además una buena forma sobre la bici ayuda a llegar a la meta corriendo (Matt Fitzgerald). A esto debemos añadirle los 2551 metros subiendo que tienen en el circuito de Lanzarote, los constantes vientos alisios (prueben a montar en bici con el viento en contra) y el calor.

Ya contaré más adelante que soy un nadador aceptable, y en en agua paso menos del 10% del tiempo total de carrera. El maratón, si tengo piernas para empezarlo lo terminaré, porque los 42195 y yo, sin ser íntimos, sí somos conocidos lejanos. La clave está sobre el sillín de mi bici. Si no preparo bien ese segmento no solo puedo pagarlo corriendo, sino que incluso corro el riesgo de no llegar a la segunda transición dentro de carrera. 180km son muchos incluso en llano. Con la pimienta que le echan en Lanzarote se me hacen muy cuesta arriba.

¿Qué pienso hacer al respecto? Si estoy 8 horas sobre la bici el día de autos me doy con un canto en los dientes. Teniendo en cuenta esto, tengo tres sesiones de ciclismo a la semana: una de trabajo interválico, de entre 45 y 90 minutos sobre una bici de spinning, un rodaje de carretera aproximadamente de la mitad de la distancia de la tirada larga y el entrenamiento largo, que empieza en 2 horas y termina en un pico de 7 horas rodando (y una corriendo inmediatamente después) como sesión de mayor volumen de todo el plan de entrenamiento. Horas de sillín y paciencia de la familia, a la que le he pedido dos meses de comprensión (marzo y abril) durante los cuales se van a sentir algo abandonados uno o dos días por semana. Si no fuera tan costoso desde el punto de vista familiar preparar la bici del Ironman haría 2 al año, y no uno cada dos años como tengo pactado en casa.

Salud y kilómetros.

jueves, 15 de septiembre de 2011

CAMINO A LANZAROTE (1)

  


Inicio aquí una modesta serie de publicaciones monográficas sobre temas relevantes en relación a la preparación del Ironman de Lanzarote en el que tengo previsto participar en mayo de 2012. Es importante subrayar que cuento lo que hago o lo que haré yo, con lo que a mí me va o lo que no me va. Cada uno es un mundo, y ni quiero ni puedo dar consejos sobre entrenamiento o alimentación a nadie.

He dividido mi preparación en aquellos aspectos del mundo del deporte más significativos (repito, en mi caso) para obtener el éxito de cruzar feliz la línea de meta en Lanzarote (y dentro del tiempo que dan para hacerlo, claro) y por este orden, de mayor a no tan mayor (nada es aquí baladí) importancia, mi reto pasa por centrar mi atención en: la alimentación, la bicicleta, la carrera a pie y su riesgo de lesión y la natación en aguas abiertas. Hoy empiezo por el principio.

Cualquiera que me conozca, o haya seguido (si queda alguien) un poco este chiringuito sabrá que soy un gordito que hace deporte. Entre mi hipotiroidismo y mi afición por todo aquello que engorda la guerra a los kilos siempre fue mi principal limitación. Un poco por eso, ya que jamás pude ir rápido decidí ir más lejos, buscando ahí el aliciente en la empresa.

Me encuentro exactamente en el mismo peso en el que estaba al empezar la preparación del IM de Frankfurt. Entonces por el camino quedaron aparte de sudores varios, hasta 14 kilos de grasa.  Para Lanzarote soy más ambicioso porque me obligan a hacer de la necesidad, virtud: en los 180 kilómetros del segmento ciclista tendré que pelear con la fuerza del viento que sopla constante en la zona y con un desnivel de subida de 2551 metros. Para alcanzar un peso de competición muy parecido al que mis médicos entienden como mi peso-salud debo bajar 25 kilos en 35 semanas. ¿Cómo? Ahí va:

La mayoría de los gorditos inquietos somos grandes teóricos del mundo de la alimentación. Puesto que hemos probado todas las dietas, no sin antes leer todo lo escrito en pros y contras sobre ellas, nos hemos cultivado en el fracaso. En ese camino llegué a mis propias conclusiones:

a)  Las dietas no funcionan. Cuando vuelves a comer lo que te prohíben engordas otra vez. No estoy dispuesto a comer solo proteínas, o solo piña, o solo sopa de apio. 

b) Sé que mi organismo necesita nutrientes de todos los grupos, comida de calidad y porciones moderadas dentro de la variedad.

    c) Voy a utilizar el sistema del VISUAL PLATE, que creo que se adapta mejor que ningún otro a mi psique de comedor emocional.

El VISUAL PLATE o plato visual es un método creado originariamente para enfermos de diabetes. Me encanta por su sencillez y aplastante lógica. Consiste básicamente en ponerse sobre la mesa un plato grande y dividirlo mentalmente por la mitad (mi cabeza ve la línea de arriba abajo). A un lado de esa línea, verde. En mi caso me suele apetecer más ensaladas a mediodía y verdura por la noche. Ese verde, al desayuno se convierte en fruta. La otra mitad se divide a su vez en 2 cuartos de plato. Un cuarto debe llenarse con un alimento rico en carbohidratos y el otro con proteínas (ahí veo una buena pechuga de pollo, un rico pescado, una tortillaza de dos huevos incluso con queso). Agua por doquier a todas horas y un par de picoteos (media mañana y merienda) de fruta o algún lácteo desnatado.

Tres platos grandes al día garantizan una alimentación variada, completa y equilibrada, y en mi caso, perderé peso seguro y sin obsesiones. Una comida a la semana será totalmente libre, para cubrir esos momentos en los que uno cena fuera en grupo o se da un capricho en familia. En mi caso, saber que existe esa válvula de escape me permite no ver las recaídas como el final del proceso sino como parte del mismo. Necesito saber que una pizza no acaba con mi plan de alimentación sana sino que lo refuerza, obligándome a insistir con fruta y verdura al día siguiente.

Esas son mis intenciones. Lo del peso es prioritario. Tal como estoy hoy no solo no terminaría el Ironman sino que pondría en riesgo mi salud o acabaría lesionándome antes. En mi caso la alimentación (odio llamarlo la dieta) está por delante del entrenamiento.

Salud y kilómetros a todos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

MIQUEL CAPÓ: LECCIONES DE UN CAMPEÓN

El portugués Telmo Coimbra pasará a la historia como el primer ganador del único ultramaratón desértico celebrado en Europa, el Isostar Desert Marathon, y el atleta mallorquín Miquel Capó, de sa Pobla, como el deportista que renunció a la victoria en un gesto de agradecimiento por la ayuda recibida del luso, que fue básica para no abandonar. Compañerismo difícil de vivir en otro tipo de pruebas en las que la autosuficiencia y la ultraresistencia son palabras desconocidas.

Miquel es el de la derecha en la foto, de naranja. He coincidido con él en varias carreras. Para cuando él termina yo suelo estar por la mitad del recorrido en el mejor de los casos. Ha ganado infinidad de pruebas de toda calaña, desde maratones hasta ultras de montaña pasando por lo que ustedes puedan imaginarse. Y no es la primera vez que le veo hacer algo así: en el UltraTrail Serra de Tramuntana entró abrazado a otro corredor. Dijo que para qué iba a esprintarle si habían hecho toda la carrera juntos. Y ahora esto.

El portugués necesitaba la victoria para poder correr el Maratón de Sables, su gran objetivo. Miquel dijo no encontrar razón alguna para que no ganase su "rival", que le había ayudado en carrera en momentos de debilidad. A 100 metros de la meta, con una buena ventaja para ganar esta dura prueba se paró, se sentó en el suelo y esperó pacientemente la llegada de Telmo Coimbra. Le acompañó en esa recta final y le cedió el triunfo. Según Miquel, Telmo lo merecía más.

No tengo palabras.

sábado, 6 de agosto de 2011

DE VACACIONES (SUPONGO)

Estoy por pedir una prueba de paternidad. La de la foto es supuestamente hija mía. Se llama Carlota y nos parecemos en muchas cosas, pero después de ver cómo se toma esto de correr a sus 2 años y medio (lo sé, no lo parece pero estoy en disposición de aportar partida de nacimiento) pienso que me han dado gato por liebre o la escasez de talento no se hereda.

En fin, que estoy de vacaciones, que es esa época del año en la que no tengo tiempo para casi nada. Con familia y amigos por casa buena parte del tiempo, Carlota sin cole ni nada que se le parezca y mi santa currando como una campeona (cosas de vivir del turismo, en agosto), el día en sus 24 horas se me queda corto. Eso sí, estoy encontrando huecos suficientes para juntar entre 8 y 9 horas semanales de trientrenos, que está la mar de bien, aunque sea muchos días a costa de esperar el fin de la siesta de la pequeña y entre su merienda y un ratito de tele (benditos dibujos animados) meter una sesión en la bici de spinning o en la cinta de correr (artefactos con los que me hice para poder ser un papá-deportista-responsable). Como a Carlota le racionamos mucho lo de la tele, ahora es ella la que se despierta de la siesta y me suelta aquello de "papi, tú a entrenar", sabiendo que junto a la bici y la cinta está su sillón favortito y enfrente de todo ello se suceden las apasionantes aventuras de Pocoyó o Dora la Exploradora (y su amigo el mono Botas).
Lo de hacer el medio ironman en septiembre por equipos se desmorona. En realidad se me desmorona el equipo, y yo no tengo cuerpo aún para pegarme la paliza en solitario. No está todavía descartado pero poco le falta. De ese modo, y aunque la bici es por ahora protagonista de mi sinvivir por aquello de Lanzarote, el desnivel y el viento, los próximos proyectos son sobrevivir al medio maratón de Menorca (9 de octubre) y disfrutar de la Behobia-San Sebastián mediado noviembre, o sea, todo corriendo. No hay maratones en mi cabeza porque lo del Ironman se me hace una montaña ahora mismo, pero como Barcelona me debe una puede que... En fin, ya veremos.

Hasta entonces, salud y kilómetros disfrutados.

viernes, 15 de julio de 2011

ENTRENANDO...

El pasado lunes empecé a entrenar. Desde ese día cuento 45 semanas menos un día (la carrera es en sábado) y ese es el tiempo que tengo para pasar de fondón venido a menos a hombre de hierro otra vez. Ese es todo el plazo disponible para preparar el cuerpo, ni un día más.

A pesar de que pueda parecer otra cosa, el punto de partida es bastante malo. La tendinitis que me bajó del maratón de Barcelona en el kilómetro 13 la he superado (casi) a costa de no correr apenas y terminar dos ultras (Trail Serra de Tramontana y 101 de Ronda) con un par de... bastones y mucho cuidado. Nadar, nada serio desde Frankfurt, hace ya más de un año, y la bici con demasiado polvo como para decir que la he usado ni un poquito. Por tanto, viendo lo que he hecho ya desde el lunes pasado puedo afirmar felizmente que estoy entrenando otra vez.

La idea, durante las primeras 6 u 8 semanas es olvidarme del volumen y, por descontado, de la intensidad, y centrarme en lo que se llama frecuencia, algo tan sencillo como salir a entrenar un día tras otro, nadar y correr hoy, bici mañana, y así sucesivamente, sesiones cortitas que dejen el cuerpo hasta pidiendo un poquito más, no sufriendo ni un ápice y descansando por completo un día por semana. Eso es en lo que estoy ahora.

Otro tema que me ocupa, del que me cuesta hablar consciente de que por demasiado comentado y nunca bien resuelto carezco de toda credibilidad es el del peso. Estoy unos 9 kilos por encima de lo que pesé en Frankfurt hace un año. Para ese Ironman bajé 14 kilos, sin dieta, comiendo bien y entrenando. Para Lanzarote, con lo dura que es la bici parece que esas cifras no garantizan casi nada y el esfuerzo deberá ser mayor. En esta semana, quitando solo las calorías vacías de mi dieta y entrenando he bajado casi un kilo, pero posiblemente sea por lo fácil que me es siempre al principio. Trataré de hacer algún ajuste serio más en lo que como para espabilar. Ayer me probé el tri-traje nuevo del club y al cerrar la cremallera creía que lo iba a reventar. No es que me quedara justo, es que no podía respirar. O las tallas XXL de la marca que nos equipa no son lo que debieran o todos los triatletas son unos tirillas o yo soy un barrilete de tres pares de narices (que es lo más probable). Hace algunos años el sobrepeso amenazaba mi salud. Conseguí eliminar los kilos-riesgo pero nunca terminé el trabajo. No estoy en condiciones de afirmar que esta vez será diferente pero permítanme que lo intente.

Donde hay un deseo hay un camino.

Salud y kilómetros!!!

viernes, 8 de julio de 2011

IRONMAN LANZAROTE 2011

Este me lo guardo. Cuentan lo que pasó este año y me sirve para soñar con lo que pasará en la próxima edición.

miércoles, 6 de julio de 2011

IRONMAN LANZAROTE 2012


Para empezar asusta la natación en el océano, sobretodo si a los alisios les da por mecer las olas por encima de lo aceptable. Asustan los 2551 metros de subida en bici durante 180 kilómetros demasiado azotados por el viento con frecuencia. Y el postre se llama maratón.

Eso sí, me encanta que me reciba el jefe. Kenneth Gasque, el venerable danés que desde siempre está al frente de la organización recibe bajo el arco de meta desde al fuera de serie que gana la prueba hasta el último esforzado finisher que termina el duro circuito en las 16 horas y 45 minutos que puede llegar a durar la aventura.

También me llama la atención contar en el blog los pormenores de un viaje de 9 meses, o de 45 semanas que ahora viene a ser casi lo mismo, desde hoy hasta el 19 de mayo, fecha en que si no hay novedad de fuerza mayor trataré de convertirme en finisher en ese Ironman, tan bello como duro.

Mi forma actual es baja. Desde Ronda he salido a trotar de modo poco regular y sobretodo suave, tratando de superar una tendinitis que cada vez está más olvidada. Mañana le sacaré el polvo a la bici, pasaré por la báscula para conocer con exactitud el punto de partida y empezaré con mucha tranquilidad tratando de volver a entrenar con solidez, a bajar poco a poco de peso y seguir disfrutando del amor por el deporte, visto desde mi particular punto de vista pero vivido con la misma pasión que cualquier campeón de cualquier disciplina.

Salud y kilómetros, como siempre!

miércoles, 11 de mayo de 2011

101 kilómetros de Ronda

Foto cortesía del compañero de fatigas Jaime Suárez Christiansen

Como bien está lo que bien acaba, sirva esta crónica para ilustrar lo que significó un feliz colofón a algo que empezó requetemal con el abandono en el maratón de Barcelona a primeros de marzo.

Para no cansar al personal con detalles de importancia menor sitúese amigo lector en la mañana de autos directamente: estoy en el campo de fútbol de Ronda. He llegado temprano, con el nervio ciático secretamente pinzado y el miedo en el cuerpo porque eso es lo único que me faltaba. Se confirma que el tendón no me ha dolido en toda la semana (en que me he tocado auténticamente los cojines como corresponde al tapering semiprofesional que el ultrafondo exige). Será por falta de uso. Se confirma también que soy un zoquete con la logística. Visto una finísima camiseta técnica de manga corta y la temperatura es gélida a esas horas. Lo que mal empieza aún puede empeorar: se pone a llover con más de una hora por delante de espera a la intemperie. En fin.

Me llama Jaime, tal como habíamos quedado. Lo conozco desde 2006 y no lo había visto en mi vida (personalmente). Al dar con él (o él conmigo) tengo esa sensación que ya tuve antes con alguno, como si nos conociéramos de siempre. Sabemos bastante el uno del otro, al menos desde el punto de vista deportivo, y la complicidad surge de modo inmediato. También está Boni, con el que he intercambiado en este blog comentarios en diversas ocasiones. Y Ricardo, pero a este lo perdemos de vista pronto porque su idea es volar y la nuestra un paseo tranquilo.
Me apena no haber visto a Sergio y Ana. Imagino que sus logísticas no han coincidido con las nuestras. Espero que sea en la próxima ocasión.

Sin tanto frío ya, tras los vivas reglamentarios y haber soltado a las bicis nos ponemos en marcha con la calma, aunque ya por las calles de Ronda, qué cabeza la mía, se me ocurre empezar a correr tras los Pretorianos de Tomares y mi amiguete Scheilor al que consigo dar alcance y saludar en el fragor de la lucha. Como he empezado puramente a mi ritmo de sensaciones tanto Boni como Jaime se me han adelantado lo suficiente como para perderles de vista, aunque pronto coincido de nuevo con el segundo de ellos, con el que haré muchos kilómetros en carrera. Caminando en las subidas y el llano y trotando suave en las cuestas abajo seguimos Jaime y yo en animada charla, tan solo salpicada por un pequeño chaparrón que no consigue alterarnos el ánimo porque nos pilla con las piernas frescas y la moral alta. Así hasta el kilómetro 19 0 20, donde me despisto buscando una barrita en la riñonera y Jaime se me escapa. Unos 10 kilómetros después, tras haber subido con ganas la cuesta de los cochinos volvemos a coincidir, yendo juntos hasta poco antes de Setenil (kilómetro 59) donde cae la noche, y de nuevo a la salida de ese avituallamiento y hasta poco antes del acuartelamiento de la Legión. Ahí sus problemas con las ampollas y la dureza de la subida aconsejan que nos separemos. Como no quiero condicionar más su ritmo me adelanto y alcanzo el cuartel (kilómetro 77) ya pagando algo el esfuerzo. Caldito caliente, cambio de zapatillas y a salir zumbando. El cuartel es la verdadera trampa de los 101. Llegas de madrugada, muy cansado, con frío y hambre y encuentras todo lo que necesitas (refugio, comida y descanso). Si abusas de ello por un mal entendido "me lo merezco" luego es imposible ponerse nuevamente en marcha. Salir con ánimo del cuartel es prácticamente sinónimo de terminar. Salgo con ánimo.

Tras el cuartel toca subir a la ermita (o las ermitas, que yo vi dos capillas). Tras la bajada, ya en el pueblo paso por el momento crítico de la carrera. Son las 5 de la madrugada y tengo un sueño espantoso, al punto que me sorprendo caminando (varias veces) e incluso trotando (una vez) con los ojos cerrados. La caraja me dura media hora. Me como el chocolate que llevo en el bolsillo del cortavientos desde Setenil y se me pasa. A partir de ahí debo luchar ya solo contra el dolor de pies (alguna ampolla traicionera y los empeines por primera vez en mi vida) y seguir a los de delante, que van como yo de lentos y fastidiados. Seguimos el cauce del río por espacio de varios kilómetros luchando contra los repechos y sobretodo el barro del sendero.

Amanece definitivamente en el avituallamiento del kilómetro 91, y como si se tratase de cargar las baterías solares recupero buena parte de las fuerzas perdidas mejorando desde ese momento mi ritmo de carrera. Los últimos 10 kilómetros son un continuo felicitarnos entre los marchadores, seguros ya de que esa meta es nuestra. En el 98 llega la cuesta del cachondeo, una pared que tiene fama de peleona. Sin embargo, tal como supongo, el aspecto psicológico juega un papel determinante en subirla como un tiro: esas rampas tienen premio. Llego arriba, a 1500 metros de la Alameda del Tajo y decido disfrutar de ese último tramo de paseo con todo merecimiento. Son poco más de las 9 de la mañana. No hay mucha gente por las calles pero la poca que hay aplaude fuerte y nos felicita con efusividad. Un tipo me grita "vamos, 500 metros" y empiezo a correr. Ya no me duele nada. Sigo corriendo hasta dar con la entrada en la Alameda, donde adelanto disculpándome a un grupo completo que se dispone a entrar en el recinto. Aprieto el paso con un correr suave i ágil, absolutamente impropio de alguien como yo. Me da por reír a mandíbula batiente, levantar los brazos y mirar al cielo. Y cruzo esa línea de meta. 101 kilómetros. 101 sensaciones diferentes. Un cansancio delicioso y muchas ganas de repetir.

Salud a todos. Sed muy felices.

lunes, 2 de mayo de 2011

Camí de Cavalls Costa Norte

Uno de mis últimos entrenamientos. Grabación curiosa porque fue improvisada, con la cámara del teléfono móvil y sin pensarlo demasiado. La calidad es justita, la imagen se mueve seguramente demasiado y su visionado tiene el inconveniente de tener que aguantar el rollo y los jadeos cuesta arriba del narrador (yo mismo para más señas), pero si alguien anda aburrido esto es la Menorca profunda. Yo lo disfruté.

Salud y kilómetros