sábado, 31 de enero de 2015

EL CORAJE DE SEGUIR


Veo la luz al final de este pequeño túnel. Es una luz tenue pero suficiente para llamar mi atención y conseguir que no desvíe mi camino hasta ella. Tras cerrar el año con mi maratón número 16, habiendo terminado también por tercera vez el Ironman las ganas de competir, y lo que es peor, de entrenar (hacer deporte con un propósito concreto) se esfumaron. Así sin más. Me alcanzó la necesidad de hacer otras cosas. Me compré una guitarra y empecé a tomar clases en la escuela municipal de música. Volví a leer con fruición, incluso prensa generalista en formato papel, esa que antes repasaba saltando entre titulares por la red. Empecé a disfrutar con otras cosas y en ese disfrute se fue la forma física. No del todo, porque mi vida social sigue muy ligada al circuito de ultrarresistencia local, y en ocasiones alternar continúa significando salir a juntar bastantes kilómetros al ritmo que des ese día. Pero no es lo mismo.

Tras abandonarme en brazos de la desidia deportiva un buen par de meses, he vuelto a sentir la necesidad de formar parte de la comunidad maratoniano-ultra-triatlética en cuyas filas estuve alistado tanto tiempo. Me apunto otra vez, pero de un modo diferente. Ya no me apetece "correrlo todo". Ya no me apetece preparar esta o aquella prueba para rendir al (siempre miserable) máximo nivel personal. Quiero estar bien, eso sí. Quiero poder correr (despacito) cualquier maratón dentro de tres semanas, o terminar (de una pieza) un medio ironman el mes que viene si es lo que se tercia. Pero voy a correr solo lo que me apetezca y a seguir haciendo otras cosas. 

Anuncio por todo ello mi no-retirada. Sigo en la brecha de un modo más relajado, sin obsesiones ni sacrificios extremos. Voy a darle al deporte lo que el cuerpo me pida, y no voy a esperar más dividendos que los que merezca en función de la inversión. Puede que así las cosas me salgan hasta un poquito mejor y todo. Y si no salen no se acaba el mundo por ello.

Salud y kilómetros (eso siempre) a todos (si alguno queda).

viernes, 4 de julio de 2014

IRONMAN AUSTRIA 2014.



Tratando de no hacer demasiado ruido el domingo pasado completé mi tercer IRONMAN en Klagenfurt, un lugar diseñado para vivir bien y correr triatlones en el sur de Austria. Va a ser difícil de olvidar, y posiblemente quede esta carrera en el lugar de mayor honor de entre las competiciones en las que he tomado parte por infinidad de factores.

Para empezar el Road Trip que armamos tres amigos, conduciendo una autocaravana de alquiler desde Barcelona, haciendo turismo de poca monta por Venecia hasta llegar a Klagenfurt, la capital del estado de Caríntia con sus casi 100.000 habitantes, su arquitectura típica, sus calles impolutas y su enorme lago Worthersee, de aguas tan limpias que pudiérase beber de ellas.

Si Austria me pareció Alemania en delicado, el Ironman Austria me pareció Frankfurt en más bonito si cabe, con algún lujo menos y mucho más encanto.

LA CARRERA

Siempre dije que había entrenado. Suelo decir también que  si yo puedo terminar el Ironman cualquiera puede, y lo pienso de verdad. De todos modos ese punto de vista hay que ampliarlo: cualquiera con salud y tiempo puede enfrentarse al reto, pero hay que entrenar, y en serio. Había hecho los deberes. En el fondo sabía dos cosas: podía mejorar mi marca personal de Frankfurt porque mi preparación era sensiblemente mejor (uno). En Ironman es casi imposible pensar en la marca porque casi todo puede ir mal (dos).

Nadé como un pardillo. Jamás había sufrido tanto en la salida de un triatlón. Éramos 3000, pero a pie de playa me pareció que estábamos bien distribuidos, y que la salida iba a ser limpia. Error. Con el cañonazo llegó (al menos para mí) el caos. Golpes, empujones, montoneras, imposible nadar por espacio de, al menos 3 o 400 metros. Con algo más de sitio me sentí agobiado como un novato, sin poder coger aire suficiente para seguir nadando. Me costó el primer largo (1400 metros) nadar parecido a los entrenamientos. Los últimos 1000 metros son en un canal. Ahí otra vez los golpes, los empujones y el malestar, deseando llegar de una vez. Al final salgo del agua habiendo nadado de verdad menos de la mitad del recorrido. El GPS dice que fueron 4000m para mí. Aún así el crono baja mi mejor marca en la natación del Ironman. Al menos eso.

Los 180 km en bici suelen dominarme. Siempre llego al km 150 muy cerquita de mi límite y los últimos 30 me parecen puestos para jorobar, simplemente. Esta vez no fue así. Me marqué un ritmillo que cumplía con mis posibilidades teóricas, lo respeté y llegué al final, si no con ganas de más (no exageremos) sí al menos satisfecho y razonablemente fresco. Lo de fresco también se refiere posiblemente a los 90 km últimos bajo una lluvia a ratos intensa que puso alguien ahí para recordarnos que lo de ser hombres (y mujeres) de hierro no puede ser nunca fácil. Pues eso, que me bajé de la bici muy satisfecho, habiendo dominado el recorrido, consciente de que lo había hecho como quería hacerlo y sintiendo que no había más secuelas que las justas y necesarias. El objetivo de guardar energías parecía conseguido.

Y empecé a correr los 42.2 km. A pesar de ser razonablemente mediocre en todo, tanto en el agua, como en la bici o también corriendo, debo decir que al acabar el sector ciclista del Ironman siempre siento un ligero alivio, pensando que lo que me queda, no diré que lo domine, pero sí me resulta mucho más familiar. Sé que con mi ritmillo tranquilo los kilómetros caen. Además en el Ironman no hay "muro". En realidad hay varios "muros", uno los va golpeando sucesivamente, con tanta asiduidad que ya no se nota el paso de uno a otro. Y lo dicho, empecé a correr. El objetivo era ese, al ritmo que fuese, correr todo el tiempo. Para los menos avezados en este tipo de carreras diré que, al menos en parte, mucha gente camina en el sector de maratón de un Ironman. Yo caminé algo en Frankfurt, conseguí correr todo el tiempo en Lanzarote y me propuse hacerlo así también en Klagenfurt. Hasta el km 17 perfecto: ese trotecillo tranquilo, hasta cómodo, esa sonrisa en la cara, feliz porque iba bien, de verdad, dentro de lo que cabe con lo que llevaba ya encima iba bien.

Entonces Pandora abrió la Caja de los Truenos. El revoltillo de plátanos, barritas, geles, isotónicos, cocacola y demás empezó a revelarse en mi bajovientre. Dolor, ligero al principio, difícil de soportar después. Me paro en la primera cabina-wc que veo y está impracticable (evito describirla porque se trata de un morbo innecesario, pero creedme que no se podía ni entrar). Más adelante el recorrido cruza una especie de club de campo, con sus socios sentados en mesas del bar animando la carrera. Salgo del circuito y pregunto por el servicio. Lo uso con tranquilidad hasta sentirme algo aliviado. Vuelvo a mi maratón pero los problemas no se han resuelto del todo. 8 km más adelante aparece otra cabina sanitaria, no tan sucia como la primera. Paro y la uso. Salgo como antes, algo aliviado pero lejos del 100%. Sigo cabreado porque voy bastante bien de piernas pero con un malestar gástrico brutal. Llego al casco urbano y me meto en una cervecería para jolgorio de la concurrencia. En su baño trato de vomitar, a ver si eso me alivia. No lo consigo. No es eso. Repito con las aguas mayores por tercera vez, lo que parece funcionar algo mejor pero me revela a su vez que estoy bastante deshidratado (observando el color de la orina). Como el estómago ha mejorado ya algo más, dedico mis esfuerzos a la rehidratación, empezando un ritual exagerado a simple vista pero eficientísimo al final: cada avituallamiento 2 vasos de agua, 3 de isotónico y 2 más de agua ("you are thirsty my friend" me dijo uno de los voluntarios). Lo repito dos veces en dos paradas sucesivas. En tres avituallamientos paro otra vez al baño. Un pipí clarísimo: todo ok. Como ya no me entra nada sólido, en el km 35 introduzco de nuevo la cocacola en las paradas, por el azúcar, y rezo porque no haga falta comer de ahí al final. El estómago está mucho mejor y corro aceptablemente ligero (insisto, para lo que llevaba encima y en comparación con el panorama de caminantes que me rodea en esos momentos).

En el 38 ya veo mi llegada mentalmente. La haré despacito y disfrutando. Y rompe a llover a lo bestia, pero me da igual. Corro entre charcos pero no me importa. Los kilómetros salen cada vez más rápidos porque la adrenalina le echa una mano a los músculos hasta la última curva. Ahí un desconocido me da un abrazo y me felicita ("congratulations, you did it"). Piso la alfombra azul y supero el pasillo de cheerleaders. Le señalo mi dorsal al speaker que enloquece (bueno, es lo que me pareció, pero lo hacía con todos y todas) y grita "from Spain, Josep Garriga, YOU-ARE-ANNN-... I-R-O-N-M-A-N!!!" y cruzo la meta.

14h43. Marca personal aunque sea por 2 minutos. 

Me cuelgan la medalla, me dan una manta térmica y un chubasquero porque llueve a mares aunque ahí están todos (speaker, cheerleaders y gradas abarrotadas). Paso a la carpa de recuperación. Me ofrecen un masaje pero declino el ofrecimiento. Me siento en una silla me tapo la cabeza con la manta térmica y rompo a llorar sin saber muy bien porqué. Dos voluntarios se acercan por si todo anda bien. "Emotion, just feeling a bit emotional" acierto a decirles. Sonríen y me felicitan. Se me pasa el bajón. Siento que he ganado. Pienso en  mi mujer y en mi hija, en todo lo que han sacrificado para que yo esté ahí y en lo mucho que las quiero a las dos. Soy muy feliz.

Al día siguiente salimos a dar una vueltecita en bici para soltar piernas. Pocas secuelas para lo que esperaba, tanto físicas como de coco. Pensando en el siguiente, como es lógico. Es que estamos enfermos, pero ¡bendita esta enfermedad!

Gracias por cada mensaje de ánimo de los recibidos por todos los canales. Al tomar cobertura el móvil empezó a echar humo.

Salud y buenos kilómetros a tod@s


domingo, 1 de junio de 2014

PESO DE COMPETICIÓN

Poco o mucho, mi peso siempre ha sido un factor limitante del rendimiento deportivo. Podría decir que siempre he pesado generosamente por encima de lo que debería, a veces más y a veces menos, pero mi presencia en el pelotón de cola está casi siempre relacionada con ese problema.

Como casi todo el mundo que lidia con esta dificultad, he pasado por muchos intentos de solución, desde dietistas profesionales a curas detox milagrosas, pasando por dietas low-carb de casi todo tipo. Los resultados nunca han sido satisfactorios, tan solo cuento éxitos parciales que, sumados entre sí, me han permitido hacer el deporte que me gusta a un nivel suficiente, si entendemos suficiente como llegar a la meta antes de que se hubiesen marchado todos.

Pero como no estoy aquí para someterme a un análisis personal tan profundo iré un poquito al grano. Me ha gustado el enfoque que a esta problemática le da Matt Fitzgerald en su libro "Racing Weight", y voy a compartir aquí mis impresiones, aquello que más me ha llamado la atención a mí. Aunque el libro habla de muchas más cosas, estas son las conclusiones que yo extraigo:

1. El peso corporal, y más concretamente la cantidad de grasa que componga ese peso corporal es más determinante del rendimiento deportivo (entre deportistas) que el entrenamiento. Estadísticamente los primeros en las competiciones de resistencia son aquellos con un menor porcentaje de grasa corporal y un cuerpo más liviano. A medida que se estudia a los deportistas hacia la cola del pelotón aparecen individuos más pesados (y en ocasiones con más entrenamiento en las piernas que alguno que terminó la carrera más adelante). Las estadísticas hablan de porcentajes, no en términos absolutos.

2. Lo único que funciona para perder peso es conseguir un déficit calórico real: ingerir menos calorías de las que se gastan, y ese déficit es más fácil de conseguir interviniendo en los ingresos que en los gastos, aunque para que la pérdida de peso sea sobretodo grasa y no tanto músculo y ésta se produzca en términos aceptables de salud hay que controlar los ingresos y aumentar los gastos a través del ejercicio. Y el ejercicio no es solo la sesión de entrenamiento: un estilo de vida activo es el complemento ideal al deporte. De poco sirve salir a correr 2 horas si llegamos muertos y nos tumbamos en el sofá el resto del día. Mejor 45 minutos y seguir olvidando el ascensor, caminando a hacer recados, yendo a pasear con familia o amigos,... Lo que cuenta son las calorías tras 24h, no tras ese entrenamiento concreto.

3. Las dietas hiperproteicas o low-carb funcionan porque en realidad lo que se reduce son las calorías totales, además de que las proteínas son más saciantes y los carbohidratos se almacenan junto con una pequeña dosis de agua (que pesa y aporta volumen).

4. La primera medida de éxito en el control de peso consiste en mejorar la calidad de la dieta. Ingerir alimentos menos procesados, cocinados por procedimientos saludables, priorizando verduras, frutas, carnes magras, pescados, cereales integrales, frutos secos, semillas y sobretodo agua.

5. La segunda medida de éxito consiste en distinguir el hambre física (de estómago) de la que es solo psicológica, y acostumbrarse a comer casi siempre siguiendo las señales del hambre real.

6. Desayunar bien es fundamental

7. Hay un horario también para los nutrientes: más carbohidratos en el desayuno, equilibrio al mediodía y sobretodo proteínas y verde en la cena.

Claro, me diréis que Matt Fitzgerald no ha descubierto nada, y es verdad. Sin embargo, habla con total naturalidad de todas las modas nutricionales que considera una estafa, de dietas con nombre (Montignac, Atkins, La Zona, Dukan en incluso la Paleodieta que tan bien me ha sentado a mí siempre), y pone en su lugar un enfoque sensato y coherente: si existiera una dieta definitiva, que consiguiese pérdidas de peso con poco esfuerzo y mucha salud, todas las demás desaparecerían. Si coexisten siguiendo muchas veces principios contrapuestos es porque ninguna de ellas vale. Y quizás lo que corresponde es girar la cabeza hacia lo que dice la ciencia. Tan sencillo...

Saludables menús y muchos kilómetros!!!

martes, 8 de abril de 2014

DERROTA


Algunas derrotas son fáciles de asumir por lo merecidas que a veces resultan. El domingo pasado me sucedió a mí. Volví a correr 21097 metros en más de 2h.
Ya no recuerdo cuando fue la última vez que me pasó. Romper esa barrera fue un hito mi historial deportivo (para mí), pero luego había conseguido siempre bajar más o menos bien de esas 2h. El domingo pasado fue distinto, terminé la media de Pollença en 2h02 (o 03, según las fuentes consultadas). Ahí va el fruto de mis reflexiones al respecto:

1. LAS RAZONES PARA MERECERLO
- Llegar a la línea de salida algo pasado de kilómetros.
- Llegar a la línea de salida algo pasado de kilos (3.5 para ser exactos sobre mi ya excesivo tonelaje habitual).
- Salir demasiado rápido, desoyendo consejos recibidos la noche anterior.
- Hacer durante algo más de 10km la carrera de otro (otra en este caso).
- Perder el respeto a todo lo que puede salir mal (relieve, calor,...) convencido de que "bajo de 2h fijo".

2. LOS HECHOS
- Salgo persiguiendo a Tere y a Zori. Antes del km 2 ya me han dejado atrás pero la recta es larga y puedo seguirlas con la mirada hasta el 9. Me esfuerzo por no ver el hueco entre ellas y yo agrandado y llego al 10 holgadamente por debajo de 5'30"/km en el día que no tocaba. Ahí vuelvo a ver a las chicas, justo cuando Tere deja a Zori. A esta segunda le doy caza en el 11, poniéndome a su altura para echarle una mano, pero me dice que va fundida y que tire. Como yo voy regular pero puedo tirar la dejo atrás y sigo, más o menos, fuerte. Hasta el 14. Desde el 13 vengo tostadito pero ignorando las malas sensaciones. En el 14 reviento por no haber querido aflojar un poquito antes y de ahí al 18-19 los kilómetros me salen por encima de 6' (hasta uno a 6'30"). Las piernas no van literalmente y sufro de verdad. En el 19 me he recuperado un poquito y marco de ahí hasta el final 5'34"/km de media pero está claro que es ya demasiado tarde para bajar de 2h. Me doy por derrotado con todos los honores.

3. LA REFLEXIÓN
- Solo un apunte o dos, para no hacerlo demasiado largo y dejar espacio a algo un poco más elaborado al respecto: no me fastidió la marca, me fastidió el sufrimiento porque sí. Cuando te esfuerzas al máximo para conseguir algo, padeces buscando dar todo lo que llevas y te sientes satisfecho independientemente del resultado. Para mí es así. Pero en este caso sufría por sufrir, me moría de ganas de terminar con algo que siempre he disfrutado, con marcas malas y no tan malas. Y lo que es peor, mataba el tiempo pensado en unas cuantas carreras en las que NO IBA A PARTICIPAR por no sentir lo mismo. Digerí fácilmente no bajar de 2h esta vez. Haberlo pasado mal me está costando más olvidarlo. Perdí de vista eso de disfrutar del camino, llegar antes fue prioritario y ni siquiera se dio. 

Tengo claro que todavía estoy para aprender unas cuantas lecciones.

martes, 18 de marzo de 2014

LA MARATÓ

Con Toni Seguí. Un Grande en toda la extensión del término.

Reto conseguido. Dos maratones en 15 días. 4h39 y 4h34 según mi GPS de cabecera, que al final es lo de menos. Mucho calor en Barcelona. A ver si lo cuento sin aburrir...

Para empezar el sorpresón del viaje: salgo solo de casa (Menorca), dejando mujer e hija en un Spa contratado (supuestamente) para el fin de semana. Llego al aeropuerto de destino (Barcelona) y me reciben mujer e hija en el hall de llegadas... Les gustan las sorpresas, ¡qué le voy a hacer! Gracias, chicas, por acompañarme una vez más.

Sin saber cómo iba a presentarse esa mañana lo que hice dos semanas antes empecé buscando "ese ritmillo" que había situado mentalmente en 6'20"/km pero estaba ahí Tere, que se vino hasta el 15 y es de ascendencia keniata. Por lo tanto empecé algo más rápido de lo previsto, pero cómodo y sin pasarme. De charleta y marujeo runner trasnscurrió todo hasta el kilómetro 10, en que nos dio alcance Antonio, Zori y la felicidad de ambos, que corría con ellos. De ahí hasta el 15, 4 mosqueteros trotando sin esfuerzo aparente por la ciudad en una soleada mañana. En ese punto kilométrico termina la aventura de la ex-lesionada Tere: corre lo que su cuerpo necesita y (con ganas de un poquito más) tira de coherencia y se queda. Yo agradezco su compañía. Nunca 15 kilómetros me parecieron tan cortos.

Hasta la media con Zori y Antonio, siempre pendientes de mi ritmo, así como son ellos de atentos, hasta que los despido cortesmente: la carrera empieza a requerir que me centre en mis cosas y ellos irían mejor a su ritmo. Inmediatamente cumplo con la tradición de (a falta de parques con frondosos setos) meterme en un bar, pedir permiso y visitar el baño para unas rápidas aguas menores. Desde ahí, aún fresco hasta el 30.

En el 30 las zapatillas empiezan a pesarme demasiado. Los parciales ya no salen igual de bien que antes, y me planteo el objetivo único de terminar con dignidad. Aflojo un poquito para nadar y guardar la ropa, porque sé lo que queda, pero sigo adelantando corredores que, ya en ese punto, caminan. Solo dejo de correr para coger agua e isotónico, organizando el avituallamiento tal como el gran Paco Garabitas me enseñó en el maratón de Madrid en 2008: vacío medio botellín de agua, lo relleno de powerade azul, tapón de rosca y a ir bebiendo en marcha. Antes del siguiente puesto de hidratación debo haber terminado el botellín anterior.

También lo de los geles me sale según lo previsto. Últimamente me he aficionado a los de fruta de Mercadona, sin una fórmula demasiado científica, lo sé, pero que saben genial y me dan los azúcares simples que necesito en ese momento. Mi cadencia siempre es la misma: 1 gel en el km 10, 20 y 30, y algo un poquito más concentrado y específico para el 35. Así lo hice.

La última parte de la carrera es siempre una lucha interior de vocecitas: te hablan los que pretenden que tires de autocomplacencia y aflojes el trote hasta empezar a caminar, y les responden los que usan frases célebres del tipo "el dolor es pasajero pero la gloria es infinita", o "no te pares, Pepe, que todos te están mirando". Consigo seguir haciendo algo bastante parecido a correr hasta topar, a 500 metros de meta, con mis chicas. Como siempre que podemos hacerlo, Carlota (5 años recién cumplidos) corre a mi encuentro para acompañarme hasta la línea de llegada. En ese ratito disfruto de mi particular subidón, me adapto al ritmo de mi hija y le cuento cuatro mentiras sobre lo entero que voy y lo poco que me ha costado llegar hasta allí. Cruzamos juntos la línea de meta, tan felices como la primera vez. Es la mística del maratón: cada carrera es especial en sí misma. Por eso las cuento. Van 14.

Salud y kilómetros a todos!

jueves, 6 de marzo de 2014

NO TIME FOR A BLUES


¿Existe eso del Marathon Blues? ¿Existe la depresión post-parto? No será el ignorante que esto escribe quien ponga en duda toda la teoría largamente elaborada al respecto por los más insignes profesionales de la psicología deportiva o clínica. Yo mismo sufrí de Ironman Blues en 2010. En Frankfurt me dejé las ganas de entrenar y me traje las de comer, dando como resultado de la ecuación 10 kg de barriga en 3 meses de pasear mi nueva condición de hombre de hierro por el pueblo.

Hoy es jueves. El domingo pasado terminé, como reza la entrada anterior, un o una (que ya ni lo sé) maratón más, con un nivel de felicidad personal muy por encima de lo ruinoso de mi marca una vez más. Y ahora estoy tratando de sentir ese síndrome post-traumático pero no hay manera. Supongo que influye decisivamente tanto lo bien que me he recuperado como lo muy acojonado que estoy por repetir en menos ya de 10 días. A esto último colaboran decisivamente casi todos los runners con los que hablo al respecto. La cosa está yendo así, más o menos:

"¿Qué tal el domingo, bien no, sumando maratones al currículum?" seguido del típico "¿Y ahora qué, qué será lo siguiente?", y yo aprovechando que me enseñan el capote entro al trapo "Nada, el 16, en menos de dos semanas otra vez, en Barcelona..." "Uf, ¿un poco justo, no?"

Y claro, llevan razón. No lo he hecho nunca, pero eso no significa que no pueda hacerse. Y lo voy a intentar. No hay tiempo para mirar atrás. No es momento de Blues. Más bien de RockandRoll.

Salud y kilómetros

lunes, 3 de marzo de 2014

MARATÓN DE MAGALUF (CALVIÀ) 2014


Ya van 13. Siento empezar la no-crónica de esta carrera con las frías cifras, que no es mi estilo. El domingo empecé i terminé los 42 kilómetros y pico de Magaluf. Básicamente se trata de lo que antes era el histórico Maratón de Calvià, puesto que esta (si no recuerdo mal) fue ya la edición número 30 (que se dice rápido).

El circuito estaba supuestamente dulcificado. Doy fe de que así era, puesto que el anterior convertía esta carrera en posiblemente la más cabrona del circuito nacional, ya que la zona, por el perfil agreste de esta parte de la costa mallorquina, es un contínuo sube y baja. Aún siendo el circuito más rápido que el anterior, a mí la carrera me pareció como Mapoma, nada llana (y he corrido en Barcelona, Sevilla,...con maratones caaaasi llanos, sé lo que es). 

Hizo calor. No como para contar con la temperatura entre las dificultades añadidas al kilometraje pero, sobretodo al final, la hidratación jugó un papel importante. En este punto encontré la única pega real a ponerle a la organización: solo agua en los avituallamientos (y gajos de naranja). Nada de isotónico, y eso es algo que hoy en día no debe pasar. Con la sudoración se va no solo agua sino también un porcentaje importante de sales que deben reponerse o se produce el temido desequilibrio electrolítico que lleva, cuando menos, a los calambres.

150 inscritos. 131 tomaron la salida. 122 llegaron a meta. El resultado es la carrera más solitaria que he corrido en mi vida (a pesar de que, siendo dos vueltas, casi toda la primera coincidimos con los 346 de la media), sobretodo en su segunda mitad. Además, cero en animación: te cruzabas con paseantes (que, como disculpa, no podían sentirse en medio de una carrera puesto que no había más corredores que tu), te miraban con cara de bicho raro y ni buenos días tenga usted, a no ser que los paseantes fuesen guiris, que esos sí daban cuatro palmas y un grito de ánimo. Cultura deportiva.

Yo tuve mucha suerte porque mi amiga Ester (que prepara una ultra de montaña) cambió en 24h su tirada larga de Trail por un entrenamiento de 42km en asfalto: se inscribió en la media y se zampó la maratón sin pestañear. Gracias a su compañía no tuve tiempo para la autocomplacencia (aquello de que, como no te ve nadie bajas un poquito el ritmo para no sufrir demasiado) y la carrera no se me hizo más larga de lo que deben ser 42.195 metros (pese a que el GPS cantó casi 450 más). Según el Sr. Garmin, tardamos 4h39 desde la salida a la llegada. Según mi criterio, que aún vale más, espinita quitada, puesto que en la última terminé lesionado y caminando. Carrera dura pero finalizada con éxito. Feliz como una perdiz.

Hoy, un día después, me siento aceptablemente entero, sin grandes secuelas y con buenas expectativas respecto a mi recuperación en dos semanas. El día 16 corro en Barcelona. Maratón otra vez. Me conformo con que me salga igual, aunque esta vez va a ser más difícil sentirse tan solo: a falta del empujón de última hora ya hay 16700 inscritos. Tendremos compañía.

sábado, 22 de febrero de 2014

HOY HE RECORDADO...

...QUE TENGO UN BLOG, sobre mis desventuras atléticas, y que antes solía contar cosas desde la tranquilidad de una hoja en blanco (por oposición a lo breve, ágil e inmediato de las redes sociales). Voy a probar otra vez, y si sale algo lo cuelgo (si se está leyendo es que salió).

En una semana tomo la salida de mi 13º maratón, y como cuenta la entrada anterior, en dos semanas más la del 14º.


El domingo pasado calenté motores en Barcelona corriendo la Mitja. Salí sin mucho interés por ir rápido, tratando de no dejar secuela alguna que pudiese comprometer lo que venía después, pero fueron saliendo los tiempos de paso por kilómetro como para intentar bajar de 2h (que es algo que a mí me suele costar un montón) y al final controlé el tema para bajar otra vez de esa barrera que tanto me  ilusionó romper en su día.

Ahora dos maratones. No sé por donde voy a meter el tapering. Ni siquiera he seguido un plan específico para tener éxito en al menos una de las dos carreras, ya que estoy con el tema del Ironman de junio como objetivo único principal. Empiezo en Magaluf, en el Campeonato de Baleares el 2 de marzo, y termino en Barcelona el día 16. De la primera carrera me preocupa la baja participación (hoy hay 515 inscritos), lo que para alguien como yo significa muchos kilómetros solo (o casi). Hasta me planteo llevar el ipod shuffle, que cabe en un microbolsillo del pantalón: siempre he sido crítico con los que compiten escuchando música, porque pienso que se pierden buena parte del ambiente que rodea el evento (a parte de desconectarse de su cuerpo en cierto modo), pero la perspectiva de verme solo en el km 30 es menos negra con algo de blues o rock en los oídos.

Barcelona será distinta porque (si estoy sano para entonces) la voy a disfrutar sin mirar al reloj. De hecho supongo que correré muy poquito de una carrera a otra, ya que debo volver a priorizar los entrenos sobre la bicicleta según el plan. Eso es lo previsto, luego veremos hasta donde soy capaz de llevar las previsiones. Y trataré de contarlo.

Salud y kilómetros.

jueves, 28 de noviembre de 2013

14 DÍAS Y 2 MARATONES


El reto dentro del reto, un back to back, desoyendo la ortodoxia maratoniana de máximo dos carreras al año, una en primavera y otra en otoño, y viniendo de un chasco en mi última cita con la distancia, exitosa solo desde el punto de vista formal, ya que crucé (cojo) la línea de meta antes de que cerraran el control.

El primer intento se debería producir en Mallorca el 2 de marzo. Es campeonato de Baleares, y mi club organiza ya tradicionalmente un desplazamiento colectivo al que siempre es un placer unirse aunque solo fuese por la atmósfera tan sana que se respira entre todos los miembros del grupo que se junta habitualmente. No es más que el ya añejo Marató de Calvià remozado, pasado a primavera y con un nuevo circuito, más generoso con el corredor.

Solo dos semanas después tomaré la salida en Barcelona, donde ya he corrido diversas veces (2007, 2009, 2010, 2011 y 2013). Aunque sea un orgulloso menorquín de adopción, correr "la marató" es correr en casa, y una oportunidad de compartir el fin de semana con mi madre y hermanos. Esta carrera era la elegida para la primavera de 2014 antes de que moviesen el campeonato de Baleares de octubre a marzo. Pero ¿por qué dos carreras en 14 días y por qué esas dos?

La primera razón es que me las han puesto así. Quería correr en Barcelona y el campeonato de Baleares, y la Federación abandonó por razones que no vienen al caso el Tui Marathon de Palma y convirtió Calvià (ahora Magaluf) en su carrera "oficial". Mis compañeros van, y yo con ellos como Buzz Lightyear, hasta el infinito y más allá.

La segunda razón reside en lo desconocido: no lo he hecho nunca y además carezco de talento especial alguno para esto de correr. Sé que hay superclases que se comen maratones un día sí y otro también, pero no tengo la certeza de poder hacerlo yo dos veces en dos semanas. Y solo hay un modo de descubrirlo.

La tercera razón descansa en mi deseo de terminar 2014 con 16 maratones en el bolsillo, y dos de una tacada dejan mucho espacio a las otras dos que me harían falta para conseguir ese reto.

La última razón (confesable) está en la entrada anterior: me encanta la distancia y la mejor forma de olvidar la última carrera es armándola gorda en la próxima. Me ilusiono con los proyectos y este me produce mariposas en el estómago desde ya. Además, tal y como está el mundo, ilusionarse con algo no sucede todos los días.

Próximamente hablaremos del como (en cuanto sepa como se hace esto)

Salud y más kilómetros...


miércoles, 27 de noviembre de 2013

PRIDE AND JOY


Stevie Ray Vaughan está arriba entre de mis músicos de cabecera, uno de los más grandes del blues 

Estoy esta tarde maratoniano y reflexivo. Anduve leyendo las aventuras de Rafa y su preparación para debutar en la distancia en Sevilla y me venían a la cabeza recuerdos, casi todos dulces pero alguno (reciente y) amargo sobre mi relación con la distancia, pasada y futura.

Tengo la sensación de que, a mi manera, llegué a dominar los 42km de asfalto con el tiempo. Lo primero que aprendí fue a respetar esa distancia, y a hacerlo a través de los entrenamientos. Correr en una prueba de este calibre puede ser una fantástica experiencia pero también algo muy doloroso, y casi todo lo que decanta la balanza hacia uno u otro lado se produce durante los cuatro meses que anteceden al día de autos: aunque existen casi tantos caminos como corredores para llegar a la línea de salida, hay que entrenar.

No siempre he ido igual de bien preparado a la cita con los 42km. Como mi preparación siempre se basó en el no-plan (no confundir con el no-entrenamiento), esa anarquía me llevó a 12 carreras completamente distintas, algunas disfrutadas, otras disfrutadas y sufridas y alguna solo sufrida. Hablo de entrenamiento, no de lesiones, por lo que la última experiencia no cuenta. 

Un botón de muestra: al Ironman de Lanzarote llegué preparado (insisto, desde mis modestos planteamientos). Saliendo del agua tuve un gilipercance que acabó con una fisura en el pie y 222 kilómetros por delante. En la bici sufrí mucho por el tipo de apoyo que me exigía el pedaleo de pie (Lanzarote es sol y viento pero también cuestas por un tubo en el circuito ciclista). Al llegar al maratón tuve serias dudas por la fisura en el dedo gordo del pie, pero al calentar la zona con los primeros kilómetros de trote salió el elefante maratoniano que hay en mí. No sé si alguno se ha parado a mirar los 42km a pie de un Ironman, pero si alguien lo ha hecho sabrá que de medio pelotón para atrás se camina bastante. Conocía el medio en el que me tocaba moverme, un maratón de asfalto y saber que había entrenado más que decentemente me dio la tranquilidad suficiente para, con paciencia, trotar de principio a fin la distancia de Filípides y entrar en meta feliz como una perdiz (y con el pie hinchado como un tomate). 

Llevo 12, ya lo he dicho, pero el reto es terminar 2014 con 16. Es un número redondo para mí, yo nací un día 16. Contaré de qué se trata y porqué más maratón, teniendo en cuenta que en junio corro en Klagenfurt el Ironman Austria: por primera vez, el mes pasado en el Tui de Palma maldecí haber tomado la salida, no por otra cosa que por lo que llegué a sufrir terminando lesionado, y esta distancia me ha dado demasiadas satisfacciones para pensar mucho tiempo en mi última cita con ella. Y como un clavo saca otro clavo, para olvidar el pasado me centré en el futuro. De 12 a 16 van 4, que quisera que fuesen por este orden Magaluf, Barcelona, Austria (cuento el IM puesto que son 42195m con dorsal y distancia homologada, aunque con un poco más calentamiento del normal) y alguna prueba en otoño, todavía por decidir (y el abanico es cada vez más amplio). 

Y hay un reto dentro del reto: de Magaluf a Barcelona hay 14 días, y eso no lo he hecho aún.

Quiero llegar a 16 bien, habiendo preparado cada carrera como corresponde, y terminando siempre en buenas condiciones, habiendo disfrutado del camino.

Es decir, con tanto orgullo como alegría.

Salud y kilómetros. 

domingo, 27 de octubre de 2013

DE MEDIA A 10

El año pasado terminé el Campeonato de Baleares de maratón la mar de feliz. Siete días después corrí la media de Menorca y me salió marca personal, la que todavía lo es ahora (1h52). Este año repetí el intento. Lo de Palma está explicado más abajo. Lo de esta mañana se explica rápido.

Salimos todos juntos, media, 10k y 4.5k. Salgo bien, 5'25"-5'30" y voy así sin sobresaltos hasta el km 3. Me he pasado la semana con el hielo a cuestas y tomando hasta el miércoles ibuprofeno. El tendón ya no está hinchado, y no duele andando antes de la salida. Corriendo tampoco...hasta el km 3. Ahí se despierta y empieza a molestar. Como lo conozco bien, puedo explicar que es un dolor de menos a más, correspondiendo su intensidad al lento pero imparable proceso de inflamación. Cuando da el primer pinchazo dice que está ahí para quedarse. Aflojo un poquito pero sigo corriendo. En ese momento ya sé que lo de completar los 21 es sencillamente poco sensato. El riesgo es volver a caminar ¿3?, ¿4?, ¿5 kilómetros? Ni hablar.

En el 8 otro pinchazo fuerte y corroboro sin dudar que me quedan 2 kilómetros. Los paso como puedo y cojo el desvío del 10000 desobedeciendo al juez que ve que mi dorsal es de la media. Cruzo meta en 56' y listo. No había más.

Ahora hielo (paso de pastillas), estiramientos, trabajo excéntrico, natación y ciclismo. En una semanitas vuelvo pero preparando San Silvestre de Barcelona, 10km. Hasta entonces.

Salud y kilómetros.

miércoles, 23 de octubre de 2013

12 MARATONES (TUI Marathon Palma 2013)


Aunque bien poco para celebrar. No, puede que no fuese un fracaso por lo imponderable de las cosas que me sucedieron, pero tampoco fue un éxito. Aún así, "no podemos decidir la dirección del viento pero sí mover las velas".

Me pegué de salida al globo sub 4h30. Con mi MP en 4h31 y un verano sin espartana dedicación al maratón era una buena medida. Sobre 6'20"-6'25" debían salir los parciales de cada kilómetro. Pero mis amigos del globo tenían otros planes, y algunos kilómetros nos salían incluso por debajo de 6'. Mal, muy mal y luego termino de peinar a esta tropa.

En el km 17 pierdo el globo. No parecen muy interesados en avituallarse y desaparecen por el horizonte. En ese momento la media que me marca el GPS es de 6'07"/km. Vaya liebres. Yo sigo. Voy bebiendo todo lo que puedo en los avituallamientos porque hace mucho calor y la humedad es elevada. En el 5 iba ya todo empapado, por lo que procuro reponer líquidos con seriedad. También como algo: en varios rodajes había probado los "geles" de fruta de Mercadona, que son básicamente fruta triturada. Saben genial y me sientan bien. Azúcares y un aceptable porcentaje de sales, y baratos. Total, los tomo en el 10 y en el 23. En el 34 (de infausto recuerdo) me aprieto dos geles de otra marca, más técnicos ya (de peor sabor y resultados dudosamente mejores). A pesar de todo paso el medio maratón en 2h10, más rápido de lo que esperaba. Seguir a unas liebres que no saben hacer de liebres tiene estas cosas. Además, poco después, el alemán que llevaba el globo aparece delante mío otra vez. El globo ya no está, su camiseta con la leyenda "4h30" está girada del revés y él camina. Me dan ganas de darle una colleja, pero me retengo y le paso. Ya me molesta bastante el tendón de aquiles de la pierna izquierda.

Convivo con esta lesión desde 2008. Nos llevamos bastante bien dentro de todo. Si cuido un poco la mecánica, no me paso con el asfalto y voy poniendo hielo de vez en cuando. El triatlón, con las sesiones de agua y bici ayuda lo suyo. En 2011 el tema se descontroló. En el maratón de Barcelona el tendón se inflamó más de la cuenta ya desde los primeros kilómetros. En el 10 cojeaba y bajé el ritmo. En el 13 hice algo que no había hecho nunca: me retiré. Cojo, y con casi 30 km por delante hice lo que debía.

En Palma vuelve la molestia primero y el dolor después. En el km 34 me pega un pinchazo por el que incluso grito alarmando a la vecindad. Camino un poco, tomo gel y bebo. Vuelvo a probar y el tendón vuelve a pinchar. Debo decidir: retirada o peregrinaje de 8 km como-se-pueda hasta la meta. Van más o menos 3h30 y poco de carrera y decido caminar. Pruebo el trote en alguna ocasión pero duele demasiado, y hasta que no me quedan 400 metros (la foto debía ser más o menos ahí) no arranco otra vez, posiblemente a 8'/km con apoyos muy suaves, solo por no entrar andando. Para los amantes de los números, todo termina 4h54 después de haber comenzado. Mis ánimos por los suelos y unas palabras retumbando en mi cabeza: "Así no vale la pena".

Es mi duodécimo finisher, en trece intentos, claro, puesto que no cuento Barcelona 2011 como es lógico. Sí entran en el cómputo (esa licencia me permito) las dos veces que corrí 42195 metros con dorsal, en circuito homologado, después de "calentar" haciendo 3800m de natación y 180km en bici (Ironman de Frankfurt 2010 y de Lanzarote 2012). Si alguien no quiere contar esos maratones, entonces son 10, a gusto el consumidor.

Ahora estoy con el hielo, ya he dejado el ibuprofeno. La inflamación ha remitido bastante. Caminando ya no duele, y aún no  he corrido. Nadé el lunes sin usar las piernas, salí 1h15 el martes en la bici solo con el plato pequeño y he descansado hoy miércoles. El domingo estoy inscrito en el medio maratón de Menorca, como cada año. Si soy capaz de trotar saldré, aunque solo sea a completar la carrera de 10km que se organiza a la vez y sobre el mismo circuito. Si molesta vacaciones.

Salud y kilómetros.

lunes, 7 de octubre de 2013

CURRICULUM O NO



No voy a hablar de lo mal que llevo el blog. Podría cerrarlo por falta de actualizaciones. Pienso que las redes sociales, sobretodo Facebook y Twitter en mi caso, están cubriendo buena parte de las necesidades que el blog satisfacía allá por 2006 cuando fue creado. Sinceramente creo que un blog es ahora un espacio de esparcimiento literario de su autor, cualquiera que sea la temática del mismo, y me he convertido en buen lector de blogs y pésimo autor.

De todos modos, como almacén de históricos sí funciona, y para no olvidar ni que sea esa función de la bitácora voy a actualizar, a modo curricular o no, un poquito.

La foto corresponde al Extreme Man Menorca 113, edición de este año. Posiblemente la menos merecida por mi parte, ya que dediqué demasiado poco tiempo a entrenarla y la terminé con buenas dosis de éxito (de mi éxito, ese que no tiene en cuenta más que el hecho de cruzar la meta antes del cierre de control). Otro triatlón de distancia medio Ironman en el zurrón.

Ahora viene, en un par de semanas, un tour de force, maratón y media en 7 días, y en dos islas diferentes (ahora que está de moda, mi Red Bull 2 islands particular): Tui Marathon (así escrito, organización guiri) en Palma el día 20 y Mitja Marató Illa de Menorca el 27. De nada nos sirve ser íntimos de la organización de la media: nos la ponen cada año una semana después de los 42195 del Campeonato de Baleares (en el que quedaré irremediablemente el 36 de 36 que somos en mi categoría por poner una cifra cualquiera). Trigésimo octava media y duodécima maratón (advierto que cuento las dos de los dos Ironmans, que fueron 42195m con dorsal). Eso también puede ser curricular o no. 
Si me animo cuento en unos días como he sobrevivido a esa semana de asfalto, porque espero sobrevivir. 

Salud y kilómetros

lunes, 29 de julio de 2013

IN MY MIND, I'M A KENYAN




Buen momento como otro cualquiera para quitarle las telarañas a este rinconcito y colgar los proyectos de la temporada que ya debería haber empezado (aunque esto último sea harina de otro costal).


1. Meterme en el tritraje del club antes del 20 de septiempre. Cuando digo meterme me refiero a caber dentro de él. Como soy un fenómeno inscribiéndome, previo pago de un generoso canon el día que abrían las inscripciones, me comprometí a terminar el Medio Ironman local, una carrera que pasa por delante de la puerta de mi casa. Extreme Man Menorca 113, llaman a la criatura: 1.9km nadando, 90km en bicicleta y 21.1km corriendo (sumen y verán). Hay que terminar con dignidad.

2. Participar en el Campeonato de Baleares de Maratón a finales de octubre. El título está difícil, y me conformo con bajar mi marcón en la distancia, 4h31. In my mind, I'm a kenyan.

3. Completar en primavera otro maratón, muy posiblemente el de mi ciudad natal, Barcelona, donde terminé en 2007, 2009, 2010 y 2013, abandonando lesionado en 2011. Sería mi duodécimo aniversario como maratoniano. Me gustaría conseguir esa sensación de haber corrido bien y disfrutarlo.

4. Llegar a la meta del Ironman Austria en Klagenfurt. Estoy inscrito. Sería la tercera vez. Además, sin pensar en el reloj, también me gustaría hacerlo con solidez, sin épica. Veremos.

Siempre llevando con honor la pertenencia más que al club de los fondistas, al de los fondones, disfrutando del camino sin obsesiones, sin perderme el paisaje ni contar algún que otro chiste al voluntario o voluntaria de turno.

"Cada mañana al salir el sol en la sabana africana, la gacela sabe que debe correr más que el león más rápido si quiere seguir viviendo. Cada mañana al salir el sol en la sabana africana, el león sabe que debe correr más que la gacela más lenta si quiere comer y seguir viviendo. Por lo tanto, seas gacela o seas león, cada mañana al salir el sol vale más que estés preparado para correr si quieres seguir viviendo". Viejo refrán kalenjin.

Insisto, "In my mind, I'm a kenyan" (but in my legs I'm still a chubby slow white guy)

Salud y kilómetros!

miércoles, 27 de marzo de 2013

DISFRUTAR

Con Javi Velasco. En los 90 compartimos fútbol americano y ahora él le da al triatlón y yo a lo que puedo

Hace algunos días que me apetecía lanzar un par de reflexiones. Ha llegado el momento, disculpas a los dos esforzados lectores que me quedan. Todo es culpa del tarado de Filípides y de esa extraña manía que tenemos algunos de correr todo el rato y colgarnos dorsales.

Como se desprende de la entrada anterior, estoy en plena depresión post-maratón. A Barcelona me presenté habiendo entrenado más que  nunca pero sin preparar la carrera en absoluto. Por lo inespecífico de mi preparación (trail, bastones, cuestas y muchos kilómetros) sabía que mi marca iba a ser flojita, lo cual no supone una novedad, pero iba a sufrir relativamente (con perdón) poco. Además no quería sufrir. Sin embargo salí con dos amigos, algo más rápido de lo previsto, hasta que en el km 26 cambié el chip (entendido como el planteamiento de carrera, que el artilugio amarillo ese que pita en las alfombras no se movió de mi pie izquierdo en ningún momento), aflojé las piernas y también el gesto terminando más feliz que una perdiz. Y tuve tiempo para pensar...

Una carrera se afronta de muchas formas posibles, a saber:

A DARLO TODO: Has entrenado lo suficiente y tienes unas expectativas exigentes con respecto a tu rendimiento el día D. Hasta has hecho ese famoso test de 2x6000 con óptimos resultados. Sabes a qué ritmo saldrás (tu GPS te va a mantener informado puntualmente) pero además tienes grabado a fuego lo que debe decir el crono en los kilómetros 5, 10, 15, medio maratón, 25, 30, 35 y 40, y hasta cuentas con algo de fuelle para apretar al final. El muro ni lo vas a oler, puesto que tienes tus geles favoritos listos para ser consumidos y vas a hidratarte correctamente, no sea que un error evitable dé al traste con tus aspiraciones. Obviamente tienes alguna duda y alguna molestia, posiblemente por esa hipersensibilidad del maratoniano en capilla. Se trata de acercarse todo lo posible a tu línea de máximo rendimiento (eso sí, por debajo, que pasarse aunque sea muy poquito sería catastrófico), apretar los dientes, sufrir todo lo posible y un poquito más y cruzar esa línea mágica de meta pulverizando el mejor de tus registros. Muy satisfecho. Por cierto, recuerdas bien pocas cosas de la carrera más allá de tu reloj, tus zapas, y los geles que tomaste. Tu primo te animó en el 24 pero ni lo viste. Te dolió, pero "el dolor es pasajero y la gloria es para siempre". Estás satisfecho porque salió la marca, pero, ¿y si no sale?

CONTROLANDO: Calculas tu línea de máximo rendimiento ("a 5'00 hice la media bien, debería salir a 5'15 o 5'20") pero respetas la distancia y entiendes prudencial dejar un margen entre tus supuestas posibilidades y el nivel de tu esfuerzo (sales a 5'45). Eso, en condiciones normales te va a permitir terminar bien, e incluso correr en negativo, haciendo mejor la segunda mitad de la carrera, en teoría. Claro que igual no llevas demasiados kilómetros en las piernas (sino saldrías a 5'10 y a liarla), temes el muro y acabas sufriendo más de lo previsto, aunque tu marca final está bastante cerca de lo esperado y terminas suficientemente contento con tu carrera.

A DISFRUTAR:  Para salir así hay que haber entrenado. 42 kilómetros son muchos hasta para hacerlos lento si no te has puesto las pilas por lo menos en los últimos 4 meses (si tienes ya cierta experiencia). Supongamos que has entrenado y decides estirar el margen entre tu ritmo máximo y tu ritmo real el día D, más allá de lo que lo harías si hubieses salido controlando. El resultado: corres tan fresco como cuando sales a entrenar esperando gozar con la brisa de la mañana acariciando tu rostro. No vas ahogado, ya que tus pulsaciones están bastante por debajo de las de casi todos los que corren ese día contigo. Empiezas a "ver" y también a "oír" todo lo que sucede a tu alrededor. Te sobra fuelle para animar al tipo al que acabas de adelantar, y hasta para bromear con esas chicas que pasan por tu derecha, todas con la misma camiseta resueltas a terminar como un equipo lo que empezaron tiempo atrás tan juntas. Das las gracias a los voluntarios cuando te acercan el agua o el isotónico. Incluso éste último, te permites pedirlo "con hielo y limón" para sonrisa de la chica que ofreciéndotelo lleva ahí ya 5 horas a cambio de una camiseta de algodón y un bocadillo. Pasas junto a la terraza de un bar y gritas "cambio las zapatillas por una caña", y el camarero te ofrece una ("no te la voy a pagar-invito yo"), tres tragos (no es plan de liarse a cervezas en ese momento) y unos cuantos aplausos arrancados a la concurrencia y continúas feliz hacia la meta. Tu marca va a ser una ruina de todos modos, razón por la cual te permites la satisfacción de pensar en la carrera de los demás, y de echar una mano a quien ves en más dificultades. Y después de todo esto, tu hija pequeña te espera en el km 42 para correr contigo la recta de la gloria y cruzar el arco de meta agradeciendo al sentido común que las marcas te importen un pimiento (las tienes malas y malísimas) y pensando que un día como ese no tiene precio.

Respeto profundamente cualquier enfoque con el que uno pretenda afrontar su carrera personal. Además entiendo el valor de esfuerzo y superación que representa el reto de batirse a uno mismo, con el añadido que que uno suele batir a su yo más joven (por eso de que el tiempo corre hacia delante). Mi admiración para aquellos que trabajan duro, entrenamiento tras entrenamiento, persiguiendo mejorar lo suficiente como para batir esa o aquella marca. Tan solo defiendo que hay algo más, y algunos se lo están perdiendo.

Salud y kilómetros

sábado, 23 de marzo de 2013

MARATÓ DE BARCELONA 2013. LECCIONES APRENDIDAS



No fue una carrera más. Fue una de las mejores, por muchas razones. El viaje con la familia, la jornada menorquina del sábado y los más de 42 kilómetros con Eduardo y Ricard del domingo. Todo salió perfecto.

La recogida de dorsales la viví dos veces, primero con los madrugadores Eduardo y Ricard, y luego con la tropa menorquina, con la que a su vez me reuní a manteles para asegurarnos de que los depósitos de glucógeno muscular y hepático estaban repletos esperando al gran día. Hasta Tere se metió entre pecho y espalda unos huevos fritos con patatas y jamón después de su preceptivo plato de pasta. La marató bien lo valía.

Por no cansar vamos directos al domingo. Mañana gris y a ratos lluviosa. Trámites en la salida, junto al ejército de fondistas que nos trajimos de la isla y convocatoria postrera del trío la-la-la. Vaya tres: Eduardo, Ricard y el tarado que esto escribe. 

A Eduardo lo conozco desde 2008. Compartí con él 100 metros en el maratón de la capital. Nos seguíamos por la red y vino a animar. No sé cómo pero dio con nosotros (ese día éramos otro trío, los Rolling Slow) y eso me sorprendió muchísimo. Luego hemos mantenido un contacto electrónico pero sostenido en el tiempo, basado imagino en lo mucho que tenemos en común y buenas dosis de simpatía mútua. Hace un tiempo recibo un correo. Viene "de comparsa" a acompañar a su amigo Ricard, re-debutante en la distancia, que a ver si nos vemos (vaya si nos vimos...). Me hizo una ilusión bárbara su compañía.

Ricard es un barcelonés como yo, padre amantísimo (lo pude comprobar) y corredor aficionado de los que coquetean con las diferentes distancias del fondo patrio. Contaba una mala experiencia el año pasado en esta misma carrera y pretendía el domingo arrancarse de cuajo ese abandono forzoso. Se trataba de acabar (¡mi especialidad!).

"Bueno, Ricard, ¿qué idea llevas?" "Pues había pensado en salir a 6' pelados, que voy cómodo..." "Ok, tíos, pues nos vemos en la salida y si tenéis tiempo me esperáis en la meta, pero abrigaos que tardo". "Bien, tú ¿cómo lo ves, Eduardo?" "Ricard, Pepe es la rueda a seguir" "Ricard, tienes más talento que yo un rato largo, pero conmigo terminarás, aunque debes saber que tu marca va a ser una ruina"

Y Ricard tuvo un ataque de sensatez.

Salimos tranquilos y juntos, pero claro, uno está descansado, ha entrenado y las piernas se van solas. El gps empieza a contarnos que eso de 6'30"/km no se cumple ni de coña. Vamos más rápido. Eduardo viene hasta el 4, se para y lo recogemos poco después. Ir de comparsa tiene esto: saliendo de una lesión seria y sin entrenar no se puede hacer más (aunque luego le salieran 30 kilómetros). Va sin chip para no engañar a nadie. 

Hasta el medio maratón vamos bastante juntos. Luego les pierdo un poco. Del 24 al 26 los llevo 70 metros por delante. Al llegar al 26 cambio de estrategia: de sufrir a disfrutar, aflojo y empiezo a vivir la carrera (¡qué diferencia!). Esta es la lección que aprendí el domingo: hay dos formas de vivirlo, y uno mismo decide.

Pero Ricard no había hecho todos los deberes y estaba sufriendo. En el 32 los vuelvo a ver y en el 34 los atrapo. De ahí al final el objetivo se convierte en conseguir el título de finisher para Ricard, tarea en la que empleamos todos nuestros mejores recursos. Debo decir que él puso de su parte mucho más de lo que yo esperaba que pusiera, y apretando los dientes nos plantamos en el 42 enfilando el paseo de la gloria. El hombretón rompió a llorar con todos los honores y entró por méritos propios en ese club tan especial: el de los maratonianos. Mi enhorabuena desde aquí.

No fue una carrera más. Fue una de las mejores. Llegué a Barcelona con mi familia y mis amigos. Compartí la carrera con dos tipos muy especiales y asistí desde primera fila a la emoción del debutante, que no tiene precio. Y 10 maratones después aprendí una valiosísima lección. Un fin de semana redondo.

Salud y kilómetros