miércoles 1 de julio de 2009

¿EXISTEN LOS PINGÜINOS DE HIERRO?


Hombre, lo pregunto porque no lo tengo muy claro. De todos modos vamos a saberlo antes o después. Como muy tarde en un añito la respuesta.

Tras haber patinado de lo lindo con el plazo de inscripciones del Titán, que era el objetivo de este año, puede decirse que anduvimos listos esta vez. Las inscripciones para Frankfurt se abrían esta mañana a las 10 a.m. CET (que supongo que será lo mismo que decir hora de aquí), y tras pelear un centenar de veces con el puñetero servidor primero, y con mis tarjetas de crédito después (tuve que pagar aprovechando que tenía a mano los datos de un colega que también viene, quien apoquinó vía su visa hasta el último céntimo de mi inscripción), por fin hacia las 4 de la tarde recibía el puñetero correo de confirmación del pago. Supongo que habrá que esperar a aparecer en las listas de inscritos, cosa que no creo que suceda en unos días, porque ni siquiera se ha corrido la edición de este año y deben andar liadísimos.

Pues eso, que si no media catástrofe (toco madera), nos vamos a Frankfurt el añito que viene, a correr el Ironman. Dicen que si nadas 3800 metros, al salir del agua montas en una bicicleta para pedalear un ratito (180 kilómetros de ratito), te bajas y terminas la jornada completando un maratón, y si eres capaz de hacer todo esto en menos de 16 horas, te vuelves de hierro. Todo el mundo habla de los hombres de hierro, pero yo me pregunto si también existirán los pingüinos de hierro, porque si no es así, no sé como demonios voy a salir del embrollo en el que me he metido en nombre de no sé qué promesa al cumplir unos 40 que ni siquiera tengo todavía.

Salud a todos y que dure!

martes 2 de junio de 2009

COMO SE VÉ, SEGUIMOS ENTRENANDO

Nueva convocatoria de ese club gastronómico venido a llamarse "Corredors de Sant Lluís". La gente de mi club, bajo la vieja fórmula de corremos una horita y luego a desayunar nos encontramos en el parking de la playa del Arenal d'en Castell a las 8 de la mañana del domingo. Carlota estuvo de acuerdo en dejarme desaparecer de casa a esas horas: se tragó el biberón matutino en un santiamén y siguió durmiendo sin rechistar (ni despertar a su madre, condición básica para fugarme con tan loables fines deportivo-alimenticios).

A la hora pactada empezó el goteo de corredores y prácticamente en 5 minutos ya podíamos empezar el rodaje. Pactamos un circuito que, en esta ocasión no era de ida y vuelta, lo que condicionaba los ritmos de los más lentos, pero que por su gran belleza paisajística merecía la pena protagonizar la sesión del día.

El calentamiento fue en autobús. En su día pedí que así fuera, encontrando más edificante empezar todos juntos al menos el primer kilómetro. A pesar de que, con diferencia, soy el más lento, nadie puso nunca objeción alguna, y comenzamos a trotar en pelotón, cuesta arriba por la urbanización en busca de la entrada del camino. Debo añadir que mis compañeros eran los que calentaban. Yo hacía poco menos que series en cuestas, a ritmos más que alegres y disimulando mis vergüenzas con una sonrisa para no desentonar. Poco antes de los 10 minutos de sesión abandono la idea de seguir el ritmo del grupo, que se va fragmentando poco a poco en función del nivel de cada uno. Ahí aparece el siguiente problema: no conozco el camino por lo que me parece totalmente descartado dar la vuelta entera. Convengo que será más sensato rodar media hora pallá, dar la vuelta, y otra media hora pacá. Así no molesto a nadie y voy más cómodo.

En esas topo con Miquel, el anfitrión del posterior desayuno, que está resuelto a acompañarme para que no me pierda. Se ha dejado caer del grupo principal y me sale al paso. Dice sentirse en la necesidad de rodar tranquilito por no estar aún al 100% (bendito mentiroso) y así me muestra el camino. Con él y, después, con Richy, haré todo el circuito, poco más de 10 kilómetros de bosque y caminos de gran belleza y duro perfil.

En poco más de una hora estamos de vuelta, los últimos en terminar, como era de esperar, pero habiendo disfrutado mucho del entrenamiento. Al estar ya todos reunidos se impone un bañito en el mar. El agua aún fresca le va a hacer mucho bien a esas piernas. Antes estiro porque tengo alguna molestia en la parte trasera del muslo izquierdo (y porque estirar después de correr es lo suyo, claro). El baño deja el dolorcillo en un tibio recuerdo de lo que podría haber sido y no fue.

Tras ese chapuzón en un Mediterráneo limpio y fresquito tomamos las de Villadiego (o mejor Villamiquel) en pos de juntar algunas viandas para matar el hambre generada por una mañana de tanto trasiego. Hay de todo, me ahorro descripciones detalladas por si el lector está sin comer todavía. Devoramos al grito de "me lo merezco" y conseguimos contrarrestar las 1000 calorías perdidas con 3000 de ingeridas. Y ahí nos las den todas, o que nos quiten lo bailao. El refranero es sabio.

Chicos ¿cuándo es la próxima?

Salud y buenos rodajes a todos.

domingo 24 de mayo de 2009

MI CUERPO


"La verdad es que, como adultos, muchos de nosotros estamos convencidos de que hubieramos hecho todo lo que se nos hubiera antojado si nuestro cuerpo fuese el adecuado para ello. Gastamos nuestra vida en las tinieblas de lo que podíamos haber sido. Por desgracia, el único modo de tener el cuerpo que queremos es escoger adecuadamente a nuestros padres. La genética puede no ser la única explicación, pero sí se trata de algo que como adultos nos condiciona de modo casi definitivo.

Determinado día, en determinada carrera, coincidí calentando con Bill Rodgers, cuatro veces ganador tanto del maratón de Boston como el de Nueva York. Ante tanta evidencia no pude evitar una sonrisa mientras lo miraba. Parecía una gacela. Todo en su cuerpo era perfecto. El modo en que sus pies estaban pegados a sus tobillos, sus tobillos a sus piernas y sus piernas a sus caderas respondía con exactitud al modo en que uno hubiera diseñado el cuerpo de un maratoniano. Apuesto a que no había tenido grasa corporal desde los 6 meses de edad.

En cuanto empecé a comparar su cuerpo con el mío se me ocurrió que todas esas partes de ambos tenían el mismo nombre pero, definitivamente no tenían el mismo aspecto. Sin embargo en pocos minutos ibamos a competir el uno contra el otro (y algunos miles de corredores más).

Para nosotros los adultos es difícil aceptar que alguien con, esencialmente, el mismo cuerpo que nosotros, ha conseguido logros que nosotros sólo podemos soñar. Los atletas olímpicos no disponen de un pulmón adicional con el que respirar en mejores condiciones. Puede que fueran bendecidos con un don, puede que tengan talento y, seguro, tienen lo que les da el entrenamiento, pero no tienen nada "extra". Eso sí, debemos empezar por entender que los cuerpos de esos seres tan especialmente dotados no son, en lo esencial, diferentes de los nuestros. Sólo así entenderemos que los cuerpos de unos y de otros reaccionan de un modo básicamente similar al entrenamiento.

Este punto me quedó especialmente claro la noche que tuve la oportunidad de cenar con Khalid Khannouchi, el mismo que rompió en mil pedazos el récord del mundo de maratón en Chicago, en 1999. Ambos corrimos ese mismo maratón, el mismo día. Él terminó en 2:05'42", y yo ligeramente por encima de 5:30'. De hecho escuché lo de su récord cuando yo iba a alcanzar la milla 11 de esa misma carrera.

Tal como íbamos charlando sobre nuestro entrenamiento y la preparación de ese tipo de carreras (las series, los rodajes largos, las carreras de ritmos vivos,...) me quedó claro que hablábamos de las mismas cosas. La diferencia no estaba en el contenido o calidad de los entrenamientos. La única diferencia estaba en la velocidad a la que corríamos en esas sesiones. El esfuerzo era la constante, la velocidad era la variable. Nuestros cuerpos reaccionaban del mismo modo a la carga y a la recuperación. Lo que significaba un esfuerzo extenuante para el recórdman mundial se sentía prácticamente igual en el pelotón de cola.

Aceptar esta verdad sobre mi cuerpo fue el punto de partida de mi progresión como corredor. Para mí fue una auténtica revelación aceptar la gran verdad sobre el hecho de que ningún cuerpo puede dar más del 100%. Mi tope era sólo el mío. Podía entrenar duro, inteligentemente, con intensidad y el propósito de mejorar, pero lo único que cambiaría sería en punto en el que estaba mi 100%, pero el mío. Mi tope siempre sería el mío, no el de Khannouchi o cualquier otro.

De ese modo me convencí de que, estuviera como estuviera mi cuerpo, era el cuerpo que iba a tener que usar. No podía cambiarlo por otro que tuviera mejor aspecto. Debería llegar al lugar al que quería ir en ese cuerpo, sobre esos pies. Esa verdad es también la tuya. No se trata de tener el cuerpo que quieras, sino de hacer lo máximo que puedas con el cuerpo que tienes. No te preocupes por ser el mejor. Sé el mejor que tú puedas ser."


Traducción casera de uno de los párrafos que a mí me inspiraron más del libro "No Need For Speed", de John Bingham. Espero no haber infringido demasiadas leyes por colgar esto aquí.

Salud y buenos rodajes, con el cuerpo que tenéis ;-)

miércoles 20 de mayo de 2009

PUES VA A SER QUE NO (TAMPOCO ESTE AÑO, OIGA)

Y no por falta de ganas. Ni siquiera por no llevar al día los deberes, que yo sé los madrugones que me andaba pegando para sacar la bici mientras la familia apuraba su relación con las sábanas. Es tan sencillo como que en 3 días terminaron con las inscripciones y nosotros dormitando.

El año pasado, mis amigos se inscribieron prácticamente en el mes de junio. Este año estábamos al loro, esa es la verdad, pero se ve que no lo suficiente. La organización anduvo deshojando la margarita, pendiente de algo que han venido a llamar "Desafío Doñana", una prueba con la que no querían coincidir en fechas. Finalmente decidieron mantener el Titán en el mismo fin de semana que el año anterior (3 de octubre próximo) y dijeron que a partir del primero de abril se abrían inscripciones. Pasó esa fecha y mutis por el foro (nunca mejor dicho). Bien, como todo iba tan lento pasamos unos 10 días sin estar pendientes del tema (antes entrábamos uno u otro prácticamente a diario en la página web de la organización, básicamente en su foro) y en ese tiempo se abrió y se cerró la inscripción (en 3 días todo el papel vendido, me cuentan). Por lo visto desbordados, ya que ofertaron 250 plazas y cuando quisieron darse cuenta 400 locos habían pagado su derecho a ser de la partida.

Nos pusimos en contacto telefónico con los organizadores, quienes amablemente nos transmitieron su pesar por no estar en condiciones de atender a nuestros ruegos. Por lo visto bastante tienen ya con decidir a qué ilusionados triatletas les devuelven el dinero de la inscripción y les dicen adiós con la manita.

No es culpa suya, obvio. Eso nos pasa por pensar que lo que ayer era fácil hoy lo va a ser también. Pues va a ser que no, y me han chafado la guitarra.

Ahora tendremos que redefinir objetivos. Mis amigos hablan de Guadalajara, medio IM en el mes de agosto. Un poco justo para un pingüino diesel como yo. Más llanito pero lleno de maquinorros (como todo tri nacional que se precie). Ni siquiera he investigado, pero seguro que el tiempo de corte es un obstáculo prácticamente insalvable. Tengo que estudiármelo, pero me están entrando unas ganas locas de mandarlo todo a tomar viento y dedicarme al deporte-salud de verdad (que los maratones y las carreras de hierro no son nada saludables, oiga...)

Salud y deporte, también para todos.

domingo 10 de mayo de 2009

VAMOS A ENTRENAR

Esto es un blog de corredores. Los que aparecen en la foto son corredores. De hecho todos menos el biciescoba de Richy completaron a pie (corriendo) un buen tramo del Camino Real de Ferreries minutos antes de la instantánea. Y no, la reunión no era a manteles sino a zapatillas, aunque parezca lo contrario.

Pues por mí podemos quedar cada domingo, oiga. No había ido nunca y no sabía lo que me perdía. Lo primero madrugar: a las 8.00 estábamos preparados casi todos. Finalmente nos dan las 8.10 y empezamos, cómo no, cuesta arriba hasta coger el camino propiamente dicho. No somos muchos por alguna extraña razón. La verdad es que en nuestro club las cosas suelen salir más multitudinarias porque el poder de convocatoria de Xec, Beni y compañía es grande. De todos modos no hay problema, ahí estamos.





Encontré en la red estas fotos del Camí Reial en su paso por el conocido barranco de Algendar. Corriendo por aquí uno tiene la sensación de reconciliarse con la Madre Naturaleza. Silencio, paisaje y ¡cuestas! Eso sí, estábamos avisados.

El plan era perfecto: tomar el camino, cada uno a su bola, y a los 30 minutos de reloj dar la vuelta y volver por el mismo sitio. De este modo se entrenaba sin problemas para ir al ritmo de los demás ni debiendo esperar a nadie.

Enseguida se forman grupos. Yo atrás, claro, primero con Vicente (quien nos acogió luego en su casa para el desayuno) y finalmente solo. A mi ritmo corro casi todo el tiempo, sin complejos para caminar en los tramos más empinados. Supongo que el camino es lo más parecido a correr por la montaña que tenemos en una isla sin montañas, y confirmo que algún día he de correr una de esas.

Al final del entrenamiento nos reunimos todos en casa de Vicente, aunque eso ya lo había dicho. Cada uno saca del zurrón las viandas de que buenamente se pudo hacer acopio en el día de ayer, lo ponemos todo sobre la mesa y ¡al ataque!
Como es lógico, desde el punto de vista de gasto calórico este entreno es una auténtica ruína, pero ¿quién se queja? No voy a ser yo, claro.

Lo dicho, por mí podemos ir cada domingo.

Salud y buenos rodajes a todos.



viernes 8 de mayo de 2009

A VER SI ES VERDAD


Más que nada porque la colaboración familiar se me antoja un requisito absolutamente imprescindible ahora mismo. Vale, no hablamos del Ironman, pero el Titán y sobretodo su preparación tienen cosas con un aire muy de animalada hawaiana, la Larga Distancia en estado puro, endurecida por el perfil cabrón tanto del tramo ciclista como del circuito de carrera a pie.

Sigo entrenando a salto de mata. Ahora un poquito más, sobretodo corriendo, que es lo que menos me exige. La bici está un poco olvidada (hasta mañana, que saldré seguro) y la natación no me preocupa en exceso. Otro punto a favor reside en los 2 kilos que he bajado esta semana. Me he portado bien y han caído ya esos 2 de los 20 que me sobran (por lo menos). ¿El truco? Desayunar bien, controlar las raciones y eliminar los carbohidratos de la cena. Mano de santo.

Siempre anduve muy limitado desde el punto de vista del rendimiento deportivo por los kilos de más. Ese peso extra podría considerarse herencia de mis tiempos jugando a fútbol americano, cuando más grande significaba más fuerte y más fuerte significaba mejor. Eso por un lado, claro. Por otro lado está mi aficion a la buena (y repleta) mesa, y el tercer punto de apoyo de mis problemas con el peso anda oculto tras mi hipotiroidismo crónico, herencia familiar (a falta de tierras y alhajas) que ralentiza hasta límites insospechados mi metabolismo y colabora en que cada mendrugo de pan que acceda a mi sistema digestivo me resulte de un provecho increíble. Quemo calorías al paso de una tortuga centenaria, algo que resulta tanto una dificultad como un acicate para superar el problema.

Lo siguiente fue acomodarme a la situación: no puedo ser rápido, vale. Entonces, antes de no ser nada, soy lento. Y esa lentitud no me impide seguir adelante, sólo retrasa mi llegada a meta. Y como soy optimista por naturaleza giro la tortilla y convierto la dificultad en virtud: mi rodaje dura más, o sea que disfruto del paisaje durante más tiempo. Con esa filosofía me enganché al deporte, y especialmente a las carreras populares de todas las distancias, de las que ya han caído unas cuantas. Y ahora el triatlón, deporte que me divierte en sobremanera pero termina resultando mucho más exigente desde el punto de vista de cierres de control. Y a la meta del Titán hay que llegar en menos de 8 horas. No, si llegar no es el problema, sino hacerlo rápido. Veremos.

Mucha salud y SBR

martes 21 de abril de 2009

MEDIO MARATÓN DE POLLENÇA

Pepe y Richy. Compañeros y hermanos. Listos para la batalla

El equipo casi al completo. El presi (segundo por la derecha, abajo) con prisa


Los del Crismar CCE Sant Lluís cometieron en su día un error por el que les estaré eternamente agradecido. Me admitieron en sus filas. No sólo no parecen estar arrepentidos por ello pese a todo, sino que encima me tratan de cine y se me llevan de excursión. Gracias chicos (y chicas).

Salimos el sábado para Mallorca. La base está en el mismo Puerto de Pollensa. Todo perfectamente dispuesto para que sólo tengamos que poner las ganas de correr. La organización de Xec, Beni y compañía impecable como siempre. El calor del grupo, algo impagable, dan al fin de semana aspecto de reunión de amigos. Ambiente inmejorable.

El domingo amanece soleado. Hará calor. Me visto con camiseta interior por si las moscas, y puede que también por un pudor mal entendido. Justo antes de salir veré que ande yo fresquito ríase el personal (...¿o no era así?...) y terminaré en tirantes rollo Sebastian Coe.

Bueno, la crónica: llegamos con casi dos horas de antelación a la salida. Cosas del autobús que nos pone la organización, y que sin rechistar acatamos. Mejor, más tiempo para departir con el personal, sacar unas fotos de recuerdo y prepararse para la tortura.

Con José Luís Blanco (plata en 3000 obst. Goteborg 2006) y Erik Kibet (1:03 en esa carrera), posando al grito de ¡¡¡igualitooos!!!

Atrás queda una jornada de concentración deportiva, una comida de club y una odisea para alquilar un coche en condiciones, sin la carrocería abollada y con la documentación en regla. Ya nada de todo eso cuenta, ni siquiera lo dura que estaba la cama o lo fresquita que estaba la cerveza del Pub irlandés ese en el que terminamos todos aquellos que pretendíamos arruinar nuestras marcas en medio maratón al grito de ¡a hidratarse que va a hacer calor!

Con el gran Miquel, psicólogo aficionado, y SuperXavi "a 4". Tan buenos como inseparables

Bueno, antes de ir al meollo de la cuestión un par de fotos más. La segunda porque les aprecio un montón, Julio y Margarita, Margarita y Julio, tanto monta, monta tanto. El verdadero espíritu del atletismo popular. ¡Que no falten nunca!

La primera foto, con Helke e Inga (los nombres son ficticios para salvaguardar su identidad y no sufrir querella alguna por difamación). ¿Por qué aparecen? Hombre, a riesgo de parecer machista, adornan y no dijeron que no.



Al lío. Con un calor de mil demonios dan la salida. He convencido a Richy para que me acompañe lejos de la élite junto a la que lo encontré en los prolegómenos. El insensato debe salir con una periostitis tibial de caballo y dos meses parado, recorrer una decena de metros y retirarse (para cumplir con los trámites administrativos derivados de su inscripción en el Campeonato de Baleares de Medio Maratón). Montse también sale con nosotros. A los 200 metros el cojo protesta por lo pausado del ritmo y desaparece pelotón alante. 100 metros después, Montse me mira de reojo y advierte que venir conmigo no es la mejor de las ideas. También tira. Sabia decisión.

Salgo pues atrás, pegadito a un grupo bastante numeroso de "balas rojas" del Club Atletismo San Pablo de Sevilla con los que charlo animadamente un par o tres de kilómetros. Les doy recuerdos para el Gran Scheilor, compañero suyo en el club y de alguno de ellos además en los Pretorianos de Tomares, grupo de ultrafondistas sin desperdicio ninguno, que corren pertrechados con corazas, cascos, escudos y estandarte pretoriano, y que tienen en los 101 de Ronda su carrera fetiche. Hasta que ya ni la buena conversación oculta que ellos tienen su ritmo y yo el mío, y les animo a que tiren a su bola.
A pesar de que el primer kilómetro sube ligeramente, los siguientes 4 o 5 se desarrollan a lo largo de un suave descenso que permite correr cómodo. En algunos momentos incluso diría que me siento como inmerso en lo que los del otro lado del charco llaman "runners high", algo así como un estado ideal en el que corres sin esfuerzo, como casi flotando sobre el asfalto. El kilómetro 6 (y las distancias son aproximadas) me baja de una colleja al pavimento. Empiezo a patear, ya más solo que la una, cuesta arriba, por una especie de avenida infinita de lo más aburrida. Ahí la carrera me revela sus claves: perfil engañoso, recorrido aburrido, escasa animación y calor, mucho calor.

Paso la zona del puerto y desde el paseo marítimo aparezco en una rotonda que desemboca en una suerte de camino rural (asfaltado, lástima) en el que la soledad y la incipiente fatiga empiezan a ser evidentes. Ahí aparece enseguida el kilómetro 13 y mi rodilla empieza a manifestarse, primero en un tenue lamento, y pronto en un agudo dolor. Adelanto a una moza de bastante buen ver a la que animo. Cuando alguien como yo adelanta, a esas velocidades, da tiempo de charlar un buen ratito hasta que se supera completamente al adelantado. O no me entiende esa chica cuando la animo, o parezco yo un moscón de cuidado o ambas cosas a la vez, pero el pretendido microdiálogo se queda en un triste micromonólogo, y sigo. Pasando el 14 la rodilla molesta cada vez más. En el 15 el dolor es poco menos que insoportable, el camino aburridísimo y mi cabeza empieza a barruntar en negativo. Mando al carajo eso de "¿yo?, poquito más de dos horitas" y me pongo a caminar. El dolor, pronto se convierte en molestia, y en un par de minutitos mal contados empiezo a trotar de nuevo. Eso sí, despacito con la idea de acelerar en cuanto el cuerpo me dé via libre. Poco a poco recupero mi ritmo, no por completo pero sí a niveles aceptables. En ese momento entro en el pueblo de Pollensa donde advierto que no estaba corriendo en el desierto sino en un lugar habitado. Además debo añadir que en esas estrechas calles la gente anima, y eso eleva el espíritu hasta de un trotón que lleva 18 kilómetros en las piernas. Hasta el 19 genial. Entonces, sin pedirlo en absoluto, la calle se empina por espacio de casi un kilómetro. Me viene a la cabeza la calle Mendizábal de Almansa y su desnivel cabrón, pero como vengo de subidón supero el escollo con aceptable ánimo. Pronto cae el 20, a gritos de "¡vamos campeón, que ya lo tienes!" y entro en el Polideportivo municipal bromeando con los voluntarios acerca de si queda mucho o no (300 metros quedaban, más o menos). Me gritan que ánimo, que en la meta hay donuts a toneladas, y sale de mí el Homer Simpson que todos llevamos dentro para completar esa media vuelta a la pista de atletismo como si tuviera que atrapar a los keniatas. Entro en meta brazos en alto y corro a ver a mis compañeros.

Mi tiempo, como siempre, una ruina. 2 horas 17 dice el Fore que, por cierto, se ha portado como un campeón toda la carrera. Calor, cuestas y otras trampas han hecho pinchar a más de uno en esta carrera. Bonito circuito porque Pollença es un lugar precioso, pero los tramos con rectas interminables y sin público se han hecho duros desde el punto de vista de coco. Aún así, repetía mañana mismo. Eso sí, con todos los de club. El fin de semana me pareció mejor que las más divertidas excursiones del cole. Volveremos.

Salud y buenos rodajes a todos.

Por cierto, Richy, sus dos meses parado y su periostitis tibial terminan, los tres en 1:50. Un capullo le preguntó en la salida qué hacía un gordo como él en una carrera como esta. En el kilómetro 17, el gordo cojo adelantó al capullo, le saludó mano en alto y sonrisa socarrona y enfiló camino de meta apretando los dientes por el dolor pero feliz por cerrarle la boca al capullo.

martes 31 de marzo de 2009

EL PUÑETERO CIERRE DE CONTROL

Cuando decidí que intentaría coquetear con el triatlón a mi manera, rápidamente descarté las competiciones cortas por dos razones: por un lado el nivel de los habituales iba a sembrar en mí una sensación terrible de intrusismo deportivo difícil de soportar, y por otra parte, me parecía que las exigencias de material y entrenamiento no estarían nunca a mi alcance.

De todos modos, como por aquí sopla la Tramontana que da gusto, decidí que donde sí podía plantearme la salida era en alguno de esos que llaman de la "Larga Distancia", básicamente porque el volumen de las competiciones me parecía tal que estaba seguro de que se hacían "a mi ritmo". Veía en vídeo los maratones de cualquier Ironman de relumbrón con gente andando, o combinando caminar con correr y pensaba "eso es lo tuyo, Pepe, despacito y buena letra".

Luego apareció en el horizonte el reto del TITÁN. Más a huevo todavía: como se trata de un medio Ironman de montaña (eso sí, el más duro que existe, seguramente), va a ser imposible hacerlo a todo trapo, y seguramente nadie necesite bicicletas dotadas de dispositivos propios de la Nasa, porque con tanto puerto y subeybaja la aerodinámica no puede ser un factor tan determinante. El reto me obliga a montar en bici hasta para dormir durante los próximos meses, pero la posibilidad de hacerlo a ritmo pingüino con el único objetivo de terminar hace que la empresa no parezca un imposible.

Entonces me entero del tema referente al puñetero cierre de control.

Por partes: me dan una hora para salir del agua. Hoy mismo, para esos 2000 metros deberían bastarme poco más de 40 minutos. Para octubre tienen que ser 35, por lo que la natación no parece un problema. Lo de la T1, que para los que como yo no son versados en el tema diré que es el tiempo en el que pasas del disfraz de nadador al de ciclista, ya es otro cantar, porque como no me veo dentro de uno de esos trajes-para-todo que llevan los triatletas (tritraje lo llaman en un alarde de originalidad) debo embutirme en trapitos para el pedaleo, culo a salvo, porque puede que esté más tiempo sobre la bici del que paso durmiendo las noches en que Carlota quiere dormir. Habrá que cambiarse rápido, pues, aunque el fondo de armario sea el problema.

Para la natación y la bici, todo junto, el tiempo de corte está en 5 horas 40 minutos. Jodido. El circuito es montañoso, muy montañoso. Se suben dos puertos (Las Palomas y El Boyar, con la propina de Las Palomillas) de 1ª categoría en clasificación Vuelta a España (ciclismo). Muy duro, para cualquiera, más para alguien como yo, que no sólo no es ciclista sino que arrastra una masa difícil de desplazar cuesta arriba. Nadar y llegar al final del tramo ciclista en 5h40' me parece muuuuy difícil. 3 de los 5 amigos que fueron el año pasado se quedaron sin dorsal en ese tramo. Cuando la organización estima que ya no vas a poder llegar al siguiente control a tiempo te retira el dorsal, y si decides continuar lo haces bajo tu entera responsabilidad. Si aún así sigues y llegas a la meta te esperan, pero no entras en clasificación alguna.

Si pasas la bici, en 8 horas totales debes llegar a meta. Algunos Ironman (el doble de distancia) llanitos dan 17 horas para completar la carrera. 8 horas con la animalada de desniveles del Titán (me cuentan que el medio maratón termina con 2 km por encima del 7% de desnivel positivo, entre otras cuestas) convierten a esta prueba en un reto para valientes. No me resigno a perdérmelo. Veremos.

Salud, buenos rodajes y mucho Tri.



viernes 20 de marzo de 2009

SLOWPEPE RELOADED


La foto corresponde a Roth, en uno de los triatlones distancia Ironman más populares del viejo continente. De ilusión también se vive...

La verdad es que llevo un tiempecito sin aparecer por aquí. Lo de la paternidad ha convertido mi tiempo en su tiempo en una suerte de ley de vida que trato de cumplir con la mejor de mis sonrisas. Lo llevo con primeriza alegría, porque cada día Carlota hace una gracia nueva. Las mañanas en que se despierta conmigo y riendo convierten mi jornada laboral en algo feliz, y no hay momento en que no piense en lo afortunados que somos por ello. Ahora debo encontrar un hueco para mí, eso es todo.

Las dificultades que estoy teniendo a la hora de gestionar el tiempo me llevaron hace unos días a valorar seriamente, en un orden de prioridades, el cerrar este chiringuito. Luego pensé en tomarme unas vacaciones, y finalmente decidí atenderlo sólo en la medida de mis posibilidades, sin obsesiones de ningún tipo.

Estoy bien, gracias. Me recuperé a plena satisfacción de la lesión en el gemelo, y tras olvidar las molestias propias de la locura del maratón volví a la carga más en ratitos que en ratos, quitándole tiempo al trabajo (corriendo a la hora del desayuno, cuando todos desaparecen camino del bar, por ejemplo). Durará lo que dure, si no me echan, claro.

Empecé la semana pasada en serio con la bici y la piscina, pero como soy campeón de la inconstancia, esta semana ya sólo he corrido, esperando pedalear un par de horitas mañana si nos hacen un hueco a la flaca y a mí. No me importa mucho eso de dar más importancia a correr que a otra cosa en estos momentos, porque en el horizonte está el Medio Maratón de Pollensa, al que vamos con los del Club porque es el Campenonato de Baleares de Medio Maratón. Al tener tal carácter oficial la cita, el Govern Balear nos paga el viaje (la insularidad tiene esto de los aviones) y el club corre con buena parte de los gastos de la estancia. Total, que lo tenemos a huevo, poniendo las zapas y las ganas (incluso la ropa es del club) el 19 de abril toca medio maratón. Después ya pensaremos en otras locuras. ¿El Titán? Es una idea...

Salud y buenos rodajes a todos

jueves 5 de marzo de 2009

MARATÓ DE BARCELONA 2009

La fe mueve montañas. Luego cuento porqué.

3 meses de anarcoplán, entrenando de modo aceptable, con rodajes largos los fines de semana (aún no lo suficiente, pero largos al fin y al cabo). Entonces se rompe el gemelo. Paro e intento recuperarme con tiempo suficiente para llegar a la salida del maratón. Cuando creo que ya está pruebo, y a los 10 minutos otro chasquido. Sólo quedan un par largo de semanas y no vuelvo a calzarme las zapas hasta poco antes de la fecha de la carrera. Así está difícil enfrentarse al del mazo.

He convencido a algún amiguete para que debute en esta carrera, estoy inscrito, tengo el billete de avión (el mío y el de mis niñas) y el "hotel materno" está permanentemente reservado. Viajaré de todos modos y hasta el día antes no decidiré el plan de carrera.

Llego a la city el jueves por la noche. El viernes consigo el dorsal sin colas (en 2007 perdí unas dos horitas en el brete) y el sábado ya he visto a casi todo el mundo. Organizamos el asalto al sector italófono de la restauración barcelonesa desplegando todo el apetito de la delegación menorquina desde los entrantes hasta el postre, tan a mediodía como en la cena.

En la mañana del día de autos nos presentamos en la salida utilizando el metro como casi todo el mundo. En la zona de la feria he quedado con Joan Josep, amigo de la blogosfera pendiente en los últimos días de todas mis penurias. Conocerle es un auténtico placer, aunque me da la sensación de que no es la primera vez que nos vemos, que nos conocemos ya de mucho. Es lo que tiene, supongo, esto de compartir aficiones e intercambiar impresiones al respecto.


Con Joan Josep, media horita antes de la estampida. El de la izquierda, que parece menos etíope soy yo. Charlamos un ratito que se me hace cortísimo. Me presenta a su sufridora y hablamos un poco de todo hasta que se hace necesario pasar a la acción y empezar con el striptease.


Justo antes de quitarse lo civil para vestirse de romanos se impone una instantánea que inmortalice a la delegación menorquina (a mí me consideran foráneo-asimilado)antes de la batalla. No somos muy guapos pero recién duchaditos daríamos el pego.

No puedo saltar a la arena sin aparecer en una foto con Richy. Amigo del alma, casi-hermano, empezó a correr porque le piqué (si no contamos algún escarceo hace años) poco antes del medio maratón de Menorca. Tenía que correrlo a terminar y el muy mamonazo para el reloj en horacuarentaycuatro con una sonrisa de oreja a oreja. Lo siguiente tenía que ser el maratón, y se lo iba a merendar con patatas (3:50 con la gorra)


Eso sí, la pinta no es de purasangres la que tenemos...

A Raúl no lo convencí yo, pero ya tropezamos en el medio maratón y lo corrimos juntos. Debutaba lleno de dudas y la prudencia le llevó a la meta tan feliz. Haríamos juntos poco más de 20 kilómetros, los primeros, y luego entre sus zapas y los 40 principales llegó a los 42195 como un campeón.


No se puede negar que la frescura del momento ayuda a esas sonrisas ingenuas. Estábamos a puntito de empezar, ya metidos en el fondo del cajón de salida.

Uy, pero se trataba de correr, ¿no? Pues corramos. Salimos atrás, literalmente. A los 250 metros hago un ejercicio muy divertido: aflojo la marcha, dejo que tres chicas me adelanten y me proclamo el último del maratón: por detrás la poli, la ambulancia y el bus-escoba. Volvemos a nuestro ritmo pingüino y, muy lentamente, empezamos a pasar corredores, uno tras otro. Charlamos sobre lo que tenemos delante y proclamo mi elogio de la prudencia. Despacito va a ser todo más fácil.

Mi plan era llegar hasta el kilómetro 10 si el gemelo aguanta. Si entonces estoy bien me tiro hasta el 15. Si sigo en condiciones el objetivo es el medio maratón. Lo siguiente, más allá del 21, ya es pura entelequia. Y en esas salgo con Raúl, que tiene sus dudas y aprovecha mi ritmo leeeeento para hacerlo suyo ahorrando para el final. Pronto se pone a nuestra altura una chica rubia cuyo rostro me resulta familiar. Apostaría el huevo derecho a que la conozco, y dándole vueltas al tema me da que se trata de Dallas, la incansable reportera de Mayayo y los suyos, pero la tengo algo delante y no le veo bien la cara. Por no parecer el moscón que no soy espero hasta que ella se gira y me reconoce. Me alegro (¡lo sabía!) y rodamos junto a ella hasta lo que creo que es el avituallamiento del kilómetro 10, donde nos separamos en busca del propio ritmo.

Paso el 10, pues, y ni rastro del gemelo, buenas sensaciones y ánimo para seguir. A por el 15 y a ver que pasa. Ni por esas, tampoco el 15 me pilla en mal momento. Hasta el 20 sigo con Raúl. Ahí modifico la estrategia, porque como me encuentro aceptablemente me pasa por la cabeza la idea de terminar. Eso sí, para ello voy a tener que tomar medidas adicionales. Empiezo por licenciar a Raúl. Él irá más cómodo sin mí y con los 40 principales, y yo voy a poder tomarme la carrera con aún más calma, buscando retrasar la aparición del tío del mazo lo máximo posible.



Entre el 25 y el 30, en el aburrido tramo de Diagonal Mar recibo tres inyecciones de moral: como se va por un lado y se vuelve por el otro oigo el grito de Ángel ("¡¡¡Pepeeee!!!") acompañado de gestos de ánimo. Un poco más adelante tropiezo con el mismísimo Sergio Mayayo que me hace alguna foto (como ésta:)


Además, verle tan adelante asegura que Dallas sigue en carrera, lo que me da muy buen rollete. La tercera buena noticia me la da la propia Ana gritándome desde el carril de ida cuando yo volvía. La animo diciéndole algo relacionado con el buen aspecto que tiene. Jodido pero animado, pues, continúo mi peregrinaje por la zona de Vila Olímpica en busca del kilómetro 31. Aquí se termina la gasolina. El circuito, aunque pasa junto al mar es bastante soso y poco animado, y mis piernas ya casi no dan más de sí. Son esos momentos en los que te acuerdas del entrenamiento, bueno del que no hiciste, y empiezas a sufrir. Entonces es sólo la cabecita lo que puede llevarte a meta, porque las piernas no andan. Empiezo a caminar, imitando a muchos de los que me rodean. Bueno, son tramos de andar y tramos de correr, pero sufriendo mucho. Así hasta el 34 más o menos. A partir de ahí veo que puedo mantener el trote más tiempo, y decido caminar lo mínimo, para evitar lo de mi primer maratón, que cuando empecé a andar ya no podía volver a correr. El trote era modesto, muy modesto. Según el Fore, incluso algo por encima de los 8 minutos por kilómetro, pero puede llevarme a meta y me vale.
Tras pasar el Arc de Triomf (casi el 36) la carrera entra en el casco antiguo de la ciudad, con mucha más animación y cuesta abajo. Ahí revienta mi única pero muy significativa ampolla, en el dedo gordo del pie izquierdo, pero lejos de molestar me alivia bastante su pérdida de volumen. Ya sólo corro, en un claro contraste con lo que me rodea, un mar de caminantes de rostros desencajados. Eso sí, corro a 8:30/km, lo que para algún purista puede no ser "correr", y así, pasándolo realmente mal, enfilo los últimos kilómetros de carrera.


Richy me espera a medio kilómetro de meta. Entró como un cohete, se cambió y caminó a mi encuentro para trotar conmigo ese final de gloria, sacar alguna foto y salir en mi vídeo de meta, en el que ocupa un privilegiado primer plano. Además está en contacto telefónico con mis chicas (bueno, Carlota aún no usa el móvil, claro), que esperan a 300 metros de la llegada. Les doy un beso a las dos, una espontánea nos arrebata la cámara y saca esta foto:



Y sigo hacia los 195 metros de gloria, los más sufridos de mi vida porque justo ahí empiezan ambos gemelos a subir poco a poco amenazando con llegarme hasta el cogote. Al límite del colapso muscular cruzo la línea de meta pistolas en mano cumpliendo una promesa: todo este sufrimiento va por Adrià, para que siempre tenga en cuenta que la fe mueve montañas.



Y no terminan de colgarme la medalla cuando veo entrar por meta lágrimillas en ristre a Ana, la que venía a por una marca (la que fuera) en medio maratón y mira tú por donde ya la tiene en los 42195. Merece todas las felicitaciones, le doy un abrazo y nos inmortalizan



Y en meta, esperando al más lento, aparecen enseguida prácticamente todos los de la tribu menorquina (para alguno habían pasado más de dos horas desde el final de su carrera). Gracias, chicos.



Las conclusiones a las que llego después de este mi cuarto maratón son bastante claras: en estas condiciones no se debe tratar de terminar. Llevo toda la semana con muchos problemas para bajar escaleras o agacharme y eso antes no me había pasado. De todos modos estoy contento. No sé de dónde pero finalmente aparecieron fuerzas para llegar al final. Como siempre, gracias a mis chicas, por seguirme en mi locura sin hacerse demasiadas preguntas. Carlota, en la próxima entramos juntos. El domingo estabas tan dormidita con mamá que me pareció un delito tomarte en brazos y ponerme a correr. Pero nos haremos esa foto.

Agradezco los ánimos que la gente incluyó en sus comentarios de las últimas entradas. No he sido el mejor contestándolos, pero no tengáis duda ninguna que absolutamente todo lo que habéis dejado aquí me ha llegado hondo. Gracias, una vez más por ello. Seguiremos disfrutando.

Mucha salud y los mejores rodajes a todos.

lunes 2 de marzo de 2009

MARATÓ DE BARCELONA 2009. LA PRE-CRÓNICA

Los que aún no hemos sido prejubilados ni víctimas de alguno de esos ERES cabrones nos debemos los lunes a la empresa que nos paga a fin de mes. Y a la empresa le da igual que parezcas un lisiado caminando por sus pasillos o que cualquier escalera represente un problema insuperable. Por eso desde el curro le cuento al mundo que ayer terminé un maratón, el cuarto y probablemente el peor de todos.
Me viene a la cabeza eso de que "no intenten hacerlo en sus casas porque puede resultar extremadamente peligroso". Pues eso, no lo hagan. No traten de completar un maratón si no se ganaron antes el derecho a hacerlo sudándose cada rodaje en pos de apretar en esas piernas recién depiladas todos los kilómetros que la carrera exige. No lo hagan porque no merece la pena. Eso es lo que pienso, aunque yo lo hice.

El gemelo lesionado no molestó más de lo que molestaron el resto de músculos, ligamentos y tendones de cintura para abajo, y eso ya era mucho. Hasta el 28 muy bien, con prudencia e inmejorables sensaciones. A partir de ahí empecé a deshincharme progresivamente. Entre el 30 y el 31 me despedí del último recuerdo de lo que significaba correr en condiciones, y a partir de ahí sufrí mucho hasta el final. Apenas caminé, pero daba igual porque mi correr era el andar de otros, y controlando la cabecita crucé la meta en no muy buenas condiciones. Cuando llegue a casa subo alguna foto y cuento la salsa rosa. Salud.

lunes 23 de febrero de 2009

UNA HORITA SIN DOLOR

Hombre, pues no,... que no hubiese sido mejor oír los lamentos del gemelo, eso está claro, pero,... al menos tendría las cosas más claritas.

Una horita clavada, el marco incomparable de uno de esos caminos de bosque de interior, de tierra, claro, con las zapas más protectoras (Asics Gel Trabuco, las guerreras), taloneras de silicona clavadas, sin gps ni nada que me llevara a pensar en velocidades ni distancias, sólo un pulsómetro para saber si el corazón iba de acuerdo con las piernas, nada más (166ppm máximas y 147 de media, tratando de oír a los pájaros tanto o más que mis propios pasos). El gemelo, comportándose, tal y como habíamos quedado cuando asumí el compromiso de no pedirle nada hasta el pasado domingo, haciendo caso omiso a las ganas de salir antes de hora.

Me quedan 3 rodajes. Uno el martes, de otra horita, otro el jueves, algo más corto y el último el domingo. Si todo es normal, el domingo corro. Lo que no sé es si hago un trocito acompañando a Ángel en los últimos kilómetros o pacto con los del coche escoba para llegar justo delante de ellos después de los 42. El martes tendré más elementos de juicio.

Salud y buenos rodajes.

viernes 20 de febrero de 2009

YO DUDO, TÚ DUDAS...

El gemelo ya no me duele. Llevamos de buenas un par o tres de días. Y antes tampoco dolía, tan sólo se manifestaba para meterme miedo. Yo le he respetado los plazos, a costa de quedarme sin uñas y de subirme por las paredes día sí y día también. Si mi Santa no me ha puesto de patitas en la calle estos días ya no lo va a hacer nunca.

De todos modos, prometí no precipitar acontecimiento alguno, y hasta el domingo no vamos a ver qué tal nos llevamos el gastrocnemio (nombre finolis del gemelo, lo que aprende uno lesionano, oye) y un servidor. Hasta entonces pienso atender a mis íntimos en su propuesta de salir con la bici de montaña mañana, echar unas risas a ritmo de maruja paseante (si vienen todos los que han de venir, que si no lo mismo acabo echando el bofe), y cuidar la mecánica para el día siguiente.

Luego están las dudas. A pesar de que hasta el día en que me rompí estaba haciendo las cosas más o menos bien desde el punto de vista de mi preparación, llevo un mes prácticamente parado. Es verdad que le he dado a la bici estática en el gimnasio, y he corrido en el agua, pero sin demasiada fe en ambas actividades, y con irregular cumplimiento de las mismas. Si el domingo veo que puedo correr (objetivo número 1) entonces debo determinar si puedo hacerlo durante 5 horas (que siendo optimistas sería el tiempo que me llevaría completar el maratón). Y eso, a estas alturas, no hay modo de saberlo sin terminar de jorobarla, porque a una semanita del día "D", experimentos los justos. Total, que no creo que tenga más elementos de juicio que lo fresquito que termine el trotecito del domingo. Eso, nadando en un mar de dudas...

viernes 6 de febrero de 2009

TORMENTA

Recapitulemos: no sé si soy corredor o no, pero de vez en cuando salgo por ahí a sudar un poquito moviendo mi voluminosa anatomía camino arriba y camino abajo. A veces incluso me inscribo en alguna carrera. Estoy inscrito en el maratón de Barcelona de el próximo 1 de marzo. Estoy lesionado.

Lo que según el fisio era una microrrotura sigue siendo una microrrotura o algo terriblemente parecido. Hoy salí a rodar un ratillo. Del minuto 1 al 10 troté como los ángeles, por la hierba y sin molestia alguna. Eran prácticamente 10 días de reposo, tratamiento y recuperación funcional más con la bici que con la elíptica. Eso, 10 minutos fantásticos y en el 11 un pinchazo. Paro de golpe y me voy para la ducha. Vuelvo a cojear. El rodaje ha terminado.

En términos eminentemente prácticos el tema, antes de esta mañana estaba en dos situaciones de las que debía elegir una: prepararme o cuidar la lesión. Intenté tomar el camino del medio, y esperé a no sentir molestia alguna y haber trabajado en esas condiciones un par de días más en el gimnasio para salir a rodar suaaaave, con las taloneras de silicona puestas, por la hierba, y aún así el gemelo pinchó.

Ahora sólo tengo una opción: recuperar el músculo, aunque no estoy muy seguro de para qué. Bien, supongo que si descanso 15 días podría resolver el tema. Entonces me quedarán 7 para el maratón, por cuya línea de salida debería aparecer después de estar 25 días sin correr (ya sabemos que la semana antes no es momento para grandes kilometradas ni duras series). Eso sí, estaría sano. Hasta aquí las suposiciones, ahora mi planteamiento.

Lo más importante, prácticamente lo único relevante (deportivamente hablando) es poder correr, ni lejos ni rápido, sólo correr. Para eso es necesario estar sano. Por tanto no arriesgaré el músculo y sí arriesgaré mis opciones de terminar la carrera. Es decir, recupero tratando de no perder demasiada resistencia aeróbica a través de la bicicleta y la natación (donde el gemelo no da señales de vida) y esperando que algo quede de estos 4 meses de entrenamiento después del parón, me presento en la línea de salida del maratón el 1 de marzo y corro tranquilito hasta que no pueda más. Entonces saco 20 euritos del bolsillo y me meto en un taxi hacia la zona de meta. Si la mecánica aguanta yel cuerpo me lleva corriendo hasta el final me ahorro el taxi, cruzo ese arco sin mirar al reloj, con la mejor de mis sonrisas y me apunto el cuarto maratón. Veremos.

Salud, mucha salud, y buenos rodajes a todos.

lunes 2 de febrero de 2009

EL PUTO GEMELO

Acabé el cross con una sensación agridulce. Fue divertido pero sigo considerándome un poco intruso en este mundillo. Corrí todo lo que pude y quedé claramente descolgado. De hecho entré a 8 minutos del penúltimo de mi categoría, en sólo 7 kilómetros. La convivencia estuvo bien, pero la carrera pudo dejar secuelas.

Digo esto porque hasta el miércoles no pude correr en condiciones, pero ese día me encontré especialmente bien, con esas sensaciones que se tienen cuando se empieza a coger la forma. Quedé con Ángel para rodar una horita sin pulsómetro, por sensaciones. Empezamos a ritmo de talk test, o sea de charloteo sin ahogarnos, pero pronto empezamos a animarnos y a correr más deprisa. Notaba mis cuádriceps aún un poquito cargados, pero al estar caliente (que no es lo mismo que ir caliente) me sentía bien rodando a ritmo. Pero claro, poco dura la alegría en la casa del pobre, y una ligera molestia en el gemelo derecho fue aumentando progresivamente de intensidad hasta convertirse en un dolor agudo que me obligó a parar poco antes del final previsto para el rodaje.

El resto del miércoles cojo, el jueves con molestias y el viernes en el fisio, masaje de descarga y diagnóstico: microrrotura de fibras en el gemelo (donde yo creía que había una sobrecarga del sóleo, olé mi ojo clínico), reposo, hielo y antiinflamatorios.

Me he portado muy bien el fin de semana. Hoy empezaré con la bici estática sin resistencia un ratito. Mañana lo mismo. El miércoles y el jueves pasaré a la elíptica, y el viernes ya me dejan trotar por la hierba a ver cómo se porta el gemelo. Hay cierta prisa porque en menos de 4 semanas ya debería correr el maratón de Barcelona, y me encuentro en una fase crítica de entrenamiento. Obvio que no voy a poder con ese último rodaje largo de las 3 semanas antes (planeaba 3 horitas y me debían salir 27 o 28km). Lo mismo hago uno algo más corto un poco más adelante, siempre que el músculo se porte bien y se recupere a tiempo. Si no es así, siempre nos quedará Madrid.

Salud y buenos rodajes a todos.

PD. No, el de la foto no soy yo, seguro.

martes 27 de enero de 2009

CAMPEONATO DE BALEARES DE CROSS


El chalado que esto escribe se ha federado. Era el mejor modo que encontré para sumergirme de verdad en el ambiente corredor de la isla, y bastó la propuesta de un par de amiguetes para solicitar mi ingreso en el CRISMAR CCE SANT LLUÍS ATLETISME. Entregué la documentación, pagué mi licencia y me dieron el alta y la bienvenida. Que conste que les advertí que fichaban a un orgulloso perdedor. Desconozco si fue altruismo, inconsciencia o pena, pero por alguna razón me aceptaron sin rechistar y admito sentirme ya orgulloso de maldefender esos colores.

En las actividades del club están los desplazamientos para correr en cuanto campeonato de Baleares de veteranos se ponga a tiro. El domingo pasado fue el cross, al que gentilmente me invitaron pese a no cumplir con el requisito previo de haber corrido antes carreras de esa disciplina en Menorca. Me dieron el uniforme completo que me fue de perillas a excepción de la camiseta de correr. Está claro que las tallas de atleta son pensando en etíopes o keniatas, porque mi XL me hacía parecer un salchichón blanco a punto de explotar. Nada que unas manos expertas en el arte del corte y la confección (la abuela de mi mujer, sin ir más lejos) y unos pequeños y discretos añadidos no pudiesen solucionar.

Salimos con los veteranos para Manacor (Mallorca, isla vecina con la que todo peninsular confunde a nuestra Menorca a la menor oportunidad) el pasado sábado por la mañana, con un vendaval de órdago que sacudió el avión en el despegue como si fuese una pelota de ping-pong entre dos raquetas chinas. Baste decir que detrás nuestro ya no salió nadie porque cerraron el aeropuerto. El mismo sábado volveríamos a tropezar con el viento y sus trastadas, ya en Mallorca, quedándonos tirados en el tren por la caída de varios árboles en la vía, cosas de la caprichosa naturaleza.

Y llegamos al día de la carrera. Enseguida pude comprobar lo que distingue todo lo que allí había de mis conocidas carreras populares. No hay paquetes federados. Bueno, el domingo había uno, el que ahora escribe todo esto.

Me tocó en suerte la carrera de la categoría Veteranos M35 (la mía, no me echéis más años). Corrimos junto con los M40 y M45, además de las Senior Femenino. 7 kilómetros de puro cross, a imagen y semejanza de Lasarte o Itálica, sin barro pero con mucho viento.

A los 10 metros de carrera ya tenía claro el tema: empezaba el último e iba a terminar el último, con total seguridad. Rápidamente se abrió un hueco entre el final del pelotón y mi fina estampa, espacio que no hizo sino crecer y crecer con el paso de los kilómetros. Fui doblado posiblemente por el 50% de los participantes, con lo que al pasar por meta para empezar mi última vuelta todos ellos ya habían terminado. Como es costumbre el no tener en cuenta al pobre en la casa del rico, tuve que pasar ese trago a chillido limpio, gritando algo así como "¡¡¡Pasoooo, que no hemos terminadooooo!!!" Eso sí, mil perdones y se apartaron todos al instante. Esa última vuelta la hice ya sin ser doblado (es lo que tiene) y compartiendo circuito con algunos atletas en pleno enfriamiento (a los que en su trote suave no fui capaz de adelantar en ningún caso). Volví a ser el más aplaudido en meta, jaleado por el speaker y terminando rendido porque, aunque no sea algo habitual, me dejé el resuello en el intento, en un circuito duro y con unas condiciones atmosféricas adversas. Eso sí, a los 2 minutos ya estiraba feliz, pensando en la paella que nos estaba esperando a todos los de mi club.


Tras hermanarnos a manteles frente a un arroz que quitaba el sentido viajamos de vuelta a casa, con la mejor de nuestras sonrisas y haciendo un balance de lo más positivo. Mi club gana un paquete y yo gano un montón de amigos con los que compartir esta locura que nos tiene a todos igual de enfermos. La próxima salida es al medio maratón de Pollença (campeonato de Baleares de medio maratón), también a gastos pagados, y con varias liebres tentándome para romper de una vez por todas la barrera de las dos horas. Me muero de ganas.

Salud y buenos rodajes a todos.