miércoles, 14 de mayo de 2008

MALA HIERBA...

No lo he pasado bien estos días. Es verdad que siempre pensé en positivo, pero a veces uno no puede hacer abstracción de determinadas ideas fatalistas que se cruzan por la cabeza, aunque salgan con la misma rapidez con que entraron. Hasta que un médico especialista no dice esta boca es mía la duda está ahí.

El martes consigo que me vea un cardiólogo en condiciones, en el servicio de cardiología de la Clínica Corachán de Barcelona. Me atiende la enfermera. Me mide, me pesa y me hace un electrocardiograma en reposo. También me toma la tensión. Todo (menos el peso, claro), sale de libro. Estoy hecho un toro. Me pasa al despacho y espero al cardiólogo, que aparece enseguida. Hablamos un ratito. Le empiezo a contar todo el problema desde sus orígenes en mis antecedentes familiares. Antes de que se duerma decido ir al grano y le suelto lo de la prueba de esfuerzo, las prohibiciones de la médico de cabecera y el viaje a Barcelona.


Me tranquiliza de entrada porque afirma que la arritmia sin otros síntomas como mareos, palpitaciones o desmayos no es fácil que sea por culpa de una cardiopatía. De todos modos, como deportista (él dijo "maratoniano", pero me sigue sonando algo presuntuoso, ¡qué le vamos a hacer!) era una decisión interesante hacer la ecocardiografía doppler, observar con detenimiento paredes, cavidades, válvulas y flujos sanguíneos y determinar el grado de salud de ese corazón.

Pasamos, pues, a la sala de torturas. Me tumba en la camilla, me enchufa algunos electrodos en la espalda y me coloca de lado. Embadurna con un gel frío una pistola parecida a la que usa la cajera de mi supermercado para cobrarme por el código de barras y me la empieza a restregar por el pecho. En 15 interminables minutos está todo listo. Me ventila con un "bueno, esto tiene muy buen aspecto, vas a tener que seguir con lo de los maratones". No le doy un abrazo porque en la camilla y a pecho descubierto mi masculinidad hubiera quedado claramente en entredicho. Le manifiesto mi alegría y sincero agradecimiento de palabra, paso al despacho y se lo cuento a Mayte (mi Santa). Ya estoy pensando en los 12 o 13 kilómetros que me voy a meter en las piernas al día siguiente. Esto hay que celebrarlo.

No voy a cerrar esta entrada sin agradecer todos y cada uno de los comentarios de ánimo que dejasteis en la entrada anterior. También a aquellos que por circunstancias no llegaron a enterarse (no se puede estar en todas partes cada día) pero sé que se hubieran manifestado con palabras de apoyo. Debo repetir esta confesión: no han sido buenas estas dos últimas semanas. He estado un poquito acongojao (por no decir otra cosa). De todos modos, ya lo decía mi abuela, mala hierba...

sábado, 10 de mayo de 2008

REAJUSTANDO EL MOTOR

Desde que aterricé en casa y colgué la crónica del Maratón de Madrid me he sentado frente al PC tres o cuatro veces, y otras tantas me he levantado sin escribir una sola línea con sentido. No he dado hasta ahora con el modo de poner negro sobre blanco todo lo de estas últimas semanas. Finalmente, como me apetecía contarlo, decidí soltarlo tal y como vino, sin rodeos ni artificios, y sobretodo sin dramas.

Dos días antes de salir para Madrid conseguí que me viera el único médico que aquí hace pruebas de esfuerzo. Tenía pedida la cita desde octubre, y como me encontró hueco decidí aprovecharlo. Salió todo bien menos una cosa: en la monitorización de la recuperación, tras el esfuerzo máximo, mi corazón hizo una arritmia por extrasístoles ventriculares monomorfos, un trigeminismo (tres latidos fuera de lugar) que llamó poderosamente la atención del médico.

Me mandó inmediatamente al médico de cabecera, para que éste (bueno, es ésta) me derivara al cardiólogo para un estudio completo de músculo y función cardiaca. La prueba de esfuerzo fue el jueves, la visita a mi médico el martes siguiente y en medio de ambas, el maratón. El primer médico me dio permiso para correrlo, pero pidiéndome mucho control sobre la frecuencia cardiaca. Me dijo que me fatigase de piernas pero no de corazón. La carrera salió perfecta en ese y en todos los sentidos.

De vuelta a la realidad, tras la experiencia del fin de semana, acudí a la visita de la médico de cabecera. Bien, me echó un broncazo de aúpa, me prohibió TODO lo que se pareciese al deporte (“puedes caminar, y despacito”) y me dio cita para el cardiólogo (sólo hay uno en la isla) ¡¡¡el 31 de julio!!!

Toda la semana siguiente transcurrió entre los ecos del Mapoma y mi cara de cartón, con los ánimos por el suelo, y saliendo a caminar cada día. El lunes no pude más y me fui a ver al primer médico, el que me hizo la prueba de esfuerzo. Me contó que mi arritmia puede responder a una cardiopatía, pero también que puede significar una reacción espontánea del corazón que no se vaya a repetir más. Subrayó, la importancia de las pruebas con el cardiólogo, sugiriendo acelerar por cualquier modo el trámite, porque tres meses hasta la cita es demasiado tiempo. Me dijo que su opinión al respecto del abandono del deporte no era la misma que la de mi médico de cabecera. Me dijo que mi corazón estaba acostumbrado a la marcha, y no era cuestión de cambiarle esas sanas costumbres. Eso sí, debía calzarme el pulsómetro y moverme con mucho control, sin subir mucho más allá de 140 pulsaciones por minuto, al menos hasta saber algo del cardiólogo.

Luego intervienen en la historia mi hermana y su pareja, que mueven determinados hilos en el sector médico barcelonés. A partir de ahí, el lunes viajamos (mi santa dice que ella no se queda sin ver si es verdad que tengo corazón) y el martes ya me visita un equipo de cardiólogos en condiciones. Lógicamente espero que me vean, charlemos de lo loco que está el tiempo, miren como ando por dentro, me cuenten que lo que me pasó a mí no tiene ninguna importancia, y me pregunten por el próximo maratón. Esa es la idea.

Por todo esto he tenido, entre otras cosas, un poco parado esto del blog. Siento no haber contestado todos los comentarios de la entrada anterior. Los vi y los agradezco, pero anduve flojo de ganas de muchas cosas. Mañana marchamos para Barcelona, vemos a los médicos y salimos de dudas. De todos modos, estoy todo lo tranquilo que se puede estar. No os vais a librar de mí tan fácilmente.

Salud.

lunes, 28 de abril de 2008

MARATÓN DE MADRID 2008

La foto de los Tres Mosqueteros, o del trío Rolling-Slow, es cortesía de Dallas y Mayayo

(Si tienen prisa dejen la lectura para otro rato. El tamaño del ladrillo es considerable)

Corriendo más deprisa hubiera llegado algo antes (no mucho, no vayan ustedes a creer), ¿y qué? Me hubiera perdido lo mejor. Entro en detalles.

El día antes empieza todo con la comida de la gente del foro de carreras populares. Veo gente que conozco de Almansa, y pongo unas cuantas caras a otros tantos nicks. La experiencia resulta magnífica y termina con el tiempo justo de acercarme a la feria del corredor para recoger el dorsal. Mi amigo David Capa me hace de guía, tarea que termina por resultar fundamental porque afloran mis más provincianas carencias y advierto que nunca hubiera llegado al lugar yo solo.

En la feria recojo el dorsal, la camiseta talla etíope y todo lo demás, y dando una vuelta por los stands tropiezo con Paquillo Nekerun, Miguel Morea (con la gran Encarni) y Germán Alonso. También aparecen, muy poco después, Pedrito Wild (con Cristina) y la familia Barney, Roberto, su mujer y Terremoto Robertito. Como el Neke es todo un caso se trae una zapa de cada marca, y por no ser el domingo carnaval decide comprar un nuevo par. David el sherpa nos lleva a la tienda y yo me agencio un par de calcetines medilast que me van a dar en carrera el futbolero aspecto de defensa central de la selección alemana. Si el Neke puede estrenar zapas yo puedo estrenar calcetines.

Ya en el cuartel general, Pilar, la matriarca del clan de los Vico me cocina unos macarrones a la altura de las mejores ocasiones, y cenamos charlando, ajenos a lo que espera el domingo. Guardo parte de esa pasta y me la zampo para desayunar, a las 6 de la mañana del día de autos.

La quedada de blogueros para la foto de salida es casi tan caótica como la de los foreros del CP.com, o soy yo mismo el que no se entera, que es lo más probable. Total, que saludo, eso sí, un auténtico placer, a unos pocos y para allá que nos vamos.

Tras el imperceptible cañonazo de salida enfilamos con control los primeros kilómetros, que son Castellana arriba. Darío pierde su botella de isotónico. Antes del 1 nos da alcance José Luís. Se presenta con un escueto “¡Hombre!, ¿Qué tal?, No os lo vais a creer, pero yo estoy aquí poco menos que gracias a vosotros, Sí, sí, a vosotros dos, precisamente”. Resulta que es uno de esos (pocos) insensatos que nos lee por la blogosfera. Se monta en nuestro utilitario y empezamos el viaje ya en plan Tres Mosqueteros. Darío llevaba barritas. Nos las quiere enseñar pero no están. Las ha perdido también.

Antes del dos oímos cachondeo a nuestras espaldas. Nos acaban de dar alcance los Garabitas. El gran Paco Garabitas, una enciclopedia con zapas, dirige el grupo. Vaya lujo. Aprendemos a beber en carrera “Cojéis la botella, tiráis un tercio y lo rellenáis con isotónico, que nos van a hacer falta las sales”. Esa maniobra nos iba a durar todo el maratón. En el 9 hacemos una parada técnica para expulsar parte del líquido sobrante y se nos van. Les tenemos a la vista, pero no está el día como para determinadas exhibiciones y nos quedamos a lo nuestro. Darío llevaba el plano de la ciudad. Se le ha caído. Debe andar camino de las barritas y la botella.

En el 10 nos apretamos el primer gel. Darío guarda los suyos bajo llave. Perderlos también iba a ser un drama. En este avituallamiento José Luís se nos escapa un buen trozo. Al verse solo decide (inconsciente criatura) esperarnos. Llegamos anunciándole que si persiste en su intento de ir con nosotros su marca va a ser una ruina. Con su sonrisa demuestra ser uno de los nuestros: ¿qué es una marca? Seguimos corriendo animadamente. La conversación cada vez es más entretenida, y el relieve favorable nos lleva sin sufrir demasiado hasta el medio maratón. 100 metros antes de la alfombra de cronometraje del mismo Darío entabla una sana amistad con una corredora que cojea ostensiblemente. Él la anima, y le dice que el año próximo lo conseguirá. Ella responde gruñendo que es su octavo maratón, que corrió hace tres semanas el de París y que nos vayamos todos a tomar viento. Darío, genio y figura. Poco después nos trincamos el segundo gel.

José Luis conoce bien la segunda mitad del recorrido. Desde ahí nos va contando la cara que pone el asfalto casi metro a metro. Eso nos ayuda mucho, porque nos permite dosificar. Entramos en la Casa de Campo. La primera parte del recorrido es cuesta arriba. Esa subida marca de algún modo la frontera entre nuestra carrera cómoda y lo que vamos a sufrir. Poco después del avituallamiento realizamos la segunda parada técnica para regular los niveles de líquido corporal. Unos arbustos hacen las funciones a la perfección y seguimos. Saliendo de la Casa de Campo, y coincidiendo con la primera cuesta realmente dura, andamos por primera vez. Hasta ese momento, y es ya hacia el kilómetro 28, sólo hemos caminado para beber, cada vez que tocaba.

Hasta el 30 seguimos con ánimo. Poco antes de ese kilómetro nos cruzamos con un corredor que camina en dirección contraria. Darío comenta que siente las piernas cargadas. El colega, haciéndonos pagar lo poco que intima con el sexo opuesto, le responde indignado. Ahí ya me permito aconsejar a mi compañero del alma que se abstenga de entablar cualquier tipo de relación con otros corredores o público en general. Los Tres Mosqueteros y nadie más. Acepta con resignación dirigirse a la gente con un escueto “ánimo”.

En el 33 aparece mi amiguete Eduardo. Me había dicho que vivía cerca de ese punto kilométrico, y alucino en colores porque el tío anda ahí esperándonos (y pasamos ya con cierto retraso sobre Chema Martínez, la verdad). Nos acompaña un buen trozo y aprovechamos para caminar. Volvemos a trotar despacito hasta el 35. Ahí empieza lo que yo conozco y mis compañeros de aventuras no. Les cuento la historia del muro, del tío del mazo y de la madre que los parió a todos. Yo voy sorprendentemente bien, y les pido encarecidamente a ellos que se sometan a un chequeo rápido para determinar que el buen aspecto que traen obedece a su frescura física real. No me contestan, cosa que interpreto como el peor de los augurios. Sin embargo, seguimos.

Ahora ya debemos caminar un poquito más. Lo hacemos sin demasiados problemas, intentando meter trocitos de suave trote, cuanto más largos mejor. Les digo que debemos empezar muy despacito, y el cuerpo nos dirá cuándo podemos ir más rápido (a 4’ el kilómetro, bromeo). Lo aprendí de Santi. Él lo aprendió de Paco Garabitas. No sé quién se lo enseñó a Paco, pero sería un sabio.

En este brete alcanzamos el 40 y luego el 41. Pasado este último punto kilométrico, y tras tomar fuerzas empezamos a trotar seguido, ya hasta la meta. La entrada en el Retiro es apoteósica. Los corredores que nos cruzamos andan eufóricos porque ya terminaron, y nos animan a rabiar. Vemos las vallas a ambos lados del asfalto, y al fondo los arcos de meta. Subimos el ritmo por el efecto de la adrenalina. No hago más que decir idioteces. Creo que llego incluso a cantar. Pasa el 42 y queda el paseo de los campeones. Oigo un grito: “¡¡¡Pepeeeee!!!” Miro a mi izquierda y reconozco a Lucas, a punto de perecer por culpa de una insolación. Lleva casi dos horas esperando que aparezcamos. Ha venido en moto desde Zaragoza sólo por vernos y comer con nosotros. Me llevo las manos a la cabeza, le saludo y sigo. Justo después de cruzar la meta correré (?) a abrazarle. Me quedan menos de 100 metros y los voy a usar para darle sentido a todo esto. Ya no estoy feliz por mí. Se me olvida la dedicatoria que tenía pensada. En mi cabeza sólo están esos dos mozos que me han acompañado toda la carrera. Para ellos es su primer maratón. Han sufrido mucho y están a punto de vivir lo mejor, algo único, que ya nunca se va a volver a repetir. Me pongo al frente del grupo y decido agarrarles la mano. Entramos los tres como un equipo. Los Tres Mosqueteros. Lo hemos conseguido. Miran al suelo. Tardan un poquito en asimilarlo. Enseguida levantan la cabeza y veo sus sonrisas. No tienen precio. Nos repartimos abrazos de tres en tres. Les felicito. Me siento como nunca. He sido un poquito su liebre. ¿Quién me lo iba a decir?


La comida de las agujetas merece capítulo aparte. Me sentí entre amigos. Y cuando digo esto, quiero decir que tuve la sensación de que toda aquella gente nos conocíamos de siempre, y a muchos no los había visto en mi vida. Cosas de la blogosfera. Empiezo por ahí el capítulo de agradecimientos, con todos esos comensales que fueron mis amigos. También a los que no pudieron venir a la comida pero estaban en espíritu. Al menos nos vimos en la feria y charlamos un ratito. Vais a tener que aguantarme en vuestros blogs mucho tiempo.

A la gente de Carreraspopulares.com, gracias por montar la comida del sábado y tratarme tan bien. En especial, gracias a David por convertirse en mi guía toda la tarde del sábado. Un provinciano es un provinciano.

A Lucas, por hacernos sentir tan importantes como para justificar el palizón de viaje que se pegó, sólo por conocernos viéndonos un ratito. Gracias, socio. Eres único.

A Santi, por seguir tratándome como a un hermano menor, el que cayó en la marmita, y velar por el antes y el después, excursión al aeropuerto incluída. Gracias, amigo.

A Darío por ser el mejor anfitrión y, junto a José Luís los mejores compañeros de maratón que he tenido nunca. Gracias por hacer de ésta mi mejor carrera. Lo siento, José Luís, porque te arruinamos la marca. Pero no digas que no te avisé.

A Pilar, la mamá de Darío, por darme techo, macarrones y agradable conversación. Gracias por tanta amabilidad. Me sentí como en casa.

No tengo dudas. Fue mi mejor maratón. Difícil de superar.

MI MEJOR CARRERA


Sin duda. A la tercera fue la vencida. El tercer maratón ha sido para mí el mejor. En la foto aparece todo aquello que equilibra la soledad del corredor de fondo. No están todos los que son (Darío y Germán, queridos, la que os perdisteis) pero lo son todos y cada uno de los que aparecen. No comimos mucho, cosas del correr, pero las sonrisas hablan a las claras del ambientazo.

La carrera, lo repito, está ya en el número uno de la lista entre todo lo que he corrido. Las razones de todo ello trataré de darlas en la crónica. Dadme un poquito de tiempo para ordenar las ideas y cuelgo el relato de los hechos. Eso sí, puedo avanzar que terminamos, los tres mosqueteros, tan felices.

Pinchad en la foto para ver al personal más de cerca. Todas esas sonrisas lo valen.

Salud

lunes, 21 de abril de 2008

NO QUEDA NADA, Y SERÁ EL TERCERO


Me decía Darío el otro día que entrenase. Le contestaba yo que no, que ya está todo hecho. El sábado hice los últimos 16 kilómetros cómodos, el lunes salí suave un ratito y esta semana va a ser de martes, jueves y domingo. El rodaje largo el fin de semana, claro, y con unos cuantos miles de amiguetes que saldrán a lo mismo.


Va a ser mi tercer maratón, y le tengo más respeto que al primero y al segundo porque ya no puedo esconderme tras la ignorancia del novato. Sé lo que pasa cuando los kilómetros empiezan a juntarse en las piernas, todos más o menos en el mismo sitio. Sé cómo se me ponen los cuádriceps de duros, cómo me empiezan a quejarse las rodillas y cómo comienza la amenaza de mi maltrecho tendón de aquiles. Y sé cómo de cabrón es el perfil de los últimos kilómetros del maratón de Madrid.


Ando, pues, a medio preparar, que es como me parece que andamos siempre todos cuando debemos enfrentarnos a los 42195. Nunca se está lo suficientemente en forma como para saber a ciencia cierta que la carrera no va a presentar problema alguno. Esa es la mística del maratón: cada encuentro con él es único e irrepetible, y lo incierto del resultado de esa cita nos tiene desde varios días antes con un montón de mariposas revoloteando por el estómago.


Muchos van a debutar el domingo. Madrid es el lugar ideal para hacerlo. El ambiente es difícil de igualar. Van a ser miles los que tomen la salida, y de este modo siempre habrá un grupo al que juntarse para llegar a la meta al ritmo más o menos previsto, con gente por detrás con la que continuar si las cosas no van del todo bien. A los que se enfrenten por primera vez con la distancia debo pedirles que se presenten en la línea de salida con la máxima ilusión. El primer maratón no se va a repetir jamás, y todas las experiencias que van a vivir serán únicas. Que se preparen para sufrir porque en un maratón sufrimos siempre: entonces lo importante va a ser la capacidad que tengan para convertir ese sufrimiento en disfrute. Eso es lo fundamental en el primer maratón: no la marca que se consiga sino lo que se llegue a disfrutar de la carrera, aunque nos duela todo desde el kilómetro 30.


Mucha suerte, pues, a todos. Entre el kilómetro 30 y el 35 hay un tío cargando un mazo. Cuando lo tengáis delante hay dos posibilidades: esperar a que os sacuda o sacudirle vosotros. Para darle a él hay que haber guardado fuerzas sobretodo al principio de la carrera. Entonces seguro que no puede con vosotros. Mapoma no se corre con las piernas. Se corre con la cabeza.


Salud.

viernes, 18 de abril de 2008

PROYECTO MADRID RÍO: CEMENTO EN EL PARQUE


Mi amigo COMMEDIA, asiduo al foro de la web http://www.elatleta.com/, me mandó ayer un correo contándome su perplejidad y estimulando la mía sobre un proyecto de reforma de los márgenes del río Manzanares en Madrid. Se proyecta un paseo kilométrico siguiendo el cauce del río, probable nuevo paraíso para todos los corredores de la zona. Hay un pero: duro cemento por todas partes. Así lo explica él mismo en el foro ( www.elatleta.com/foro/topic.asp?TOPIC_ID=53159). Copio y pego lo siguiente:

Este tema interesará a l@s que vivís en Madrid pero también a l@s que os acercáis por aquí para participar en alguna carrera o buscando un buen lugar para entrenar en vuestros viajes de ocio y negocio.Probablemente sepáis, por la tele o la prensa, que en breve comenzará la recuperación del suelo ganado al enterrar la M-30 bajo el Manzanares en un tramo de 11,2 Km que va desde la Casa de Campo hasta el Parque Lineal, en el nudo sur.

El proyecto, que tardará varios años en su ejecución, SE ENCUENTRA AHORA EN FASE DE ALEGACIONES HASTA EL DÍA 21 DE ABRIL e incluye 30 Kms de carril bici y 42 Kms (con 195 mts más ¿a qué os recuerda?) de sendas peatonales.Hasta aquí todo suena bien, ¿verdad? Bien, pues hace unos días se me ocurrió pasar a ver el tramo que, a modo de ejemplo, está hecho ya al otro lado del estadio Vicente Calderón y que llaman “Salón de Pinos”. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que el llamado “sendero” ¡es una vía de CEMENTO de 6 mts de ancho!Soy un corredor novato, aunque creo que lo suficientemente veterano para saber (me lo enseñó una tendinitis) que debo huir como de la peste de superficies duras como el cemento de las aceras. Imagino que, como en muchos otros temas en esto del running, habrá opiniones para todos los gustos. Para mí, la mejor superficie es la TIERRA PRENSADA, ni demasiado dura, ni demasiado blanda y razonablemente rápida para un slow como yo. Éste es el terreno habitual que podéis encontrar en muchos parques como, por ejemplo, El Retiro.

Y como QUIERO CORRER SOBRE TIERRA, así lo he pedido a través de una ALEGACIÓN AL PROYECTO. Os animo a que lo hagáis y que PIDÁIS TODO LO QUE SE OS OCURRA PARA TENER UN BUEN LUGAR DONDE CORRER: superficie de tierra, rutas con puntos kilométricos, separación clara carril bici (cemento) de senda peatonal (tierra), etc. Podéis hacerlo a través de los puntos de información de las Glorietas de Marqués de Vadillo y San Vicente así como en las Juntas Municipales de Moncloa Aravaca, Centro, Arganzuela, Latina, Carabanchel y Usera. Y para l@s que viváis fuera de Madrid o no os venga bien desplazaros, siempre podéis enviarla a través de internet, en el apartado Buzón – Contacte con Madrid Río de la página
www.munimadrid.es/madridriodonde, además, encontraréis toda la información del proyecto.

Os recuerdo, TENÉIS SÓLO HASTA EL 21 DE ABRIL. A partir de ese día NO se tendrá en cuenta alegación alguna.Y pensad que lo que hagamos ahora impactará en l@s corredor@s de hoy y del futuro. Commedia.


En la carretera de les aigües, en Barcelona, tuvieron que asfaltar un tramo por pertenecer al acceso a diversas viviendas. Tuvieron compasión de la legión de corredores que disfrutan de ese magnífico circuito y dejaron un caminito de unos 2,5 metros de ancho sin asfaltar, con la original tierra prensada. No es mucho pero sin duda cumple con su función mejor que el asfalto. ¿Por qué entonces en Madrid no?

Os invito a todos desde aquí a que sigáis el tema de cerca y déis cualquier pequeño empujoncito (con lo del internet hoy todo es la mar de fácil) para que las autoridades competentes reconsideren ese detalle del proyecto y no asfalten al menos los caminos. Si huímos de él en las calles, ¿para qué queremos el cemento en los parques?

Menos corbatas y más zapas.

jueves, 17 de abril de 2008

¿LISTOS?


La verdad es que estoy un poco con la mosca detrás de la oreja con esto del Mapoma, para el que, claro, ya no hay vuelta atrás. Resulta que me he paseado por los blogs de los comensales reunidos a manteles y agujetas, y la temática es casi siempre la misma, pero los enfoques se pueden agrupar en dos líneas de pensamiento: la que tienen los que han preparado concienzudamente la carrera y van a tener toda clase de éxitos el día 27 por un lado, y aquellos que afirman haberse metido en camisa de once varas, que entrenan menos que Romario en el mes de agosto y que andan con el ceño fruncido y el culo apretado por lo que se nos viene encima. No voy a poner ejemplos de unas y otras tesis, porque cada palo debe aguantar su vela sin tener encima que dar cuentas por ello. Yo, como no iba a ser de otro modo, soy del segundo grupo de aventureros que esperan salir despacito y ver caer los kilómetros dosificando el sufrimiento para que dure más. Todos coinciden, eso sí, en que el envite va a ser duro, muy duro.

Se habla de un perfil rompepiernas, con tramos dulzones en su primera mitad. Luego viene el muro, y para los que por encima de éste consigan asomarse, el resto hasta el 41 cuesta arriba. Luego un trocito para abajo y el disfrute de terminar con el maratón una vez más.

Si llego a meta va a ser la tercera vez. En la primera debuté en plan novato-preparado, salí rapidillo (entendámonos, que todo es relativo) y me estrellé contra esa pared que alguien puso estratégicamente en el 35. De ahí al final lo pasé verdaderamente mal pero llegué, cruzando la meta cegado por la emoción. Llegué a casa andando raro y pensando en el siguiente. El segundo ni lo preparé. Jorobado por el aquiles corrí lo justo para enfrentarme a un medio maratón. Me tiré de la moto y, metiendo descansos para andar, terminé sin muro ni mazos, en un tiempo similar al del pinchazo de Barcelona. Ahora estoy ahí, a medio camino entre el éxito del que se ha preparado y el fracaso del que no hizo suficiente. De todos modos, mi a veces criticada ausencia de ambiciones y gloria deportiva, estoy seguro que me va a ayudar a salir despacito y guardar fuerzas para esos momentos duros que siempre aparecen en la cita con el maratón. Entonces, cuando el tío del mazo se acerque a mí, le voy a mirar a los ojos y a decirle que no soy su hombre, que no desafié mis límites y me queda suficiente gasolina como para llegar arriba y lanzarme, ya en punto muerto, hasta esa pancarta tan gorda con un reloj bajo ella. Aunque para entonces lleve más de 5 horas corriendo. Es lo que hay.

Salud y ganas de veros el 27

Foto prestada por http://www.turbodiesel.mundoforo.com/: el foro de los TDT (¡Visitadlo!)

domingo, 13 de abril de 2008

LO CONFIESO: ESTOY ENTRENANDO

La tartana de Denia, fuente de inspiración para un Mapoma feliz

Dice mi amigo Juanma que uno de los pecados capitales del corredor patrio se produce en cada carrera antes del pistoletazo de salida. En los chascarrillos propios del momento nadie admite estar preparado para lo que se avecina. O salen de una lesión, o aún tienen molestias, o no tienen tiempo para nada. Nadie entrena un pimiento, y luego todos corren que se las pelan.

Yo ando con mi anarcoplán mapomero ventilando por ahí que estoy en un momento de incapacidad personal en lo que a la disciplina se refiere. Eso no quiere decir que no salga a correr. Ni siquiera significa que lo que hago no sea entrenamiento, porque junto los rodajes con cierto criterio, corriendo ahora a ritmo, rodando largo, descansando, es decir, usando el sentido común y mis vagos conocimentos deportivos para preparar cada cosita, y ahora esa cosita es el maratón de Madrid. Luego confieso: si termino el maratón en buenas condiciones es porque he estado entrenando.

Sin ir más lejos, ayer hice el que debería ser mi rodaje más largo, por eso de las tres semanas antes de la carrera. Digo debería porque terminé tan feliz que tengo ganas de repetir el próximo sábado. Fueron 27 kilómetros, que me salieron en poco menos de tres horitas. Busqué el terreno ondulado, por eso de reproducir las condiciones de la competición, y me comí todas las cuestas corriendo (acortando la zancada, braceando un poquito más y con paciencia). Esa fue la circunstancia que me dejó más contento. Bueno, esa y la báscula de esta mañana, que dice que de los 12 kilos que me propuse bajar desde el 11 de diciembre han caído ya 7, que no es la meta pero sí un buen dato porque quedaron en el camino sin demasiadas privaciones, con la moderación por bandera. No van a estar fuera esos 12 para Mapoma pero no hay duda de que el camino es el adecuado.

En dos semanitas, a estas horas andaré por la sobremesa de la comida de las agujetas, reunión organizada por varios blogueros con la sana intención de conocer la peor cara de los demás (la de haberse trincado 42 kilómetros un ratito antes, claro). ¡Virgensanta!

Salud y buenos rodajes hasta entonces.

viernes, 4 de abril de 2008

Por fin... MEDIO MARATÓN DE DENIA 2008 (Fotos: Santi y Pepi Palillo)

Desde luego, reconozco que andar tan ocupado le quita actualidad a esta entrada, pero como prometí contar todo lo de Denia, aunque eso pasase ya hace casi una semana, ahí va algo parecido a una crónica de todo lo sucedido.

Desde el mes de octubre no me había colgado un dorsal, si pasamos por alto la pantomima de San Silvestre que malcorrimos en Menorca. Tenía muchas ganas de saltar a la península por esta carrera, porque no sólo representaba mi reencuentro con la distancia (que cada día me gusta más por dura-sin-pasarse), sino porque iba a sumergirme de lleno en el ambiente popular que tanto echo de menos en la isla. Ni lo uno ni lo otro decepcionaron lo más mínimo, como voy a contar.

El trío de la tartana. De izquierda a derecha, Santi, yo mismo y Josepepe

Lo del autobús de las dos horas pasó a mejor vida aún antes de arrancar el motor. Unos andaban tocados, otros venían a entrenar para Ronda, y un servidor sencillamente no estaba para esos ritmos. Por ese motivo montamos la tartana de las dos y pico, con cuatro pasajeros inicialmente: Pepo, Josepepe, Santi y el que suscribe. Pepo anda combinando la preparación de los 101 de Ronda con el entrenamiento para Ironman, y aún no está fino. Además estaba casi más pendiente de los festejos post carrera que él mismo organizaba en su casa, y quizás un poco por todo tuvo que abandonar cerca del kilómetro 9. La tartana quedó en tres pasajeros y siguió avanzando con más ánimo y humor que velocidad. Los kilómetros iban cayendo despacito bajo un sol de justicia, y el ritmo no decaía. Sólo se trataba de disfrutar del rodaje y esperar a un final que, como siempre, se me hizo un poco largo del 16 al 18 y se me pasó volando del 18 al final, cuando tuvimos tiempo incluso de aceptar alguna invitación a cervecita de determinada terraza adyacente al circuito (ahí Josepepe estuvo listo).


Llegada a meta. Josepepe, pletórico, entró por delante. Santi y yo terminados.

Todo lo bueno termina, y también llegó la meta de esta carrera. Apretamos los dientes por orden del Maestro Palillo en los últimos 300 metros, porque se trataba de recordar al personal que eso que venía eran tres corredores. Al final, sin agobios de ninguna clase, 2:16, otra muesca en el calendario y tan felices.

Que se note lo de tierras valencianas. El arroz estaba riiiiiico.


Tras la ducha nos fuimos a celebrar el encuentro a casa de Mar y Pepo. Como magníficos anfitriones que son, tras aperitivo y rebujitos nos zampamos unas paellas de arroz a banda que quitaban el sentido. Si la carrera fue magnífica y la comida un espectáculo, lo mejor sin duda fue la compañía de buena parte de esos amigos de Carreraspopulares. Hubiera querido que nunca terminase esa sobremesa de tertulia, sabiamente regada por los gintonics de Josepepe, hablando largo y tendido de lo divino y de lo humano, con Santi, Pepo, Josep, Ximo, Pedro, Emiliano, David, Eduardo y Josepepe, además de sus respectivas y chiquillería. Espero verles a todos otra vez en Madrid para el Mapoma.

No puedo cerrar esta crónica exprés sin contar por qué fui a Denia y no a cualquier otro lugar a correr. En Denia, además de todos esos corredores de la zona de Levante (y centro, que se desplazan con una facilidad...) está la familia Palillo. Santi y Pepi (o Lola, en realidad) me alojaron todo el fin de semana y consiguieron que me sintiera como en casa. Me colmaron de atenciones con mucha naturalidad, e hicieron que ese fin de semana fuera fantástico desde que llegué hasta que me fui. Una vez más, gracias por todo eso.

miércoles, 26 de marzo de 2008

EL ÚLTIMO RODAJE, DATOS Y CONCLUSIONES

Pues fue finalmente el lunes. Lo intenté el sábado aprovechando el buen tiempo. Fracasé en el intento más o menos en la mitad del mismo. El domingo no hubo forma humana de salir, y tuve que esperar a ese lunes festivo en Baleares y algo más apacible desde el punto de vista meteorológico para sumar un entrenamiento largo medio decente y dar por finalizada la preparación del medio maratón de Denia. Ahora a trotar de modo cochinero tres días, descansar por completo otros tres y a esperar al domingo comiendo macarrones (mi parte favorita de la preparación de una carrera) y bebiendo isotónicos.

Salí con la idea de hacer 18 kilómetros por terreno ondulado, pensando sobretodo en ese Mapoma en diente de sierra para el que también me apunté. Conseguí correr todo el tiempo, cosa nada baladí teniendo en cuenta lo respetable de algunas cuestas. En éstas me propuse acortar la zancada y controlar el ritmo, a fin de no disparar en exceso la frecuencia cardíaca y pagarlo después. Así conseguí no pararme a caminar, e intentar recuperar un poco el ritmo en el llano y las bajadas. Finalmente, GPS en mano, me salieron esos 18 (muy poquito más) en 2h 4'. A los aficionados a las matemáticas correriles no se les va a escapar que el ritmo medio anduvo alrededor de los 6:53 el kilómetro, lejísimos de esos 5:30 que rompen la barrera de las dos horas en medio maratón. Esas son las frías cifras.

Me encontré bien, eso sí. Sobretodo porque me centré en no convertir el entrenamiento en una competición, y pagar el esfuerzo durante toda la semana. Entonces conseguí disfrutar del camino, puro bosque en su gran parte, y terminé bastante cansado pero no por ello sin buenas sensaciones. Volví a sentirme, si no rápido, al menos resistente.

Mis atenuantes son una semana en cama con gripe y un circuito bastante duro como para andar muy pendiente del crono. Sin embargo me quedó la sensación de que en llano hubiera dejado la media en 6:20 como máximo, lo que me lleva a concluír que competiría sólo algo más rápido sobre la distancia del medio maratón ahora mismo. Ello prácticamente excluye la posibilidad de bajar de dos horas. Más bien creo que entre 2:10 y 2:12 podría andar la cosa, pero ni eso me va a preocupar el domingo. Lo siento por aquellos cuyas expectativas pueda defraudar. Los que me conocen bien saben que una cosa es marcarse un objetivo un momento dado y otra sacrificarlo todo por ello. He visto a populares retirarse de una carrera en la mitad porque los tiempos que iban saliendo cada kilómetro eran malos. Yo el domingo lo haré tan bien como pueda, pero procuraré disfrutar del camino y la compañía. Eso sí que no me lo pierdo por nada.

A algunos os veo en Denia. A los que no, nos leemos a la vuelta. Salud y buenos rodajes, eso para todos, claro.

sábado, 22 de marzo de 2008

YA SALE EL SOL

Ha mejorado algo el tiempo por aquí. Entró la primavera con envidia del invierno, y frío, lluvia y viento nos acompañaron a ratos la semana pasada. Hoy ha salido el sol para levantarnos el ánimo y conseguir que nos echemos a la calle a disfrutar de esos esperados primeros calorcitos.

Ayer salí un ratito con la bici, a pelearme con el viento y soltar piernas. Me pareció la opción más sensata tras los días de gripe y reposo. Rodé con el equipo del Titán, en buena compañía. Pedro leyó no sé dónde que hay que probar siempre el material antes de la competición, y decidió pinchar dos veces, lo que unido a mis compromisos matutinos dejó la sesión de pedaleo en 90 minutillos suaves, de esos que no parecen llevarle a uno a ninguna parte aunque, como todo, seguro que sumaron.

Esta mañana salí a correr. En principio pretendía hacer la última tirada larga de ese anarco-programa de entrenamiento que me traigo entre manos. Iban a ser dos horitas cómodas: salir de casa, alejarme y a los 60 minutos dar media vuelta y volver por dónde había venido. Pues bien, las piernas hoy no iban. Una pesadez que no sé aún a qué se debe y las consiguientes malas sensaciones me obligaron a dar la vuelta en el minuto 32 y pico, para completar una hora pelada de rodaje a gilirritmo. Me imagino que tantos días de reposo y medicación me han dejado algo tocado, por eso no quise forzar ninguna situación y me volví antes. Luego lo de siempre: los últimos 15 minutos de trote empecé a sentirme un poco mejor, pero ya enfilaba el camino de la ducha y decidí respetar la decisión tomada, esperando al menos un día para completar ese rodaje largo con tiempo suficiente como para recuperarme del mismo completamente de cara al medio maratón del próximo domingo.

Salud y buenos rodajes a todos.

martes, 18 de marzo de 2008

ESA GRIPE

Por dormir con el culo al aire, por eso. Es lo que se dice siempre, ¿no?

El sábado nos juntamos unos cuantos con ganas de marcha. No era marcha nocturna, sino diurna. Una ruta de unos 21 kilómetros hasta subir a Monte Toro, sin tocar una carretera, todo por el magnífico entorno rural que nos ofrece Menorca.

La marcha estuvo más que bien, pero seguro que no medí con suficiente cuidado lo fresco del aire, porque anduve en manga corta y seguro que pillé un enfriamiento de esos que te llevan directo a la cama, con unos escalofríos de tres pares de narices, paracetamol para cenar y a esperar que pase la caraja. Suerte tengo que la enfermera venía de serie con el kit del matrimonio, y sus cuidados están obrando maravillas en el paciente (que ya sé el porqué del llamar así al enfermo, porque con eso de la gripe no queda otra que esperar a que se cure solita).

Y como lo primero es el reposo, desde el sábado parado y lo que te rondaré morena. Veremos cuándo puedo ponerme en marcha otra vez, porque era ésta la última semana de carga de kilómetros antes de los 7 días de tapering previos a la carrera. Entrenar, pues, nada de nada. A ver si con tanto paracetamol se me quita del todo el hambre y sudando como sudo (que hay que cambiar pijama y sábanas casi dos veces por día) pierdo algún kilillo. El que no se consuela es porque no quiere.

Si queda por ahí algún lector sin vacaciones, que sepa que deseo a todo el mundo lo mejor para estos días de asueto. Cuidadín con la carretera: después de esta semana de Pasión tenemos que estar ahí todos otra vez.

viernes, 14 de marzo de 2008

PURA ANARQUÍA

Es lo siguiente que voy a leer, ayer me hice con él. Lo empiezo en cuanto termine con el Firmin de Sam Savage (otra delicia).

No, esto no es un blog literario. Aquí hablamos de correr, despacito pero correr. Sólo trato de redimirme confesando al mundo. Empecé el año entrenando al tún-tún, y pronto decidí hacerme con un plan, como los buenos. El gran Gavela fue el elegido. Era fantástico: no demasiados kilómetros, trabajo de calidad perfectamente estructurado y garantías de éxito al seguirlo. Me comporté un tiempecito, pero la cabra tira al monte.

Pura anarquía no es sólo el título de lo último de Woody Allen. También son mis entrenamientos para Denia y Mapoma. No sé cuántos kilómetros junto al final de la semana. Ni siquiera sé la distancia que recorrí en mi última tirada larga (2 horas, progresivas, eso sí). Después de un entrenamiento duro troto o descanso, hago algo de calidad los miércoles (siempre sesiones con repeticiones de 400 metros en el tiempo que toca, eso también) y ruedo largo el fin de semana, procurando hacer un poquito más cada semana, pero sin agobiarme demasiado. En definitiva corro 4 o 5 días por semana, nunca menos, pero sin seguir una pauta demasiado rígida. Sencillamente ahora no puedo.

Y no es ésta una confesión que persiga, a través de la correspondiente penitencia, remisión alguna de todos esos pecados. No tengo una especial sensación de culpabilidad al respecto porque, por un lado salgo a patear caminos con frecuencia, y por otro lado hacerlo casi "por sensaciones" es lo que ahora me apetece. Lo único que pierdo así es un control sobre las marcas que puedo hacer en cada carrera. A mí nunca me ha importado, pero le prometí a Santi Palillo que trataría de bajar de 2 horas en Denia, y me temo que eso va a ser complicado. A ver cómo convenzo ahora al personal para que miren palante en ese autobús, disfruten de su excursión y me dejen llegar un poquito más tarde. Ya tendré mesa y mantel para compartir con ellos lo que haga falta. Es que soy incorregible. El más lento del lugar.

Salud.

martes, 11 de marzo de 2008

PREFERIRÍA NO HACERLO

El mismo Melville de Moby Dick escribió en su día una novela corta, de esas que se leen de un tirón, que debería formar parte de aquel listado de incunables. Bartleby es un personaje tibio que empieza a trabajar para el narrador como escribiente. Su dedicación es al principio ejemplar, pero reacciona de modo desconcertante cada vez que se le pide algo: contesta que preferiría no hacerlo. No es un sí, no es un no. Es una respuesta que empieza sorprendiendo y termina exasperando, y determinando la suerte final del propio Bartleby.

Eso es lo que me pasa a mí cuando se me acumulan las cosas. Soy muy dado a sumar trabajo, baloncesto, atletismo, triatlón, familia, amigos, compromisos propios y ajenos y a veces amenazo con colapsarme. En esos momentos miro a gran parte de las cosas que tengo delante y pienso "preferiría no hacerlo".

La diferencia está en que Bartleby no hace nada que prefiera no hacer, y un servidor respira hondo y saca tiempo de donde no lo hay para todo, a costa a veces de aparcar otras opciones para invertir mejor el tiempo, a lo mejor en uno mismo, a lo mejor en aquellos que más cerca están. Y se hace todo, lo que apetece y aquello que se preferiría no hacer.

Sin embargo, para determinadas cosas el planteamiento es radicalmente opuesto: me apetecen un montón, fundamentalmente por la ilusión con que las visto. En ese listado está mi viaje a Denia de fin de mes. Tengo muchas ganas de correr un medio maratón, bajando o no de esas dos horas. Sobretodo porque me apetece horrores el ambiente de las carreras populares, y todo lo que va a rodear a ese fin de semana en el que no sólo se va a correr.

Luego Mapoma, que ya estoy inscrito. Llevo muchos meses, con algunos incluso puedo contar casi en años tratándome con gente con la que comparto muchas cosas, entre ellas eso del correr y del contarlo. A unos pocos ya los conozco, y en persona no pierden un ápice. A los más voy a poder estrujarlos en un abrazo en Madrid, y eso, además del grandísimo maratón que es Mapoma, bien vale un viaje. Eso, definitivamente, preferiría sí hacerlo. Si no pasa nada raro ahí nos vamos a encontrar todos.

Salud, claro.

viernes, 7 de marzo de 2008

PARTE METEOROLÓGICO

Así andamos Menorca y yo. Hace un frío que pela, lleva una semana lloviendo y el viento del norte nos azota implacablemente. Según la previsión, el temporal remitirá en toda España. Bueno, en la España que se ve cuando dan el parte. En esos momentos, todos los meteorólogos de la tele suelen ponerse en el lado derecho del mapa de signos o de la foto del meteosat, justo delante de la representación gráfica del invisible entonces territorio de nuestra maltratada isla. Pues eso, que aquí no va a mejorar. Más vale que le quite el polvo a la cinta y la plante en medio del garaje, porque vamos con retraso en el plan de Denia y, por ende, en el de Mapoma, que no está el horno para los bollos de plantarse en el medio maratón del día 30 sin apretar algunos kilómetros en mis piernas.

Sin tapujos: no creo que esté en poco más de 3 semanas para bajar de 2 horas. Para esa marca tendrían que pasar algunas cosas que difícilmente van a suceder en tan poco tiempo. No es la excusa del mal pagador, sino que no hay más cera que la que arde. De todos modos apuraré el tiempo y los rodajes, y cuando estemos en el baile, pues ya bailaremos.

Este finde, si la despedida de soltero que tengo mañana y que promete ser un desmadre total de esos a los que uno no se acostumbra nunca, eso, este finde, tengo que cerrar la logística al menos de Denia, que es el día 30 y no queda ná. Bueno, el viaje, y si voy a tener tiempo de visitar a la madre que me parió es lo único que hay que cerrar. El alojamiento lo tengo ya concertado en el Hotel Palillo, un 6 estrellas donde el trato es familiar y dan de comer pasta seguro. Desde luego, hay blogueros que no saben lo que hacen ;-)