viernes, 8 de mayo de 2009

A VER SI ES VERDAD


Más que nada porque la colaboración familiar se me antoja un requisito absolutamente imprescindible ahora mismo. Vale, no hablamos del Ironman, pero el Titán y sobretodo su preparación tienen cosas con un aire muy de animalada hawaiana, la Larga Distancia en estado puro, endurecida por el perfil cabrón tanto del tramo ciclista como del circuito de carrera a pie.

Sigo entrenando a salto de mata. Ahora un poquito más, sobretodo corriendo, que es lo que menos me exige. La bici está un poco olvidada (hasta mañana, que saldré seguro) y la natación no me preocupa en exceso. Otro punto a favor reside en los 2 kilos que he bajado esta semana. Me he portado bien y han caído ya esos 2 de los 20 que me sobran (por lo menos). ¿El truco? Desayunar bien, controlar las raciones y eliminar los carbohidratos de la cena. Mano de santo.

Siempre anduve muy limitado desde el punto de vista del rendimiento deportivo por los kilos de más. Ese peso extra podría considerarse herencia de mis tiempos jugando a fútbol americano, cuando más grande significaba más fuerte y más fuerte significaba mejor. Eso por un lado, claro. Por otro lado está mi aficion a la buena (y repleta) mesa, y el tercer punto de apoyo de mis problemas con el peso anda oculto tras mi hipotiroidismo crónico, herencia familiar (a falta de tierras y alhajas) que ralentiza hasta límites insospechados mi metabolismo y colabora en que cada mendrugo de pan que acceda a mi sistema digestivo me resulte de un provecho increíble. Quemo calorías al paso de una tortuga centenaria, algo que resulta tanto una dificultad como un acicate para superar el problema.

Lo siguiente fue acomodarme a la situación: no puedo ser rápido, vale. Entonces, antes de no ser nada, soy lento. Y esa lentitud no me impide seguir adelante, sólo retrasa mi llegada a meta. Y como soy optimista por naturaleza giro la tortilla y convierto la dificultad en virtud: mi rodaje dura más, o sea que disfruto del paisaje durante más tiempo. Con esa filosofía me enganché al deporte, y especialmente a las carreras populares de todas las distancias, de las que ya han caído unas cuantas. Y ahora el triatlón, deporte que me divierte en sobremanera pero termina resultando mucho más exigente desde el punto de vista de cierres de control. Y a la meta del Titán hay que llegar en menos de 8 horas. No, si llegar no es el problema, sino hacerlo rápido. Veremos.

Mucha salud y SBR

martes, 21 de abril de 2009

MEDIO MARATÓN DE POLLENÇA

Pepe y Richy. Compañeros y hermanos. Listos para la batalla

El equipo casi al completo. El presi (segundo por la derecha, abajo) con prisa


Los del Crismar CCE Sant Lluís cometieron en su día un error por el que les estaré eternamente agradecido. Me admitieron en sus filas. No sólo no parecen estar arrepentidos por ello pese a todo, sino que encima me tratan de cine y se me llevan de excursión. Gracias chicos (y chicas).

Salimos el sábado para Mallorca. La base está en el mismo Puerto de Pollensa. Todo perfectamente dispuesto para que sólo tengamos que poner las ganas de correr. La organización de Xec, Beni y compañía impecable como siempre. El calor del grupo, algo impagable, dan al fin de semana aspecto de reunión de amigos. Ambiente inmejorable.

El domingo amanece soleado. Hará calor. Me visto con camiseta interior por si las moscas, y puede que también por un pudor mal entendido. Justo antes de salir veré que ande yo fresquito ríase el personal (...¿o no era así?...) y terminaré en tirantes rollo Sebastian Coe.

Bueno, la crónica: llegamos con casi dos horas de antelación a la salida. Cosas del autobús que nos pone la organización, y que sin rechistar acatamos. Mejor, más tiempo para departir con el personal, sacar unas fotos de recuerdo y prepararse para la tortura.

Con José Luís Blanco (plata en 3000 obst. Goteborg 2006) y Erik Kibet (1:03 en esa carrera), posando al grito de ¡¡¡igualitooos!!!

Atrás queda una jornada de concentración deportiva, una comida de club y una odisea para alquilar un coche en condiciones, sin la carrocería abollada y con la documentación en regla. Ya nada de todo eso cuenta, ni siquiera lo dura que estaba la cama o lo fresquita que estaba la cerveza del Pub irlandés ese en el que terminamos todos aquellos que pretendíamos arruinar nuestras marcas en medio maratón al grito de ¡a hidratarse que va a hacer calor!

Con el gran Miquel, psicólogo aficionado, y SuperXavi "a 4". Tan buenos como inseparables

Bueno, antes de ir al meollo de la cuestión un par de fotos más. La segunda porque les aprecio un montón, Julio y Margarita, Margarita y Julio, tanto monta, monta tanto. El verdadero espíritu del atletismo popular. ¡Que no falten nunca!

La primera foto, con Helke e Inga (los nombres son ficticios para salvaguardar su identidad y no sufrir querella alguna por difamación). ¿Por qué aparecen? Hombre, a riesgo de parecer machista, adornan y no dijeron que no.



Al lío. Con un calor de mil demonios dan la salida. He convencido a Richy para que me acompañe lejos de la élite junto a la que lo encontré en los prolegómenos. El insensato debe salir con una periostitis tibial de caballo y dos meses parado, recorrer una decena de metros y retirarse (para cumplir con los trámites administrativos derivados de su inscripción en el Campeonato de Baleares de Medio Maratón). Montse también sale con nosotros. A los 200 metros el cojo protesta por lo pausado del ritmo y desaparece pelotón alante. 100 metros después, Montse me mira de reojo y advierte que venir conmigo no es la mejor de las ideas. También tira. Sabia decisión.

Salgo pues atrás, pegadito a un grupo bastante numeroso de "balas rojas" del Club Atletismo San Pablo de Sevilla con los que charlo animadamente un par o tres de kilómetros. Les doy recuerdos para el Gran Scheilor, compañero suyo en el club y de alguno de ellos además en los Pretorianos de Tomares, grupo de ultrafondistas sin desperdicio ninguno, que corren pertrechados con corazas, cascos, escudos y estandarte pretoriano, y que tienen en los 101 de Ronda su carrera fetiche. Hasta que ya ni la buena conversación oculta que ellos tienen su ritmo y yo el mío, y les animo a que tiren a su bola.
A pesar de que el primer kilómetro sube ligeramente, los siguientes 4 o 5 se desarrollan a lo largo de un suave descenso que permite correr cómodo. En algunos momentos incluso diría que me siento como inmerso en lo que los del otro lado del charco llaman "runners high", algo así como un estado ideal en el que corres sin esfuerzo, como casi flotando sobre el asfalto. El kilómetro 6 (y las distancias son aproximadas) me baja de una colleja al pavimento. Empiezo a patear, ya más solo que la una, cuesta arriba, por una especie de avenida infinita de lo más aburrida. Ahí la carrera me revela sus claves: perfil engañoso, recorrido aburrido, escasa animación y calor, mucho calor.

Paso la zona del puerto y desde el paseo marítimo aparezco en una rotonda que desemboca en una suerte de camino rural (asfaltado, lástima) en el que la soledad y la incipiente fatiga empiezan a ser evidentes. Ahí aparece enseguida el kilómetro 13 y mi rodilla empieza a manifestarse, primero en un tenue lamento, y pronto en un agudo dolor. Adelanto a una moza de bastante buen ver a la que animo. Cuando alguien como yo adelanta, a esas velocidades, da tiempo de charlar un buen ratito hasta que se supera completamente al adelantado. O no me entiende esa chica cuando la animo, o parezco yo un moscón de cuidado o ambas cosas a la vez, pero el pretendido microdiálogo se queda en un triste micromonólogo, y sigo. Pasando el 14 la rodilla molesta cada vez más. En el 15 el dolor es poco menos que insoportable, el camino aburridísimo y mi cabeza empieza a barruntar en negativo. Mando al carajo eso de "¿yo?, poquito más de dos horitas" y me pongo a caminar. El dolor, pronto se convierte en molestia, y en un par de minutitos mal contados empiezo a trotar de nuevo. Eso sí, despacito con la idea de acelerar en cuanto el cuerpo me dé via libre. Poco a poco recupero mi ritmo, no por completo pero sí a niveles aceptables. En ese momento entro en el pueblo de Pollensa donde advierto que no estaba corriendo en el desierto sino en un lugar habitado. Además debo añadir que en esas estrechas calles la gente anima, y eso eleva el espíritu hasta de un trotón que lleva 18 kilómetros en las piernas. Hasta el 19 genial. Entonces, sin pedirlo en absoluto, la calle se empina por espacio de casi un kilómetro. Me viene a la cabeza la calle Mendizábal de Almansa y su desnivel cabrón, pero como vengo de subidón supero el escollo con aceptable ánimo. Pronto cae el 20, a gritos de "¡vamos campeón, que ya lo tienes!" y entro en el Polideportivo municipal bromeando con los voluntarios acerca de si queda mucho o no (300 metros quedaban, más o menos). Me gritan que ánimo, que en la meta hay donuts a toneladas, y sale de mí el Homer Simpson que todos llevamos dentro para completar esa media vuelta a la pista de atletismo como si tuviera que atrapar a los keniatas. Entro en meta brazos en alto y corro a ver a mis compañeros.

Mi tiempo, como siempre, una ruina. 2 horas 17 dice el Fore que, por cierto, se ha portado como un campeón toda la carrera. Calor, cuestas y otras trampas han hecho pinchar a más de uno en esta carrera. Bonito circuito porque Pollença es un lugar precioso, pero los tramos con rectas interminables y sin público se han hecho duros desde el punto de vista de coco. Aún así, repetía mañana mismo. Eso sí, con todos los de club. El fin de semana me pareció mejor que las más divertidas excursiones del cole. Volveremos.

Salud y buenos rodajes a todos.

Por cierto, Richy, sus dos meses parado y su periostitis tibial terminan, los tres en 1:50. Un capullo le preguntó en la salida qué hacía un gordo como él en una carrera como esta. En el kilómetro 17, el gordo cojo adelantó al capullo, le saludó mano en alto y sonrisa socarrona y enfiló camino de meta apretando los dientes por el dolor pero feliz por cerrarle la boca al capullo.

martes, 31 de marzo de 2009

EL PUÑETERO CIERRE DE CONTROL

Cuando decidí que intentaría coquetear con el triatlón a mi manera, rápidamente descarté las competiciones cortas por dos razones: por un lado el nivel de los habituales iba a sembrar en mí una sensación terrible de intrusismo deportivo difícil de soportar, y por otra parte, me parecía que las exigencias de material y entrenamiento no estarían nunca a mi alcance.

De todos modos, como por aquí sopla la Tramontana que da gusto, decidí que donde sí podía plantearme la salida era en alguno de esos que llaman de la "Larga Distancia", básicamente porque el volumen de las competiciones me parecía tal que estaba seguro de que se hacían "a mi ritmo". Veía en vídeo los maratones de cualquier Ironman de relumbrón con gente andando, o combinando caminar con correr y pensaba "eso es lo tuyo, Pepe, despacito y buena letra".

Luego apareció en el horizonte el reto del TITÁN. Más a huevo todavía: como se trata de un medio Ironman de montaña (eso sí, el más duro que existe, seguramente), va a ser imposible hacerlo a todo trapo, y seguramente nadie necesite bicicletas dotadas de dispositivos propios de la Nasa, porque con tanto puerto y subeybaja la aerodinámica no puede ser un factor tan determinante. El reto me obliga a montar en bici hasta para dormir durante los próximos meses, pero la posibilidad de hacerlo a ritmo pingüino con el único objetivo de terminar hace que la empresa no parezca un imposible.

Entonces me entero del tema referente al puñetero cierre de control.

Por partes: me dan una hora para salir del agua. Hoy mismo, para esos 2000 metros deberían bastarme poco más de 40 minutos. Para octubre tienen que ser 35, por lo que la natación no parece un problema. Lo de la T1, que para los que como yo no son versados en el tema diré que es el tiempo en el que pasas del disfraz de nadador al de ciclista, ya es otro cantar, porque como no me veo dentro de uno de esos trajes-para-todo que llevan los triatletas (tritraje lo llaman en un alarde de originalidad) debo embutirme en trapitos para el pedaleo, culo a salvo, porque puede que esté más tiempo sobre la bici del que paso durmiendo las noches en que Carlota quiere dormir. Habrá que cambiarse rápido, pues, aunque el fondo de armario sea el problema.

Para la natación y la bici, todo junto, el tiempo de corte está en 5 horas 40 minutos. Jodido. El circuito es montañoso, muy montañoso. Se suben dos puertos (Las Palomas y El Boyar, con la propina de Las Palomillas) de 1ª categoría en clasificación Vuelta a España (ciclismo). Muy duro, para cualquiera, más para alguien como yo, que no sólo no es ciclista sino que arrastra una masa difícil de desplazar cuesta arriba. Nadar y llegar al final del tramo ciclista en 5h40' me parece muuuuy difícil. 3 de los 5 amigos que fueron el año pasado se quedaron sin dorsal en ese tramo. Cuando la organización estima que ya no vas a poder llegar al siguiente control a tiempo te retira el dorsal, y si decides continuar lo haces bajo tu entera responsabilidad. Si aún así sigues y llegas a la meta te esperan, pero no entras en clasificación alguna.

Si pasas la bici, en 8 horas totales debes llegar a meta. Algunos Ironman (el doble de distancia) llanitos dan 17 horas para completar la carrera. 8 horas con la animalada de desniveles del Titán (me cuentan que el medio maratón termina con 2 km por encima del 7% de desnivel positivo, entre otras cuestas) convierten a esta prueba en un reto para valientes. No me resigno a perdérmelo. Veremos.

Salud, buenos rodajes y mucho Tri.



viernes, 20 de marzo de 2009

SLOWPEPE RELOADED


La foto corresponde a Roth, en uno de los triatlones distancia Ironman más populares del viejo continente. De ilusión también se vive...

La verdad es que llevo un tiempecito sin aparecer por aquí. Lo de la paternidad ha convertido mi tiempo en su tiempo en una suerte de ley de vida que trato de cumplir con la mejor de mis sonrisas. Lo llevo con primeriza alegría, porque cada día Carlota hace una gracia nueva. Las mañanas en que se despierta conmigo y riendo convierten mi jornada laboral en algo feliz, y no hay momento en que no piense en lo afortunados que somos por ello. Ahora debo encontrar un hueco para mí, eso es todo.

Las dificultades que estoy teniendo a la hora de gestionar el tiempo me llevaron hace unos días a valorar seriamente, en un orden de prioridades, el cerrar este chiringuito. Luego pensé en tomarme unas vacaciones, y finalmente decidí atenderlo sólo en la medida de mis posibilidades, sin obsesiones de ningún tipo.

Estoy bien, gracias. Me recuperé a plena satisfacción de la lesión en el gemelo, y tras olvidar las molestias propias de la locura del maratón volví a la carga más en ratitos que en ratos, quitándole tiempo al trabajo (corriendo a la hora del desayuno, cuando todos desaparecen camino del bar, por ejemplo). Durará lo que dure, si no me echan, claro.

Empecé la semana pasada en serio con la bici y la piscina, pero como soy campeón de la inconstancia, esta semana ya sólo he corrido, esperando pedalear un par de horitas mañana si nos hacen un hueco a la flaca y a mí. No me importa mucho eso de dar más importancia a correr que a otra cosa en estos momentos, porque en el horizonte está el Medio Maratón de Pollensa, al que vamos con los del Club porque es el Campenonato de Baleares de Medio Maratón. Al tener tal carácter oficial la cita, el Govern Balear nos paga el viaje (la insularidad tiene esto de los aviones) y el club corre con buena parte de los gastos de la estancia. Total, que lo tenemos a huevo, poniendo las zapas y las ganas (incluso la ropa es del club) el 19 de abril toca medio maratón. Después ya pensaremos en otras locuras. ¿El Titán? Es una idea...

Salud y buenos rodajes a todos

jueves, 5 de marzo de 2009

MARATÓ DE BARCELONA 2009

La fe mueve montañas. Luego cuento porqué.

3 meses de anarcoplán, entrenando de modo aceptable, con rodajes largos los fines de semana (aún no lo suficiente, pero largos al fin y al cabo). Entonces se rompe el gemelo. Paro e intento recuperarme con tiempo suficiente para llegar a la salida del maratón. Cuando creo que ya está pruebo, y a los 10 minutos otro chasquido. Sólo quedan un par largo de semanas y no vuelvo a calzarme las zapas hasta poco antes de la fecha de la carrera. Así está difícil enfrentarse al del mazo.

He convencido a algún amiguete para que debute en esta carrera, estoy inscrito, tengo el billete de avión (el mío y el de mis niñas) y el "hotel materno" está permanentemente reservado. Viajaré de todos modos y hasta el día antes no decidiré el plan de carrera.

Llego a la city el jueves por la noche. El viernes consigo el dorsal sin colas (en 2007 perdí unas dos horitas en el brete) y el sábado ya he visto a casi todo el mundo. Organizamos el asalto al sector italófono de la restauración barcelonesa desplegando todo el apetito de la delegación menorquina desde los entrantes hasta el postre, tan a mediodía como en la cena.

En la mañana del día de autos nos presentamos en la salida utilizando el metro como casi todo el mundo. En la zona de la feria he quedado con Joan Josep, amigo de la blogosfera pendiente en los últimos días de todas mis penurias. Conocerle es un auténtico placer, aunque me da la sensación de que no es la primera vez que nos vemos, que nos conocemos ya de mucho. Es lo que tiene, supongo, esto de compartir aficiones e intercambiar impresiones al respecto.


Con Joan Josep, media horita antes de la estampida. El de la izquierda, que parece menos etíope soy yo. Charlamos un ratito que se me hace cortísimo. Me presenta a su sufridora y hablamos un poco de todo hasta que se hace necesario pasar a la acción y empezar con el striptease.


Justo antes de quitarse lo civil para vestirse de romanos se impone una instantánea que inmortalice a la delegación menorquina (a mí me consideran foráneo-asimilado)antes de la batalla. No somos muy guapos pero recién duchaditos daríamos el pego.

No puedo saltar a la arena sin aparecer en una foto con Richy. Amigo del alma, casi-hermano, empezó a correr porque le piqué (si no contamos algún escarceo hace años) poco antes del medio maratón de Menorca. Tenía que correrlo a terminar y el muy mamonazo para el reloj en horacuarentaycuatro con una sonrisa de oreja a oreja. Lo siguiente tenía que ser el maratón, y se lo iba a merendar con patatas (3:50 con la gorra)


Eso sí, la pinta no es de purasangres la que tenemos...

A Raúl no lo convencí yo, pero ya tropezamos en el medio maratón y lo corrimos juntos. Debutaba lleno de dudas y la prudencia le llevó a la meta tan feliz. Haríamos juntos poco más de 20 kilómetros, los primeros, y luego entre sus zapas y los 40 principales llegó a los 42195 como un campeón.


No se puede negar que la frescura del momento ayuda a esas sonrisas ingenuas. Estábamos a puntito de empezar, ya metidos en el fondo del cajón de salida.

Uy, pero se trataba de correr, ¿no? Pues corramos. Salimos atrás, literalmente. A los 250 metros hago un ejercicio muy divertido: aflojo la marcha, dejo que tres chicas me adelanten y me proclamo el último del maratón: por detrás la poli, la ambulancia y el bus-escoba. Volvemos a nuestro ritmo pingüino y, muy lentamente, empezamos a pasar corredores, uno tras otro. Charlamos sobre lo que tenemos delante y proclamo mi elogio de la prudencia. Despacito va a ser todo más fácil.

Mi plan era llegar hasta el kilómetro 10 si el gemelo aguanta. Si entonces estoy bien me tiro hasta el 15. Si sigo en condiciones el objetivo es el medio maratón. Lo siguiente, más allá del 21, ya es pura entelequia. Y en esas salgo con Raúl, que tiene sus dudas y aprovecha mi ritmo leeeeento para hacerlo suyo ahorrando para el final. Pronto se pone a nuestra altura una chica rubia cuyo rostro me resulta familiar. Apostaría el huevo derecho a que la conozco, y dándole vueltas al tema me da que se trata de Dallas, la incansable reportera de Mayayo y los suyos, pero la tengo algo delante y no le veo bien la cara. Por no parecer el moscón que no soy espero hasta que ella se gira y me reconoce. Me alegro (¡lo sabía!) y rodamos junto a ella hasta lo que creo que es el avituallamiento del kilómetro 10, donde nos separamos en busca del propio ritmo.

Paso el 10, pues, y ni rastro del gemelo, buenas sensaciones y ánimo para seguir. A por el 15 y a ver que pasa. Ni por esas, tampoco el 15 me pilla en mal momento. Hasta el 20 sigo con Raúl. Ahí modifico la estrategia, porque como me encuentro aceptablemente me pasa por la cabeza la idea de terminar. Eso sí, para ello voy a tener que tomar medidas adicionales. Empiezo por licenciar a Raúl. Él irá más cómodo sin mí y con los 40 principales, y yo voy a poder tomarme la carrera con aún más calma, buscando retrasar la aparición del tío del mazo lo máximo posible.



Entre el 25 y el 30, en el aburrido tramo de Diagonal Mar recibo tres inyecciones de moral: como se va por un lado y se vuelve por el otro oigo el grito de Ángel ("¡¡¡Pepeeee!!!") acompañado de gestos de ánimo. Un poco más adelante tropiezo con el mismísimo Sergio Mayayo que me hace alguna foto (como ésta:)


Además, verle tan adelante asegura que Dallas sigue en carrera, lo que me da muy buen rollete. La tercera buena noticia me la da la propia Ana gritándome desde el carril de ida cuando yo volvía. La animo diciéndole algo relacionado con el buen aspecto que tiene. Jodido pero animado, pues, continúo mi peregrinaje por la zona de Vila Olímpica en busca del kilómetro 31. Aquí se termina la gasolina. El circuito, aunque pasa junto al mar es bastante soso y poco animado, y mis piernas ya casi no dan más de sí. Son esos momentos en los que te acuerdas del entrenamiento, bueno del que no hiciste, y empiezas a sufrir. Entonces es sólo la cabecita lo que puede llevarte a meta, porque las piernas no andan. Empiezo a caminar, imitando a muchos de los que me rodean. Bueno, son tramos de andar y tramos de correr, pero sufriendo mucho. Así hasta el 34 más o menos. A partir de ahí veo que puedo mantener el trote más tiempo, y decido caminar lo mínimo, para evitar lo de mi primer maratón, que cuando empecé a andar ya no podía volver a correr. El trote era modesto, muy modesto. Según el Fore, incluso algo por encima de los 8 minutos por kilómetro, pero puede llevarme a meta y me vale.
Tras pasar el Arc de Triomf (casi el 36) la carrera entra en el casco antiguo de la ciudad, con mucha más animación y cuesta abajo. Ahí revienta mi única pero muy significativa ampolla, en el dedo gordo del pie izquierdo, pero lejos de molestar me alivia bastante su pérdida de volumen. Ya sólo corro, en un claro contraste con lo que me rodea, un mar de caminantes de rostros desencajados. Eso sí, corro a 8:30/km, lo que para algún purista puede no ser "correr", y así, pasándolo realmente mal, enfilo los últimos kilómetros de carrera.


Richy me espera a medio kilómetro de meta. Entró como un cohete, se cambió y caminó a mi encuentro para trotar conmigo ese final de gloria, sacar alguna foto y salir en mi vídeo de meta, en el que ocupa un privilegiado primer plano. Además está en contacto telefónico con mis chicas (bueno, Carlota aún no usa el móvil, claro), que esperan a 300 metros de la llegada. Les doy un beso a las dos, una espontánea nos arrebata la cámara y saca esta foto:



Y sigo hacia los 195 metros de gloria, los más sufridos de mi vida porque justo ahí empiezan ambos gemelos a subir poco a poco amenazando con llegarme hasta el cogote. Al límite del colapso muscular cruzo la línea de meta pistolas en mano cumpliendo una promesa: todo este sufrimiento va por Adrià, para que siempre tenga en cuenta que la fe mueve montañas.



Y no terminan de colgarme la medalla cuando veo entrar por meta lágrimillas en ristre a Ana, la que venía a por una marca (la que fuera) en medio maratón y mira tú por donde ya la tiene en los 42195. Merece todas las felicitaciones, le doy un abrazo y nos inmortalizan



Y en meta, esperando al más lento, aparecen enseguida prácticamente todos los de la tribu menorquina (para alguno habían pasado más de dos horas desde el final de su carrera). Gracias, chicos.



Las conclusiones a las que llego después de este mi cuarto maratón son bastante claras: en estas condiciones no se debe tratar de terminar. Llevo toda la semana con muchos problemas para bajar escaleras o agacharme y eso antes no me había pasado. De todos modos estoy contento. No sé de dónde pero finalmente aparecieron fuerzas para llegar al final. Como siempre, gracias a mis chicas, por seguirme en mi locura sin hacerse demasiadas preguntas. Carlota, en la próxima entramos juntos. El domingo estabas tan dormidita con mamá que me pareció un delito tomarte en brazos y ponerme a correr. Pero nos haremos esa foto.

Agradezco los ánimos que la gente incluyó en sus comentarios de las últimas entradas. No he sido el mejor contestándolos, pero no tengáis duda ninguna que absolutamente todo lo que habéis dejado aquí me ha llegado hondo. Gracias, una vez más por ello. Seguiremos disfrutando.

Mucha salud y los mejores rodajes a todos.

lunes, 2 de marzo de 2009

MARATÓ DE BARCELONA 2009. LA PRE-CRÓNICA

Los que aún no hemos sido prejubilados ni víctimas de alguno de esos ERES cabrones nos debemos los lunes a la empresa que nos paga a fin de mes. Y a la empresa le da igual que parezcas un lisiado caminando por sus pasillos o que cualquier escalera represente un problema insuperable. Por eso desde el curro le cuento al mundo que ayer terminé un maratón, el cuarto y probablemente el peor de todos.
Me viene a la cabeza eso de que "no intenten hacerlo en sus casas porque puede resultar extremadamente peligroso". Pues eso, no lo hagan. No traten de completar un maratón si no se ganaron antes el derecho a hacerlo sudándose cada rodaje en pos de apretar en esas piernas recién depiladas todos los kilómetros que la carrera exige. No lo hagan porque no merece la pena. Eso es lo que pienso, aunque yo lo hice.

El gemelo lesionado no molestó más de lo que molestaron el resto de músculos, ligamentos y tendones de cintura para abajo, y eso ya era mucho. Hasta el 28 muy bien, con prudencia e inmejorables sensaciones. A partir de ahí empecé a deshincharme progresivamente. Entre el 30 y el 31 me despedí del último recuerdo de lo que significaba correr en condiciones, y a partir de ahí sufrí mucho hasta el final. Apenas caminé, pero daba igual porque mi correr era el andar de otros, y controlando la cabecita crucé la meta en no muy buenas condiciones. Cuando llegue a casa subo alguna foto y cuento la salsa rosa. Salud.

lunes, 23 de febrero de 2009

UNA HORITA SIN DOLOR

Hombre, pues no,... que no hubiese sido mejor oír los lamentos del gemelo, eso está claro, pero,... al menos tendría las cosas más claritas.

Una horita clavada, el marco incomparable de uno de esos caminos de bosque de interior, de tierra, claro, con las zapas más protectoras (Asics Gel Trabuco, las guerreras), taloneras de silicona clavadas, sin gps ni nada que me llevara a pensar en velocidades ni distancias, sólo un pulsómetro para saber si el corazón iba de acuerdo con las piernas, nada más (166ppm máximas y 147 de media, tratando de oír a los pájaros tanto o más que mis propios pasos). El gemelo, comportándose, tal y como habíamos quedado cuando asumí el compromiso de no pedirle nada hasta el pasado domingo, haciendo caso omiso a las ganas de salir antes de hora.

Me quedan 3 rodajes. Uno el martes, de otra horita, otro el jueves, algo más corto y el último el domingo. Si todo es normal, el domingo corro. Lo que no sé es si hago un trocito acompañando a Ángel en los últimos kilómetros o pacto con los del coche escoba para llegar justo delante de ellos después de los 42. El martes tendré más elementos de juicio.

Salud y buenos rodajes.

viernes, 20 de febrero de 2009

YO DUDO, TÚ DUDAS...

El gemelo ya no me duele. Llevamos de buenas un par o tres de días. Y antes tampoco dolía, tan sólo se manifestaba para meterme miedo. Yo le he respetado los plazos, a costa de quedarme sin uñas y de subirme por las paredes día sí y día también. Si mi Santa no me ha puesto de patitas en la calle estos días ya no lo va a hacer nunca.

De todos modos, prometí no precipitar acontecimiento alguno, y hasta el domingo no vamos a ver qué tal nos llevamos el gastrocnemio (nombre finolis del gemelo, lo que aprende uno lesionano, oye) y un servidor. Hasta entonces pienso atender a mis íntimos en su propuesta de salir con la bici de montaña mañana, echar unas risas a ritmo de maruja paseante (si vienen todos los que han de venir, que si no lo mismo acabo echando el bofe), y cuidar la mecánica para el día siguiente.

Luego están las dudas. A pesar de que hasta el día en que me rompí estaba haciendo las cosas más o menos bien desde el punto de vista de mi preparación, llevo un mes prácticamente parado. Es verdad que le he dado a la bici estática en el gimnasio, y he corrido en el agua, pero sin demasiada fe en ambas actividades, y con irregular cumplimiento de las mismas. Si el domingo veo que puedo correr (objetivo número 1) entonces debo determinar si puedo hacerlo durante 5 horas (que siendo optimistas sería el tiempo que me llevaría completar el maratón). Y eso, a estas alturas, no hay modo de saberlo sin terminar de jorobarla, porque a una semanita del día "D", experimentos los justos. Total, que no creo que tenga más elementos de juicio que lo fresquito que termine el trotecito del domingo. Eso, nadando en un mar de dudas...

viernes, 6 de febrero de 2009

TORMENTA

Recapitulemos: no sé si soy corredor o no, pero de vez en cuando salgo por ahí a sudar un poquito moviendo mi voluminosa anatomía camino arriba y camino abajo. A veces incluso me inscribo en alguna carrera. Estoy inscrito en el maratón de Barcelona de el próximo 1 de marzo. Estoy lesionado.

Lo que según el fisio era una microrrotura sigue siendo una microrrotura o algo terriblemente parecido. Hoy salí a rodar un ratillo. Del minuto 1 al 10 troté como los ángeles, por la hierba y sin molestia alguna. Eran prácticamente 10 días de reposo, tratamiento y recuperación funcional más con la bici que con la elíptica. Eso, 10 minutos fantásticos y en el 11 un pinchazo. Paro de golpe y me voy para la ducha. Vuelvo a cojear. El rodaje ha terminado.

En términos eminentemente prácticos el tema, antes de esta mañana estaba en dos situaciones de las que debía elegir una: prepararme o cuidar la lesión. Intenté tomar el camino del medio, y esperé a no sentir molestia alguna y haber trabajado en esas condiciones un par de días más en el gimnasio para salir a rodar suaaaave, con las taloneras de silicona puestas, por la hierba, y aún así el gemelo pinchó.

Ahora sólo tengo una opción: recuperar el músculo, aunque no estoy muy seguro de para qué. Bien, supongo que si descanso 15 días podría resolver el tema. Entonces me quedarán 7 para el maratón, por cuya línea de salida debería aparecer después de estar 25 días sin correr (ya sabemos que la semana antes no es momento para grandes kilometradas ni duras series). Eso sí, estaría sano. Hasta aquí las suposiciones, ahora mi planteamiento.

Lo más importante, prácticamente lo único relevante (deportivamente hablando) es poder correr, ni lejos ni rápido, sólo correr. Para eso es necesario estar sano. Por tanto no arriesgaré el músculo y sí arriesgaré mis opciones de terminar la carrera. Es decir, recupero tratando de no perder demasiada resistencia aeróbica a través de la bicicleta y la natación (donde el gemelo no da señales de vida) y esperando que algo quede de estos 4 meses de entrenamiento después del parón, me presento en la línea de salida del maratón el 1 de marzo y corro tranquilito hasta que no pueda más. Entonces saco 20 euritos del bolsillo y me meto en un taxi hacia la zona de meta. Si la mecánica aguanta yel cuerpo me lleva corriendo hasta el final me ahorro el taxi, cruzo ese arco sin mirar al reloj, con la mejor de mis sonrisas y me apunto el cuarto maratón. Veremos.

Salud, mucha salud, y buenos rodajes a todos.

lunes, 2 de febrero de 2009

EL PUTO GEMELO

Acabé el cross con una sensación agridulce. Fue divertido pero sigo considerándome un poco intruso en este mundillo. Corrí todo lo que pude y quedé claramente descolgado. De hecho entré a 8 minutos del penúltimo de mi categoría, en sólo 7 kilómetros. La convivencia estuvo bien, pero la carrera pudo dejar secuelas.

Digo esto porque hasta el miércoles no pude correr en condiciones, pero ese día me encontré especialmente bien, con esas sensaciones que se tienen cuando se empieza a coger la forma. Quedé con Ángel para rodar una horita sin pulsómetro, por sensaciones. Empezamos a ritmo de talk test, o sea de charloteo sin ahogarnos, pero pronto empezamos a animarnos y a correr más deprisa. Notaba mis cuádriceps aún un poquito cargados, pero al estar caliente (que no es lo mismo que ir caliente) me sentía bien rodando a ritmo. Pero claro, poco dura la alegría en la casa del pobre, y una ligera molestia en el gemelo derecho fue aumentando progresivamente de intensidad hasta convertirse en un dolor agudo que me obligó a parar poco antes del final previsto para el rodaje.

El resto del miércoles cojo, el jueves con molestias y el viernes en el fisio, masaje de descarga y diagnóstico: microrrotura de fibras en el gemelo (donde yo creía que había una sobrecarga del sóleo, olé mi ojo clínico), reposo, hielo y antiinflamatorios.

Me he portado muy bien el fin de semana. Hoy empezaré con la bici estática sin resistencia un ratito. Mañana lo mismo. El miércoles y el jueves pasaré a la elíptica, y el viernes ya me dejan trotar por la hierba a ver cómo se porta el gemelo. Hay cierta prisa porque en menos de 4 semanas ya debería correr el maratón de Barcelona, y me encuentro en una fase crítica de entrenamiento. Obvio que no voy a poder con ese último rodaje largo de las 3 semanas antes (planeaba 3 horitas y me debían salir 27 o 28km). Lo mismo hago uno algo más corto un poco más adelante, siempre que el músculo se porte bien y se recupere a tiempo. Si no es así, siempre nos quedará Madrid.

Salud y buenos rodajes a todos.

PD. No, el de la foto no soy yo, seguro.

martes, 27 de enero de 2009

CAMPEONATO DE BALEARES DE CROSS


El chalado que esto escribe se ha federado. Era el mejor modo que encontré para sumergirme de verdad en el ambiente corredor de la isla, y bastó la propuesta de un par de amiguetes para solicitar mi ingreso en el CRISMAR CCE SANT LLUÍS ATLETISME. Entregué la documentación, pagué mi licencia y me dieron el alta y la bienvenida. Que conste que les advertí que fichaban a un orgulloso perdedor. Desconozco si fue altruismo, inconsciencia o pena, pero por alguna razón me aceptaron sin rechistar y admito sentirme ya orgulloso de maldefender esos colores.

En las actividades del club están los desplazamientos para correr en cuanto campeonato de Baleares de veteranos se ponga a tiro. El domingo pasado fue el cross, al que gentilmente me invitaron pese a no cumplir con el requisito previo de haber corrido antes carreras de esa disciplina en Menorca. Me dieron el uniforme completo que me fue de perillas a excepción de la camiseta de correr. Está claro que las tallas de atleta son pensando en etíopes o keniatas, porque mi XL me hacía parecer un salchichón blanco a punto de explotar. Nada que unas manos expertas en el arte del corte y la confección (la abuela de mi mujer, sin ir más lejos) y unos pequeños y discretos añadidos no pudiesen solucionar.

Salimos con los veteranos para Manacor (Mallorca, isla vecina con la que todo peninsular confunde a nuestra Menorca a la menor oportunidad) el pasado sábado por la mañana, con un vendaval de órdago que sacudió el avión en el despegue como si fuese una pelota de ping-pong entre dos raquetas chinas. Baste decir que detrás nuestro ya no salió nadie porque cerraron el aeropuerto. El mismo sábado volveríamos a tropezar con el viento y sus trastadas, ya en Mallorca, quedándonos tirados en el tren por la caída de varios árboles en la vía, cosas de la caprichosa naturaleza.

Y llegamos al día de la carrera. Enseguida pude comprobar lo que distingue todo lo que allí había de mis conocidas carreras populares. No hay paquetes federados. Bueno, el domingo había uno, el que ahora escribe todo esto.

Me tocó en suerte la carrera de la categoría Veteranos M35 (la mía, no me echéis más años). Corrimos junto con los M40 y M45, además de las Senior Femenino. 7 kilómetros de puro cross, a imagen y semejanza de Lasarte o Itálica, sin barro pero con mucho viento.

A los 10 metros de carrera ya tenía claro el tema: empezaba el último e iba a terminar el último, con total seguridad. Rápidamente se abrió un hueco entre el final del pelotón y mi fina estampa, espacio que no hizo sino crecer y crecer con el paso de los kilómetros. Fui doblado posiblemente por el 50% de los participantes, con lo que al pasar por meta para empezar mi última vuelta todos ellos ya habían terminado. Como es costumbre el no tener en cuenta al pobre en la casa del rico, tuve que pasar ese trago a chillido limpio, gritando algo así como "¡¡¡Pasoooo, que no hemos terminadooooo!!!" Eso sí, mil perdones y se apartaron todos al instante. Esa última vuelta la hice ya sin ser doblado (es lo que tiene) y compartiendo circuito con algunos atletas en pleno enfriamiento (a los que en su trote suave no fui capaz de adelantar en ningún caso). Volví a ser el más aplaudido en meta, jaleado por el speaker y terminando rendido porque, aunque no sea algo habitual, me dejé el resuello en el intento, en un circuito duro y con unas condiciones atmosféricas adversas. Eso sí, a los 2 minutos ya estiraba feliz, pensando en la paella que nos estaba esperando a todos los de mi club.


Tras hermanarnos a manteles frente a un arroz que quitaba el sentido viajamos de vuelta a casa, con la mejor de nuestras sonrisas y haciendo un balance de lo más positivo. Mi club gana un paquete y yo gano un montón de amigos con los que compartir esta locura que nos tiene a todos igual de enfermos. La próxima salida es al medio maratón de Pollença (campeonato de Baleares de medio maratón), también a gastos pagados, y con varias liebres tentándome para romper de una vez por todas la barrera de las dos horas. Me muero de ganas.

Salud y buenos rodajes a todos.

miércoles, 21 de enero de 2009

ENTRENANDO PARA BARCELONA. EL ANARCOPLÁN

Hace ya tiempo que tiré la toalla. Por mucho que se crucen en mi camino carreras tan serias como el maratón de Barcelona no consigo poner orden en el modo de prepararme para tamaños envites. Seguramente es porque soy anárquico hasta para eso, o quizás porque no me apetezca sacrificar los buenos ratos que paso con las zapas en los pies, como si eso de entrenar en serio tuviese que ser sacrificado y por tanto menos divertido. La cuestión es que sí preparo las carreras, pero un poco a mi manera. Cuento un poquito cómo me lo monto:

Salgo unos 4 días de promedio semanal, aunque a veces la familia, el curro o la crudeza de este invierno dejen el tema en 3 sesiones medianamente satisfactorias. Los rodajes que coinciden con uno de los días del fin de semana suelen ser entrenamientos largos y lentos, subiendo el volumen progresivamente hasta llegar al máximo tres semanas antes de la carrera en cuestión. El resto de sesiones no me quitan el sueño: suelen estar sobre la horita de duración y su intensidad depende de mi estado físico o anímico, o incluso de la compañía con la que ruede. Rara vez corro dos días seguidos, aunque ni siquiera eso es una regla fija y si se tercia la rompo sin remordimiento alguno. En los días que no corro suelo nadar, salir con la bici o echar un ratito en la sala de cardio de mi gimnasio, pero sin mucha disciplina tampoco. Reservo al menos un día a la semana para descansar por completo, pero a veces descanso dos porque estoy ocupado esos dos días, no por otras razones más científicas.
Las cargas del entrenamiento las cuantifico calculando el volumen en horas y minutos, aunque a veces considero también la información del fore sobre los kilómetros recorridos. La intensidad, que es la otra variable, he dejado de considerarla en minutos por kilómetro y suelo medirla con el pulsómetro, en función de determinados porcentajes sobre mi frecuencia cardíaca máxima: en los días buenos me muevo entre el 75 y el 85%, y en los rodajes chungos procuro al menos no bajar de ese 75%. También hay veces que salgo a pelo, con el casio para que no se me vaya la olla con el tiempo en el camino, y hago caso a mi cuerpo exclusivamente.

Con todo esto me voy a presentar en Barcelona el 1 de marzo. Será mi cuarto maratón, todos ellos ligeramente por encima de las 5 horas. Creo que puedo merendarme esa barrera, aunque sin muchos alardes, pero como no hay plan hay pocas pistas acerca de lo real de ese reto. Y me niego al 2x6000. Saldré con mi amigo Ángel y que el asfalto me ponga en mi sitio. No sé cómo llegaré a la meta, pero sí sé que a la salida llegaré la mar de feliz.

Salud y buenos rodajes a todos.

sábado, 3 de enero de 2009

SANT SILVESTRE DE MENORCA 2008


Un post relámpago para comentar que corrimos la Sant Silvestre local. Bueno, servidor correr, correr, corrió menos que nunca, que ya es decir. Salí con mi "hermano" Nando (en el centro junto a mí en la foto) a cola de pelotón y anduve toda la carrera peleándome con él para que no mandara las zapas a tomar viento fresco antes de la meta. Él asegura que esto de correr es muy cansado, y que cada uno ha nacido para lo que ha nacido. Cuando llega al apartado de la predisposición genética le corto de raíz solicitando un análisis profundo de mi morfología keniata. Ahí se calla, claro.

Toni (en la izquierda según se mira la foto) y Esteban (en la derecha, dorsal 818) también debutaban en la distancia, bueno, en cualquier distancia, y terminaron tan felices bastante por delante nuestro. A ver si ahora que vaciaron el Decathlon a la caza y captura de todo ese material técnico a tan buen precio no abandonan el mundillo de los chalados que salen a correr por ahí.

Claudia, que es lo más parecido a un corredor que aparece en la foto, es sobrina de Nando. Vino a animar a su tío y cuando vio que había carreras para pequeñajos y pequeñajas quiso correr. Jamás había corrido ni contra sus amigas en el cole. Le conseguimos el dorsal y salió en la carrera de iniciación, su edad, bien aleccionada por el que esto suscribe. Le dije algo así como "no salgas a tope porque te cansarás enseguida, y estos niños corren en todas las carreras. Sal a pasártelo bien que es lo único que importa". Tomó buena nota, pero debió perder el papel donde lo apuntó todo porque salió como un tiro y ganó la carrera con la gorra.

Nando y yo no corrimos la misma suerte, claro. No terminamos los últimos pero faltó más bien poco. Eso sí, al tercer chiste conseguí que se olvidara del sufrimiento, bajara el ritmo y entrara en meta con las mejores sensaciones de la tarde. Dice que el año que viene vuelve y que no le dobla ni Dios. Amén.

Salud y buenos rodajes a todos.

jueves, 1 de enero de 2009

HABLEMOS DE ENTRENAMIENTO

Estoy evolucionando. Y me atrevo a escribir hasta de entrenamiento, que seguramente sea algo muy serio que yo he hecho bien pocas veces en mi anárquica vida de trotón feliz. Me apetece hablar de ello porque he cambiado hasta cierto punto el modo en que entiendo la ciencia que pueda haber en esto, y acepto (de muy buen grado y como siempre) opiniones y matices de cualquiera a quien le apetezca aportar. Aportemos, pues.

Hasta donde yo sé, entrenar supone someter al organismo a una determinada carga. Tras soportar esa carga, a través del descanso el cuerpo se fortalece preparándose para futuras cargas. La "carga" del entrenamiento tiene, fundamentalmente, dos componentes: el volumen y la intensidad.

El volumen podemos medirlo a través de una serie de indicadores externos, como la distancia o el tiempo (también la altitud,...), pero la intensidad se mide por índices externos como la velocidad o la potencia o por índices internos como los de percepción subjetiva de esfuerzo (escala de Borg) o, lo que aquí más nos interesa, la frecuencia cardíaca.

Así pues, la carga, la cantidad de entrenamiento a que sometemos a nuestro organismo es el resultado de un producto, volumen x intensidad. Para conseguir una carga concreta se puede incrementar uno de los factores (volumen o intensidad) a través de reducir el otro. Así, cuanto más lejos queramos correr, más despacio deberemos hacerlo para conseguir una carga de entrenamiento soportable. Eso es algo que todos más o menos ya teníamos claro.

A lo que voy: los corredores solemos medir el volumen en kilómetros, y la intensidad en minutos por kilómetro (he corrido 12km a un ritmo de 5'30"/km). Yo ya no. Esta es mi nueva aproximación al tema:

VOLUMEN: Nuestros planes de entrenamiento nos marcan cuántos kilómetros vamos a correr cada semana. Siempre nos han dicho que para preparar un maratón en condiciones hay que correr por lo menos 50 o 55 kilómetros semanales. Entonces andamos con molestias o décimas de fiebre y no podemos soportar la idea de no cumplir con el kilometraje semanal, nos calzamos las zapas y salimos igual. O lo que es peor, no pudimos salir ayer que tocaban 15 km y hoy tocan 8 a ritmo de maratón: salimos y nos cascamos una veintena por si acaso, y en dos días tenemos la tirada larga semanal. Además invertimos tiempo en medir circuitos o dinero en complejos aparatitos con GPS (y yo tengo el mío) de los que vamos colgados toda la sesión de rodaje, o nos tiramos de los 4 pelos que nos quedan si hay que salir y la batería del Fore está sin carga.
Yo ahora mido el volumen de mis rodajes por el TIEMPO que estoy sobre mis zapas. Simplemente salgo y cuando estoy a mitad de recorrido (a los 30 minutos si quiero correr una hora) vuelvo. A veces llevo el fore y me entero de que eso son X km, pero si no, yo sé que en una horita hago más o menos 10 km, y no me importa demasiado si es más o es menos. Al final de semana no sé si rodé 50 o 55 km, pero sí sé que hice 5 horas.

INTENSIDAD: Los minutos por kilómetro no me sirven. Servirían si corriese siempre en llano, en las mismas condiciones de temperatura y humedad, sin viento o lluvia, y con mi cuerpo igual de descansado o de fatigado. Todas esas variables afectan a mi ritmo de carrera. A veces un rodaje a 5'45"/km es más fácil que otro a 6'20", aunque sólo sea por el relieve. Eso sí, 15o pulsaciones por minuto son 150 ppm siempre, subiendo, bajando, en llano, con viento a favor y en contra, con humedad o sin ella, con calor o con frío. Esa es la intensidad a la que entreno, la que marca el motor, mi corazón. Y esa intensidad me llega a través de la pantalla de mi pulsómetro. He programado el Forerunner para que me dé sólo tres lecturas durante mi entrenamiento: las pulsaciones instantáneas, el porcentaje sobre mi frecuencia cardíaca máxima y el tiempo. Con eso tiro y evito tanto sobreentrenarme como infraentrenarme, porque sé en cada rodaje cómo debo comportarme, en función del objetivo de intensidad concreto. Generalmente corro entre el 75 y el 85% de mi fcmax, pero a veces intento ir más lento y en ocasiones termino más rápido. Eso sí, sé cuánto en todo momento, y controlo cualquier anomalía mecánica con un vistazo a la muñeca.

Funciono con el pulsómetro (dispongo de un polar s625x y del Fore) desde que me pegué un sustillo tras una prueba de esfuerzo en la que salió una arritmia benigna. El cardiólogo me animó a seguir con lo de correr, siempre que supiera cómo carburaba el motor en el lado izquierdo de mi pecho. Luego llegaron las lecturas sobre entrenamiento de alta resistencia (sobretodo Don Fink y su enfoque del control de la carga en la preparación de triatlones de distancia ironman). Con este nuevo enfoque he conseguido por un lado simplificar las cosas en esto del correr, y por otro meter un poquito de ciencia en ello: ahora sé cuándo estoy trabajando mi RB (resistencia de base), cuándo estoy en la zona aeróbica baja (65-75% Fcmax) o alta (75-85%) y en qué momento mi ritmo es "de umbral". Todo echando un vistazo a la muñeca, con la mejor de mis sonrisas y disfrutando de cada rodaje con la mayor intensidad posible.

¿Alguna aportación?

P.S. El máximo respeto para los amantes de los detalles, para aquellos que rellenan con profusión interminables páginas en sus diarios de entrenamiento y disfrutan viendo cómo su PC elabora complejas gráficas que muestran su evolución como corredores. Es un modo de vivirlo, como otro cualquiera que, ¿por qué no admitirlo?, he compartido largo tiempo. Salud y buenos rodajes a todos.

lunes, 22 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD

Seguro que es un post tópico y muy recurrente, corto y algo vacío, y si añado que desaparezco del mapa para volar a los brazos de mi Señora Madre llevando conmigo al resto de la tribu aún menos original es esta entrada.

Además suscribo todos y cada uno de los recelos que flotan en el ambiente sobre la organización comercial de la felicidad en estas fechas. Comilonas, regalos, amigos invisibles, todo muy caro y todo obligatorio. Y tan buenos cristianos como solidarios entre Navidad y Reyes, y el resto del año que zurzan a los necesitados.

Todo ello sin perjuicio de permitirme, eso sí, desear a todo el mundo infinita felicidad, salud, amor y euros, pero no sólo para estas fechas, sino para cada uno de los días de vuestras vidas. Aunque resulte tópico decirlo ahora.

Salud y buenos rodajes, eso también es como siempre. ¡Ho, ho hooo!

viernes, 12 de diciembre de 2008

YA VOOOOY...

Si se me ocurriese por casualidad quejarme por todas las renuncias que me vinieron dentro de ese pan debajo del brazo con el que supuestamente apareció la nueva en la tribu estaría siendo profundamente injusto. Supongo que no soy el primero ni seré el último en perder casi todo ese espacio que antes era de uso y disfrute enteramente personal y regalárselo a un bichejo de poco más de un mes de vida como quien no quiere la cosa.

Me está resultando especialmente complicado atender a tareas que antes abordaba con total tranquilidad cuando me venía en gana. Una de esas cosas que ando aplazando demasiado es este chiringuito donde cuelgo mis andanzas y a través del que me relaciono con mis semejantes. Hay más renuncias.

A lo que, sin embargo, sí pude volver es a las zapas y la ropa técnica. Ahí cuento con la inestimable complicidad de mi santa, que me echa de casa en cuanto detecta el más mínimo desequilibrio en mi humor y me manda a correr. Entonces disfruto de ese momento único, personal e intransferible y vuelvo a casa al cabo de una horita como nuevo. Eso sucedió ya hasta en 5 ocasiones la semana pasada, y 3 veces más en los últimos 5 días. Naturalmente casi todo lo demás debo dejarlo para cuando en casa no se me necesite (cosas de la modernidad, compartimos también tareas domésticas) o hasta que la pequeña se valga por sí misma (antes de ir a la universidad, espero).

Hablando, pues, de correr, que es de lo que trata este garito, he andado tras unas cuantas reflexiones al respecto del poder terapéutico de esto de los sudores trotones. Lo que ocurre es que, como siempre, otros ilustran mejor que yo mis propios barruntos. Al hilo de ello cuento algo que leí en el libro "50-50" de Dean Karnazes. Para los menos puestos explico que Karnazes escribe sobre su aventura de correr 50 maratones en 50 días consecutivos y en todos y cada uno de los estados de la Unión (yankees). En uno de ellos tiene la oportunidad de charlar con una mujer que corre con el grupito formado. La chica empezó por probar, con unas amigas, y se enganchó al running de un modo irreversible. Madre de tres pequeños, describía los momentos corriendo como aquel tiempo para ella, sólo para ella, del que disfrutaba al máximo desde el primer al último minuto. Terminaron el maratón y cuenta Dean que todos fueron a estirar y a prepararse para la fiesta post carrera menos aquella abnegada madre, que siguió corriendo hasta el aparcamiento, montó en su coche y condujo hasta su casa para ocuparse de la fiesta de cumpleaños de uno de sus pequeños. Su tiempo había terminado. Luego supo el autor que aquél había sido su primer maratón. Para que luego nos quejemos los demás.

Salud y buenos rodajes a todos.