martes, 5 de diciembre de 2006

PERDER PESO


Perder peso es una de las razones que aparecen en los primeros lugares de las listas de motivos por los que la gente empieza a correr, ya sea como motivación principal o como simple efecto colateral buscado. La obesidad es ya una de las principales amenazas para nuestra salud en términos estadísticos, y causa directa o indirectamente demasiadas muertes en nuestra sociedad, mal alimentada y sedentaria.
Empezar a correr es una de las más sabias decisiones que puede tomar una persona con sobrepeso, pero esos kilos de más no van a desaparecer con tres o cuatro días de trote cochinero si los hábitos alimenticios que llevaron al sujeto a engordar no se modifican, y aquí es donde aparece el factor por todos los gordos temido y conocido: las dietas.
Existen infinidad de dietas, de todos los colores y para todos los gustos, pero todas ellas son la mayor falacia de los últimos 1000 años. No funcionan. Citando al Dr. Valentín Fuster, director del Instituto de Salud Cardiovascular del Hospital Mount Sinaí de Nueva York y presidente de la Federación Mundial del Corazón, las dietas tienen un porcentaje de fracaso del 90%. Uno de cada 10 individuos que inicia una dieta para perder peso lo pierde efectivamente y no lo vuelve a recuperar. ¿Qué médico en su sano juicio recetaría un fármaco con ese porcentaje de inefectividad?.
No descubro nada afirmando que es un problema de equilibrio. Ingresos menos gastos, desde el punto de vista calórico. Y si la cuenta es deficitaria, el cuerpo recurre a las reservas, que es de lo que se trata. Por tanto, no se pierde peso por abandonar los carbohidratos (¡aleluya!) sino agua, la que no retienen las proteínas base de muchas de estas dietas, ni por hacer algunas de las muchas animaladas que los iluminados gurús del culto a la imagen proponen. Sólo una apuesta es a caballo ganador: más ejercicio y cambio de hábitos alimenticios. Comer más sano por convencimiento nos asegura una alimentación mejor en nutrientes y menos calórica. Yo dejo el sábado o el domingo para los crímenes gastronómicos, y el resto de la semana le procuro a mi cuerpo combustible de la mejor calidad. Funciona, porque puedo comportarme de ese modo por el resto de mis días. El proceso es lento pero seguro. Algún día dejaré de sentirme un pesado caracol. Yo persevero.

5 comentarios:

ag dijo...

yo trato de convencer a diego (mi marido) que haga justamente eso, dejar los crímenes para el finde, pero no hay coso todavia! igual de apoco lo voy encarrilando, ya por lo menos sale a correr varias veces por semana.

la imagen que está en la columna de la izquierda es tuya??? está buenísisma!!

Ana dijo...

Vaya, Slowpepe, creía que te habías sumado a la campaña esa del Burguer a favor de las hamburguesas supertochas esas (lo digo por la foto :-))


Estoy totalmente de acuerdo contigo. Yo al final he solucionado el tema haciendo 5 comidas al día, y me va fenomenal. Lo de las dietas es inhumano y además irreal. Con un poquito de cabeza y de control se consigue, como bien dices.

Ana dijo...

5 comidas con no mucha comida en cada una, se entiende :-D

SlowPepe dijo...

Totalmente de acuerdo, chicas. Al hacer 5 (o más) comidas al día consigues mantener los niveles de azúcar en sangre estables, además de no llegar a la mesa con ganas de comerte al niño Jesús por los pies. Las restricciones por sí solas no funcionan por nuestra humana naturaleza de pecadores compulsivos, pero comer sano y darse algún capricho semanalmente sí es algo que se pueda mantener. Saludos a las dos y gracias por vuestros comentarios.

Marcelo dijo...

Pepe, leo con mucha atencion tu blog porque estamos mas o menos en el mismo camino. Un abrazo.